Primera clase preparto en la seguridad social

Quizá es un poco pronto para empezar con las clases preparto. Pero al ser por la seguridad social, hay que tener en cuenta, al menos aquí en Valencia, que en julio y agosto no hacen cursos preparto en la mayoría de ambulatorios. Como duran dos meses, y pariendo en agosto, había que empezarlas ya. Así que ayer asistí a mi primera clase y, ¡no sabéis la diferencia con la vez anterior!

Algunas ya leísteis la mala baba que se gastaba la matrona que tuve en mi anterior embarazo. Como ya conté en su momento, igual que con el resto del personal sanitario, la matrona que te toque es una cuestión de suerte. Pero si a aquella no podía ni verla, con la que tengo ahora estoy encantada. ¡Son como el día y la noche! Tanto en trato personal como en ideas relacionadas con su trabajo. La que tuve era mas de la vieja escuela, una mujer casi apunto de jubilarse, hastiada por estar donde estaba (que no es donde ella quería estar) y agobiada por la cantidad de trabajo. Cosas que se notaban en como trataba a todo aquel que cruzara la puerta de su consulta. En cambio, mi matrona actual es una mujer de una mente abierta, que es pro parto natural, pro lactancia materna y mas maja que las pesetas. ¡Se sabe hasta el nombre de la gente! (Que pensaréis que es lo normal, pero para mi no lo era).

En fin, que tenía muchas ganas de asistir a sus clases preparto porque ya sabía que me iban a gustar. La última vez que tuve cita con ella me estuvo explicando en que consistían. Un poco de ejercicio. Otro poco de relajación. Una parte práctica y otra final teórica. Que fuera con ropa cómoda, llevará una toalla y el acompañante que quisiera, pero preferiblemente la persona que fuera a estar conmigo el día del parto. Lo bueno es que, esta vez, al ser por la tarde, el Papá Cascarrabias puede asistir, aunque llegue empezada la clase.

Cuando llegué ya noté la primera diferencia. Estaba todo el suelo lleno de colchonetas formando un circulo, y allí estuvimos las dos horas que duró la clase. Nada mas llegar nos fuimos presentando y diciendo para cuando nos tocaba parir. Por las fechas que son, y teniendo en cuenta lo que os decía antes de que en verano no hay clases preparto, somos un grupo muy heterogéneo. Mamis de todas las edades y con fechas de parto que oscilan entre finales de julio y principios de octubre. De lo que mas llamó mi atención fue que de las 11 mujeres que estábamos allí, solo 2 eramos repetidoras. No se si porque las que repiten ya no suelen asistir a este tipo de clases.

Empezamos con unos ejercicios especiales para el embarazo que acabamos bailando con música árabe algo parecido a danza del vientre. ¡Fue muy divertido! Nos saltamos la relajación y fuimos a la parte práctica donde nos habló de los ejercicios de kegel y el masaje perineal. Que esta vez tengo intención de hacer cada día durante el tercer trimestre. A ver si podemos evitar la episiotomia. Para terminar nos puso un vídeo sobre la preparación al parto y los síntomas para ir al hospital. Hablamos un poco de las contracciones, que son, que sentiremos y cuando tenemos que tomarlas en serio.

La clase se me hizo muy amena, también porque la manera que tiene ella de expresarse ya hace que sea algo entretenido, cercano y distendido. Nos fuimos a casa con unas cuantas fotocopias sobre lo que habíamos estado hablando y un par de canastillas.

clases-preparto-canastilla

La principal diferencia que veo entre la vez anterior y esta es el trato que se nos da a las embarazadas. Tratándonos de forma humana. Animándonos y empoderándonos. Haciéndonos sentir que somos capaces de parir y debemos confiar en nuestro cuerpo. La matrona que tuve en mi anterior embarazo se limitaba a repartir fotocopias, algunas de la época de matusalén, y a ponernos vídeos durante las dos horas que duraba la clase. Así ella tenía menos que hacer. Como habréis podido comprobar por lo que os he contado, nada que ver con la que tengo ahora. ¡Como se nota cuando alguien disfruta de su trabajo!

¿Asististeis a clases preparto?

¿Os fueron útiles de cara al parto y postparto?

 

Y entonces llegó nuestra Valkiria (II)

Nos habíamos quedado de camino al hospital en la primera parte de este post

Entramos a urgencias, me preguntaron si quería silla de ruedas, pero yo prefería ir andando, así que una enfermera nos acompaño hasta la zona de maternidad, que no imaginaba yo que quedara tan lejos, así que cada X me tocaba pararme y apoyarme en la pared para sobrellevar la contracción de turno. Cuando llegamos a la sala de espera de maternidad, al Papá Cascarrabias le dejaron allí y no pudo acompañarme dentro. A mi también me tocó esperar un poco en la sala de espera de dentro, esa noche había colapso de parturientas, y eso que ni siquiera había luna llena (aunque eso sea un mito).

Al rato me hicieron pasar, me dieron el “sepsi” camisón de hospital y me cambie todo lo rápido que pude. Comprobaron entonces como iba ya de dilatada y ¡ya llevaba 4 centimetros!. Me sacaron sangre para el tema de la donación de la sangre del cordón umbilical (aunque finalmente no sirviera de nada) y me pusieron la vía en el lateral de la muñeca. Eso si me dio un poco de impresión, era la primera vez en mi vida que ingresaba en un hospital y por tanto también la primera que me tenían que poner una vía.

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio y allí me quede un rato hasta que pudo venir a verme la ginecóloga, que estaba asistiendo un parto de gemelos. Cuando al fin vino, me pusieron las famosas correas (que agobio de invento) y dejaron entrar al Papá Cascarrabias. Pero antes de que él entrara, ya habian hecho acto de presencia la matrona del turno y su ayudante (matrona en practicas). La matrona, por desgracia, me entró muy mal. Primero me pregunto mis datos y seguidamente continuo con un: “Bueno, te pondremos epidural, ¿no?”. A lo que yo contesté que no, que no la quería. Ella, ojiplatica, se giro inmediatamente hacia mi y me dijo: “¿Como que no?¿Porqué no?”. Yo le expliqué mis motivos y ella muy estupida (por no llamarla otra cosa) me contestó: “Tú misma, pero no se que necesidad tienes de sufrir, estamos en el siglo XXI. Cuando te rompa la bolsa de las aguas te va a doler mucho mas que ahora… ¡Ya me la pedirás!”. Me quede un poco parada, como sin saber que contestar, pues no me esperaba que una profesional me soltara algo así en un momento como ese. Pero ni quería ni tenia el cuerpo para discutir, sobre todo porque tenía que ser ella la que me asistiera en el parto, así que mejor llevarnos bien, o intentarlo.

Su ayudante, una chica muy joven, era todo lo contrario a ella, afortunadamente, con una borde ya teniamos el cupo cubierto. Esa chica era un sol. Fue la única que se preocupo un poco por nosotros a nivel animico y procuró que estuvieramos en un ambiente lo mas tranquilo posible, bajandonos las luces y todo, aunque la pobre no tuvo mucho éxito, porque a cada rato entraba alguien buscando algo o para hacer algo o lo que fuera.

A las cinco y media de la mañana ya tenía cinco centimetros dilatados y aun no me habían roto la bolsa. Las primeras horas de dilatacion en el hospital se me hicieron mas o menos rápidas, pero muy incomodas porque, una vez que te ponen las correas, apenas te puedes mover. Y pasar las contracciones tumbada es como peor se pasan, como más duelen, o al menos así era para mi. Pero por más que les pedia si, por favor, me podian dejar un rato sin correas para que pudiera moverme, nada de nada. Me decían que en el hospital tenían unos protocolos y que no se los podían saltar, ni mucho menos quitar la monitorización de la niña, que podía pasar cualquier cosa. Así que, cada vez que la Valkiria se movia, que se movia mucho porque se ve que tenia mucho espacio, perdian su monitorizacion y venia la matrona mala baba a recolocarme las correas. En ese momento veia las estrellas, porque a ella lo mismo le daba movermelas estando con o sin contraccion. En fin, ¡un show!. Lo más que conseguí fue que me trajeran un balon de pilates y me lo pusieran al lado de la cama, así estuve un rato, pero como si me movia, perdían los monitores, era la historia de nunca acabar. A todo esto, y por haberle insistido en varios temas, tuvimos que aguantar una charla/sermón por parte de la matrona, diciendonos lo estrictos que eran los protocolos del hospital, que ella no se los podía saltar, y que bastante hacía con permitirme las cosas que me permitia. Que lo del plan de parto estaba muy bien en la teoría, pero que en la práctica, si quería tener un parto más natural, me fuera a un hospital de Mallorca o a una clínica que hay en Alicante. Nuestra cara de asombro debía de ser un poema.

A las 6:30 de la mañana vino la matrona a romperme la bolsa de las aguas. Y si, las contracciones cada vez eran mas fuertes y mas seguidas. Las respiraciones que aprendimos en las clases preparto me vinieron muy bien, por mas que la matrona me dijera que iba a hiperventilar. Bien es cierto que las hormonas hacen que haya momentos que estés como en trance, a pesar del agotamiento, yo, entre contracción y contracción incluso me quedaba dormida.

frontal10(Otra foto más de ese día, mi pobre ombligo ya no daba más de si)

La noche tuvo varios momentos surrealistas generados por la “querida” matrona. Como lo mio con los pinchazos ya parecía estar superado como explique aquí, el destino quiso que me llevara alguno mas de la cuenta, así que la sangre que os decía que me sacaron al principio, se coaguló de camino al laboratorio y vino la matrona a sacarme de nuevo. Sin importarle si estaba en medio de una contracción o no, procedió a pincharme, eso si, no sin antes haberse olvidado los tubos en algún sitio (matame camión). Solucion: llamar a grito “peláo” a las enfermeras, que tras cinco minutos se dieron por aludidas, y nosotros allí, con nuestra cara de estupefacción máxima y aguantando las contracciones mientras ella me decía: “no te muevas” -¿Perdona?-. Total, para que al final la sangre del cordón no se pudiera donar porque si el bebé pesa menos de 3.500gr no te lo aceptan. ¡Ya me lo podían haber dicho antes!.

En una de las tantas rondas de tactos vaginales, mientras me lo hacia la matrona en prácticas, hubo un momento de tensión. Poniendo caras y mirando a la matrona mala baba, dijo: “creo que se ha estancado y se esta endureciendo el cuello del útero”. Ahí, incluso dentro de mi nube de drogas naturales, se me encogió el corazón. La sombra de la cesárea apareció en escena, y yo no podía dejar de pensar que no, que aquello no podía ser así, después de tanto esfuerzo no. Lo único que tengo que agradecerle a la desagradable de mi matrona fue lo que hizo en ese momento, que no se exactamente lo que fue, pero metió la mano, hizo un par de movimientos (que molestaron un poco), y dijo: “esto ya esta, ya esta completamente dilatada, el cuello borrado”. ¡Que alivio sentí!

-Continuará-

Lactancia: luces y sombras

Hoy es el día mundial de la lactancia materna, y para celebrarlo, me uno a está iniciativa que desde Maternidad Continuum nos proponen, y os cuento como hemos vivido nosotras estos casi 10 meses de lactancia.

La WABA (quien organiza la Semana Mundial de la Lactancia Materna)  ha decidido que el lema de este año sea:

“Lactancia Materna: un triunfo para toda la vida”

descarga Siempre había tenido claro que sí tenía hijos les daría el pecho, así que, cuando supe que estaba embarazada, empecé a documentarme sobre temas de embarazo y post parto, corroborando mis intenciones. No me había planteado mucho cuanto tiempo, pero pensaba que 6 meses ya estaban bien.

En las clases pre parto te explican muchas cosas, algunas de ellas sobre la lactancia. Pero, al menos donde yo las hice, se centraban en el tema de la subida de la leche, la correcta colocación del bebe y la extracción y conservación de la leche. Sí, tambien te  hablan de las famosas grietas, mastitis y demás penurias, pero nadie te explica lo tremendamente dura y dolorosa que puede llegar a ser la lactancia al principio, eso se lo guardan, y luego “¡sorpresa, sorpresa!”. Al menos para mi, los primeros días, que digo días, semanas, incluso meses fueron una montaña rusa de dudas y frustración. Sigue leyendo…

Matronas, cuestión de suerte

Cuando uno piensa en lo que debería ser la figura de la matrona,  se imagina esa persona que te acompañará durante el seguimiento de tu embarazo, te dará consejos y resolverá tus dudas. O eso pensaba yo. Luego caí en la cuenta de que la teoría es muy bonita, pero en la práctica las cosas no siempre son tan idílicas, al menos por la seguridad social. Tras mi primera visita a la matrona salí de lo mas decepcionada. Mi matrona era una señora de estas que parecen estar enfadadas con el mundo y todos los que habitamos en él. Y no solo no resolvió mis dudas durante el embarazo, sino que podría escribir un libro con la cantidad de burradas que llego a decirme. Tenia que haberlas anotado en su día, pero aún me acuerdo de algunas:

  • Los primeros meses no tuve ni nauseas ni nada. Tenia un hambre voraz, de esta que si no tienes algo que comer se te pone una mala leche del carajo. Por eso, a pesar de que comía sano, los primeros meses engordé mas de los que ella quería, porque cada vez que iba me decía la misma frase con tono arisco: “has engordado mucho, esto no puede ser”. Muy bien, muchas gracias señora. Eso si, no se digno nunca a darme unas míseras pautas alimenticias ni una dieta, se quedaba ahí, en el comentario desagradable.
  • Un día le pregunté si podía tomar un fármaco, no recuerdo cual. Su respuesta: “Léete el prospecto…” Tremenda cara de poker se me quedó, a lo que respondí que en el prospecto ponía, consultar con el medico. Respuesta de la buena mujer: “Pues preguntarle al farmacéutico… “. Si señora, ole tú!
  • Recuerdo una de las últimas visitas antes de dar a luz, que mientras intentaba escuchar el corazón del bebe, me hecho bronca porque solo se oía el mio!!! Es que hay que ver, como osa latir mi corazón sin su permiso, que no le dejaba trabajar! Sencillamente ridículo.
  • Ah! Y me quede sin clases preparto en la seguridad social gracias a ella. Cosas de parir después de verano, que todo el mundo esta de vacaciones y no hay. Pero en vez de avisarme y hacerlas antes, no, se esperó a que preguntara yo casi en julio (visto que ella no me decía nada) para decirme que no había hasta finales de septiembre. Total, que yo me busqué y me pagué otras clases preparto en otro sitio, que me vinieron genial y de las que ya hablaré más adelante. Y por la seguridad social fui a dos, que las daba ella, y casi me caigo de culo de la risa. ¿Quien necesita aprender a respirar de cara al parto? Anda, toma una fotocopia y vas que te matas. La fotocopia de marras eran una especie de gráficas que aún, a día de hoy, sigo sin entender.

Un despropósito detrás de otro. Esta claro que lo mio fue mala suerte, en el centro de salud solo había dos matronas y me toco la mala, que le vamos a hacer. Yo entiendo que están hartos de ver preñadas, que seguramente le preguntaran una y otra vez lo mismo. Pero no somos ganado, ni estamos enfermas. Estamos embarazadas, y justo por eso una persona que trabaja llevando embarazadas tendría que tener mucha mas empatia y psicología a la hora de tratar a mujeres en esa época tan importante ( y sensible) de sus vidas. Pero eso es solo mi opinión. Tengo que decir que con el paso de los meses conseguí hacerme con ella, porque incluso asistí a las clases de lactancia, que también daba ella, y su trato conmigo mejoro un poco, vete a saber porque. En la ultima visita que tuve con ella, me dijo: “bueno, pues nos vemos con el próximo…”. Mientras yo sonriendo pensaba para mi: ojala para ese momento ya te hayas jubilado.

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La imagen es de la serie “Llama a la comadrona”, cuya segunda temporada vi estando embarazada. Soy así de osada, no había capitulo que no acabara llorando a moco tendido. Según el Papa Cascarrabias, es una serie de madres, pero es que eso soy ahora, una madre.

¿Que tal os fue a vosotras con vuestras matronas?