El miedo a la muerte en niños pequeños

Sabía que este momento llegaría, tarde o temprano. Había leído sobre ello, intentando preparar que decir. Intentando prepararme yo misma para saber qué contestar. Pero, como en muchas otras cosas, cuando luego sucede, todo lo que leíste de poco te sirve. Llevo dándole vueltas al tema durante semanas, queriendo escribir este post, pero sin atinar a escribir nada. Y es que este tema, a mi, me cuesta. La muerte. Esa parte natural e inevitable de la vida que tan mal, a día de hoy, sigo llevando.

En mi afán por saber como afrontar esa conversación con Valkiria, una psicopedagoga me dijo que los niños empezaban a conocer el concepto de muerte alrededor de los 3 años. A través de cuentos, películas o experiencias que pudieran tener alrededor. Pero que ese primer conocimiento solía ser bastante vago. Pensando en ello como algo reversible. Eso mismo corroboré buscando luego información por mi cuenta. Que de los 3 a los 5 años esto suele ser lo habitual. El niño hace un primer contacto con el concepto, pero no lo ve como algo permanente ni inevitable.

Es mas tarde a partir de los 5 o 6 años y hasta los 11, cuando los niños empiezan a ser conscientes de la magnitud del concepto. Y entran en una nueva fase de miedos, primero a que algo pueda pasarle a sus propios padres o algún familiar cercano. Y más adelante, a ellos mismos. El como cada niño lo afronte dependerá, imagino, de como nosotros, los adultos, se lo expliquemos y también, claro esta, de la propia personalidad del niño.

Yo recuerdo, sería alrededor de los 8 o 10 años, pasar una época de mucha angustia, pesadillas. Despertarme llorando, agobiándome sobre el concepto de la muerte. Se pasa muy mal y creo que por ello aun lo recuerdo. Y por eso mismo, tenía tanta aprensión a que llegara este momento.

Valkiria no tiene ni 4 años. Es muy madura. Lo pilla todo al vuelo. Procesa la información que llega hasta ella a la velocidad del rayo. Por eso tenemos que tener sumo cuidado en las cosas que puede ver o escuchar. El caso es que algo ha pasado. No se exactamente el que, pero puedo encontrar diferentes pequeños motivos que, en un mismo momento, se han juntado para generar esta situación.

Primero ha empezado a ser consciente de las muertes de personajes en sus películas de dibujos favoritas. La que creo, de hecho, que mas le afectó, fue una que empezó a ver hará cosa de un mes, Los Croods. La película le encanta y la ha visto tropecientas veces, pero tiene una presencia muy clara de la fatalidad y se habla mucho en ella de la muerte. Siempre en clave de humor. Esta claro que el mensaje de la película no es ese. Pero los niños se quedan con determinadas cosas y, lo que a nosotros nos llega de una película y como nos llega, no tiene nada que ver con como lo asimilan ellos.

A eso le sumamos que coincidió que fuimos al pueblo para una boda y, justo, acababa de fallecer una tía abuela mía. Ella no pisó ni el tanatorio, ni el cementerio, por supuesto. Pero los adultos hablan mientras piensan que los niños, alrededor de ellos, no se dan cuenta de nada. ¡Que cuidado hay que tener! No se exactamente que habrá oído ella, porque eso no me lo dice, pero algo ha tenido que oír. Si a eso le sumamos la tendencia que hay en los pueblos (y mas concretamente en mi familia) para hablar de enfermedades y muerte sin límites, el caldo de cultivo está servido.

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Niña sentada vía Shutterstock

No es que les eche la culpa, ni mucho menos. Entiendo que puede haber gente que no crea que sea necesario tener tanto cuidado con lo que se dice delante de un niño. Pero esas personas no tienen a Valkiria como hija. Conforme crece, veo muchas similitudes entre ella y yo, y al igual que me pasaba a mi de pequeña, ella se entera de todo. Aunque creas que no, aunque parezca que no.

Así fue como empezó a preguntar que era la muerte. Nosotros, que no nos gusta mentirle, intentamos adaptar nuestras respuestas a la realidad. Hacerlo ver como algo natural, algo que forma parte de la vida. Algo que pasa cuando ya has vivido muchos muchos años y eres muy muy viejo. Y ahí encontramos nuestro gran escollo. Ella parecía haber entendido, sin que nosotros se lo explicásemos, el hecho de que la muerte es irreversible. Pero, en cambio, aun no es capaz de entender el concepto del tiempo. Es decir, para ella poca diferencia hay si le hablamos de días, semanas, meses o años. No sabe exactamente a que nos estamos refiriendo. Por eso creo que, lo de que le digamos que será algo que le pasará dentro de muchos años cuando sea muy viejita, no calma su angustia para nada. Al revés. Un día salió del cole de verano diciéndome que ella no se quería hacer vieja porque no se quería morir y mientras lo repetía hasta el infinito, en mitad de la calle, se puso a llorar desconsoladamente… No sabéis lo que habría dado en ese momento por haber calmado todos sus miedos con un solo abrazo.

Pero las cosas con ella no funcionan así. Ella necesita hablar, que le expliquen. Y eso hicimos durante días, cada vez que volvía aquello a su cabeza. Explicarle que hacerse viejo es bueno porque quiere decir que has vivido muchos años y miles de aventuras. Que aunque ella crea que nosotros, sus padres, o sus abuelos, somo viejos, no lo somos, ni lo seremos en muchos años. Que llegar a viejo supone vivir muchos momentos felices. Conocer a alguien de quien enamorarse, tener hijos, nietos…

Se que esta conversación no ha acabado. Que las preguntas volverán. Pero, después de un par de semanas, parece que su preocupación se ha ido disipando.

Mientras, nosotros hemos estado buscando. Viendo cuentos que poder comprar para tratar este tema con ella desde una perspectiva mas infantil. Pero en la mayoría de ellos hay algún familiar que ha fallecido, que no es nuestro caso, y no quiero que sus miedos vayan ahora a pensar que nos puede pasar algo a cualquiera de nosotros. Solo encontré dos que me parecieron mas o menos adecuados. Uno de ellos es “El árbol de los recuerdos“, en el que es un zorro el que se va. Este lo dejaremos para cuando falte el perro de mis padres. Y el otro es “Siempre te querré” que, si bien no trata el tema de la muerte en si, si que habla del paso del tiempo, y del amor entre una madre y su hijo mientras este crece y ella envejece. Este último lo compre, pero de momento lo tengo guardado, porque estoy demasiado sensiblona, con esto del embarazo, como para ser capaz de leérselo sin soltar la lagrimilla.

No seréis muchos las que habréis llegado a leer este post hasta el final. Me ha quedado mas largo de lo que esperaba. Pero necesitaba soltarlo todo y, fundamentalmente, pediros consejo…

¿Como gestionasteis el miedo a la muerte con vuestros hijos?

¿Me recomendáis algún recurso o cuento para poder afrontarlo?

¡Mil gracias!

 

¡Que mandona eres hija mía!

Como dice el Papá Cascarrabias, con Valkiria tenemos una futura delegada de clase en potencia. ¡Madre del amor hermoso! ¡Como le gusta a esta niña dirigir el cotarro! A ella le va. Le mola. Lo lleva dentro. No sugiere… ordena. Es una mandona de manual. Aunque yo de momento la llamo mini mandona ¡y no le gusta nada!

Cada niño tiene su carácter. Sin embargo, en el caso de las niñas, no se porqué, suele ser habitual lo de que sean bastante mandonas. No se puede generalizar, claro está, pero es de esas cosas que se dicen. Como lo de que son mas espabiladas. O mas zalameras. Creencias aparte, si, debe de ir con el carácter. Y oye, que no digo yo que lo de ser mandón e ir dirigiendo al personal sea necesariamente malo. La capacidad de liderazgo bien orientada puede ser muy positiva para su futuro. Pero si creo que hay que controlar este tema y, en el caso de mi hija, hay que atarla en corto. Sino acabará pensando que aquí estamos todos para bailar al son que ella toca.

Con la manía que tenemos ahora de ponerle nombre a todo, a poco que buscas sobre el tema te sale la palabra “síndrome”. Si, si, tremendo palabro para ponerle a un niño tan pequeño. Y si nos ponemos en esa tesitura de jerga psicológica, también podríamos hablar del efecto Pigmalión. Es decir, tanto se le dice a un niño que es mandón, malo, tonto o listo, que al final se lo cree. Pero si, a eso de ser muy mandón ahora le llaman síndrome del emperador.

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De todas maneras, aguanten los caballos, que no digo yo aquí que cualquier niño mandón ya tiene el síndrome del emperador. Supongo que, como en casi todo, hasta llegar ahí, hay mucho camino recorrido y muchas cosas que podemos hacer para evitarlo. Todos hemos visto alguna vez algún niño comportarse como un verdadero tirano y no creo que nadie quiera eso ni para su hijo ni para su casa. Sigue leyendo…

Consejos de padre (54): Diarrea verbal

Que bonitas son las primeras palabras de un niño. La primera vez que dice papá o mamá. Sus primeras frases de dos y tres palabras. La primera conversación medio coherente que puedes mantener con ellos. ¡Todos ellos momentos inolvidables y mágicos! Pero… ¡Ay, que la niña me ha salido parlanchina! Y vivimos en un estado de constante diarrea verbal que no cesa en ningún momento del día.

Adoro la manera que tiene Valkiria de expresarse. Sus expresiones de vieja y lo bien que se comunica y se hace entender. Tiene facilidad para el lenguaje, eso es innegable. Y suelta cada una que deja al mas plantáo con el culo cuadráo. Pero todo tiene su parte buena y su parte mala. La mala es cuando te das cuenta de que, como decía mi madre, la niña no calla ni debajo del agua. ¡que no me oigo ni mis pensamientos!

Que intento hablar con el Papá Cascarrabias de algo, ahí esta ella metiendo baza. Llaman por telefono, alrededor la tengo pegando saltos y arrancandome el telefono de las manos mientras repite: “¿Quien es?¿Quien es?“. Que vamos por la calle con mucho tráfico y no hay manera de oir nada… tranquilos, ella sube el volumen y continúa con su diarrea verbal.

Si me está leyendo mi madre ahora mismo pensará: “castiguito divino…” porque esa expresión, tan exageradamente andaluza, era la que me decía ella a mi. En el fondo, muy en el fondo, se que no me puedo quejar, porque en eso, esta niña ha salido a mi. Y como dicen en mi tierra: “Bendita la rama que al tronco sale”. Pero, disculpadme la reacción de malamadre total, ¡es agotador! ¿A alguien le sobran unos tapones por ahí?

Si no esta contándote algo o hablando contigo, está cantando. Sino poniendo vocecitas mientras juega. Cuando come, habla más aún, muchas veces para evitar comer, otras porque creo que siente que si nosotros hablamos, ella también debe hacerlo. Y cuando toca dormir… ¡ni así calla! Va murmurando cosas en voz muy muy bajita, ¡la cuestión es no callar!

Eso si, que no aparezca nadie, ya no hablemos de desconocidos, y le pregunte cualquier cosa. Entonces de repente, ¡se le ha comido la lengua el gato!

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¿Sufren vuestros hijos de diarrea verbal?

¿Como la sobrelleváis?

La importancia de practicar el agarre de pinza

Cuando empezamos este primer curso de cole de mayores sabíamos que el trato sería diferente. No hablo de mejor ni peor. Hablo de diferente. Comprensible cuando pasas de una guarde pequeñita con solo 15 niños por clase, a un cole con tres clases de primero de infantil de 25 niños cada una. Quieras o no, dejan de estar tan entre algodones y tienen que empezar a desarrollarse por si mismos en muchas cosas que antes no eran tan importantes. Durante todo un curso trabajan muchísimas cosas. No solo en cuanto a conceptos, sino también temas de destreza, desarrollo de la psicomotricidad gruesa/fina y autonomía personal.

En la primera reunión que tuvimos con su profesora, nos comentó lo importante que era que aprendieran bien a coger cosas como colores o los cubiertos al comer. Que debíamos practicar con ellos en casa el tema del agarre de pinza. ¡No había oído eso en mi vida! Ni siquiera sabía lo fundamental que podía llegar a ser para su desarrollo.

Al poco tiempo, un día la seño me dijo, a nivel personal, que debíamos buscar ejercicios para fortalecer la musculatura de las manos de Valkiria. Así mejoraríamos su agarre de pinza y con ello desarollaríamos la psicomotricidad fina. Había observado que Valkiria en seguida se cansaba de pintar y que, cuando lo hacía, pintaba muy flojito, sin apenas fuerza. Nos sugirió varios tipos de ejercicios y nos dijo que practicáramos en casa con ella. Sigue leyendo…

Calzado infantil para cuidar sus pequeños pies (1 a 3 años)

Si hace un tiempo os hablaba de la importancia de comprar un calzado infantil adecuado para los niños de 0 a 12 meses. Hoy vengo con el siguiente tramo de edad, de 1 a 3 años. Una etapa de desarrollo importantísimo de los pies de nuestros pequeños. Y en la que comprar un calzado adecuado es básico para su correcto crecimiento.

¿Que debemos buscar en un calzado para niños que empiezan a caminar?

Las características de los zapatos que debemos buscar para los niños que empiezan a andar, hasta los 3/4 años, son similares a las descritas en la época anterior. Aunque con algunas diferencias.

  • Debe ser un calzado hecho con materiales de calidad. Flexible, que proteja el pie de las inclemencias del tiempo y, a la vez, permita su correcta transpiración.
  • El zapato debe tener una holgura de entre 1 y 1,5 centímetros, para dejar que los dedos tengan movilidad y no vayan aplastados.
  • Son preferibles las punteras redondeadas o cuadradas en las que los dedos de los peques no queden apretados.
  • Tanto la puntera como el talón deben estar reforzados para proteger bien los pies de golpes.
  • El zapato debe quedar bien sujeto al pie del niño, por debajo de los huesos el tobillo. Si son zapatos abotinados deben poseer una caña blanda y flexible que no imposibilite sus movimientos, pero si fije bien el talón dentro del zapato.
  • Su suela debe ser de goma. Plana, flexible y antideslizante.
  • El interior del zapato debe tener materiales de calidad, sin costuras internas.
  • El cierre mas recomendado para esta etapa es el de tipo velcro. Con ello favorecemos la autonomía de los peques llegado el momento y el desarrollo de su psicomotricidad.

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Recomendaciones adicionales

A modo mas general, siempre es conveniente ir a comprar los zapatos acompañados de los niños, para evitar no acertar con la talla. Para ello se recomienda ir a última hora de la tarde, cuando los pies están más hinchados. Llevar el tipo de calcetín que se vaya a poner con el zapato a probar. Y Comprobar que tiene la holgura adecuada llevando el pie hacia delante e introduciendo nuestro dedo en la parte del talón del zapato. Debería cabernos sin problemas.

Para estar en casa optaremos por zapatillas con las mismas características generales que los zapatos. Materiales de calidad, flexibles y antideslizantes. También podéis optar por calcetines antideslizantes. O, si el tiempo lo permite, dejar que vuestros hijos anden con sus pies descalzos. Se llenaran los pies de roña, pero es algo super saludable para el correcto desarrollo de sus pequeños pies.

¿Que hacemos nosotros?

Pues la verdad es que, aunque uno intenta ser sensato y comprar siempre calzado de calidad. No voy a venir aquí a tirarme el moco de que nunca le he comprado a mi hija un zapato regulero en una tienda de las que todos frecuentamos, solo porque me parecía monísimo de la muerte. ¡Mea culpa! Lo que si intento es que no se conviertan en su calzado habitual, sino dejarlos para ocasiones puntuales o el modelito de turno.

Valkiria tiene muchos zapatos. Creedme, ¡casi mas que yo! Sin embargo, para todos los días combinamos deportivas y zapatos de piel. Ya sabéis que no es conveniente que los niños vayan exclusivamente con zapatillas de deporte. ¿O voy a ser la única  a la que su madre, de adolescente, le repetía que se le iban a deformar los pies de tanto usar zapatillas de deporte? En fin… que me voy por los cerros de Úbeda. Creo que este tema es serio y a tener en cuenta a la hora del correcto desarrollo de los pies de nuestros peques. Pero que tampoco pasa nada si, de vez en cuando, nos saltamos un poquito las normas.

Y vosotros, ¿Seguís las normas para este tema u os las saltáis de vez en cuando?