El parto de Atreyu (cuarta y última parte)

Habían pasado mas de 12 horas de parto, estábamos en pleno expulsivo y mis matronas hablaban entre ellas. A veces en voz alta, a veces entre susurros, imagino que para no preocuparnos. Con cada movimiento que hacían para intentar ayudar a Atreyu a salir, a mi me dolía hasta el alma. Entonces intentaba recordar lo que me decía mi matrona del centro de salud: “No es una contracción mas, es una menos… “.

Notaba cierta preocupación en el aire. Me venía una contracción y me decían: “coge aire y empuja largo, largo con todas tus fuerzas“. Y eso hacía, empujaba en apnea con todas las fuerzas que me quedaban. Y cuando ya no podía mas y el chillido ahogado salía de mi me decían: “cambia el aire y empuja un poco mas“… Y eso hacía. Así pasamos de segundo a tercer plano.

A pesar de todo el liquido que había salido de mi, allí aun quedaba suficiente como para permitir que el niño se moviera a sus anchas. De echo, no paraba quieto y, en mitad de todo aquello, yo empecé a notar un dolor agudo en el costado. “Me duele, me duele” les decía (y manda narices, como si lo demás no doliera…). Aquello que me dolía resultó ser un pie de Atreyu haciendo palanca en mis costillas. Le dijeron a mi marido que apretara ahí, lo cual no ayudó mucho y dejó de hacerlo después de lanzarle una mirada asesina.

Como mi querido hijo no paraba de moverse, a cada contracción, la matrona residente trataba de enderezar mi barriga y con ello al niño, mientras la matrona oficial dirigía el pujo pidiéndome que lo alargara un poco más. Aquello no acababa nunca y yo me temía lo peor… Llegué a pensar en la cesarea, pero no me atreví ni a mencionar mis miedos en voz alta. Atreyu tenía que salir, si o si, ¡por la madre que lo estaba intentando parir!

Me decían: “ya está casi con nosotros Ana, solo tienes que hacer un empujón mas“. El problema era pasar del tercer al cuarto plano. Cuando empujaba la cabeza casi coronaba, pero al dejar de empujar retrocedía. Tenía que empujar más. Más fuerte, más largo. Pero no podía.

En un momento, para animarme, poniéndome un espejo delante me dijeron: “Míralo, ya se ve, tiene mucho pelo” A lo que yo, sin mis gafas y medio llorando, solo pude contestar: “Es que soy miope, no veo ná” Así que me dijeron que tocase, y si, allí estaba mi niño, listo para salir, a falta de un último empujón que lo lanzara a la vida.

Mientras todo esto pasaba, las vi intentar por todos los medios proteger mi periné. Me ponían compresas de agua caliente e intentaban que no pujara cuando no debía. Esa respiración que nos enseñaron en las clases preparto, como si soplaras una vela pero tratando de no apagarla.

Así llegó el momento de hacer el famoso pujo definitivo y empujé. Empujé con todas las fuerzas que pude reunir y mas, hasta notar el famoso aro de fuego. Seguí empujando mientras me pedían mas y mas, que siguiera, que ya casi estaba. Notaba que me partía en dos. Puro fuego. Y entonces, ¡la cabeza de Atreyu salió! A mi me invadió un alivio tremendo y acto seguido me pidieron que dejara de empujar, que lo aguantara… Tenían que salir los hombros y ese momento es muy delicado. Hice todo lo que me dijeron, pero no pude evitar el desgarro, por donde estaba la cicatriz de mi anterior episiotomia.

Nada importaba ya, ¡mi niño había llegado! Y yo entre lagrimas solo atine a decir: “Ay pobrecico mio, esta lleno mierda”… Lo que desató las risas en el paritorio después de los momentos tan tensos que acabábamos de pasar. Y parece que Atreyu me oyó porque lo siguiente que hizo fue pegarse una gran cagada de bienvenida y llenarme de meconio enterita… pero con amor 😉

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Me lo pusieron sobre el vientre y me dijeron que no lo moviera, que estaban esperando que alumbrara la placenta. Como les dí permiso para hacerme un alumbramiento asistido mediante oxitocina, salió en un momento. Lo siguiente fue cortar el cordón, cosa que hizo el padre, una vez dejó de latir. Ahora si, ya lo tenía sobre mi pecho y, aunque sea amor de madre caldosa, no podía haberlo imaginado mas bonito.

Mientras Atreyu me miraba con sus ojos muy abiertos, empezaron a suturarme el desgarro. Me dijeron que me iban a hacer una sutura estética, que tardarían un poco más, pero a mi ya me daba todo igual. Lo cierto es que esta parte es de las mas engorrosas de un parto sin epidural. Te pinchan un anestésico local, pero la zona está tan dolorida por todo lo que acaba de pasar, que lo notas todo perfectamente y, al menos yo, no podía evitar hacer pequeños saltitos del dolor y mas de un chillido ahogado para no dejar sordo a mi pequeño nada mas nacer.

Todos se sorprendieron al ver lo grande que era. Empezando por mi, que para nada me esperaba un niño tan grande dadas mis últimas ecografías. Y pasando por las matronas y las enfermeras. Cuatro kilos en un parto vaginal natural sin epidural, ¡normal que hubiera costado tanto de salir!

En los momentos posteriores, cuando ya todo estaba en calma y mientras esperábamos a los celadores para que me subieran a planta, me quedé mirando a mi bebé y me puse a llorar. Nadie entendía nada. Incluso las matronas me preguntaron que porqué lloraba, si ya todo había pasado y estábamos bien. Pero yo sabía porqué lloraba. Lloraba por todos los sustos de este embarazo. Los que os conté y los que me guardo. Lloraba por lo bonito que era mi bebé. Por lo sano que estaba y porque, en ese preciso momento, no podía ser mas feliz.

Y así fue el parto de Atreyu… 😉

Ahora nuestra familia ya esta completa

Consejos de padre (65): vacaciones en el nido

¡Vacaciones! Por aquí Valkiria y yo estamos de vacaciones. Bueno, para ser sinceros, ella está de vacaciones. Yo, como autónoma que trabaja desde casa, hago lo que puedo, cuando puedo. El pater de la familia ya esta contando los días, como el que deshoja una margarita. Este viernes será su último día antes de las vacaciones de verano… Que ya veremos si no empalma con la baja de paternidad. Pero que no se haga muchas ilusiones que aquí estamos en plena fase del nido… ¡Que agobio me está entrando!

Cuando esperábamos a Valkiria fue diferente. Lo teníamos todo preparado mucho antes. Lo fuimos haciendo poco a poco y con mucha tranquilidad. Ahora, a menos de 4 semanas de “El día P” prácticamente no tenemos nada listo. Si me pusiera de parto ahora mismo, esto sería un autentico cáos. ¡Que, por no tener, no tengo ni la bolsa del hospital hecha! Bueno, en realidad esto último es solo culpa mía, no la tengo hecha por pura pereza, pero esta semana me pondré a hacerla sin falta. Eso si, aquí servidora lleva ya un par de semanas en plan demonio de tazmania sacando ropa de la mayor, seleccionando la que podemos usar, lavando, planchando y volviendo a colocar… ¡Que agotamiento!

Pero por lo demás, a día de hoy, aun tenemos mil cosas que hacer. El nido no está listo ni mucho menos… Tenemos que pintar la habitación de Valkiria. Traer y montar la cuna en nuestro cuarto. Y mas de lo mismo con la bañera y con el carro. Lo único que tenemos ya es la silla del coche. ¡Algo es algo!

Así que, aunque el pobre Papá Cascarrabias esté deseando coger vacaciones, poco tiene que ver lo que se supone que son las vacaciones con como vamos a pasar por aquí las siguientes dos semanas. Trabajaremos como pajaritos ocupados para intentar dejarlo todo listo para el gran día. Solo espero que Atreyu no decida hacer acto de presencia antes de tiempo…

¿Preparasteis el nido con mucha antelación?

¿Lo preparasteis igual la primera vez que las siguientes?consejos-padre-nido-vacaciones

Primera clase preparto en la seguridad social

Quizá es un poco pronto para empezar con las clases preparto. Pero al ser por la seguridad social, hay que tener en cuenta, al menos aquí en Valencia, que en julio y agosto no hacen cursos preparto en la mayoría de ambulatorios. Como duran dos meses, y pariendo en agosto, había que empezarlas ya. Así que ayer asistí a mi primera clase y, ¡no sabéis la diferencia con la vez anterior!

Algunas ya leísteis la mala baba que se gastaba la matrona que tuve en mi anterior embarazo. Como ya conté en su momento, igual que con el resto del personal sanitario, la matrona que te toque es una cuestión de suerte. Pero si a aquella no podía ni verla, con la que tengo ahora estoy encantada. ¡Son como el día y la noche! Tanto en trato personal como en ideas relacionadas con su trabajo. La que tuve era mas de la vieja escuela, una mujer casi apunto de jubilarse, hastiada por estar donde estaba (que no es donde ella quería estar) y agobiada por la cantidad de trabajo. Cosas que se notaban en como trataba a todo aquel que cruzara la puerta de su consulta. En cambio, mi matrona actual es una mujer de una mente abierta, que es pro parto natural, pro lactancia materna y mas maja que las pesetas. ¡Se sabe hasta el nombre de la gente! (Que pensaréis que es lo normal, pero para mi no lo era).

En fin, que tenía muchas ganas de asistir a sus clases preparto porque ya sabía que me iban a gustar. La última vez que tuve cita con ella me estuvo explicando en que consistían. Un poco de ejercicio. Otro poco de relajación. Una parte práctica y otra final teórica. Que fuera con ropa cómoda, llevará una toalla y el acompañante que quisiera, pero preferiblemente la persona que fuera a estar conmigo el día del parto. Lo bueno es que, esta vez, al ser por la tarde, el Papá Cascarrabias puede asistir, aunque llegue empezada la clase.

Cuando llegué ya noté la primera diferencia. Estaba todo el suelo lleno de colchonetas formando un circulo, y allí estuvimos las dos horas que duró la clase. Nada mas llegar nos fuimos presentando y diciendo para cuando nos tocaba parir. Por las fechas que son, y teniendo en cuenta lo que os decía antes de que en verano no hay clases preparto, somos un grupo muy heterogéneo. Mamis de todas las edades y con fechas de parto que oscilan entre finales de julio y principios de octubre. De lo que mas llamó mi atención fue que de las 11 mujeres que estábamos allí, solo 2 eramos repetidoras. No se si porque las que repiten ya no suelen asistir a este tipo de clases.

Empezamos con unos ejercicios especiales para el embarazo que acabamos bailando con música árabe algo parecido a danza del vientre. ¡Fue muy divertido! Nos saltamos la relajación y fuimos a la parte práctica donde nos habló de los ejercicios de kegel y el masaje perineal. Que esta vez tengo intención de hacer cada día durante el tercer trimestre. A ver si podemos evitar la episiotomia. Para terminar nos puso un vídeo sobre la preparación al parto y los síntomas para ir al hospital. Hablamos un poco de las contracciones, que son, que sentiremos y cuando tenemos que tomarlas en serio.

La clase se me hizo muy amena, también porque la manera que tiene ella de expresarse ya hace que sea algo entretenido, cercano y distendido. Nos fuimos a casa con unas cuantas fotocopias sobre lo que habíamos estado hablando y un par de canastillas.

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La principal diferencia que veo entre la vez anterior y esta es el trato que se nos da a las embarazadas. Tratándonos de forma humana. Animándonos y empoderándonos. Haciéndonos sentir que somos capaces de parir y debemos confiar en nuestro cuerpo. La matrona que tuve en mi anterior embarazo se limitaba a repartir fotocopias, algunas de la época de matusalén, y a ponernos vídeos durante las dos horas que duraba la clase. Así ella tenía menos que hacer. Como habréis podido comprobar por lo que os he contado, nada que ver con la que tengo ahora. ¡Como se nota cuando alguien disfruta de su trabajo!

¿Asististeis a clases preparto?

¿Os fueron útiles de cara al parto y postparto?

 

Proyecto muñeca hada hecha a mano

La metodología por proyectos me resulta apasionante y realmente interesante como modelo de cambio. Quizá porque veo en Valkiria que, esas cosas que hacen relacionadas con el proyecto de turno, son las que mas le interesan y de las que mas me habla. Por eso no me importa tener que trabajar y poner mi granito de arena. Considero que los maestros no educan ni enseñan solos, sino que lo hacen al compás con los padres, en comunidad. O ese sería el escenario soñado y al que a mi me gusta pertenecer. Hoy vengo a compartir con vosotros otro de los proyectos que llevamos a cabo para la unidad de hadas y duendes. Este DIY de una hada de trapo.

La lista de materiales es muy variable, yo hice el hada con lo que tenía por casa, solo compré una de las cosas, pero os la dejo a modo referencial:

  • Telas suaves
  • Relleno de peluche
  • Ovillo de lana
  • Fieltro
  • Botones
  • Cinta decorativa
  • Papel cebolla

Lo primero era buscar un patrón del que poder sacar un modelo. Encontré este libro de peluches, que creo que llegó en una de las Nonabox, y vi que por tamaño esta conejita me iba a venir perfecta. Solo tuve que calcar en el papel cebolla las partes que quería aprovechar. Me dejé las orejas, obviamente, no quería hacer un hada conejito 😉 Las alas me las inventé teniendo en cuenta el tamaño del resto de partes.

diy-hada-muñeca-trapo

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Luego recorté todas las partes y las fui sujetando con alfileres a cada una de las telas, para ir cortando las partes del hada. Para las telas utilicé retales que tenía por casa. La podría haber hecho entera de fieltro y también habría quedado bien, pero preferí utilizar otro tipo de telas. Una tipo antelina y la otra como si fuera tela de bata. Lo siguiente fue recortar cada una de las piezas de tela. Sigue leyendo…

¿Se aburre en clase o solo le da pereza?

Valkiria es una niña de las que llamaríamos inquietas, movidas, ¡puro nervio! Yo siempre la comparo con un colibrí, que nunca puede dejar de volar, porque, ni tan siquiera dormida está quieta. Además es la típica niña que no está demasiado tiempo haciendo la misma actividad. No se si porqué se aburre, o porque, a sus 3 años, tiene la capacidad de concentración justa. Por eso sabía que para ella el cole de mayores, en algunos aspectos, iba a ser todo un reto. ¡Y no me equivocaba!

El caso es que a ella le encanta ir a su cole, como ya adoraba ir a la guarde. Le encanta, o mas bien, necesita, de esa interacción con otros niños. Y disfruta aprendiendo cosas nuevas y contándonoslo cada día de camino a casa. Sin embargo, después del parón de las navidades algo parece haber cambiado. Le está costando volver a coger el ritmo de trabajo en las clases y, muchas veces, se niega a hacer los ejercicios que se supone que tienen que hacer en clase.

¿Que está pasando?

La semana pasada su maestra habló conmigo para comentarme este tema. Luego, yo hablé con Valkiria intentando hacerle entender que, aunque a veces no nos apetezca hacer algo en el cole, si lo manda la maestra hay que hacerlo. Esto es así. Es el sistema educativo que tenemos y, a menos que llevemos a nuestro hijo a una escuela de alguna de las pedagogías alternativas, esto es lo que encontraremos en cualquier otro colegio.

 

Parece un poco autoritario explicarle a un niño tan pequeño algo así, pero creo que el respeto al profesor y a su autoridad son dos conceptos que se han ido perdiendo durante muchos años y me parecen básicos. Entended cuando digo autoridad, a la misma autoridad que podemos tener nosotros en casa con ellos. Somos y son su referente, los que los guiamos, les enseñamos y ponemos límites. Y en esto, padres y profesores deberíamos ir a una. Sigue leyendo…