El parto de Atreyu (segunda parte)

Como os contaba en la primera parte de este post, aquella noche me acosté después de un chocolate a la taza, en un último intento desesperado de probar algo que desencadenara el parto de Atreyu. Dos horas después empezó la fiesta. Las contracciones, al principio, eran cada 20 minutos. Traté de dormir entre ellas, pero era imposible porque cada vez que venía una me despertaba. Así que deje de intentar dormir, y me puse a contar las contracciones con la aplicación que me bajé en la tablet.

Mientras las contracciones se iban haciendo cada vez más cercanas yo iba cambiándome de postura. Unas veces sobre el balón de pilates haciendo círculos, otras a cuatro patas en el suelo practicando alguna postura de yoga o de cuclillas. Respirando para pasar las contracciones que cada vez notaba con más intensidad. Intentando aplicar en casa todo aquello que aprendí en las clases preparto y de yoga prenatal. Tratando, en definitiva, de alargar lo máximo posible la fase de dilatación en casa, porque una vez en el hospital ya sabía lo que había.

Así fueron pasando las horas de aquella madrugada, hasta que a las 6:00 de la mañana, cuando ya las contracciones eran con una frecuencia de unos cinco minutos, decidí despertar a Papá Cascarrabias para anunciarle que nuestro hijo, ahora si que si, estaba de camino. Empezamos entonces a prepararnos para ir al hospital. Me metí en la ducha y es curioso lo que alivia el agua caliente. Con mucho gusto me habría metido en la bañera, pero, ilusa de mí, me daba miedo alargar demasiado la cosa y no llegar a tiempo al hospital.

Sobre las siete menos cuarto despertamos a Valkiria. Ya en el coche de camino a casa de Los abuelos puñeteros, le explicamos que su hermano estaba de camino y que papá y mamá se iban al hospital. Me despedí de ella con un abrazo entre contracciones y casi se me saltan las lágrimas. Mi pequeña valkiria iba a dejar de ser hija única para convertirse en hermana mayor.

El camino al hospital, a las 7 y algo de la mañana de un miércoles laborable, se me hizo mas largo que un día sin pan. A las 7:30 entraba por la puerta de urgencias y ya me veían venir de lejos… “Vienes de parto, ¿no?“… ¡Pues va a ser que si! Me ofrecieron la silla de ruedas, pero yo soy de las que prefieren ir andando, y os aseguro que el camino hasta las urgencias de maternidad es largo… pero largo. Aun así preferí andar, parándome con cada contracción.

Entré sola a triaje, lo normal en este hospital y allí me atendió una enfermera que me hizo las primeras comprobaciones: temperatura, tensión, etc… Luego me vio la ginecóloga. Ecografía para asegurar que todo estaba bien y tacto vaginal. ¡5 centímetros dilatada! ¡Bien! ¡Esto marcha! Volví con la enfermera que me puso la maldita vía (luego os cuento…). Cada persona que entraba me decían que estaba muy tranquila y que estando de 5 cm, y siendo un segundo, aquello iba a ser muy rápido… Y yo les creí…

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio donde me esperaba otra enfermera y Núria, la matrona residente que asistiría mi parto. Empezó a hacerme las preguntas de rigor mientras miraba mi plan de parto. Yo me esperaba cualquier cosa dada mi experiencia anterior en ese mismo hospital cuando nació Valkiria. Pero nada mas lejos de la realidad. En el momento que me preguntó si quería la epidural y le dije que no, no dijo nada mas que…vale. Mientras esperábamos que llegara la matrona oficial, me fue monitorizando (de esto no se libra nadie…) y nos pusimos a charlar. Entonces fue cuando le conté mi experiencia en mi anterior parto con la matrona que me tocó. La conocía… Palabras textuales suyas: “Lo bueno que tiene parir aquí en agosto, es que las veteranas suelen estar de vacaciones y el personal es mas joven y con otra forma de trabajar“… ¡Genial!

Charla que te charla, dejaron pasar por fin a mi marido. Sobre las 9:20 llegó Lourdes, la matrona oficial. Se presentó y en seguida vi que, esta vez, mi parto iba a ser muy diferente. Tanto Lourdes como Núria entendían perfectamente el tipo de parto que quería tener e iban a tratar de ayudarme en todo lo posible. Para que os hagáis una idea: me dejaban ir al baño siempre que quería, beber agua, cambiar de postura, siempre que quisiera, como quisiera. De pie, sentada en la cama, sentada en el balón de pilates, de cuclillas, a cuatro patas apoyada sobre la cama… ¡Creo que me faltó hacer el pino! Y así durante toda la dilatación… ¡una maravilla oiga!parto-natural-la-fe

-Parturienta en proceso… Y tan pancha-

A eso de las 11:30 entro a preguntarme como lo llevaba y a decirme que no me haría tactos vaginales si yo no se lo pedía y no era estrictamente necesario. Me dijo que a ella no le hacían falta, que solo con verme a mi y ver la gráfica, ya sabía en que punto estaba. Aquella vez fui yo la que le pidió que lo hiciera. Quería ver cuanto llevábamos ya dilatado. Para animarme y tal… Así que lo hizo… ¡8 centímetros de dilatación y cuello borrado! ¡Ole y ole! Me vine arriba… En nada tendríamos a Atreyu con nosotros… (O eso pensaba yo…)

La bolsa seguía intacta y Lourdes no tenía ninguna intención de rompérmela si no era necesario. Me dijo que con la bolsa amortiguábamos un poco el dolor de las contracciones y a mi me pareció bien. Recordad que seguía sin epidural y sin ningún tipo de analgesia por decisión propia. Hubo una cosa que si me trajo y que me ayudó mucho a pasar el dolor de las contracciones, una bolsa de suero calentada para ponerla en los riñones… ¡Me aliviaba muchísimo! No sabéis la de viajes que hicieron para calentar aquella bolsa…

Y de repente, sobre la 1 de la tarde, así sin comerlo ni beberlo… Yo que tan tranquila estaba, respirando, controlando el dolor de las contracciones como podía, concentrándome en estar relajada… Empecé a ponerme nerviosa, a tener calor, sudores fríos… ¡Mierda, no puede ser! ¡Me estaba dando un ataque de ansiedad! ¡Quería huir! ¡Salir de allí corriendo! ¡En mitad del parto, me daba igual! Os aseguro que sé bien de lo que os hablo, aquello era un ataque de ansiedad en toda regla y yo, que me los conozco, no entendía porque… porque en ese momento, si yo estaba tranquila, si hace un segundo me encontraba la mar de calmada, no tenía miedo de nada, no hacía porqué tenerlo… ¿Porque me pasaba aquello?

No les dije que quería huir cual gacela de los leones, pero si que no me encontraba bien mientras lloraba. Les pedí que me dieran algo para calmarme, un sedante, ¡lo que fuera! Obviamente no me hicieron caso en lo del sedante y Lourdes, con mucha calma y mucho cariño, me explicó que aquello que sentía era por culpa de las sustancias que generaba mi cuerpo, que tenía un subidón de adrenalina y que era absolutamente normal. Me trajeron una bolsa para que respirara en ella… ¡tenía que calmarme! Y lo sabía… Traté de respirar en la bolsa, pero era muy grande y se me escapaba con los nervios y las contracciones… aquello no funcionaba. Entonces, empapó una gasa en alcohol y me la dio para que la oliera mientras me decía que lo hiciera poco a poco, pero que intentara respirar.

Mi marido, mientras todo esto pasaba, me empapaba cada dos por tres la frente y la nuca con agua, para bajar el calor que sentía. Pero como no era suficiente pasamos también a gasas empapadas de alcohol, al tiempo que me hacía aire con el abanico. No duró mucho, no creo que llegara a 20 minutos, pero fue un momento muy desagradable. Por suerte, poco a poco, se fue pasando y fui recuperando la calma y el control sobre mi misma. Aun nos quedaba la recta final y, aunque aun no lo sabía, iba a necesitar mas fuerza de la que nunca imaginé…

-El parto acabará en el próximo post-

El parto de Atreyu (primera parte)

Ya tenía ganas de empezar a contaros como fue mi parto, el día en que conocí al hombre de mi vida (con permiso de su padre) y nos convertimos en una familia de cuatro. Pero comprenderéis que estamos en fase de acoplamiento familiar a la nueva situación y, estos días, lo que mas me falta es tiempo. Para no hacerlo muy tostón, porque el parto fue largo, os lo contaré por partes… Así fue como empezó todo…

Las que me seguís por redes sociales sabréis que desde la semana 37 estaba ya hasta el pirri del bombo. Entenderme, es mi segundo embarazo en verano, con el calor que hemos pasado este en concreto, y el tamaño de mi barriga era ya tremendo. Aunque la primera vez estaba igual de cansada a esas alturas. Lo que me lleva a pensar que, para mi, el último mes se me hace cuesta arriba a mas no poder. Ya me quedo sin saber si me pasaría lo mismo tocándome parir en invierno… Eso nunca lo sabremos…

El caso es que una se deja llevar por la emoción de los opinologos locales, unos más entendidos que otros, y yo ya iba con el chip de que aquello tenía pinta de acabar antes de la fecha indicada… ¡ilusa de mi! Claro, la gente me veía con ese panzón y desde la semana 30 ya me estaban preguntando si me tocaba parir ya. Y vaticinaban que no llegaba ni de coña… ejem… ¡pues va a ser que no!

Mi desesperación, mi cansancio y mi ansiedad crecían conforme se acercaba mi fecha probable de parto, el 26 de agosto. Tenía esa fecha marcada a fuego en mi cerebro. ¡Atreyu, o sales o te desalojo! Las últimas dos semanas, de hecho, creo que se me fue de las manos el tema comida con aquello de la ansiedad.

A diferencia de la primera vez, que no noté una contracción hasta el mismo día del parto. Esta vez, ventajas de ser multípara, fui bien servida de contracciones y pinchazos desde semanas antes de mi FPP. Algunas de ellas de estas que cuando te dan te dejan seca y paralizada allá donde te pillen. “El cuerpo se está preparando” me decían. “Eso es porque toda tu musculatura esta distendida y se nota mucho mas” comentaban…. ¡Pues que bien, pero menos prepararse y mas parir!, pensaba yo para mis adentros.

En la semana 38, la ginecóloga que me hizo la última ecografía, al comentarle lo de las contracciones me recomendó reposo… ¡reposo! Porque sino me pondría de parto antes y había que aguantar porque el niño solo pesaba 3 kilos… ejem… A esto volveremos luego… Esa misma tarde estuve horas con contracciones soportables, cada poco tiempo, pero sin llegar a ser regulares. aunque ella me había dicho que ante algo así me fuera al hospital, yo, con mi tranquilidad y acordándome de las clases preparto, decidí quedarme… Al final pasaron.

Empezamos con “la operación desalojo”, que consistía en paseos al caer el sol (muertecica de calor y sudando como un pollo) y en mucho mucho amor de pareja. Esto último parecía efectivo. Pasé varias tardes con contracciones de las que se dejan notar, frecuentes pero no regulares… otra vez.

Casi acabando la semana 39 tuve los famosos monitores. Aquello decía que de momento nanai de la china. Cuando me hicieron la ecografía, solo una semana después de la anterior, el peque ya pesaba 3,500… Hasta la ginecóloga se sorprendió de que hubiera ganado tanto peso en una sola semana… Todo apuntaba a que la ecografía anterior se equivocaron. Cita para acudir el miércoles siguiente, día 30. Y así llegamos a mi FPP, 26 de agosto, sábado.

embarazo-40-semanas-parto-Última foto de la barriga, del mismo día de mi FPP-

Las prostaglandinas y la oxitocina propias del amor marital hicieron su efecto. Esa misma tarde las contracciones subieron de intensidad y, después de cuatro horas, cuando las contracciones eran regulares, decidimos ir al hospital.

Dejamos a Valkiria con los abuelos, cogimos la bolsa con las cosas y nos plantamos en urgencias. Si os soy sincera, yo me notaba demasiado tranquila y, ya yendo hacia allí, bromeaba con el padre sobre si estábamos o no de parto.

Las urgencias de maternidad parecían una fiesta con entrada libre, ¡había overbooking de parturitas! Y todas salíamos de cuentas el mismo día por lo que me dijo un enfermero. Me pasaron a triaje. Ecografia, tacto vaginal, 3 centímetros dilatada, monitores durante 45 minutos y veredicto… no estaba de parto… ¡oooohhh! ¡Mi gozo en un pozo!

Me dieron dos opciones, quedarme ingresada esa noche por si la cosa se animaba y darme el alta a la mañana siguiente si era que no. O irme a casa y volver si fuera necesario. Nos fuimos a casa, si tenía que esperar prefería hacerlo en la tranquilidad de mi hogar.

Después de ese día, la cosa se calmó y empezaron a pasar los días, leeeeeentos y pesados. Seguimos con la operación desalojo pero ya prescindimos del amor porque solo me daba contracciones pero no me acababa de poner de parto, así que cuando tuviera que pasar que fuera porque Atreyu lo decidiera. Aún así, hice una última cosa, un acto desesperado por mi parte, pero ya me daba igual. Me zampé una taza de chocolate caliente bien cargado de canela. Con el asco que me da a mí el chocolate a la taza… ¡puaj! Para ayudar a pasar el mal trago lo acompañe de unos bizcochitos para mojar, ¡todo muy light!chocolate-parto

Lo cierto es que, no se si esto ayuda o no, pero, dos horas después, la primera contracción, que anunciaba que Atreyu estaba en camino, me despertó. Así que tampoco puedo negar rotundamente que el chocolate a la taza con canela no tuviera ningún efecto en absoluto.

-El parto continuará-

Tercer trimestre del embarazo: punto y final

Tercer trimestre, y con él llegó la calma… ¿quien lo hubiera dicho? Se supone que el tercer trimestre es aquel en el que uno se encuentra peor. El tamaño que va cogiendo la barriga, el cansancio, la imposibilidad de dormir bien en casi ninguna postura, etc, etc. Pero ya veis, para seguir demostrando que cada embarazo es un mundo, aquí el tercer trimestre ha sido el más tranquilo y menos cansado de los tres.

No os negaré que este último mes, la recta final unida al calor sofocante que está haciendo este verano, sí que se me está haciendo pesado. Pero, curiosamente, me encuentro con más energía y mejor que los dos trimestres anteriores. ¿Será esto culpa del síndrome del nido? Pudiera ser… El caso es que, a dos semanas de parir, he bajado el ritmo por pura prescripción médica y por qué no quiero sacar a Atreyu antes de tiempo de su zona de confort.

Miedos

A nivel psicológico, empecé a relajarme una vez pasada la ecografía morfológica de las 20 semanas. Entrado ya el tercer trimestre, mi estado de ánimo y mi nivel de energía era el mejor hasta la fecha. Mi mente estaba en una especie de standby en el que ni quería pensar en lo ya pasado, ni preocuparme de lo que estaba por venir. Me había propuesto estar lo más tranquila y zen posible. Para ello, me vinieron genial las clases de yoga gestacional. Quizá como ejercicio físico no haya sido lo más contundente, pero a nivel emocional me han servido de mucho. Es ahora, que ya veo el final muy cerca, cuando empiezo a notar cierta inquietud y que, de vez en cuando, los miedos ante el parto me asaltan.

Es normal, y en cierto modo inevitable, que ese tipo de pensamientos pasen por la cabeza. Por mucho que quieras alejarlos. Por mucho que huyas de ellos. Y por mucho que confíes en ti misma y tú propia capacidad de parir. En un momento u otro se dejan notar. Es entonces cuando intento pensar, como buena friki que soy, y habiendo pasado ya una vez por esto, que la fuerza está en mi y soy una con la fuerza.

Como me encuentro…

En lo que las molestias físicas se refiere, no puedo decir que haya tenido nada fuera de lo común. El tema de los desmayos se fue calmando, por suerte para todos. Además, gracias a la alimentación he conseguido regular mi tránsito intestinal. Y lo único que volvió a aparecer fue el hipotiroidismo gestacional que ya conocía del anterior embarazo.

Tras las analíticas del tercer trimestre, tan solo me tuvieron que suplementar el hierro, algo muy normal en este punto del embarazo, pero que tiene el inconveniente de que suele estreñir. Por suerte, en ese sentido, vamos capeando el temporal. Lo demás todo bien. La prueba del estreptococo salió perfecta y ya solo queda esperar a que todo se ponga en marcha.

A diferencia de mi primer embarazo, me sorprende no estar teniendo, a estas alturas, ni ardor, ni acidez, ni reflujo. En ese sentido no me puedo quejar. Como de todo. Todo me sienta bien y nada me quita el hambre (mas que el calor…). Así estoy rozando la barrera de los 80 kilazos, aunque sin mucha pesadez de espíritu.

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Bolsa del hospital

No sabéis lo que me ha costado esta vez hacer las bolsas del hospital. Ya os lo contaba el otro día por Instagram y parece que es algo común en los segundos embarazos. En el primero nos puede la prisa, todo tiene que estar cuanto antes, la habitación, la bolsa… Pero oye, que con el segundo es como que te entra un relajo máximo que nunca ves el momento de ponerte a hacer la bolsa o bolsas del hospital, ¡Que perezón!

Al final, la semana pasada, ya en la semana 37, me decidí a hacerla. Aunque soy tan gañana que aun me falta alguna cosilla por meter… Nada irremediable, que, como dice mi matrona, para parir solo hace falta que vayas tu y, a poder ser, te lleves la cartilla del embarazo. Eso lo tengo. ¡Palabrita! 😉

Plan de parto

Bueno… el plan de parto… ¡Ay el plan de parto! Con que seguridad lo hice la primera vez. Como si aquello fueran mis últimas voluntades. Como si tuvieran que hacerle caso, si o si…. ¡Y que lejos esta eso de la realidad! En mi primer parto dudo mucho de que la matrona se lo leyera si quiera. Incluso a mi, ahora, me da la risa si me paro a leerlo.

Como la esperanza es lo último que se pierde, hoy mismo me he puesto a rellenarlo y pocas diferencias hay con como lo rellené la primera vez. Solo dos, de hecho… La primera es lo de que no me canalicen una vena. Primero porque sé, a ciencia cierta, que en el hospital donde voy a parir esto no entra dentro de sus protocolos y no me lo van a permitir, ¡ni de coña! Segundo porque, pensándolo bien, si tienen que inyectarme algo, prefiero que me pongan la vía al principio que cuando las contracciones sean cada poco tiempo.

La segunda es la opción de donar la sangre del cordón para investigación o para ayudar a quien lo pueda necesitar. La primera vez lo marqué, muy convencida de ello, porque en realidad me parece la mejor opción. Pero, en su momento, solo me dijeron que me sacarían sangre al llegar (sangre que luego se coagularía y tendrían que volver a sacarme casi en dilatación completa). Nadie me dijo que si mi criatura no llegaba a los 3 kilos y medio, aquel cordón no serviría para nada… Yo no soy de tener niños grandes. De hecho Atreyu apenas pesa 3 kilos ahora mismo, así que esta vez no he marcado esa casilla.tercer trimestre-plan-parto

Hasta aquí lo que ha dado de si este tercer trimestre del segundo embarazo. Ya solo nos queda esperar a que me llamen para citarme en el hopital para ir a monitores. Y, por supuesto, que Atreyu decida salir… Cuenta atrás iniciada… 10 días y bajando…

¿Como fue vuestro tercer trimestre?

¿Os sirvió de algo el plan de parto?

 

Hipotiroidismo gestacional: Mi experiencia

El hipotiroidismo que se da durante el embarazo, o gestacional, es algo mas común de lo que parece. Si bien, hace unos años a las mujeres no se les controlaba la tiroides en el embarazo, desde hace unos años para acá si que se hace a través de las analíticas de control de los trimestres. Aunque, de mi primer embarazo a este segundo, algunas cosas han cambiado, entre ellas los límites que establecen a partir de donde se considera que una mujer tiene hipotiroidismo asociado al embarazo. Antes los límites de los valores eran mas bajos y ahora los han subido porque se sobre diagnosticaban casos de esta alteración. No estoy aquí para hacer un post lleno de datos técnicos, porque para eso ya están los médicos, pero si quería contaros mi experiencia a través de mis dos embarazos con este tema.

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Embarazada vía Shutterstock

La primera vez, me detectaron la alteración del tiroides en la analítica del primer trimestre. De ahí me derivaron al centro de especialidades y luego al hospital, donde me pusieron medicación, Eutirox, en una dosis muy baja. Solo tomaba media pastilla cada mañana, en ayunas, media hora antes de desayunar. Me dijeron que una vez diera a luz la dejara. Eso fue lo que hice. A los 3 meses de haber dado a luz me volvieron a hacer una analítica para controlar que el hipotiroidismo hubiera remitido y así fue. Me advirtieron, eso si, que si volvía a quedarme embarazada, posiblemente, volvería a desarrollar hipotiroidismo gestacional.

En aquel momento, por la poca información que me proporcionó mi matrona, me asusté un poco pensando que aquello pudiera afectar a la criatura. Sobretodo porque, entre unas cosas y otras, tardaron bastante en verme y ponerme tratamiento. Tengo entendido que si los niveles son muy altos si que puede generar ciertos problemas en el correcto desarrollo del bebé, principalmente a nivel cerebral. Pero no era mi caso.

Esta vez, como ya venía con la lección aprendida de casa, nada mas ir a la primera consulta con mi médico de cabecera, para que me derivara a la matrona, se lo comenté. La doctora prefirió mandarme una analítica para, según ella, llevar eso adelantado. Así que, en la semana 6 me hicieron una primera analítica que luego vio la matrona. Los valores salieron alterados y, dados mis antecedentes, me derivaron al hospital directamente. Para cuando me vieron allí, ya tenía los resultados de la analítica del primer trimestre.

Curiosamente, cuando esperaba que me mandaran medicación para lo que me quedaba de embarazo, la doctora me dijo que los valores eran normales. Que me hicieron aquella analítica demasiado pronto y, por tanto, los valores no eran correctos. Eso no quería decir que no pudieran volver a alterarse conforme avanzaba la gestación. Porque conforme la criatura crece, la tiroides tiene que hacer mas esfuerzo. Me mandó para casa con el control de la matrona y que si se alteraba volviera.

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Pastillas vía Shutterstock

¡Dicho y hecho! En la analítica del segundo trimestre volvió a salir alterada y vuelta al control hospitalario. Ración de analíticas extras y, esta vez si, medicación. Mucha mas dosis que la primera vez, pero me dijeron que mejor pasarse que quedarse corto y tener que andar regulando la dosis después. Que me las tomara, esta vez, hasta pasadas dos semanas de haber dado a luz.

¿Que porqué ese cambio en relación al primer embarazo? Pues se ve que, según estudios recientes, existe relación entre el cuando se deja la medicación para la tiroides y la producción de leche materna. De hecho, a mi tardo algo mas de dos días en subirme la leche y las enfermeras no sabían porqué. Seguramente sería por esto. Ya os contaré si noto diferencia esta vez dejando el Eutirox dos semanas después de haber dado a luz.

La verdad es que, al menos en mi caso, el hipotiroidismo geestacional no ha supuesto mucho trastorno mas que las analíticas de más que me he llevado y el tomarme la pastilla diaria. Dicen que, las alteraciones que nos surgen durante el embarazo, son aquellas enfermedades que posiblemente desarrollaremos pasada la menopausia… No se yo hasta que punto esa afirmación es cierta, pero si es así, tendremos que aprender a vivir con ello en el futuro.

¿Alguien más que tuviera hipotiroidismo gestacional?

¿Notasteis alguna relación entre dejar la medicación y la producción de leche?

 

Cuida tu piel en el embarazo con Mustela

Cuidar nuestra piel durante el embarazo y el postparto es fundamental si queremos tratar de evitar las temidas estrías. Lo cierto es que nadie nos asegura que, aunque pongamos todo de nuestra parte, estas no van a aparecer. Pero al menos se intenta, ¿o no? Yo en ambos embarazos he seguido, mas o menos, la misma rutina que ya os conté hace unos meses. La primera vez me funcionó y me libre de las estrías en la barriga. En el pecho no porque me creció mucho y en muy poco tiempo los primeros meses. Me pillo fuera de juego.

En este segundo embarazo empecé antes a echarme los productos de siempre, que me van muy bien. Pero me encanta probar cosas nuevas y, curiosamente, a pesar de haber usado muchísimo los productos para bebe de Mustela, no conocía, ni había probado, su línea especial para cuidar la piel de las futuras mamas. Dividen la linea en tres gamas: una para dar firmeza, otra para calmar la piel y dar confort y otra para combatir directamente las estrías. Los amigos de Mustela me mandaron una selección de sus productos y, después de probarlos durante semanas, puedo daros una opinión sincera sobre ellos:

Bálsamo hidratante calmante

Coincidiréis conmigo en que, al menos a las que nos sale una barriga considerable, hay días que la piel de esa zona pica mucho. Dan ganas de rascarse hasta el infinito. Obviamente, mejor no hacerlo y aplicar algún producto para calmar la zona. Para estos casos funciona genial este bálsamo hidratante. Se extiende con facilidad y calma la piel al instante aliviando la sensación de picazón.balsamo-piel-embarazo-mustela

Gel piernas ligeras

Un producto estrella para una embarazada en verano. Contiene péptidos de aguacate, con propiedades anticalor para aliviar la epidermis y extracto de mentol, con propiedades calmantes y refrescantes. Su textura en gel es muy agradable y se debe aplicar mediante un masaje ascendente para facilitar el drenaje y estimular la circulación sanguínea. Se absorbe super rápido y deja una agradable sensación de frescor. Personalmente, tengo la suerte de que, a mis 37 semanas de gestación y, siendo este mi segundo embarazo, aun no se lo que es que se me hinchen los pies. Pero mis piernas se cansan igualmente del calor y del peso que soporto ya. Así que un masaje con este gel siempre viene de maravilla.
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Gel firmeza corporal

Los productos reafirmantes están pensados para ser usados, sobretodo, el en postparto. Estoy segura de que los usaré mucho más en esa fase, cuando mi cuerpo intente volver a su estado original. Aun así, los he probado. El gel es para todo el cuerpo. Esta formulado, como toda la línea, con péptidos de aguacate, a lo que añaden la Centella Asiática y la Sophora Japonica, con propiedades drenantes y desinfinltrantes, que contribuye a remodelar la silueta, atenuando el aspecto de piel de naranja. Tiene una textura muy agradable y se absorbe con facilidad.
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Serum firmeza busto

Aquí os voy a ser sincera. La firmeza de mi pecho, después de una primera lactancia de dos años, es de las cosas que menos me preocupan. Mis pechos ya nunca volverán a ser lo que eran hace 4 años. Pero eso no quita que nos mimemos un poco. Lo que me parece super importante de este gel, cuya formulación es similar al gel anterior, es que es 100% compatible con la lactancia. ¡Eso es básico para las que pensamos dar el pecho! Y si al menos conseguimos que no se queden tetillas de cabra cuando acabemos de lactar, pues algo es algo…gel-firmeza-piel-busto-mustela

Por último, vamos con los productos que menos y más me han gustado respectivamente:

Crema prevención Estrias

Esta crema contiene un revolucionario activo patentado: el Arabinogalactane, extraído del Alerce, que estimula la producción de colágeno y elastina, para combatir la aparición de estrías. Su combinación con cera de abejas, manteca de karité y Péptidos de aguacate, hidrata, elastiza y nutre la epidermis dejando la piel suave. El olor y la textura es agradable. Se aplica con facilidad, peeeeeero, la absorción para mi gusto es lenta y, lo que menos me gusta es que, si te tocas allá donde la has aplicado cuando aun no se ha absorbido del todo, se hacen como pelotillas de crema. Sinceramente, esto no me gusto nada. No dudo de que el producto sea bueno, pero mejorable en este sentido y poco apropiado si vas con prisas.
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Aceite prevención de estrías

El producto que mas me ha gustado a mi de toda la linea de Mustela de cuidado de la piel en el embarazo. Contiene un 99% de ingredientes de origen natural y asocia: Lupéol, extraído de las semillas de altramuz, que estimula la producción de colágeno de alta calidad. Y una mezcla de aceites 100% naturales de granada, aguacate, rosa mosqueta y baobab, para nutrir la piel y reforzar su elasticidad.  Viene en formato de spray por lo que es fácil de aplicar y se aprovecha mucho más el producto. Además, se absorbe rápidamente y no deja sensación aceitosa. ¡Una maravilla!aceite-estrias-piel-embarazo-mustela

Me ha encantado tener la oportunidad de descubrir la línea de productos de Mustela para el cuidado de la piel en el embarazo. Y, si bien, la sensación no ha sido lo mismo con toda la gama, en general, quitando un par de detalles, me han gustado mucho y desde aquí os los recomiendo si estáis embarazadas o acabáis de ser mamás.

¿Conocíais la linea de embarazo de Mustela para el cuidado de la piel?

¿Cual es el producto que mas os gustó?