Consejos para el inicio de la lactancia materna

Me gustaría empezar este post dejando claro que yo no soy ninguna experta en lactancia materna. No soy asesora de lactancia, ni matrona, ni médico. Solo una mamá que, enfrascada en mi segunda lactancia, y tras casi dos años dando el pecho a mi mayor, me atrevo  a dar consejos (atrevida que es una…) para todas aquellas que estéis pensando amamantar a vuestros peques o ya lo estéis haciendo. Pero como aconsejaría a una amiga, de tú a tú, y sin pretender que lo que yo digo sirva para todo el mundo.

Aclarado esto… ¡Allá vamos!

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Lactancia materna vía Shutterstock

Si tienes la suerte de tener una matrona “apañá” te habrá dado mucha información en la preparación al parto. Información muy útil. Pero como las horas de clases preparto son limitadas, ni de lejos te habrá podido dar toda la información que acabarás necesitando sobre el tema. Supongo que si ya estás dando el pecho te habrás dado cuenta de que la lactancia no siempre es fácil y hay infinidad de cosas que nadie te contó.

Mis consejos para el inicio de la lactancia materna

Acaba de nacer…

El primer consejo sería aplicable a los primeros días tras el nacimiento (quien dice días de semanas…). Mi consejo es limitar las visitas tanto en el hospital como en casa. Por lo menos hasta que tú te sientas segura con la lactancia materna. Es mejor si tienes un entorno tranquilo en el que te sientas relajada y a gusto. Y para eso no suele ayudar mucho tener la casa, o la habitación del hospital, llena de gente.

Tú eres lo mejor…

Ten confianza en ti misma. Debes creer en tu capacidad para amamantar a tu bebé y en la capacidad de tu bebé para alimentarse de ti. El instinto está ahí y hace su función. Pero nosotras debemos confiar en nuestra capacidad de mamíferas.

Criando en tribu…

Asistir al taller de lactancia de tu ambulatorio me parece súper importante. No solo por contar con el apoyo de tu matrona, si no con la complicidad de otras mamás que están pasando por, exactamente, lo mismo que tú y con las que podrás intercambiar experiencias y consejos. Yo lo llamo mi grupo de terapia 😅

Es importante buscar ayuda…

Si tienes problemas y tu matrona no da con la solución, te recomiendo que busques más allá. Existen muchas webs, foros y páginas en Facebook donde pueden asesorarte. Así como asesoras de lactancia que puede tratar tu problema de una manera más profesional.

Leer nunca está de más…

La lectura de libros especializados también es muy recomendable. Yo tengo varios, entre ellos “Un regalo para toda la vida” de Carlos González y “Somos la leche” De Alba Padró. Ambos súper recomendables incluso ya desde el embarazo. Encontrarás infinidad de información para múltiples situaciones.

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Dar el pecho puede doler…

A pesar de que en muchos libros pone que la lactancia materna no debe doler, al principio eso no es del todo cierto. Entenderme, no digo que le duela todo el mundo. Pero sí que hay muchas mujeres a las que, el momento del agarre, les duele incluso después del primer mes. No desesperéis. Es absolutamente normal. Pasados los primeros 20 días, más o menos, suele ir remitiendo ese dolor. Para aliviar ese dolor suelen ir muy bien unos discos de gel  después de las tomas. Pero lo mismo te sirven las gafas antiojeras que son del mismo gel o incluso una simple bolsa de guisantes congelados 😉 .

Con el sacaleches bajo el brazo…

No creo que sea necesario tener un sacaleches desde antes de que nazca tu bebé. Depende mucho de la situación a la que cada mujer vaya a tener que enfrentarse. Si tienes la posibilidad de estar con tu hijo, es posible que no llegues a tener que usarlo. Al menos eso me pasó a mí. De todos modos, llegado el momento, si te hiciera falta siempre puedes comprarlo. Yo recomiendo los eléctricos. La extracción con el sacaleches manual, al menos a mí, no me resultó sencilla.

Estar seca… o no estarlo…

Y siguiendo con los cacharritos/accesorios, tenemos los discos absorbentes. Es mejor no hacer un uso frecuente de ellos porque tener el pezón continuamente mojado no suele ser muy recomendable. Pero sí que es cierto que en momentos puntuales, como para salir de casa un rato, resultan bastante útiles si no quieres ir con dos lunares en la ropa todo el día.

Libres domingos y domingas…

Quizá en la época del año en la que estamos no sea lo más recomendable ir todo el día con el pecho al aire, pero, sin duda, sí que es preferible airear el pecho todo lo posible. Para eso acabo de descubrir las conchas protectoras de Medela que, aparte de protegerlo del roce, sirven para airear el pezón. También existen otros tipos de conchas que son recolectoras. Estas se usan para recoger toda aquella leche que cae mientras el niño mamá del otro pecho, o entre tomas.conchas-protectoras-pezon-medela-lactancia-materna

Potingues varios…

En cuanto al tema ungüentos lo mejor suele ser la propia leche. La aplicas y la dejar secar. Pero también pueden ir muy bien las cremas para el pezón a base de lanolina, tipo Purelan, con las que el bebé puede mamar si necesidad de limpiarlo antes. Yo personalmente también he usado el aceite de caléndula sobretodo para hidratar y hacer masajes en el pecho por la noche antes de ir a dormir. Y una crema hecha a base de aceite de pepita de uva que me recomendaron en el hospital.

Todo se resume en…

Mi último consejo, pero no por ello menos importante, paciencia. Date tiempo y dáselo a tu bebé. Ambos estáis aprendiendo. Habrá momentos difíciles donde creerás que no puedes más. Noches duras de poco dormir. Tomas interminables. Puede que haya grietas, perlas de leche, mastitis, crisis de lactancia, etc… Pero en esos momentos no olvides respirar profundo, tener paciencia y confiar en ti misma.

¿Cual sería vuestro consejo estrella para el inicio de la lactancia materna?

 

Intolerancia a la proteína de la leche de vaca (Otra vez…)

Primeras veces. En la crianza de nuestros hijos todo esta lleno de primeras veces. La primera sonrisa, los primeros pasos, el primer viaje en coche, etc, etc… Hay algunas de ellas que son preciosas, pero hay otras que no nos gustaría repetir, como la primera vez que te toca ir a urgencias. Lo que seguro te dan todas estas primeras veces es experiencia. Experiencia como padre que te servirá para el futuro y te hará estar alerta para otras situaciones similares. Sin duda, a mi me pasó. Por eso, cuando a los tres días de vida de Atreyu, hizo caca con hilos de sangre, no lo dudé ni un segundo, estábamos ante una posible intolerancia a la proteína de la leche de vaca… ¡Otra vez!

De nuestra experiencia con la IPLV de Valkiria saqué muchas cosas en claro. Una de ellas fue, dicho por su gastroenterólogo, que si teníamos un segundo hijo tenía muchas papeletas de acabar con el mismo diagnostico. ¿Porqué? Pues porque ya existe un precedente familiar, en este caso Valkiria, y porque yo tengo asma y alergia (a otras cosas) lo que hace que sus probabilidades de desarrollar esta patología aumenten.

Es curioso que, a pesar de que cada vez hay mas casos de Intolerancia a la proteína de la leche de vaca, aun sea una gran desconocida e incluso haya profesionales que nieguen su existencia. Existe, lo estoy viviendo en mis carnes por segunda vez, y ojalá no fuera así.

¿Que como me di cuenta?

La sangre, obviamente, fue el letrero de neón que me dio la voz de alarma. Pero hubo otros síntomas. El niño estaba intranquilo, como si tuviera dolor de barriga; tenía muchos gases; y lo principal, hacía unas cacas muy características llenas de una especie de moco baboso.

A la semana de nacido decidí no esperar mas y quitarme todos los productos lácteos y derivados de mi dieta. No me supuso mucho esfuerzo porque ya había estado así durante mas de un año con Valkiria. Solo tuve que hacer memoria de las cosas que usaba.

En unas dos semanas empecé a notar mejoría a través de las heces. Cuando en la visita al pediatra de la seguridad social se lo comenté, y le dije que ya tenía hora para el gastroenterólogo privado, todo lo que me dijo fue: “Bien, pues ya me contarás que te dice…“. (Tampoco esperaba mas… ).

El día que Atreyu cumplió dos meses tuvimos la visita al gastro. La visita mas rápida de la historia. Poco había que explicarnos. Solo que siguiéramos así y cuando el peque tuviera unos cinco meses podríamos hacer alguna prueba. bien a través de la piel o mediante un análisis de sangre.

¿Como es la dieta exenta de proteína de la leche de vaca?

En realidad, es una dieta que se basa en la vuelta a lo natural. Nada de precocinados ni comidas ultra procesadas. Obviamente, nada de leche de ningún origen animal, ni queso, ni yogures, ni (y aquí viene lo mas difícil) nada que contenga conservantes hechos con algún elemento lácteo (Los famosos E-… y de más). De esto hay listas y listas por internet.

También hay listas de alimentos que no contienen ni lácteos ni derivados. Webs de recetas para APLV e IPLV. Y cada vez mas alimentos en los supers están etiquetados para hacernos la vida un poquito mas fácil. Lo cual es de agradecer.

Super importante: La alergia o intolerancia a la proteína de la leche de vaca NADA tiene que ver con la lactosa. Así que de nada sirven los tan comunes productos sin lactosa.

Yo tiro mucho de la cocina vegana, sobretodo para el tema dulce que me tira mucho. Así, cuando me da la gusa, me hago mi propia nutella vegana, o me preparo un bizcocho rapidito con cuatro ingredientes que tengo por casa.


No se cuando tolerará Atreyu. Valkiria lo hizo a los 17 meses, después de varios intentos fallidos desde los 12 meses. Pero sé que, igual que lo pasé con ella, lo pasaré ahora con él. Y haré todo lo que esté en mi mano para que él esté lo mejor posible.

¿Conocéis algún caso de Intolerancia o alergia a la proteína de la leche de vaca?

 

 

Postparto, esa montaña rusa

El postparto es otra de esos temas en los que, parece que se profundiza durante las clases preparto, pero nunca te llegan a explicar, realmente, a lo que te vas a enfrentar. Entre otras cosas porque nadie sabe a lo que te vas a tener que enfrentar. No sabes si tendrás que recuperarte de una cesarea, de un parto vaginal. Si saldrás sin un solo punto o mas cosida que el monstruo de Frankenstein. Y ya no solo hay que hablar a nivel físico, sino también emocional.

Incluso si, como me pasó a mi esta vez, tienes la suerte de tener una matrona de lo mejorcito que te lo explica todo genial, nada te puede preparar para la montaña rusa en la que te vas a subir una vez tu bebé abandone tu cuerpo… (si ya no era suficiente la revolución hormonal que tenías con el dentro…).

En mi caso, como me pasó con los partos, he tenido dos postpartos totalmente diferentes. Estoy segura que el cómo fue el parto influyo del todo en esto. De echo, os reconozco ahora que ya ha pasado que, esta vez, tenía mas miedo al postparto del que quería reconocer. ¡Mucho mas que al parto! Porque, al fin y al cabo, el parto es un ratico, pero el postparto dura mucho mas tiempo.

Mi primer postparto

Aquí jugaba la baza de ser primeriza. Después de un parto relativamente “bueno” en el que no me libré de la episiotomia, llegó el postparto y con él casi 15 días de dolor continuo. Ya no solo me dolían los pezones por el inicio normal de la lactancia, sino que el dolor del corte en los bajos casi no me dejaba sentarme. Recuerdo mandar al padre a comprar un flotador en pleno octubre para sentarme en el, pero ni siquiera así estaba medio cómoda.

La medicación que me mandaron no me quitaba del todo el dolor. Necesitaba las dosis antes del tiempo que tocaba, lo que me hacía interminable la espera para poder chutarme el nuevo analgésico.

Los puntos tardaron en cicatrizar y cuando se fueron secando aun me tiraban y me molestaban más. A todo esto hay que sumarle el subidos/bajón de hormonas, que te hace estar bien y al minuto llorar como una magdalena. Uno de los días, el primero que me quedé sola unas horas con la niña, incluso llamé a mi madre llorando porque creía que me estaba desangrando… Queen of drama total, pero es que eso es lo que tiene el postparto, que nos da por donde nos da.

Por todo esto y por el estrés añadido de verte con tu bebé y enfrentarte a tus primeros momentos de “llora y no se lo que le pasa” o “¿lo estaré haciendo bien?” creo que mi primer postparto lo viví como si de una verdadera montaña rusa se tratase. No llegué a la depresión postparto. Pero si recuerdo llorar en momentos de soledad sintiéndome culpable por no estar rebosante de felicidad en todo momento. La culpa… ¡ay la culpa amigas!

Mi segundo postparto

Esta vez ya sabía a lo que iba. No es que fuera predispuesta para lo peor, pero intenté estar mentalizada para cuando llegara el momento. Sorprendentemente, aunque el parto fue duro, largo y acabó con un desgarro de tipo dos, el postparto ha sido otra cosa totalmente diferente.

Para empezar la zona estaba dolorida, pero mucho menos de lo que yo recordaba de la primera vez. Podía aguantar sentada sin mucha molestia, lo cual ya era todo un logro.

Me mandaron paracetamol y otra cosa (cuyo nombre no recuerdo…) por si tenía mas dolor. No pasé del paracetamol y se me pasaban las horas de tomármelo. Lo que quiere decir que tampoco iba todo el día rabiando de dolor. Los puntos se secaron bien y no me molestaron mas conforme avanzaba el tiempo. Creo que me he recuperado mucho mejor esta vez porque fue un desgarro y no fue un corte. He leído mucho sobre esto últimamente y la conclusión es que un desgarro es mas complicado de suturar, pero está demostrado que la zona se recupera mucho mejor. Al menos si hablamos de un desgarro del tipo del mio.

Para que os hagáis una idea… En mi primer postparto no salimos de casa hasta que tocó revisión con el pediatra y la matrona. Una semana después. Esta vez, en cambio, al cuarto día ya estaba paseando por la calle. A ratitos cortos, eso si, pero saliendo que ya es mucho.

A diferencia de la primera vez, esta no me he librado de las temidas estrías. Me salieron todas en el último mes. ¡Normal! Ya visteis el tamaño descomunal de mi barriga. Esto también ha hecho que me esté costando más volver a mi ser. Pero oye… Poquito a poco.

En cuanto al plano emocional, me he notado menos insegura, mas estable… No se si es por la seguridad que te da el ya tener experiencia, o porqué. Algún momento de bajón he tenido de todo modos, no os vayáis a pensar que estaba en plan Heidi todo el día feliz de la vida. Pero mucho mas light que la vez anterior. Quizá esta vez lo que he notado es algo más de estrés a la hora de organizarme yo sola con los dos. Pero eso creo que entra dentro de la normalidad… ¿no bimadres del mundo?

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-Mi barriga dos meses después de parir-

En conclusión…

Como con casi todo en esta vida, creo que no se puede ir con ninguna idea preconcebida porque cada experiencia es distinta. Aunque tu seas la misma. Mi matrona me dijo que los segundos se recupera una mejor porque ya tienes a los mayores que te hacen ponerte las pilas rápidamente. Pero yo creo que como sea tu parto marcará completamente como vivas el postparto. Y para mi, esta vez, ha sido una verdadera maravilla.

¿Como fue vuestro postparto?

¿Notasteis diferencia entre vuestros postpartos?

El parto de Atreyu (cuarta y última parte)

Habían pasado mas de 12 horas de parto, estábamos en pleno expulsivo y mis matronas hablaban entre ellas. A veces en voz alta, a veces entre susurros, imagino que para no preocuparnos. Con cada movimiento que hacían para intentar ayudar a Atreyu a salir, a mi me dolía hasta el alma. Entonces intentaba recordar lo que me decía mi matrona del centro de salud: “No es una contracción mas, es una menos… “.

Notaba cierta preocupación en el aire. Me venía una contracción y me decían: “coge aire y empuja largo, largo con todas tus fuerzas“. Y eso hacía, empujaba en apnea con todas las fuerzas que me quedaban. Y cuando ya no podía mas y el chillido ahogado salía de mi me decían: “cambia el aire y empuja un poco mas“… Y eso hacía. Así pasamos de segundo a tercer plano.

A pesar de todo el liquido que había salido de mi, allí aun quedaba suficiente como para permitir que el niño se moviera a sus anchas. De echo, no paraba quieto y, en mitad de todo aquello, yo empecé a notar un dolor agudo en el costado. “Me duele, me duele” les decía (y manda narices, como si lo demás no doliera…). Aquello que me dolía resultó ser un pie de Atreyu haciendo palanca en mis costillas. Le dijeron a mi marido que apretara ahí, lo cual no ayudó mucho y dejó de hacerlo después de lanzarle una mirada asesina.

Como mi querido hijo no paraba de moverse, a cada contracción, la matrona residente trataba de enderezar mi barriga y con ello al niño, mientras la matrona oficial dirigía el pujo pidiéndome que lo alargara un poco más. Aquello no acababa nunca y yo me temía lo peor… Llegué a pensar en la cesarea, pero no me atreví ni a mencionar mis miedos en voz alta. Atreyu tenía que salir, si o si, ¡por la madre que lo estaba intentando parir!

Me decían: “ya está casi con nosotros Ana, solo tienes que hacer un empujón mas“. El problema era pasar del tercer al cuarto plano. Cuando empujaba la cabeza casi coronaba, pero al dejar de empujar retrocedía. Tenía que empujar más. Más fuerte, más largo. Pero no podía.

En un momento, para animarme, poniéndome un espejo delante me dijeron: “Míralo, ya se ve, tiene mucho pelo” A lo que yo, sin mis gafas y medio llorando, solo pude contestar: “Es que soy miope, no veo ná” Así que me dijeron que tocase, y si, allí estaba mi niño, listo para salir, a falta de un último empujón que lo lanzara a la vida.

Mientras todo esto pasaba, las vi intentar por todos los medios proteger mi periné. Me ponían compresas de agua caliente e intentaban que no pujara cuando no debía. Esa respiración que nos enseñaron en las clases preparto, como si soplaras una vela pero tratando de no apagarla.

Así llegó el momento de hacer el famoso pujo definitivo y empujé. Empujé con todas las fuerzas que pude reunir y mas, hasta notar el famoso aro de fuego. Seguí empujando mientras me pedían mas y mas, que siguiera, que ya casi estaba. Notaba que me partía en dos. Puro fuego. Y entonces, ¡la cabeza de Atreyu salió! A mi me invadió un alivio tremendo y acto seguido me pidieron que dejara de empujar, que lo aguantara… Tenían que salir los hombros y ese momento es muy delicado. Hice todo lo que me dijeron, pero no pude evitar el desgarro, por donde estaba la cicatriz de mi anterior episiotomia.

Nada importaba ya, ¡mi niño había llegado! Y yo entre lagrimas solo atine a decir: “Ay pobrecico mio, esta lleno mierda”… Lo que desató las risas en el paritorio después de los momentos tan tensos que acabábamos de pasar. Y parece que Atreyu me oyó porque lo siguiente que hizo fue pegarse una gran cagada de bienvenida y llenarme de meconio enterita… pero con amor 😉

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Me lo pusieron sobre el vientre y me dijeron que no lo moviera, que estaban esperando que alumbrara la placenta. Como les dí permiso para hacerme un alumbramiento asistido mediante oxitocina, salió en un momento. Lo siguiente fue cortar el cordón, cosa que hizo el padre, una vez dejó de latir. Ahora si, ya lo tenía sobre mi pecho y, aunque sea amor de madre caldosa, no podía haberlo imaginado mas bonito.

Mientras Atreyu me miraba con sus ojos muy abiertos, empezaron a suturarme el desgarro. Me dijeron que me iban a hacer una sutura estética, que tardarían un poco más, pero a mi ya me daba todo igual. Lo cierto es que esta parte es de las mas engorrosas de un parto sin epidural. Te pinchan un anestésico local, pero la zona está tan dolorida por todo lo que acaba de pasar, que lo notas todo perfectamente y, al menos yo, no podía evitar hacer pequeños saltitos del dolor y mas de un chillido ahogado para no dejar sordo a mi pequeño nada mas nacer.

Todos se sorprendieron al ver lo grande que era. Empezando por mi, que para nada me esperaba un niño tan grande dadas mis últimas ecografías. Y pasando por las matronas y las enfermeras. Cuatro kilos en un parto vaginal natural sin epidural, ¡normal que hubiera costado tanto de salir!

En los momentos posteriores, cuando ya todo estaba en calma y mientras esperábamos a los celadores para que me subieran a planta, me quedé mirando a mi bebé y me puse a llorar. Nadie entendía nada. Incluso las matronas me preguntaron que porqué lloraba, si ya todo había pasado y estábamos bien. Pero yo sabía porqué lloraba. Lloraba por todos los sustos de este embarazo. Los que os conté y los que me guardo. Lloraba por lo bonito que era mi bebé. Por lo sano que estaba y porque, en ese preciso momento, no podía ser mas feliz.

Y así fue el parto de Atreyu… 😉

Ahora nuestra familia ya esta completa

El parto de Atreyu (tercera parte)

Después de casi 12 horas de parto, y tras un momento de crisis, llegamos a las 2 de la tarde del 30 de agosto con los ánimos a medio gas y la bolsa aún intacta. Ya estaba dilatada a 9 centímetros y, con cada contracción, me ponía en completa. El problema era que al tener la bolsa entera y liquido como para llenar una piscina olímpica, Atreyu no llegaba a apoyar la cabeza y mucho menos a encajarla en el canal del parto.

Las contracciones eran cada vez más seguidas y yo tenía ya unas ganas de empujar irrefrenables. La matrona me dio carta blanca para hacerlo. Me dijo que si me aliviaba empujar y era lo que el cuerpo me pedía, lo hiciera. A ver si con suerte, en uno de aquellos empujones, la bolsa reventaba de una vez. Aun así, entre contracción y contracción me quedaba dormida. Como si en los escasos minutos que había entre ellas diera tiempo a caer en un profundo y “reparador” sueño…

Necesitaba toda la concentración y toda la fuerza que pudiera reunir en aquel momento, tanto física como mental, pues ambas cosas comenzaban a flaquear. En cada contracción, me pillara en la postura que me pillara, empujaba con todas mis fuerzas y la bolsa salía de mi como cuando aprietas un globo lleno de agua. Pero al pasar la contracción volvía dentro y seguíamos como estábamos.

En un momento de soledad en el paritorio, le confesé a mi marido que tenía miedo. Miedo de no poder hacerlo, de agotarme y quedarme sin fuerzas. Aun no habíamos llegado al expulsivo y, con cada contracción, me notaba mas débil y mas insegura. Él me animó y me dijo que le consultara a Lourdes, la matrona. Eso hice. Cuando volvió le conté mis miedos y le dije que, aunque habíamos acordado que ella no rompería la bolsa, si veía que me iba a agotar, yo le daba permiso para que lo hiciera. Porque, ante todo, confiaba en ella. Me dijo que estuviera tranquila. Ibamos a darnos un poco mas de tiempo y, si no se rompía sola, la romperían.

Serían cerca de las 3 de la tarde cuando me propuso hacerme un tacto vaginal para palpar la colocación de la cabeza del niño. Y así fue que, en mitad del tacto, me vino una contracción muy intensa y apreté, apreté sin importarme nada. No se si fue porque ella aún tenía la mano dentro de mi o porque, pero en ese momento la bolsa, por fin, se rompió y un torrente de liquido caliente cayó al suelo. Allí me quedé, quieta, de pie como estaba, sobre un charco de liquido amniótico, sin querer moverme para no escurrirme. Salió tal cantidad de líquido que, tanto ella como yo, nos tuvimos que cambiar de ropa.

Después de dos partos (en el primero me rompieron la bolsa) he llegado a la conclusión de que lo mio no son bolsas amnióticas… Son bolsas de las azules del Ikea, ¡irrompibles!

Después de esto el parto entraba en su recta final.

Las contracciones se hicieron aun mas intensas y yo ya estaba dilatada por completo. ¡Aquello estaba hecho! Unos cuantos empujones y conocería a mi niño al fin… Eso pensaba al menos. Pero no. Dimos con otro escollo en el camino. Mi pequeño, ese que había estado perfectamente colocado casi en cada revisión, había encajado la cabeza, pero no como debería.

Hay una cosa llamada la posición fetal óptima, esa que es la ideal de cara a un parto sin complicaciones. Bien, pues Atreyu estaba mal colocado de dos maneras diferentes. Primero os dejo una imagen de como sería la posición correcta de cara al expulsivo.

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Atreyu, en cambio, se había encajado de manera que su cabeza estaba perpendicular a la posición óptima. Pero no solo eso, sino que, en vez de tener la barbilla pegada al pecho, tenia la cabeza mirando hacia arriba. Lo mas favorable es que lo primero que asome sea la coronilla. Porque, de otro modo, el diámetro de salida de la cabeza aumenta y eso complica bastante el expulsivo.
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La primera imagen es la cabeza bien colocada respecto a la pelvis de la madre. La segunda como estaba mi hijo.

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Y en esta imagen podéis ver lo que os comentaba de la barbilla

Las matronas iban palpando, mediante tactos vaginales, como estaba colocada la cabeza. Así, cuando me venía la contracción intentaban ayudar a Atreyu a que rotara para facilitar su salida. Estábamos en pleno expulsivo, la cosa se alargaba y a mi apenas me quedaban fuerzas. Oía, de vez en cuando, llantos de bebés acabados de nacer y yo solo podía pensar “el mío no sale, no sale“.

Estaba ya en una posición semisentada en la camilla transformer que tenían allí e intentaba, con la ayuda del Papá Cascarrabias, recordar como pujar y como respirar para que fuera lo mas efectivo posible. Aunque reconozco que había momentos que yo misma me recordaba en voz alta que tenía que respirar… Como si eso fuera algo que se pudiera olvidar. Durante aquella eterna hora y media, estuve gran parte metida en un bucle infinito que constaba de pujo largo/chillido de agotamiento/llanto y vuelta a empezar.

No creo que haya hecho ningún esfuerzo tan grande en mi vida, ni siquiera en mi anterior parto. Esta vez todo era mas vivo, mas largo, mas intenso y mas consciente. Recuerdo también pedir el famoso gas de la risa “in extremis”, pero no me lo trajeron porque, realmente, ya no hubiera hecho ningún efecto.

Mi marido, al que el expulsivo se le hizo casi tan largo como a mi, me ayudaba a incorporarme con cada pujo. A mi ya no me quedaba casi fuerza para levantar mi cuerpo y la maldita via, de la que me estuve acordando todo el parto, no me permitía cogerme bien a las agarraderas para empujar. Me dolía mucho porque me la habían colocado demasiado cerca de la muñeca y a cada movimiento para hacer fuerza estaba mas cerca de sacarla de su sitio. Lo que estaba claro es que no era el momento de que me la quitaran y me buscaran otra vía, en pleno expulsivo no…

-El parto de Atreyu acabará en el siguiente post… (lo prometo) 😉 –