La fiesta del primer cumpleaños

Hace ya una semana que celebramos el primer cumpleaños de nuestra Valkiria, y aunque al final acabamos celebrandolo en casa, la cosa salió mejor de lo que esperabamos.
Primero pensamos hacer la fiesta en plan picnic, en un parque, para que la pequeña pudiera jugar con la otra niña que ibamos a invitar. Pero como su cumpleaños cae en puente, finalmente, mis amigos y su hija estaban de viaje y no iban a poder venir. Entre nuestros conocidos no hay muchos padres con niños de la edad de la nuestra, la mayoría, de hecho, no tienen hijos. Así que, por simplificar un poco la organización, decidimos celebrarlo en casa.
Unos meses atrás, ya compré unas guirnaldas de banderines, que luego guardé tan bien, que nunca más las he vuelto a ver, y eso que las busqué hasta el aburrimiento (cada vez me parezco más a mi madre). Así que mandé al Papá a comprar unas de urgencia. Además, compramos platos, vasos, servilletas y hasta un mantel para decorar la mesa del picoteo.
Y este fue el resultado…

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Sólo con ver la cara de asombro y felicidad de la Valkiria cuando vio el salón, ya mereció la pena. Se emocionó tanto, que su padre se la tuvo que llevar de paseo un ratito para que yo pudiera ultimar los detalles antes de que llegaran los invitados.
Preparamos, con la ayuda de las abuelas, la merienda: unas tortillas, una focaccia, unas pizzas enrolladas,  unos bocadillitos (normales y veganos), patatas, encurtidos… Y de postre, una corona de hojaldre y nocilla (de la que no hay foto pero a la gente le encantó), y un bizcocho vegano de limón.

merienda

No sabíamos como reaccionaria la niña ante tanta gente a la vez, por eso había preparado su cuarto para que pudiera refugiarse allí con las abuelas en el caso de que se agobiara. Pero, sorprendentemente, fue todo como la seda. Valkiria descubrió un entretenimiento nuevo, entrar y salir a la terraza, y así se pasó media tarde, más feliz que una perdiz.

Balcon

Estuvo toda la tarde andorreando de acá para allá, enganchandose en las piernas de todo el que se le pusiera por medio. (Y no os podéis imaginar lo que ha ganado en estabilidad en solo una semana, ahora ya hace incluso mini carreras). Hasta que llegó el momento de abrir los regalos. ¡Ay los regalos! Que más da lo que le regalen, con lo divertido que es el papel de regalo y las cajas de cartón. Tuvo muchos regalos, ropa muy chula y juguetes de todo tipo. Puzzles de madera, cuentos, muñecos para la hora del baño, un nenuco blandito que huele super bien (y que le emocionó tanto que le estuvo haciendo llaves de lucha libre. Si. ¡Ella es así!), y hasta un triciclo evolutivo (en el que va pegando saltitos y grititos de emoción cada vez que la montamos).

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Y por fin llegó el momento de la tarta, en este caso bizcocho vegano por sí la cumpleañera la quería probar. Como ya os enseñé en el pasado miércoles mudo, lo hice con un molde de conejito y aunque no quedó ni de lejos tan bonito como yo tenía en mi cabeza, rico sí que estaba. Valkiria, con tanta emoción, paso del bizcocho, por lo menos para comerselo. Si la hubiera dejado, habría destrozado a gusto esa cosa grande y blanca con una luz brillante encima, pero entonces los demás nos habríamos quedado sin.

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(La calidad de algunas fotos no es muy buena, pero es que a la gente le dio por hacer vídeos y muchas de las fotos son de móvil).

Y esto es lo que dio de sí su primer cumpleaños. Ella se lo pasó genial, estuvo todo el rato correteando y sonriendo, con esa cara de bicho que pone últimamente (culpa del flash). Y nosotros sobrevivimos a la primera fiesta de cumpleaños que organizamos como padres. Eso si, cuando nos enfrentemos a una con niños, que todo llegará, todo será distinto. Y de hacer la fiesta en casa nada, ¡al parque, de picnic y a correr!

Feliz cumpleaños pequeña

A esta misma hora, justo hoy hace un año, acabábamos de conocernos, los tres, en la intimidad de aquel paritorio lleno de gente. No importaba. Estabamos solos. Tú sobre mi pecho y tu padre con la cabeza apoyada en mi hombro. Mirandote, sin poder quitar los ojos de ti. Deslumbrados por tu carita enrojecida. Y con los ojos llenos de lágrimas de felicidad. Así fueron nuestros primeros instantes juntos. ¡Y como nos has cambiado la vida! Tanto, que a veces incluso me cuesta recordar como era todo antes de ti.

Ha sido un año intenso, muy intenso. Lleno de momentos maravillosos. No te diré que todos buenos, porque sería mentirte. Los hemos tenido de todos los colores. Buenos e inolvidables y malos de llorar de desesperación. Pero, es que ser padre es eso hija mía. Y ya no me da miedo. Porque se que juntos podremos con cualquier cosa.

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