Consejos de padre (55): ¡Yo quiero leer!

¡Valkiria quiere leer! O al menos eso parece cuando no para de preguntarnos por cada letra, palabra o frase que se le cruza por delante. A veces es bastante agotador. Pero no seremos nosotros los que pongamos freno a tanta curiosidad. Así que le contestamos una y otra vez. Si cala el mensaje o no, ya es arena de otro costal.

De lo que no tengo duda, cosas de ser la madre que la parió, es que esta niña nos ha salido de letras, ¡letras puras y duras! Oye, que por mi genial, que aquí servidora abandonó las ciencias en cuanto pudo. Pero creo que ya nos podemos poner a ahorrar para pagar los profesores particulares que habrá que ponerle en el futuro para que le ayuden con las ciencias. Por experiencia propia os lo digo. Porque si tiene que ser por su padre o por mi, ¡apañada va la pobre!

No se exactamente cuando se supone que empiezan los niños a leer. Ni siquiera lo he buscado. Pero recuerdo que en los países con mayores cualificaciones hay niños que no aprenden a leer hasta los 6 años. ¿Será que antes no es necesario? No lo sé. En su colegio nos dijeron que empezaban con la pre lectoescritura desde los 3 años y durante todo el ciclo de infantil. Pero, sin intención de que los niños empiecen primaria sabiendo leer y escribir perfectamente. El caso es que, si un niño muestra interés por aprender, ¿que debemos hacer los padres? Ayudarle, ¿no? Digo yo. Así que me parece que por aquí seguiremos leyendo cada cartel que nos crucemos por la calle, por mucho que mi miopía no me lo ponga precisamente fácil.

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¿Habéis notado si vuestros hijos van a tirar mas a las letras o a las ciencias?

¿A que edad empezaron a leer?

 

 

 

¿Se aburre en clase o solo le da pereza?

Valkiria es una niña de las que llamaríamos inquietas, movidas, ¡puro nervio! Yo siempre la comparo con un colibrí, que nunca puede dejar de volar, porque, ni tan siquiera dormida está quieta. Además es la típica niña que no está demasiado tiempo haciendo la misma actividad. No se si porqué se aburre, o porque, a sus 3 años, tiene la capacidad de concentración justa. Por eso sabía que para ella el cole de mayores, en algunos aspectos, iba a ser todo un reto. ¡Y no me equivocaba!

El caso es que a ella le encanta ir a su cole, como ya adoraba ir a la guarde. Le encanta, o mas bien, necesita, de esa interacción con otros niños. Y disfruta aprendiendo cosas nuevas y contándonoslo cada día de camino a casa. Sin embargo, después del parón de las navidades algo parece haber cambiado. Le está costando volver a coger el ritmo de trabajo en las clases y, muchas veces, se niega a hacer los ejercicios que se supone que tienen que hacer en clase.

¿Que está pasando?

La semana pasada su maestra habló conmigo para comentarme este tema. Luego, yo hablé con Valkiria intentando hacerle entender que, aunque a veces no nos apetezca hacer algo en el cole, si lo manda la maestra hay que hacerlo. Esto es así. Es el sistema educativo que tenemos y, a menos que llevemos a nuestro hijo a una escuela de alguna de las pedagogías alternativas, esto es lo que encontraremos en cualquier otro colegio.

 

Parece un poco autoritario explicarle a un niño tan pequeño algo así, pero creo que el respeto al profesor y a su autoridad son dos conceptos que se han ido perdiendo durante muchos años y me parecen básicos. Entended cuando digo autoridad, a la misma autoridad que podemos tener nosotros en casa con ellos. Somos y son su referente, los que los guiamos, les enseñamos y ponemos límites. Y en esto, padres y profesores deberíamos ir a una. Sigue leyendo…

¡Que mandona eres hija mía!

Como dice el Papá Cascarrabias, con Valkiria tenemos una futura delegada de clase en potencia. ¡Madre del amor hermoso! ¡Como le gusta a esta niña dirigir el cotarro! A ella le va. Le mola. Lo lleva dentro. No sugiere… ordena. Es una mandona de manual. Aunque yo de momento la llamo mini mandona ¡y no le gusta nada!

Cada niño tiene su carácter. Sin embargo, en el caso de las niñas, no se porqué, suele ser habitual lo de que sean bastante mandonas. No se puede generalizar, claro está, pero es de esas cosas que se dicen. Como lo de que son mas espabiladas. O mas zalameras. Creencias aparte, si, debe de ir con el carácter. Y oye, que no digo yo que lo de ser mandón e ir dirigiendo al personal sea necesariamente malo. La capacidad de liderazgo bien orientada puede ser muy positiva para su futuro. Pero si creo que hay que controlar este tema y, en el caso de mi hija, hay que atarla en corto. Sino acabará pensando que aquí estamos todos para bailar al son que ella toca.

Con la manía que tenemos ahora de ponerle nombre a todo, a poco que buscas sobre el tema te sale la palabra “síndrome”. Si, si, tremendo palabro para ponerle a un niño tan pequeño. Y si nos ponemos en esa tesitura de jerga psicológica, también podríamos hablar del efecto Pigmalión. Es decir, tanto se le dice a un niño que es mandón, malo, tonto o listo, que al final se lo cree. Pero si, a eso de ser muy mandón ahora le llaman síndrome del emperador.

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De todas maneras, aguanten los caballos, que no digo yo aquí que cualquier niño mandón ya tiene el síndrome del emperador. Supongo que, como en casi todo, hasta llegar ahí, hay mucho camino recorrido y muchas cosas que podemos hacer para evitarlo. Todos hemos visto alguna vez algún niño comportarse como un verdadero tirano y no creo que nadie quiera eso ni para su hijo ni para su casa. Sigue leyendo…

Consejos de padre (54): Diarrea verbal

Que bonitas son las primeras palabras de un niño. La primera vez que dice papá o mamá. Sus primeras frases de dos y tres palabras. La primera conversación medio coherente que puedes mantener con ellos. ¡Todos ellos momentos inolvidables y mágicos! Pero… ¡Ay, que la niña me ha salido parlanchina! Y vivimos en un estado de constante diarrea verbal que no cesa en ningún momento del día.

Adoro la manera que tiene Valkiria de expresarse. Sus expresiones de vieja y lo bien que se comunica y se hace entender. Tiene facilidad para el lenguaje, eso es innegable. Y suelta cada una que deja al mas plantáo con el culo cuadráo. Pero todo tiene su parte buena y su parte mala. La mala es cuando te das cuenta de que, como decía mi madre, la niña no calla ni debajo del agua. ¡que no me oigo ni mis pensamientos!

Que intento hablar con el Papá Cascarrabias de algo, ahí esta ella metiendo baza. Llaman por telefono, alrededor la tengo pegando saltos y arrancandome el telefono de las manos mientras repite: “¿Quien es?¿Quien es?“. Que vamos por la calle con mucho tráfico y no hay manera de oir nada… tranquilos, ella sube el volumen y continúa con su diarrea verbal.

Si me está leyendo mi madre ahora mismo pensará: “castiguito divino…” porque esa expresión, tan exageradamente andaluza, era la que me decía ella a mi. En el fondo, muy en el fondo, se que no me puedo quejar, porque en eso, esta niña ha salido a mi. Y como dicen en mi tierra: “Bendita la rama que al tronco sale”. Pero, disculpadme la reacción de malamadre total, ¡es agotador! ¿A alguien le sobran unos tapones por ahí?

Si no esta contándote algo o hablando contigo, está cantando. Sino poniendo vocecitas mientras juega. Cuando come, habla más aún, muchas veces para evitar comer, otras porque creo que siente que si nosotros hablamos, ella también debe hacerlo. Y cuando toca dormir… ¡ni así calla! Va murmurando cosas en voz muy muy bajita, ¡la cuestión es no callar!

Eso si, que no aparezca nadie, ya no hablemos de desconocidos, y le pregunte cualquier cosa. Entonces de repente, ¡se le ha comido la lengua el gato!

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¿Sufren vuestros hijos de diarrea verbal?

¿Como la sobrelleváis?

Consejos de padre (52): Tiempo infinito

Para los niños el tiempo no funciona de la misma manera que para los adultos. Su percepción del tiempo es lo más parecido a un chicle, totalmente elástico. Cuando se lo están pasando bien el tiempo se nos escapa de las manos. Bueno, en eso no somos tan distintos. Pero, ¿qué pasa cuando se aburren?, ¿que pasa en esos momentos en los que no saben qué hacer? Como cuando vamos de viaje en coche o cuando tienen ganas de que llegue algún día especial y no entienden que tienen que esperar.

A ellos se les hace infinito, insufrible, ¡eterno! Y a nosotros también por tener que explicarles, una y otra vez, porque eso que quieren que ocurra no ocurre inmediatamente.

Como con todo en esta vida, esto es algo que tienen que aprender y nosotros debemos ayudarles… sobre todo si no queremos volvernos locos.

Podría poner infinitos ejemplos de situaciones en las que hemos experimentado esto con Valkiria. Pero me quedaré con el más reciente, las navidades. En este caso la confusión está servida. Los centros comerciales llevan casi un mes con la decoración navideña, ¡esto se nos está yendo de las manos! Así que es lógico y normal que los pobres niños no acaben de entender porque todavía no es navidad. Sigue leyendo…