Comedor: Segunda fase de la adaptación

¡Esto ya me lo temía yo! Y de hecho, os lo dije en el post que hice hace unas semanas sobre los primeros días de Valkiria en el cole de mayores. Esta semana llegó el horario completo al colegio y, con ello, quedarse al comedor. ¡Ay horror! Así que estamos en plena segunda fase de adaptación.

La cosa empezó bien. Como siempre. Es el síndrome de: “No se de que va esto“, así que todo transcurre con total normalidad. Incluso, como en el caso de mi hija, salen super contentos contándote todo lo que han zampado ese día. Pero… el segundo día ¡ahí ya saben a lo que van! Y empieza el drama.

Ir al colegio fue bien, pero cuando fui a por ella a las 5 me la encontré llorando desconsolada. Solo me decía: “No he comido, mamá” “Es que te quería mucho a ti“… ¿A que madre no se le parte el corazón cuando su hijo le dice cosas así? La seño me contó que montó tal pollo de llantos y pataleos que, aunque consiguieron bajarla al comedor, no consintió probar bocado y del mismo sofocón se quedó frita. Incluso, me recalcó (sorprendida) la cantidad de fuerza que tiene la niña para lo pequeña que es, ¡tremenda Valkiria! (Y no es la primera vez que me dicen algo así…).

El resto del día estuve hablando con ella sobre lo que había pasado, como se sentía y que era lo que iba a pasar (o a lo que tenía que acostumbrarse). Por suerte para nosotros, Valkiria es una niña que entiende las cosas con mucha rapidez y razona mucho para la edad que tiene. Lo entendió y me dijo que no iba a llorar al día siguiente.

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El miércoles empezó mal. Me decía todo el rato que no quería ir al cole y, para convencerla, la tuve que llevar en el carro con un par de juguetes. Aun así no entró con muchas ganas. Y a medio día, por supuesto, lloró. Menos que el día anterior, pero lloró mientras le decía a su maestra: “Seño, no estoy respirando para no llorar“… Esta hija mía y sus cosas de decir. Su seño se parte de la risa. De todos modos, la cosa transcurrió sin muchos mas dramas e incluso comió algo en el comedor. Ese día dormir no durmió, pero porque los miércoles salen más tarde a comer y mi hija come tan lenta que se queda sin tiempo para dormir.

Ayer, al fin, llegó la calma. Dejó de decir que no quería ir e incluso me decía que se lo iba a comer todo y que, lo que no le gustara solo lo iba a apartar (Dios sabe lo que había hecho los días anteriores, ¡lanzamiento de comida!). Salió contenta y me dijeron que comió bien.

Parece que una semana no es mucho tiempo, pero a mi se me ha hecho bastante complicada de llevar. A nadie le gusta ver así a su hijo, y menos pensar lo mal que lo pasa a la hora del comedor. Lo bueno es que parece que, poco a poco, se va adaptando. Ya sabe que de lunes a jueves se tiene que quedar a comer allí y los viernes se viene conmigo a casa. Así que, como imaginaréis, hoy estaba muy contenta.

¿Les costó a vuestros peques adaptarse al comedor del colegio?

 

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Comiendo en el comedor del cole

Que lo niños tienen la capacidad infinita de soprendernos creo que cualquiera que sea padre ya lo sabe. Es algo que va innato en ellos. O quizá el problema este en la rigidez que nuestra mente se empeña en tener a veces. Los momentos de ofuscación no ayudan a ver las cosas claras, pero aún así yo siempre intento focalizar en positivo y pensar que todo irá lo mejor posible. Todo esto viene, algunos ya lo sabréis, a raíz de un post que escribí hace unas semanas sobre lo que nos estaba costando que Valkiria comiera sólidos. Como ya no sabíamos que más hacer, optamos por pedir ayuda a las chicas de la guardería y dejarla a comer en el comedor.

No ha pasado ni una semana, hoy es su quinto día comiendo y durmiendo allí la siesta, y no puedo estar mas sorprendida y contenta de como está yendo todo. Mi pequeño yo pesimista me decía desde una esquinita de mi mente: “Ya verás, va a ser un nuevo periodo de adaptación. Será como volver a empezar. Los primeros días serán difíciles“. ¡Y nada mas lejos de la realidad! Desde el primer día la cosa ha ido de maravilla tanto a la hora de comer como a la hora de dormir. A Valkiria le encanta la guardería y sale de clase super feliz, ¡esta niña es una todoterreno!

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Hay varias cosas que creo que han ayudado a que esto vaya tan bien:

  • Lo primero es que su adaptación a la guardería fue muy buena, como he dicho, le encanta ir al cole y adora a su señorita. Es más, allí es una niña super solícita que ayuda en todo a su seño y cada día es más autónoma. Para una niña que llevaba dos años solo conmigo día a día, esta genial.
  • Además apliqué algunos de los consejos que os dí para la adaptación a la guardería. Durante toda la semana pasada, cada día le iba explicando que pasaría esta semana, que comería allí con sus amigos y luego dormirían todos juntos. Parece que no pero yo creo que entienden todo y saber que va a pasar le da seguridad.
  • Por último, en su clase tan solo ella y otra niña, curiosamente la que se sienta a su lado, salían a comer a casa. El resto de niños se quedaban todos. Esta niña estaba teniendo una adaptación a la guardería difícil y a estas alturas, dos meses de curso ya, aún lloraba al entrar en clase. Hablaron con la psicopedagoga del centro y les aconsejó que la dejaran a comer. Así que tanto ella como Valkiria han empezado a quedarse a comer a la vez y eso creo que ha sido positivo para ambas. Además ahora puede que se sientan más integradas en clase porque hacen todos lo mismo.

Evidentemente, las cosas van bien, pero eso no quiere decir que Valkiria devore la comida a trozos. Lo importante es que poco a poco van haciendo progresos. Me dicen que come pero más lenta que los demás y cuando le ayudan abre una boquita super pequeña (esa boquita me la conozco yo). Pero al final va comiendo y masticando como el resto. Con lo que no consiguen de momento ni que lo pruebe es con la fruta, pero eso ya era de esperar. Ella y la fruta nunca han tenido buena relación. De todos modos, solo lleva una semana, supongo que con el tiempo la cosa avanzará progresivamente.

A la hora de dormir muy bien. si bien es cierto que un mes antes le cambié el modo de dormir en casa. Antes tenía que ser en la mochila y conseguí que se durmiera solo tumbándome con ella en el sofá. No necesita ni muñeco de apego ni nada. Y por lo visto acaba tan cansada que cae rendida al momento. ¡Una maravilla!

A mi me tiene alucinada porque además parece que se le ha abierto el apetito de repente y se pasa la tarde pidiéndome pan y galletas, que al final le tengo que decir que no, sino me junta la merienda con la cena. Y ya por las noches no me importa darle una papilla de lo que sea, se lo queme muy bien si no esta demasiado cansada.

Bueno, pues hasta aquí los progresos de la peque con la comida en el comedor del cole, en unas semanas os cuento como seguimos.

¿Se quedan vuestros peques al comedor?