Consejos de padre (60): ¿Porque no lo saben todo?

Nuestros hijos creen que somos todólogos, es decir, que lo sabemos hacer todo y de todo conocemos. Tenemos las respuestas a todos los misterios del universo… ¡Ay pobres! Ojalá eso fuera así. Lo que ellos no saben aún es que sus padres, como humanos que son, ni son omnipotentes ni mucho menos tienen todas las respuestas. Pero los primeros años, para ellos, somos su fuente principal de sabiduría y, como tal, se supone que debemos de saberlo todo. Hasta que un día se dan cuenta de que no y entonces les surge otra pregunta… ¿porque no lo saben todo?

Ahora mismo, con Valkiria, estamos en una fase que va un poco mas allá de la conocida fase de los porqués. Yo no se si todos los niños serán iguales o no. Pero por aquí creo que llegamos a oír “porqué” al menos 50 veces al día (y no os estoy exagerando…). Lo pregunta todo y cuando digo todo es TO-DO.

Al principio uno siente la necesidad de explicarle cada una de sus preguntas. Pero conforme avanza el día y el nivel de surrealismo de sus dudas, las ganas de contestar se van por donde habían venido. Tendría que apuntarme cada uno de estos momentos para que podáis haceros una idea. Viene a ser algo así:

Yendo por la calle, pasa una señora, Valkiria le saluda y la señora le corresponde:

  • Valkiria: Mamá, ¿porque esa señora me ha dicho hola?
  • Yo: Porque tu le has dicho hola. Es educada y te ha devuelto el saludo.
  • Valkiria: ¿Y porque le he dicho hola?
  • Yo: O_O

Y solo es un vago ejemplo. Como os digo esto llega en ocasiones a limites rozando el dadaísmo. Vale que en casa somos muy de humor chanante, ¡pero no nos pasemos! Así que hemos llegado al punto de decirle “en coña” (O queriendo que fuera en serio…) que en esta casa había un cupo de porqués diarios, limitados a 25… (que sabemos que se habría pulido en menos de una hora…) y solo conseguimos que nos dijera… “¿Y porqué?

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¿A vuestros peques también se les va de las manos el tema del porque?

¿Habéis rozado con esto el surrealismo como por aquí?

¡Contadme, no seáis tímidos!

 

Consejos de padre (59): Quiero ser hermana mayor

No se en que momento el concepto “hermana mayor” entró en la cabeza de Valkiria. Nosotros queríamos tener otro bebé, pero en ningún momento le comentamos nada a ella. El caso es que, de un día para otro, empezó a preguntarme, con bastante insistencia, por la existencia de ese bebé en camino (aun cuando ni nos habíamos puesto a buscar).

Supongo que fue por el entorno. Dio la casualidad que, el año pasado, en la guardería, la mamá de una compañera suya estaba embarazada; además de una amiga mía de toda la vida que también tiene una nena de la misma edad que Valkiria. Cada dos por tres venía a tocarme la barriga y a preguntarme si había un bebé dentro, o cuando lo habría. Eso nos llevó a mas de una situación peliaguda que ya os contamos en otro Consejo de Padre.

Obviamente, cuando nos pusimos a buscar no le dijimos nada. Y os aseguro que tuvimos sumo cuidado de no hablar nada sobre ese tema delante de ella, que siempre está con la antena puesta. Pero será porque los niños lo intuyen todo que, en ese momento sus preguntas, mas que preguntas, se volvieron afirmaciones: “Esto para mi hermanito” (o hermanita, le iba cambiando el sexo según le daba), “Cuando venga el bebé yo le voy a cuidar mucho…“, etc… Haciendo que incluso, cuando estábamos con mas gente conocida, me miraran con cara de “¿algo que contar?“.

Los meses siguieron pasando y cuando tuvimos el ansiado positivo y pasó un tiempo prudencial, decidimos que había llegado el momento de contárselo. ¡Nos hacía mucha ilusión poder darle semejante notición después de dar tanto la murga!… Y sin hacer nada muy especial, porque aun es muy pequeña para pillar según que cosas, nos sentamos con ella y se lo dijimos.

La reacción que tuvo fue… digamos… impasible. No es que esperara grandes festejos, pero algo más de emoción si. Se quedó pensativa. Callada (raro, muy raro en ella). Como si estuviera rumiando la noticia. Y al cabo del rato nos respondió y se fue a jugar tan tranquila. Pasaron un par de días hasta que empezó a hacer preguntas y, la mayoría de las veces, eran para saber si iba a nacer ya el bebé. ¡Los niños y el paso del tiempo! ¡Que largo se le va a hacer el embarazo! (Casi mas que a  mi…)

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¿Como se tomo vuestro peque el anuncio de que iba a ser hermano mayor?

¿Reaccionó como esperabais?

Consejos de padre (58): Papá mola

Papá mola. Mola mucho más que mamá, ¡donde va a parar! Asumamoslo. Somos nosotras las que solemos pasar mas tiempo con los niños y eso nos coloca, inevitablemente, en el peor papel. El de malas. Malas porque nos toca decir que no, poner límites y también reñir. No todo puede ser jugar y divertirse. La crianza no es solo eso y conforme crecen nos vamos dando cuenta.

Aunque intentemos repartir los momentos menos agradables de la crianza, ellos siempre salen ganando. Pasan menos tiempo con los niños. Y a la vez ese tiempo suele ser más de juego y disfrute. Pero, ¡ay queridos padres! También vosotros tenéis, a veces, que decir ¡hasta aquí! Que poneros firmes y contundentes. Y es ahí donde estamos ahora nosotros.

Valkiria adora a su padre. Es el mejor. Todo lo sabe y todo lo puede. Es el mas divertido. Se inventa las mejores historias. Y jugando no tiene rival. Pero, ¡uy! que papá también se enfada. También riñe. Y también reclama su sitio de padre cuando los humos de Valkiria se suben a la estratosfera. Ahí la pobre se me descuadra un poco.

Quizá aun nos quedarán años para que nuestra hija nos baje del todo del pedestal. Que llegará, como todo. Pero ya va entendiendo que hay cosas que no están bajo nuestro control. Como que no podamos adelantar el tiempo para que llegue esa excursión que tanto le apetece. O que no podamos hacer que deje de llover para ir al parque. ¿Porqué no? Porque no somos todopoderosos y ella empieza a darse cuenta de ello.

Entender que el mundo es como es, que el tiempo tiene su ritmo y hay cosas que no podemos controlar, son conceptos muy difíciles. Y la mayoría de veces nos llevan a una espiral sin fin de preguntas y respuestas. ¿A quién no le pasa eso? De todos modos, quitando esos momentillos, para mi hija su padre sigue siendo el mejor del mundo. Y a todo el que puede se lo cuenta, ¡claro que si! Orgullo de hija, o papitis a otro nivel 😉

¿Encontráis esa pequeña descompensación en la crianza?

¿Vuestros hijos también dicen eso de “papá mola”?

Consejos de padre (57): Sinceridad inocente

Los niños pequeños son sinceros por naturaleza, ¡brutalmente sinceros! Y lo que dicen lo dicen desde la mas pura inocencia, sin maldad alguna. Al menos los primeros años. Ellos simplemente observan, afirman y comparten sus pensamientos. ¡Sin filtro! Ya os hablamos hace casi un año de como Valkiria empezaba a meternos en situaciones de “tierra trágame” con su inocente sinceridad.

El caso es que ahora que ya es mas mayor, que ya entiende mucho mejor las cosas, hay momentos en los que esa sinceridad, tan apabullante, empieza a “preocuparme”. Sigue diciendo todo aquello que se le pasa por la cabeza, sin maldad alguna. Pero creo que ya tiene edad suficiente para ir entendiendo que hay ciertas cosas que no se deben decir a otras personas. Creo que es la base del respeto a los demás.

Os pongo en situación. El otro día, volviendo las dos a casa desde el cole, nos cruzamos con un niño con su madre. Valkiria de repente soltó, en las narices del niño y señalando: “Mira mamá, ese niño tiene la barriga muy gorda” Yo intenté hacerme la loca pero solo conseguí que lo volviera a repetir. Fue un auténtico tierra trágame. Y cuando ya hubimos pasado de largo le expliqué a Valkiria que eso no se podía hacer porque, igual que a ella no le gustaba que le llamaran pequeñaja y se ponía triste y enfadada. Posiblemente a ese niño tampoco le gustaba que le dijeran que tenía la barriga gorda.

No es una cuestión de decirle que no puede hacer observaciones que son ciertas, sino que hay cosas que simplemente, no se pueden decir, por respeto a los demás. Igual el concepto es un poco complicado para una niña de 3 años. Sin embargo, creo que cuanto antes se empiecen a explicar estas cosas, ayudaremos a que nuestros hijos sean sensibles a que, en este mundo, todos somos diferentes y tenemos nuestras propias características.

Si en una situación así yo le riera la gracia a mi hija, ella entendería que decir esas cosas es gracioso y eso, personalmente, creo que es muy peligroso. Así que hoy lo que se suponía que tenía que ser una sección de humor me ha quedado bastante sería, pero es que el tema no es para menos y, seguramente, escribiré sobre esto en profundidad mas adelante.

¿Como hacéis frente a este tipo de situaciones?

¿Les explicáis a vuestros peques donde está el límite de la sinceridad?

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Consejos de padre (56): Sordera crónica

Me imagino que no seré la única en la sala con un peque de 2/3 años que parece que de repente no habla el mismo idioma que nosotros… No seré la única que se repite mas que el ajo intentando que su hijo le haga caso, en alguna de las tropecientas veces que le dices: “Cariño, recoge tus juguetes que vamos a cenar” . Seremos más de una, o mas de dos, las que habremos mirando en las orejas de nuestras criaturas buscando ese tapón de cera que les impide escuchar nuestros ruegos y preguntas. Porque si, padres y madres que me leéis en este momento, la sordera crónica selectiva es un mal común que ronda nuestros hogares.

¡Y lo desesperante que puede llegar a ser! Yo voy probando, para determinar si es que no me oye, no me escucha, o ninguna de las dos cosas. A veces entre un “lávate las manos” y un “recoge los libros del suelo” meto un “voy a tirar este juguete a la basura” ¡A ver si reacciona!… ¡Y vaya si lo hace! Es como si de repente les hiciera conexión el fusible que anda suelto y te miran con cara de perrete en una curva al tiempo de : “noooooo, que es mioooooo“.

¡Aha! ¡Te pillé! No hace falta que te lleve al medico para ver si tus orejas funcionan o el mensaje llega correctamente a tu cerebro. No. Es solo que pasas de mi culo como de comer caca… Si, si, caca.

Ante esto poco podemos hacer mas que tener paciencia. Aunque os reconozco que, cuando mi saco de paciencia se acaba, yo oscilo entre el “si tu pasas de mi yo haré lo que me de la gana” y la harpía chillona. Ninguna de las dos opciones son de lo más pedagógico, pero la desesperación te lleva por caminos insospechados.

¿Vuestros peques sufren de sordera crónica?

¿Cómo gestionáis estos momentos?

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