La madre que querría ser

Hay días que me siento agotada, por dentro y por fuera. Días en los que siento que no soy la madre que querría ser, o al menos, no lo soy tanto tiempo como me gustaría. Nadie dijo que ser madre fuera a ser fácil. En estos mas de 3 años que llevo jugando este nuevo papel en mi vida, hemos pasado por muchas etapas. Muchas fases de desarrollo. Momentos maravillosos y momentos terriblemente agotadores. Sin duda, el convertirte en padres es la mayor montaña rusa en la que te subirás jamás.

Con una niña como Valkiria, con tanto carácter, le temí a los supuestos “terribles 2” mas que a una vara verde (un dicho muy de pueblo…). Pero que queréis que os diga, igual es más mito que realidad. No se. Rabietas las ha habido, ¡claro que si! El tema es que no creo que sea una fase con principio y fin, sino más bien un pistoletazo de salida a lo que será criar en si mismo.

Establecer límites, educar, hacer concesiones, jugar, negociar, regañar, porque también creo que es importante regañar, aunque suene mal decirlo. El tema de castigar es secundario porque no se si tiene tanto efecto como se desea que tenga. Pero regañar lo veo básico. Mi hija tiene que saber cuando algo está mal, cuando algo no debe hacerse. Y yo se lo puedo explicar con calma todas las veces que quiera, pero si aun así lo hace, tiene que ver alguna reacción por mi parte. Os pongo un caso práctico: Sigue leyendo…

Choque de estilos de crianza

Existen muchos métodos de crianza, o mas que métodos, yo lo llamaría estilos de crianza. Si tuviera que definir el nuestro, creo que lo definiría como respetuoso porque en todo momento somos nosotros los que nos hemos ido acoplando a los ritmos de Valkiria respetando su desarrollo. En ningún momento, antes de ser padres, nos paramos a pensar como sería exactamente nuestro estilo de crianza o si haríamos las cosas de tal o cual forma. Simplemente nos hemos dejado llevar por nuestro instinto y sentido común, y recalco nuestro porque esas dos cosas varían según la persona.

A donde quiero ir a parar con todo esto. Os explico. No es la primera vez que tenemos esta sensación de ser los bichos raros, tanto de la familia como de algunos amigos o conocidos. Pero la semana pasada vivimos algunas situaciones que nos hicieron volver a sentirnos así. Bichos raros.

La primera situación fue el momento: “¿pero porque no os venís a tomar unas cervezas esta noche con la niña?”… Nuestra respuesta: “No, gracias, Valkiria tiene sus horarios y a esas horas ya tiene que estar durmiendo“. Igual pensaréis que una noche es una noche y no pasa nada por romper su rutina un día. Podría ser. Pero yo conozco a mi hija y ya se lo que pasaría. Os planteo el escenario: Diez de la noche. Terraza de bar abarrotada de gente. La niña, por supuesto, ni de coña quiere estar sentada en el carro. La bajas. Se la intentan pasar abuelos y tías para entretenerla y hacerle cucamonas. Dura 5 minutos. Entonces ya toca que uno de los dos este detrás de ella todo el rato corriendo de acá para allá. Y por supuesto, una vez llegues a casa, no esperes que se duerma porque tu lo digas, porque ya se le ha pasado su hora y entonces solo queda esperar. ¿Se puede disfrutar así de unas cervezas y unas tapas? Nosotros al menos no.

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-Momento: mira Mamá como hago la croqueta por el casco antiguo-

Situación dos: Tía que se presenta en casa, llamando a todo trapo al timbre, en el mismo momento en el que tu ya estas durmiendo (o intentando dormir) a la niña, aun habiéndole mandado un whassap previo para decirle que ya no viniera. Resultado, niña despierta y corriendo hiperactiva. Comentario de turno: “Y si te la bajas a la calle y la metes en el carro, ¿no se duerme?“… Yo: “Pues no, no se duerme“(con cara de pocos amigos)…Y entonces es cuando te miran raro.

Habrá el que se vaya de cañas con el niño tan tranquilo sentadito en su carro y este se le quede frito allí mismo, sin molestarle en absoluto ruidos, luces o barullos y permitiendole tomarse sus cervezas y cenar tan a gusto. Los habrá. ¡Que digo!. Los hay, que yo los he visto, pero ese no es nuestro caso. Nosotros, si hiciéramos eso, no solo sufriríamos por no poder estar tranquilos, sino por molestar a los demás, que luego ya sabemos todas que la niñofobia está a la orden del día.

Al principio pensábamos que era algo cultural, que por allí abajo la gente esta mas por hacer vida en la calle y los niños se acostumbran a eso y ya está. Pero no es así. No tiene nada que ver con de donde seas, porque tanto mis padres como mis suegros son cada uno de una punta de España y ambos actuaban, cuando eramos pequeños, igual que nosotros lo hacemos ahora. Tiene que ver con como seas. Hay quien hace que sus hijos se adapten a su ritmo de vida. Y hay quien adapta su ritmo de vida al de sus hijos. Que dejas de hacer muchas cosas, ¡por supuesto!, pero a mi no me duele en prenda porque hago lo que creo que es mejor para nosotros. Total, los únicos que nos “fastidiamos” somos nosotros, así que a los demás, digo yo, porqué les tiene que importar tanto lo que hagamos o dejemos de hacer. Como decían Timón y Pumba: “Hakuna Matata”.

¿Os habéis sentido criticados por como vuestro estilo de crianza?

¿Hacéis algo al respecto?

 

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