De excursión por la Marjal del moro

La Pascua, aquí en Valencia, es tradición celebrarla comiendo al aire libre la mona y volando el catxirulo (la cometa). Y la verdad es que, con el tiempo tan bueno que tuvimos toda la semana santa, incluido el lunes de pascua, apetecía mucho, así que eso hicimos. Nos fuimos con la familia a una zona poco conocida de la provincia de Valencia, un humedal llamado La Marjal del moro.

La Marjal del moro es un espacio protegido ZEPA (Zona de especial protección para las aves), un humedal de extraordinario valor situado entre los términos municipales de Puçol y Sagunto, concretamente en l’Horta Nord. Se trata de una de las zonas más importantes para las aves acuáticas en la provincia de Valencia.

Hace muchísimos años, este humedal se conectaba con la famosa Albufera, al otro lado de la ciudad de Valencia. Pero se fueron destruyendo zonas de humedal. Primero para cultivar arroz y, posteriormente, para convertir el suelo en zona urbanizable, con el consiguiente desarrollo masivo del ladrillo en todo el área de la costa.

La zona que queda ahora no es realmente muy extensa, lo que da para hacer una excursión muy agradable que podemos empezar, desde la zona del polígono cerca de Sagunto, o desde el final de la playa de Puzol. Esta ultima ruta aun la tenemos pendiente de hacer con Valkiria.

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Nosotros solemos ir, de vez en cuando, a dar una vuelta, pasear, observar plantas, bichitos y algunas aves. Aunque para ver mas aves tienes que acercarte mas a la zona de las lagunas en si y con la niña tan pequeña aun es complicado.

– Aquí estaba buscando algún caracol que tuviera el bicho dentro, porque la mayoría estaban vacíos –

– Valkiria y Papá escondidos en un observatorio de aves –

No suele haber mucha gente, algunas personas a pie, otras en bici, pero poco barullo, es una zona muy tranquila. Tiene un centro de educación ambiental (CEA), situado en la antigua alquería del Frares. Pero, cosa que no entiendo, los fines de semana el centro permanece cerrado al público. Alrededor de la alquería, tenemos diversas lagunas artificiales y zonas de flora y cultivos mediterráneos. También hay una zona de mesas de picnic, pero en fin de semana tampoco se pueden usar. Fuera de la zona del CEA también podemos encontrar algunas mesas de picnic, pero ya están mas escondidas.

Nosotros nos pusimos ahí a comer, mona incluida. Estuvimos solos. Luego recogimos todas nuestras cosas, sin dejar ni rastro de haber pasado por allí, y nos fuimos a dar otro paseo. Tampoco hicimos una gran ruta porque, entre que ella es pequeña y que yo con la panza me canso mas, no está el horno para bollos, jejeje.

– Aquí Valkiria encantada con su mona. Pero no la típica valenciana, sino la versión catalana – 

Es un sitio ideal para ir con niños porque pueden campar tranquilamente a sus anchas en la mayoría de las zonas. Pero si que es conveniente recordar varias cosas:

  • Llevar calzado cómodo y si el tiempo lo permite pantalón largo.
  • Llevar repelente de mosquitos. En esta época aun no se nota mucho, pero en cuanto aprieta el calor te comen vivo.
  • Si quieres observar bien los pájaros y los bichos, llevar prismáticos y una lupa. ¡A los peques les encantará!
  • Si vamos con niños pequeños, no está demás llevar una mochila ergonómica o similar, para ayudarles en los tramos más difíciles o cuando estén cansados.

¿Os gusta hacer excursiones con vuestros hijos al campo?

¿Conocíais la Marjal del moro?

 

Consejos de padre (59): Quiero ser hermana mayor

No se en que momento el concepto “hermana mayor” entró en la cabeza de Valkiria. Nosotros queríamos tener otro bebé, pero en ningún momento le comentamos nada a ella. El caso es que, de un día para otro, empezó a preguntarme, con bastante insistencia, por la existencia de ese bebé en camino (aun cuando ni nos habíamos puesto a buscar).

Supongo que fue por el entorno. Dio la casualidad que, el año pasado, en la guardería, la mamá de una compañera suya estaba embarazada; además de una amiga mía de toda la vida que también tiene una nena de la misma edad que Valkiria. Cada dos por tres venía a tocarme la barriga y a preguntarme si había un bebé dentro, o cuando lo habría. Eso nos llevó a mas de una situación peliaguda que ya os contamos en otro Consejo de Padre.

Obviamente, cuando nos pusimos a buscar no le dijimos nada. Y os aseguro que tuvimos sumo cuidado de no hablar nada sobre ese tema delante de ella, que siempre está con la antena puesta. Pero será porque los niños lo intuyen todo que, en ese momento sus preguntas, mas que preguntas, se volvieron afirmaciones: “Esto para mi hermanito” (o hermanita, le iba cambiando el sexo según le daba), “Cuando venga el bebé yo le voy a cuidar mucho…“, etc… Haciendo que incluso, cuando estábamos con mas gente conocida, me miraran con cara de “¿algo que contar?“.

Los meses siguieron pasando y cuando tuvimos el ansiado positivo y pasó un tiempo prudencial, decidimos que había llegado el momento de contárselo. ¡Nos hacía mucha ilusión poder darle semejante notición después de dar tanto la murga!… Y sin hacer nada muy especial, porque aun es muy pequeña para pillar según que cosas, nos sentamos con ella y se lo dijimos.

La reacción que tuvo fue… digamos… impasible. No es que esperara grandes festejos, pero algo más de emoción si. Se quedó pensativa. Callada (raro, muy raro en ella). Como si estuviera rumiando la noticia. Y al cabo del rato nos respondió y se fue a jugar tan tranquila. Pasaron un par de días hasta que empezó a hacer preguntas y, la mayoría de las veces, eran para saber si iba a nacer ya el bebé. ¡Los niños y el paso del tiempo! ¡Que largo se le va a hacer el embarazo! (Casi mas que a  mi…)

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¿Como se tomo vuestro peque el anuncio de que iba a ser hermano mayor?

¿Reaccionó como esperabais?

La búsqueda del segundo embarazo

Las cosas hay que contarlas desde el principio. ¡Como toca! Para entenderlo todo en su contexto. Así que, antes de meterme en faena a contaros cosas de este segundo embarazo, empezaré por lo que fue la búsqueda del mismo. Algo que, sinceramente, creímos que sería más fácil de lo que fue en realidad.

Nosotros, pecando de padres primerizos, pensamos en cual sería el mejor momento de iniciar la búsqueda de este segundo bebé. Como si fuera algo matemático. Hicimos todos los cálculos para que, el parto, no me coincidiera con los exámenes de la escuela de idiomas. Ni con las navidades, que luego al bebé se le deslucen los cumpleaños. Ni, por supuesto, pasar otro verano embarazada. ¡Eso jamas de los jamases!… ¿Conocéis al Sr. Murphy, no? Ese que tiene esa teoría tan graciosa que va dando zascas en la cara de la gente. Que bastante que uno diga…”No quiero tal…” para que ¡ZASCA! Lo que viene siendo un “no querías sopa, pues toma dos cazos” de toda la vida. Ese es muy amigo mio.

Que no hombre que no, que si que parecemos primerizos… Que en esto de la búsqueda de un segundo embarazo uno no puede ponerse fechas ni limitaciones porque, a no ser que seáis de esas parejas que con la puntita ya se quedan embarazados, las cosas de palacio van despacio. ¡Y el embarazo llega cuando se alinean los planetas en la casa de jupiter y con luna creciente (en el mejor de los casos)! Vamos… ¡cuando le da la santisima gana a lo que sea!

Os aseguro que cada día estoy mas convencida de que llegar a concebir y que ese bebé llegue a nacer es el milagro más grande del universo.

Así que ahí estábamos nosotros, con nuestras cuentas perfectamente hechas, cuando llegó el día de ponerse en faena. Y nos pusimos, con mucho amorsito del bueno. Buscando los momentos, porque claro, ya somos padres, no es como antes. Ahora hay que cuadrar agendas también para eso. ¡La pasión y el desenfreno al carajo! Pero con amor, eso si. Y empezaron a pasar los meses.

Parece que tampoco tuvimos en cuenta a mis queridos ovarios multifoliculares. Esos que ovulan cuando quieren y les da la gana, sin importarles ciclos ni reglas. Que ya mi ginecóloga nos los advirtió cuando buscamos a Valkiria, y, obviamente, nos lo volvió a advertir cuando fuimos a verla antes de ponernos a buscar este. Pero claro, con el primer embarazo tardamos relativamente poco, apenas 3 meses, y ya nos creímos que todo el monte sería orégano.

La desesperación fue creciendo al mismo ritmo que pasaban los meses y, aunque en nuestro entorno fueron muy respetuosos con el tema de la búsqueda, intentando no agobiarnos. Si que llegué a oír esa típica frase de “Cuando te relajes te quedarás embarazada“.

Ya, si… ¡Claro! Os aseguro que si por ser una estresada de la vida fuera, no podría haber tenido ni un bebé ni medio. Lo que si decidí fue dejar de actuar como si ya estuviera embarazada. Y me sentó bien. ¿Que quiere decir eso? Pues que si me apetecía beberme una copita de vino, me la bebía; y si quería comer mas insano de la cuenta o cosas que no se pueden comer estando embarazada, pues también. De todos modos, hasta que el palito no me dijera lo contrario, ahí no teníamos nada de nada. Que no digo yo que no haya que cuidarse, que conste, pero tampoco obsesionarse con ello.

Y así fueron pasando los meses y nuestros cálculos se fueron yendo a la mierda… ¡tal cual! Y llegó el día de plantearse… ¿paramos o que? Que sino nacerá en verano y ya verás… Pero no, obviamente, no paramos. Pasé por meses que yo creí que habíamos hecho diana, pero luego venía mi amiga la de rojo y el marcador se volvía a poner a 0. Esos días no podía evitar estar de bajón.

Un par de semanas antes de navidad, mi cuerpo empezó a hacer cosas raras. Me tenía que venir, notaba que me iba a venir. De echo, tenía una cena con amigas a la que no fui porque empecé a manchar, como antes de bajarte el periodo. Mis ánimos por los suelos. Así que me quedé en casa jugando a un juego de mesa con mi marido y sus amigos, mientras me daba un homenaje en forma de vinito blanco.

El día antes de nochebuena, aquella amenaza de mes fallido había dejado dar señales, ya no marcaba y de la regla ni rastro. Estaba en casa de mis padres, mientras mi madre me enseñaba todos los manjares que había comprado para las navidades: jamoncito del bueno, quesos, salmón, vino… Cuando pensé: “Va a ser que toca comprarse un test de embarazo” Y eso hice. A la mañana siguiente me hice la prueba y dio positivo. ¡No nos lo podíamos creer! ¡Teníamos pastel en el horno!

busqueda-segundo-embarazo– Esta vez compramos uno de los de toda la vida –

Preferiríamos haber esperado un poco para contarlo a la familia mas directa, pero dadas las fechas, no iba a colar lo de que servidora no tenía ganas ni de jamón, ni de vino, ni de queso… Así que dimos el notición en la cena de nochebuena y no pudo haber mejor regalo de navidad que ese.

¿Como fue la búsqueda de vuestro segundo embarazo?

¿Tardasteis mucho o poco?

Tenemos buenas nuevas por aquí…

Llevo todo el mes de abril sin escribir una palabra. Y no por falta de ganas. Os aseguro que hace tiempo que estaba deseando contaros una y mil cosas que nos están pasando por aquí. Pero, por motivos que ya os contaré en su momento, no he podido, o mas bien, no he querido hacerlo antes. Podría haber escrito sobre otros temas. Sin embargo, todo sobre lo que me apetecía escribir acababa volviendo o girando en torno a lo mismo.

Han sido unos meses, digamos, difíciles, en los que he ido arrastrando el blog a duras penas, pues mi cabeza estaba en otro sitio. Ya lo habréis notado, por el descontrol que ha habido tanto aquí como en mis redes sociales. Exceso de preocupación que te quita la inspiración. Muy mala combinación.

Por suerte, para mi, creo que ya ha llegado el momento en el que puedo levantar el veto a este tema y gritarlo a los cuatro vientos…

¡ESTAMOS EMBARAZADOS!

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-Aquí mi panza de 20 semanas (Nací para posar, jajajaja…) –

¡Ay, que gusto da poder contarlo al fin! Pues si, a finales de agosto la familia Cascarrabias Puñetera contará con un miembro más 🙂 ¡Y estamos todos muy contentos!

Yo ya se lo que viene en camino, pues ya estoy de 21 semanas. Pero no queráis enteraros tan rápido de todo. Dejarme disfrutar un poco de la emoción de dar las noticias, poquito a poco.

¿Y cómo están las cosas por aquí?

En este punto, ya hemos pasado más de la mitad del embarazo, ¡Dios como vuela el tiempo! Y cada uno lo está llevando a su manera. El papá con tranquilidad, esa es su faena en esta casa, aportar calma. Valkiria ha pasado por fases y, aunque se cosca bastante de la situación, aun hay cosas, como la cuestión del paso del tiempo, que se le hacen muy abstractas. Ya os hablaré de ello con calma. Pero no os quepa duda de que esta super feliz de convertirse en hermana mayor. Y yo, por mi parte, lo estoy llevando… bien. O todo lo bien que se puede llevar un embarazo. Perdonarme, pero no creo para nada en eso de que es el estado ideal de la mujer. Tiene sus cosas bonitas. No os lo niego. Pero las incomodidades y los achaques ganan de calle. Aparte de que, en comparación con mi anterior embarazo, que fue una balsa de aceite, aquí ya llevamos una buena racha de sustos. ¡Ya no quiero más! (por cierto…).

Después de esta noticia, entenderéis que tengo en la cabeza mil doscientas cosas de las que os quiero hablar. Pero tendré que organizarme. Tampoco quiero que esto se convierta ahora en un blog temático sobre embarazo. Aunque, espero que entendáis que, siendo un blog personal que gira en torno a la maternidad, las cosas de las que hablaré, a partir de ahora, girarán en torno a lo que estamos pasando en casa. ¡Espero no aburriros ni cansinearos mucho! Afectará a todo claro, incluidos los Consejos de padre que, por supuesto, también volverán al blog, la semana que viene.

Así que esta es la gran noticia que tenía que daros… ¡que no es moco de pavo! jejeje… Espero retomar el ritmo normal lo antes posible 😉

El columpio de la discordia

Hoy vengo a hablaros de otro de esos casos en los que la educación y el civismo, por parte de los padres, brillan por su ausencia. Habrá a quien no le parezca para tanto el tema y piensen que soy una exagerada. Pero yo creo que, como con todo en la vida, la clave está en tener una buena base para luego poder desarrollarse. Y en cuanto a la educación de nuestros hijos, la base es absolutamente imprescindible. Hasta el mas mínimo detalle. El tema va de parques, de un columpio en concreto, pero en el fondo va de inclusión y de civismo.

Resulta que la semana pasada vi por redes que, en un parque al que solemos ir, el ayuntamiento había puesto un columpio especial para niños con discapacidad física. De primeras me pareció una iniciativa genial, pero al segundo me entró la duda… ¿Cuanto va a durar este columpio?

Unos días después fuimos a dicho parque y, como era de esperar, el columpio era la principal atracción del momento. Por raro, por original, por novedoso. No puedo culpar a los niños porque niños son. Ellos no saben para quien está pensado ese columpio y, para ser honestos, tampoco había cartel alguno que lo indicase. Aunque tampoco creo que un cartel hubiera cambiado ni cambie nada.

En el parque hay como 10 columpios normales y solo ese adaptado para niños con minusvalías. Valkiria se subió a un columpio normal, pero ante el revuelo por el otro columpio, aquello no tardó en llamar su atención. Obviamente, como cualquier otro niño, quiso subir. Nosotros le explicamos la situación. Que aquel columpio no era para ella porque ella podía subir en los otros columpios. Que ese columpio especial era para niños como un compañero suyo de clase que no podía montar en los otros columpios. Y que si el columpio nuevo se rompía entonces su amigo se quedaría sin poder columpiarse y se pondría muy triste.

Es curioso como cuando le explicas algo a un niño con claridad, aunque sea pequeño, te entiende mejor de lo que creías. Volvió al columpio donde estaba y siguió jugando tan tranquila.

¿Cuál es el problema?

Pues que yo puedo entender que niños se quieran montar porque es nuevo y les llama la atención. Y hasta puedo entender que niños mayores se monten porque van solos al parque y no hay quien les diga nada. Pero lo que no entiendo es que esos niños mayores vayan con un adulto y este se quede al lado viendo como sus hijos hacen el burro montándose en ese columpio.

Así fue que, al Papá Cascarrabias, ya hirviendole la sangre ante tal parsimonia del padre, se acercó y les dijo que ese columpio no estaba pensado para ellos y que si se rompía los niños para los que estaba pensado se quedarían sin columpio. Eso llamó la atención del padre inmediatamente, ¡como se te ocurre reprender a mis hijos! Pero no dijo nada mas que: “bajaros de ahí”, y se fueron.

A los 15 minutos ya había otro padre con otros niños haciendo cola y montándose al columpio. Valkiria al ver la cola, se creería que regalaban algo y se fue para allá. Cuando el Papá Cascarrabias se acercó a por ella, el hombre muy simpático dijo: “dejar subir a la nena en el columpio que es pequeña” A lo que mi marido contestó que no, repitiendo toda la reataila de razones por las que no queríamos que Valkiria se montara. Y el hombre, mas ancho que largo, contestó: “Ya se que este columpio es para niños minusvalidos”

Nos fuimos de allí barajando cuanto tiempo duraría ese columpio, antes de que lo rompieran. ¿Llegaría al mes, a los 3 meses?

Creo que es muy importante el ejemplo que damos a nuestros hijos. Y el civismo, las reglas de comportamiento básicas, las aprenden de nosotros. Pero no solo de lo que les decimos de palabra. No. La mayor parte la aprenden de lo que ven que hacemos y lo que nos escuchan decir a otros. Si a este padre le da igual que sus hijos u otros niños puedan romper el único columpio que hay adaptado, sus hijos crecerán pensando que pueden hacer lo que quieran porque que mas da. No solo por esta cuestión concreta, sino porque imagino que eso lo aplicará como padre a otros aspectos de su vida.

Como ya he comentado otras veces, nos falta mucho como sociedad. Nos falta civismo. Nos falta empatia. Y si nosotros como padres no nos esforzamos por inculcar valores desde pequeños a nuestros hijos, ¿Quien lo va a hacer? ¿Como puede avanzar así la sociedad? El cambio está en nosotros, pero parece que hay gente que aun no se ha dado cuenta.

¿Os habéis encontrado en alguna situación similar?

¿Cuanto creéis que durará el columpio de la discordia?