Y de repente… ¡vuelve a ser un bebé!

Esa es la sensación que tengo últimamente con Valkiria. Y no es que yo espere que se comporte como una adulta con solo 2 años y 4 meses, pero algunas de sus actitudes de los últimos meses me tienen un poco descolocada. Es como si a veces quisiera ser una niña mayor en todo lo que hace y otras quiere ser un bebé sufriendo, incluso, leves regresiones en temas que ya habíamos superado, como la alimentación o el habla. Como cuando algo me preocupa no puedo evitar googlearlo, he estado indagando y he sacado mis propias conclusiones…

¿Que son y porque se dan las regresiones infantiles?

Son etapas en los que los niños vuelven a tener actitudes de cuando eran mas pequeños, que a su edad actual ya están superadas. Así, pueden volver a demandar usar el biberón o el chupete, o sufrir retrocesos en el habla o incluso en el control de esfínteres. Se suelen dar con más frecuencia en niños de entre 2 y 5 años, pero son mas normales de lo que parecen y no deben de ser motivo de preocupación. Bien es cierto que suelen indicar que el niño esta pasando por algún tipo de cambio difícil (adaptación al cole, la llegada de un hermano, divorcio de los padres…) o situación de estrés que le lleva a buscar el confort y la seguridad que tenía en épocas anteriores, por eso las regresiones.

¿Como debemos actuar ante estas situaciones?

  • Lo primero es no enfadarse e intentar comprenderle. Se que puede resultar muy irritante, lo estamos viviendo en primera persona, pero no creo que ni ellos mismos sepan porqué actúan así, ni como ponerle remedio. Si nos enfadamos con el niño solo reforzamos su inseguridad.
  • No debemos ridiculizarlo ni ponerlo en evidencia, eso tampoco le ayudará a recuperar la seguridad.
  • Nada de utilizar frases tipo: “pero si tu ya eres mayorcito” o “¿no te da vergüenza actuar como un bebé?” ni imitarle en sus comportamientos. Se supone que nosotros somos los adultos.
  • Hablar mucho con el niño e intentar pasar más tiempo con él, puede que lo único que necesite sea un extra de atención.
  • Quitarle hierro al asunto, es decir, si de repente quiere hacer alguna cosa de cuando era mas pequeño, como que le ayudes con la comida, meterse en la cuna de su hermano o beber en biberón, no pasa nada. Y cuando haga algo de mayores, algo más propio de su edad, elogia su conducta, pero sin menospreciar sus regresiones.
  • Y sobretodo, kilos y kilos de paciencia.

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¿Y a nosotros que nos pasa?

Pues eso me gustaría a mi saber porque nada de lo que encuentro encaja con nuestro caso. Resulta que Valkiria lleva tiempo, como 3 o 4 semanas, que de vez en cuando le da por negarse a hablar, solo hace ruidos y sonidos guturales, o repite palabras en bucle como “No”. Pero lo curioso de todo esto es que cuando lo hace imita a un amigo suyo que es 6 meses menor que ella y aun no se ha soltado a hablar del todo. Reconozco que cuando se pone así me pone muy nerviosa porque es imposible comunicarse con ella, y aunque te pueda decir que es lo que quiere, o lo que le pasa, no lo hace. Nos pone nerviosos y ella lo ha visto. Mal. Muy mal. Por eso ahora directamente intento abstraerme de lo que esté haciendo, no ponerme nerviosa y tener paciencia con ella.

Quiero pensar que solo lo hace por simpatía o imitación, porque es un niño con el que estamos casi cada tarde y se llevan muy bien. Ella lo tiene muy presente en su día a día, incluso cuando contamos cuentos o hablamos de ir a este o aquel sitio. Además, ahora mismo no hay ningún cambio en su vida, ni a nivel escolar, ni familiar, así que no veo cuales pueden ser los motivos de esta situación.

En otra cosa en la que me siento como Ricky Martin : “Un pasito pá alante María, un pasito pá atrás“, es en el tema de la alimentación. Pero ya me hago a la idea de que esto es como el sueño, que va a rachas, y las hay mejores y peores. Llevábamos una muy buena en la que comía muy bien, ella sola y casi todo sólidos y de repente, ¡Zasca! ¡Involución!  A lo que le hemos sumado un virus estomacal matador en la última semana, para rematar la fiesta.

Conclusión, que mi gozo en un poco con toda la investigación sobre las regresiones infantiles, porque no he encontrado ninguna respuesta a por qué se comporta así Valkiria, pero al menos me ha servido para intentar enmendar nuestros propios errores como padres y a partir de ahora capear el temporal de otra manera. A ver si así, con paciencia, mucha paciencia, pasamos otra etapa más en esta difícil asignatura que es la crianza.

¿Habéis pasado por etapas de regresiones?

¿Porque creéis que le pasa esto a Valkiria?

 

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Iberpin: Marca tus cosas de manera original

En cuestión de poco más de un mes Valkiria empezará a ir a la guardería y por lo tanto tengo un montón de cosas que preparar para ese momento. En la escuela infantil donde irá van uniformados, con chándal de verano, chándal de invierno y baby. A parte, he tenido que llevar una bolsa que tendrán allí con varias mudas por si las necesitan en algún momento. Y ya hemos comprado la mochila que llevará, de la cual no se despega ni con agua caliente. Un sin fin de cosas que, evidentemente, ahora toca marcar con su nombre. En un primer momento había pensado en tirar mano de las tradicionales etiquetas de toda la vida, escribir el nombre a mano y coserlas o pegarlas. Pero cuando Irene de Iberpin se puso en contacto conmigo para colaborar en el sorteo de nuestro primer cumpleblog, su producto me pareció tan novedoso y original que lo de las etiquetas ya me parecía hasta feo y aburrido.

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Este producto viene de la mano de tres amigos emprendedores que desarrollaron la patente de estos pins personalizables, es un producto 100% español (que hay que fomentar el consumo patrio tal como está la cosa) y lo más importante para mí, son padres. Así que entienden perfectamente lo que las mamás y papás buscamos y cuales son nuestras necesidades en este sentido. El sistema de los pins es totalmente seguro para los más pequeños, las imágenes quedan perfectamente protegidas y resisten los lavados y los golpes.

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Podéis elegir el diseño que mas se adapte a vosotros. Solo la foto del niño, la foto y el nombre, el nombre completo, o solo el nombre con alguna figura como una estrella. También podéis elegir los colores y las tipografías. Por algo son personalizables. En nuestro caso, elegí la mitad con su foto, para usarlos este año y la otra mitad con su nombre completo, para que nos sirvan también para otros años. Estos los elegí con el fondo en morado que es mi color favorito y no me pueden gustar mas. La verdad es que no puedo estar mas contenta con como han quedado los pins y a Valkiria también le han gustado mucho. Aun no se si se reconoce o no en las fotos, pero dice: “nena, nena” y se ríe.

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De momento he marcado la mochila y la bolsa de las mudas. Dejaré para más adelante marcar la ropa porque aun no se si me tocará cambiar la talla que he cogido (le viene un poco grande). A mi este sistema me ha gustado mucho, por novedoso y original y por ser de unos papás emprendedores. Me encanta apoyar este tipo de pequeñas empresas que están luchando por hacerse un hueco y crecer. Merecen toda mi admiración. Evidentemente, este es un post patrocinado porque mi set de pins me lo han regalado, pero a diferencia de otras veces, esta vez hago el post porque yo quiero, no porque ellos me lo hayan pedido. Lo hago porque creo que se merecen que su producto llegue lejos, y yo me alegraré mucho por ello, porque son una gente majísima y sus pins molan mucho.

¿Que os parecen los pins de Iberpin?

¿Como soléis marcar la ropa de vuestros peques?

Primeras veces: La peluquería

Esta es una de esas cosas que ya le iba haciendo falta a Valkiria desde hacía varios meses, pero para lo que nunca encontraba el momento adecuado. Y no es que sea algo tan complicado llevar a un niño a la peluquería su primera vez, pero si os soy sincera, me tiraba para atrás pensar en el númerito que me podía montar una vez allí. Al final, como muchas otras veces, las cosas son más fáciles de lo que nosotros nos imaginamos.

Valkiria nunca ha sido una niña de pelazo, es mas, durante su primer año era bastante pelona, así que el pelo no empezó a ser un problema hasta que el flequillo comenzó a metersele en los ojos. En ese momento, como solo era una puntita, me animé a cortarselo yo… La deje un poco trasquilada a la pobre, pero como ella es tan mona (amor de madre modo ON), la gente no se daba cuenta, o al menos no me lo dijo nadie. Eso me tocó hacerlo unas tres veces, aunque en las siguientes mejoré mi técnica y ya no le dejé trasquilón.

A medida que el pelo le fue creciendo, la parte de atrás, con esos ricitos tan monos de bebé, cada día estaba mas larga y con los calores también empezó a molestarle. Había llegado el momento de pensar seriamente en llevarla por primera vez a la peluquería y que me la dejaran lista para el verano. ¿Seria mejor una peluquería adaptada para niños o una normal? Lo de sentarla en una silla/moto me sedujo por un momento, pero luego me la imágenes haciendo lo que hace en el parque, subir y bajar sin parar, y ya no me pareció tan buena idea.

Mientras me decidía por una opción u otra, pasamos por las pinzas del pelo (que le duraban dos segundos puestas), por las felpas (esto duraba menos aún…) y por las coletitas, aunque para hacerselas me hiciera falta inmobilizarla con mi mejor llave de judo y luego tenía que entretenerla para que se olvidara de que las llevaba puestas y no se las arrancara de cuajo. Tengo que reconocer que con las coletillas esta para comersela a bocáos, pero no me veo todo el verano luchando con ella. Así que tocaba decidir.

Como el Papá Cascarrabias y yo ya estábamos en plan melenudo rozando el chewaquismo, había llegado el momento de hacer cambio de look familiar. Lo bueno es que para eso ya teníamos la peluquería clara. Desde hace 10 años, los mismos que estoy con el Papá Cascarrabias, no confío en ningún otro peluquero mas que en este, sobre todo cuando quiero un cambio drástico y diferente. Imagináos si nos gusta, que somos capaces de desplazarnos media hora en coche solo para que nos corten allí el pelo. ¡Estamos como en casa! Por si sois de la zona y os interesa os diré que la peluquería se llama Moyano y filo y esta en Puerto de Sagunto.

Lo planeamos todo al milimetro. El Avi, el padre del Papá Cascarrabias, se quedaría con Valkiria abajo de la peluquería en un parque hasta que nosotros estuvieramos acabando y luego la subiría para cortarle a ella. Así lo hicimos. Teníamos un poco de miedo de como pudiera reaccionar ante tanto secador, en casa le dan miedo y se pone a llorar, así que digamos que fui advirtiendo al peluquero sobre ella… Como dice mi suegra: “Es que le creáis mala fama a la niña…“.

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Teníamos una cosa a nuestro favor, el peluquero es padre de dos niñas pequeñas, así que está curtido en el trato con terremotos y enseguida se hizo con ella. Lo primero que le chocó a Valkiria fue verme a mi. Me miraba raro. Normal. Dejó a su madre con melenaza y se encontró una mamá de pelo corto a la que le costaba reconocer. Le dejamos explorar la peluquería. Ni que decir tiene que los enamoró a todos al segundo porque a esta niña a salá no le gana nadie. Cuando ya le llegó el momento, el peluquero me indicó que me la sentara en las rodillas, se presento a la niña (cosa super importante para que no se sientan invadidos por un desconocido) y se puso al lío. Y ella super encantada, comiéndose una pinza que le había dado y dejándose hacer (dejándonos mal como siempre…). Le cortó el pelo super rápido, no fue nada difícil y la dejó monísima y super fresquita para el verano. ¡Salimos todos como una familia nueva! (Nos dejamos allí lo menos 10 gaticos acostáos de pelo).

¿Como fue la primera vez de vuestros peques en la peluquería?

¿Los lleváis a la pelu o se lo cortáis vosotras?

Plan padre y destete nocturno

Mi experiencia con el “Plan Padre” la describiría, en una sola palabra, agridulce. No es que yo, cuando leí la primera vez de que iba el tema, pensara que esto del destete nocturno fuera a ser la cosa mas fácil del mundo, por mucho plan padre que aplicáramos. Pero, sin duda, no creí que costaría tanto, ni que pasaríamos por tantos intentos fallidos.

Recapitulemos.

Valkiria nunca ha sido una niña que durmiera bien, ni mas o menos del tirón. Al contrario, fue pasar los 4 meses y, si ya no dormía especialmente bien, la cosa empeoro considerablemente. También es cierto que por aquella época todavía no habíamos dado con el causante de la mayor parte de sus malestares. Pero incluso después de remediar aquello, la cosa no mejoró. Fuimos capeando el temporal, a rachas mejor, con tres o cuatro despertares nocturnos con sus respectivas tomas de teta; y a rachas peor, con despertares cada hora u hora y media acompañados, todos y cada uno de ellos, de teta también. Como podéis imaginar estábamos agotados, sobretodo yo, porque la niña no quería a su padre de noche bajo ningún concepto. Obviamente, acabamos colechando, pero yo no conseguía dormir bien porque no solo se seguía despertando, sino que cuando dormía no paraba de moverse y patearme. En fin, un gusto.

Aun así aguantamos como pudimos hasta que tuvo 10 meses. Verano y vacaciones del Papá Cascarrabias. En ese momento yo ya estaba en fase de desesperación total. Aquella situación me estaba haciendo llegar al límite de mis fuerzas y para mí ya se estaba tornando en un problema grande que llegaba a generarme bastante ansiedad. No dormir mas de tres horas seguidas durante casi un año es lo que tiene. Como tenía intención de seguir con la lactancia, no quería que esta sensación de agobio fuera a más y, por eso, decidí buscar una solución a aquella situación. plan-padre Sigue leyendo…