De la cuna a la cama

Hacía ya meses que pensábamos que el momento de pasar a Valkiria de la cuna a la cama de mayores había llegado. Pero por unos motivos o por otros (verano, cambio de rutinas, inicio de la guardería, etc…) lo habíamos estado retrasando. Otra de las razones, bastante básica en nuestro caso, fue que aun no teníamos la cama lista para ser usada, pero una vez hicimos el DIY para reconvertir la cama de invitados en una cama infantil, que os enseñé la semana pasada, ya teníamos todos los ingredientes necesarios para dar ese paso.

Llevábamos un mes durmiendo fatal los tres porque Valkiria se despertaba todas las noches entre la 1 y las 2 de la mañana y ya no había manera de que se volviera a dormir en su cuna, así que acababa metida en nuestra cama de 1,35 y colechar toda la noche ya empezaba a no ser viable pues Valkiria se mueve tanto dormida como lo hace despierta, ¡un no parar de patadas y puñetazos! Así que el sábado pasado ultimamos los detalles que nos quedaban y dimos el gran paso. Esa sería su primera noche.

Como con todos los cambios importantes, yo llevaba tiempo explicándole que iba a dormir en una cama de mayores como la de los papas y que eso era genial. A ella se la veía encantada con la idea, pero yo no acababa de saber si entendía realmente lo que le intentaba explicar.

Llegó el momento de ir a dormir y la llevamos a su cuarto. Grabamos el momento en vídeo y todo, para luego enseñárselo a las abuelas y la verdad es que su reacción fue de super felicidad. Le gustó un montón y en seguida se subió a ella y se tiró sobre su almohada. ¡Estaba deseando tener una!

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– Perdonad la calidad de las fotos, pero la primera es una foto del vídeo que os comenté –

Entonces, como siempre se duerme conmigo, le dije: “Valkiria, ¿mamá donde se pone?, hazme un hueco” Y me contestó: “No, mamá allí, a la cama” Señalando hacia nuestro cuarto. Yo alucinada miré al Papá Cascarrabias y él preguntó: “¿Y conmigo, quieres dormir con papá?”  Y ella muy segura dijo: “No, Papá, allí, a la cama” Señalando de nuevo a nuestra habitación. ¡No nos lo podíamos creer!. Le volvimos a insistir: “Entonces, ¿Duermes tu aquí solita?“. “Si” -dijo ella- “¿Te apagamos la luz?”Si“- respondió- “¿Cerramos la puerta?“. “Si“- volvió a decir… “Bueno – dijimos nosotros sin salir de nuestro asombro- Pues buenas noches hija” Fue cerrar la puerta e inmediatamente oír: “Papáaaaaaaaaaa” entre sollozos. ¡Ya nos extrañaba a nosotros!

Al final me acosté con ella y no tardó ni 10 minutos en quedarse dormida. Esta nueva situación facilita mucho las cosas porque antes la dormía en el sofá y tenía que esperar a que estuviera completamente dormida para poder trasladarla a su cuna, con mucho cuidado. Esa noche solo tuvo un despertar y lo que yo pretendía hacer funcionó. Me metí en su cama otra vez y cuando volvió a quedarse dormida, yo pude volver a mi cama.

Desde ese día ha habido noches mejores y peores, pero por lo general la cosa ha mejorado bastante. Ahora pasa prácticamente toda la noche en su cama e incluso ha hecho algunas noches del tirón. También tenemos noches de dos o tres despertares, en las que voy de aquí para allá, o simplemente me quedo frita y luego el Papá me despierta cuando el se levanta para ir a trabajar. Pero descansamos todos mucho mejor y ella está encantada con su cama.

Cosas que indican que el niño está listo para hacer el cambio:

  • Que ya no quepa en la cuna. Esto es obvio y no fue nuestro caso, pero si es cierto que se movía tanto que se daba golpes contra los barrotes y llegaba a separar la cuna de la pared, todo esto dormida. Evidentemente le hacia falta mas espacio.
  • Que intente salirse de la cuna. Siempre será más peligroso que se tire de la cuna que que se caiga de la cama, así que si veis que vuestro peque ha desarrollado esa habilidad, mejor dar el paso y cambiarlo a una cama con barrera.
  • Que directamente el niño ya tenga la edad suficiente como para pedirlo. Ese no fue nuestro caso, pero como ya he dicho, cuando le preguntaba si quería una cama de mayores, Valkiria siempre me decía que si.

En conclusión, para nosotros como familia este cambio ha sido super sencillo. La niña se adaptó al momento y ahora incluso empieza a usar su cuarto como sitio para jugar, que hasta este momento apenas pasaba ratos allí. También ayuda mucho que hemos quitado elementos de la habitación que ya era inútiles y añadido otros que a ella le dan mucho juego y le ayudan a fomentar su autonomía. Pero eso ya os lo enseñaré en el post sobre su habitación, que aun todos los cambios no están hechos.

¿Con que edad cambiasteis a vuestros peques a la cama de mayores?

¿Fue un cambio fácil o difícil?

 

Clases extraescolares, ¿útiles o innecesarias?

Se que quizá es un poco pronto si quiera para plantearse esta pregunta, pues Valkiria apenas tiene dos años y a esta edad la respuesta parece bastante obvia. Pero lo creáis o no, ya hemos tenido nuestra primera experiencia con las llamadas clases extraescolares. Durante el mes pasado hemos estado asistiendo a clases de iniciación a la música. No con ningún afan de convertir a mi hija en una pequeña Mozart, no van por ahí los tiros, sino más como una manera de hacer algo juntas fuera de casa y de nuestra rutina normal de guardería, casa, parque. El resultado… no puedo decir que no me lo esperará, pero aun así teníamos que probarlo.

Fue antes de verano que tuvimos la oportunidad de hacer una clase de prueba y en aquel momento tanto a Valkiria como a nosotros nos encantó, fue muy ameno y divertido y a la niña se la veía disfrutar de la música. Así que no lo dudamos ni un momento y nos apuntamos para empezar en septiembre. Solo era un día a la semana, una clase de unos 45 minutos, así que no nos llevaba demasiado tiempo. El único problema era que el sitio donde lo hacian está bastante lejos de casa y el horario nos pillaba un poco junto para llegar recién salidos de la guardería. Aun así hemos asistido a tres de las cuatro clases, todo lo que los virus nos han permitido.

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Valkiria es una niña muy inquieta a la que le cuesta mantener la atención mucho rato en cualquier cosa. Nuestra participación y su colaboración durante las sesiones era desigual. Cuando lo que había que hacer era dar palmas o tocar instrumentos allí estaba ella, en primera fila, pura emoción y puro toqueteo. Pero cuando el ritmo de la clase se relajaba inmediatamente perdía el interés y se iba a buscar otra cosa. Tampoco ayudaba mucho que el sitio en cuestión, al ser una ludoteca, estuviera lleno de juguetes, eso para ella era la perdición. Aunque, para ser sinceros, cuando no estaban los juguetes, eran las sillas pequeñitas o las papeleras, todo menos atender a lo que estábamos haciendo. Eso si, fue gracias a ella que la profe decidió quitar los juguetes de allí.

Por eso y por motivos logísticos, hemos decidido dejar las clases de momento… O eso pensaba yo. Ahora resulta que en nuestra guardería van a dar también clases de música y harán una clase de prueba. Llamarme cansina, pero vamos a probar a ver si el método es el mismo, o si al ser en su guardería con sus compañeros se comporta de otra manera (que no lo creo…).

No creo que las clases extraescolares sean necesarias para niños de tan corta edad. Más bien creo que, desgraciadamente, debido a la falta de conciliación familiar que existe en este país, a muchos padres les son necesarias para poder suplir las horas que faltan desde que el niño acaba el cole hasta que ellos pueden recogerlos. Diferente es cuando el niño ya tiene algunos años más y escoge hacer ciertas actividades porque el quiere. Pero siendo tan pequeños, y lo dice una que con menos de 5 años estuvo apuntada a judo, a ballet y a otras tantas cosas más, se convierte más en una necesidad que en otra cosa.

Aparte, este tema daría para mucho, tampoco creo que sea sano que los niños estén apuntados a miles de clases extraescolares. Los niños son niños y necesitan tiempo libre para jugar o simplemente hacer la croqueta mientras se aburren. Está muy bien que hagan alguna cosa, deporte, idiomas, arte… Pero tendrán muchos años por delante para poder dedicarle a esas actividades y la infancia son solo unos años (cada vez mas cortos…) que deberían ser para, simplemente, ser niños. Que bastante tiempo libre les quitan ya con las montañas de deberes que les mandan. Otra cosa que tampoco se si es ni tan positiva, ni tan necesaria, pero eso ya es otra historia.

¿Están apuntados vuestros hijos a clases extraescolares?

¿Creéis que son útiles o innecesarias?

Rompiendo con las rutinas

El verano es esa época de locura y desenfreno en la que si eres un mozuelo sin cargas familiares disfrutas como un enano de la playita, las fiestas y los planes inesperados. Pero si eres madre/padre la historia cambia, y el verano es esa época en la que los niños no tienen cole y si no tienes la playa o una piscina cerca, se hace difícil poder entretenerlos en la ciudad con estos calores. En lo que si coinciden ambos tipos de verano es en que todo se vuelve un poco del revés, se rompen las rutinas establecidas y se vive un poquito más lento, o al menos, a otro ritmo que en invierno, aunque solo sea porque anochece mas tarde.

Nosotros intentamos mantener unas rutinas con Valkiria de las que procuramos no salirnos, ya os lo conté en este “Consejo de padre“. Pero hay días en los que ya desde que te levantas todo va a destiempo y es imposible volver a encarrilarlo. Entonces lo mejor es aprender a ser flexible y dejarse llevar. Eso mismo fue lo que nos pasó el sábado pasado.
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Con el calor la niña está durmiendo mal, bueno, peor que de costumbre. La noche del viernes al sábado decidió que a las 5 ya no quería dormir más y durante mas de una hora se dedicó a bailar breakdance en nuestra cama de 1,35, entre su padre y yo. A la segunda patada que recibí en toda la cara decidí que había llegado la hora de levantarse. Se quedó jugando por el salón mientras yo me tomaba un café, y sobre las 8 conseguí dormirla de nuevo, la dejé en la cama con su padre y yo me fui al sofá, necesitaba un poco de independencia. Ya no nos despertamos hasta las 11. Tarde, muy tarde para lo que suele ser costumbre por aquí. Teníamos intención de ir a la playa, pero el día salió muy gris, así que lo dejamos y nos fuimos directos a casa de mis suegros. Como Valkiria había desayunado tarde, también se retrasó la hora de la comida.

Llegado el momento de la siesta, que de normal es sobre la 1:30 y ese día eran las 3, primero lo intentó su padre y nada. Una hora más tarde lo intenté yo y naranjas de la china. Total que llegado el momento merendó y cogimos el coche para ir a casa de unos amigos. Un trayecto de unos 30 minutos mas o menos. A 5 de llegar, se quedó frita. Tanto que la saqué del coche, la dejé en el carro y ni se inmutó. Pero solo durmió media hora. Eso eran ya las 7 de la tarde.

Llegado este punto, yo ya tenía mas que asumido que ese día no se iba a dormir a su hora habitual, las 10, ni harta de vino. Y para más inri, durante este mes, todos los sábados a las 12 tiran un castillo de fuegos artificiales al lado de nuestra casa. Ya la semana anterior, sin nosotros saberlo, nos llevamos un susto tremendo, sobretodo ella, que pillo tal sofocón que luego no hubo manera de que se durmiera en su cuna. Así que improvisamos un plan B. Algo que no habiamos hecho en 21 meses de crianza. Nos iríamos a cenar fuera y luego a ver el castillo. ¡Y que fuera lo que tuviera que ser! De todos modos no se iba a dormir.

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Llegamos a casa, preparé su cena y nos bajamos a un bar del barrio a cenar. Iba alucinando por la calle, mirando todas las luces y letreros luminosos. Cenamos en una terraza y se portó bastante bien. Luego fuimos andando hacia la zona de ver el castillo. Tengo que aclarar que, aunque Valkiria ya ha vivido dos Fallas, en ningún momento la hemos llevado a ver ningún castillo ni ninguna mascletá, así que esta era su primera vez con algo similar.

Como tenemos intención de seguir viviendo aquí, creemos que es bueno que sepa que aquí por menos de nada te montan un festival pirotécnico y se vaya acostumbrando a ello. Volviendo a lo que estaba. tiraron el primer aviso y todo normal. El segundo y la cosa seguía en calma. Pero cuando empezó, ¡ay cuando empezó!, Valkiria me miró desde el carro con cara de susto y me lanzo los brazos para que la cogiera, mientras se ponía a llorar. En el fondo me esperaba esta reacción. Pero intentando no reforzar su miedo, la sostuve en brazos todo el castillo mientras le explicaba que era aquello y que no pasaba nada. Dejó de llorar rápido, pero no quiso mirar el espectáculo. Cuando acabó aplaudió y todo, pero creo que era por el hecho de que hubiera acabado, mas que otra cosa. Ya estaba tan cansada de tantas emociones durante ese día tan raro, que empezó a decir adiós y a lanzar besos a un grupo de chavales que teníamos al lado haciendo botellon (que viejuna me sentí por cierto). En cuanto llegamos a casa y me la puse al pecho se quedó dormida al instante.

Creo que fue un día raro y un poco agotador para todos, pero en el fondo lo disfrutamos mucho. Hicimos algo diferente. Nos salimos de nuestras rutinas habituales y eso nos vino bien como familia. Y Valkiria la noche siguiente nos daba la mano para ir a la calle y decía: “pum pum”, así que al final creo que tanto miedo no pasó, puede que hasta le gustara un poquito.

¿Os gusta romper con las rutinas en verano?

¿O preferís los horarios establecidos del resto del año?

Primeras veces: La peluquería

Esta es una de esas cosas que ya le iba haciendo falta a Valkiria desde hacía varios meses, pero para lo que nunca encontraba el momento adecuado. Y no es que sea algo tan complicado llevar a un niño a la peluquería su primera vez, pero si os soy sincera, me tiraba para atrás pensar en el númerito que me podía montar una vez allí. Al final, como muchas otras veces, las cosas son más fáciles de lo que nosotros nos imaginamos.

Valkiria nunca ha sido una niña de pelazo, es mas, durante su primer año era bastante pelona, así que el pelo no empezó a ser un problema hasta que el flequillo comenzó a metersele en los ojos. En ese momento, como solo era una puntita, me animé a cortarselo yo… La deje un poco trasquilada a la pobre, pero como ella es tan mona (amor de madre modo ON), la gente no se daba cuenta, o al menos no me lo dijo nadie. Eso me tocó hacerlo unas tres veces, aunque en las siguientes mejoré mi técnica y ya no le dejé trasquilón.

A medida que el pelo le fue creciendo, la parte de atrás, con esos ricitos tan monos de bebé, cada día estaba mas larga y con los calores también empezó a molestarle. Había llegado el momento de pensar seriamente en llevarla por primera vez a la peluquería y que me la dejaran lista para el verano. ¿Seria mejor una peluquería adaptada para niños o una normal? Lo de sentarla en una silla/moto me sedujo por un momento, pero luego me la imágenes haciendo lo que hace en el parque, subir y bajar sin parar, y ya no me pareció tan buena idea.

Mientras me decidía por una opción u otra, pasamos por las pinzas del pelo (que le duraban dos segundos puestas), por las felpas (esto duraba menos aún…) y por las coletitas, aunque para hacerselas me hiciera falta inmobilizarla con mi mejor llave de judo y luego tenía que entretenerla para que se olvidara de que las llevaba puestas y no se las arrancara de cuajo. Tengo que reconocer que con las coletillas esta para comersela a bocáos, pero no me veo todo el verano luchando con ella. Así que tocaba decidir.

Como el Papá Cascarrabias y yo ya estábamos en plan melenudo rozando el chewaquismo, había llegado el momento de hacer cambio de look familiar. Lo bueno es que para eso ya teníamos la peluquería clara. Desde hace 10 años, los mismos que estoy con el Papá Cascarrabias, no confío en ningún otro peluquero mas que en este, sobre todo cuando quiero un cambio drástico y diferente. Imagináos si nos gusta, que somos capaces de desplazarnos media hora en coche solo para que nos corten allí el pelo. ¡Estamos como en casa! Por si sois de la zona y os interesa os diré que la peluquería se llama Moyano y filo y esta en Puerto de Sagunto.

Lo planeamos todo al milimetro. El Avi, el padre del Papá Cascarrabias, se quedaría con Valkiria abajo de la peluquería en un parque hasta que nosotros estuvieramos acabando y luego la subiría para cortarle a ella. Así lo hicimos. Teníamos un poco de miedo de como pudiera reaccionar ante tanto secador, en casa le dan miedo y se pone a llorar, así que digamos que fui advirtiendo al peluquero sobre ella… Como dice mi suegra: “Es que le creáis mala fama a la niña…“.

peluquería

Teníamos una cosa a nuestro favor, el peluquero es padre de dos niñas pequeñas, así que está curtido en el trato con terremotos y enseguida se hizo con ella. Lo primero que le chocó a Valkiria fue verme a mi. Me miraba raro. Normal. Dejó a su madre con melenaza y se encontró una mamá de pelo corto a la que le costaba reconocer. Le dejamos explorar la peluquería. Ni que decir tiene que los enamoró a todos al segundo porque a esta niña a salá no le gana nadie. Cuando ya le llegó el momento, el peluquero me indicó que me la sentara en las rodillas, se presento a la niña (cosa super importante para que no se sientan invadidos por un desconocido) y se puso al lío. Y ella super encantada, comiéndose una pinza que le había dado y dejándose hacer (dejándonos mal como siempre…). Le cortó el pelo super rápido, no fue nada difícil y la dejó monísima y super fresquita para el verano. ¡Salimos todos como una familia nueva! (Nos dejamos allí lo menos 10 gaticos acostáos de pelo).

¿Como fue la primera vez de vuestros peques en la peluquería?

¿Los lleváis a la pelu o se lo cortáis vosotras?

Primeras veces: Los Reyes Magos (II)

La noche de Reyes es, sin duda, la noche mas larga del año para un niño. Y para muchos adultos también, entre los que nos incluimos. Así que, después de un día intenso viendo la cabalgata y preparando la llegada de sus magestades, nos fuimos a intentar dormir si la emoción nos lo permitía. Vale, no nos engañemos, somos padres, ya no hay nada que no nos permita dormir, mas allá de nuestros hijos.

Nos levantamos muy temprano, sobre las 7. En realidad aprovechamos que se despertó para su toma habitual de esa hora y ya nos levantamos. ¡No creáis que fue fácil! A Valkiria le cuesta domir pero no le gusta que la despierten. Es mas, tiene bastante mal despertar. Pero bueno, ese día se le pasó pronto el mal humor. Ocupamos cada uno su lugar, el Papá Cascarrabias dentro del salón, cámara en mano para inmortalizar el momento, y yo con Valkiria fuera. A la que entramos se quedó parada, mirando de un lado para otro, imagino que flipando con la cantidad de paquetes de colores esparcidos por allí. Pero inmediatamente algo llamó su atención, la famosa carpa de IKEA, y para dentro que se metió. Cuando conseguimos sacarla de allí, se fue en busca de los paquetes que estaban envueltos con el papel de Pepa Pig (la tiene fichada y la reconoce sea donde sea). Abrimos todos los regalos que lo Reyes habían dejado en casa y, después de desayunar, nos fuimos a casa de los abuelos Puñeteros.
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