¡Que mandona eres hija mía!

Como dice el Papá Cascarrabias, con Valkiria tenemos una futura delegada de clase en potencia. ¡Madre del amor hermoso! ¡Como le gusta a esta niña dirigir el cotarro! A ella le va. Le mola. Lo lleva dentro. No sugiere… ordena. Es una mandona de manual. Aunque yo de momento la llamo mini mandona ¡y no le gusta nada!

Cada niño tiene su carácter. Sin embargo, en el caso de las niñas, no se porqué, suele ser habitual lo de que sean bastante mandonas. No se puede generalizar, claro está, pero es de esas cosas que se dicen. Como lo de que son mas espabiladas. O mas zalameras. Creencias aparte, si, debe de ir con el carácter. Y oye, que no digo yo que lo de ser mandón e ir dirigiendo al personal sea necesariamente malo. La capacidad de liderazgo bien orientada puede ser muy positiva para su futuro. Pero si creo que hay que controlar este tema y, en el caso de mi hija, hay que atarla en corto. Sino acabará pensando que aquí estamos todos para bailar al son que ella toca.

Con la manía que tenemos ahora de ponerle nombre a todo, a poco que buscas sobre el tema te sale la palabra “síndrome”. Si, si, tremendo palabro para ponerle a un niño tan pequeño. Y si nos ponemos en esa tesitura de jerga psicológica, también podríamos hablar del efecto Pigmalión. Es decir, tanto se le dice a un niño que es mandón, malo, tonto o listo, que al final se lo cree. Pero si, a eso de ser muy mandón ahora le llaman síndrome del emperador.

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De todas maneras, aguanten los caballos, que no digo yo aquí que cualquier niño mandón ya tiene el síndrome del emperador. Supongo que, como en casi todo, hasta llegar ahí, hay mucho camino recorrido y muchas cosas que podemos hacer para evitarlo. Todos hemos visto alguna vez algún niño comportarse como un verdadero tirano y no creo que nadie quiera eso ni para su hijo ni para su casa. Sigue leyendo…

Consejos de padre (54): Diarrea verbal

Que bonitas son las primeras palabras de un niño. La primera vez que dice papá o mamá. Sus primeras frases de dos y tres palabras. La primera conversación medio coherente que puedes mantener con ellos. ¡Todos ellos momentos inolvidables y mágicos! Pero… ¡Ay, que la niña me ha salido parlanchina! Y vivimos en un estado de constante diarrea verbal que no cesa en ningún momento del día.

Adoro la manera que tiene Valkiria de expresarse. Sus expresiones de vieja y lo bien que se comunica y se hace entender. Tiene facilidad para el lenguaje, eso es innegable. Y suelta cada una que deja al mas plantáo con el culo cuadráo. Pero todo tiene su parte buena y su parte mala. La mala es cuando te das cuenta de que, como decía mi madre, la niña no calla ni debajo del agua. ¡que no me oigo ni mis pensamientos!

Que intento hablar con el Papá Cascarrabias de algo, ahí esta ella metiendo baza. Llaman por telefono, alrededor la tengo pegando saltos y arrancandome el telefono de las manos mientras repite: “¿Quien es?¿Quien es?“. Que vamos por la calle con mucho tráfico y no hay manera de oir nada… tranquilos, ella sube el volumen y continúa con su diarrea verbal.

Si me está leyendo mi madre ahora mismo pensará: “castiguito divino…” porque esa expresión, tan exageradamente andaluza, era la que me decía ella a mi. En el fondo, muy en el fondo, se que no me puedo quejar, porque en eso, esta niña ha salido a mi. Y como dicen en mi tierra: “Bendita la rama que al tronco sale”. Pero, disculpadme la reacción de malamadre total, ¡es agotador! ¿A alguien le sobran unos tapones por ahí?

Si no esta contándote algo o hablando contigo, está cantando. Sino poniendo vocecitas mientras juega. Cuando come, habla más aún, muchas veces para evitar comer, otras porque creo que siente que si nosotros hablamos, ella también debe hacerlo. Y cuando toca dormir… ¡ni así calla! Va murmurando cosas en voz muy muy bajita, ¡la cuestión es no callar!

Eso si, que no aparezca nadie, ya no hablemos de desconocidos, y le pregunte cualquier cosa. Entonces de repente, ¡se le ha comido la lengua el gato!

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¿Sufren vuestros hijos de diarrea verbal?

¿Como la sobrelleváis?

La importancia de practicar el agarre de pinza

Cuando empezamos este primer curso de cole de mayores sabíamos que el trato sería diferente. No hablo de mejor ni peor. Hablo de diferente. Comprensible cuando pasas de una guarde pequeñita con solo 15 niños por clase, a un cole con tres clases de primero de infantil de 25 niños cada una. Quieras o no, dejan de estar tan entre algodones y tienen que empezar a desarrollarse por si mismos en muchas cosas que antes no eran tan importantes. Durante todo un curso trabajan muchísimas cosas. No solo en cuanto a conceptos, sino también temas de destreza, desarrollo de la psicomotricidad gruesa/fina y autonomía personal.

En la primera reunión que tuvimos con su profesora, nos comentó lo importante que era que aprendieran bien a coger cosas como colores o los cubiertos al comer. Que debíamos practicar con ellos en casa el tema del agarre de pinza. ¡No había oído eso en mi vida! Ni siquiera sabía lo fundamental que podía llegar a ser para su desarrollo.

Al poco tiempo, un día la seño me dijo, a nivel personal, que debíamos buscar ejercicios para fortalecer la musculatura de las manos de Valkiria. Así mejoraríamos su agarre de pinza y con ello desarollaríamos la psicomotricidad fina. Había observado que Valkiria en seguida se cansaba de pintar y que, cuando lo hacía, pintaba muy flojito, sin apenas fuerza. Nos sugirió varios tipos de ejercicios y nos dijo que practicáramos en casa con ella. Sigue leyendo…

Calzado infantil para cuidar sus pequeños pies (1 a 3 años)

Si hace un tiempo os hablaba de la importancia de comprar un calzado infantil adecuado para los niños de 0 a 12 meses. Hoy vengo con el siguiente tramo de edad, de 1 a 3 años. Una etapa de desarrollo importantísimo de los pies de nuestros pequeños. Y en la que comprar un calzado adecuado es básico para su correcto crecimiento.

¿Que debemos buscar en un calzado para niños que empiezan a caminar?

Las características de los zapatos que debemos buscar para los niños que empiezan a andar, hasta los 3/4 años, son similares a las descritas en la época anterior. Aunque con algunas diferencias.

  • Debe ser un calzado hecho con materiales de calidad. Flexible, que proteja el pie de las inclemencias del tiempo y, a la vez, permita su correcta transpiración.
  • El zapato debe tener una holgura de entre 1 y 1,5 centímetros, para dejar que los dedos tengan movilidad y no vayan aplastados.
  • Son preferibles las punteras redondeadas o cuadradas en las que los dedos de los peques no queden apretados.
  • Tanto la puntera como el talón deben estar reforzados para proteger bien los pies de golpes.
  • El zapato debe quedar bien sujeto al pie del niño, por debajo de los huesos el tobillo. Si son zapatos abotinados deben poseer una caña blanda y flexible que no imposibilite sus movimientos, pero si fije bien el talón dentro del zapato.
  • Su suela debe ser de goma. Plana, flexible y antideslizante.
  • El interior del zapato debe tener materiales de calidad, sin costuras internas.
  • El cierre mas recomendado para esta etapa es el de tipo velcro. Con ello favorecemos la autonomía de los peques llegado el momento y el desarrollo de su psicomotricidad.

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Recomendaciones adicionales

A modo mas general, siempre es conveniente ir a comprar los zapatos acompañados de los niños, para evitar no acertar con la talla. Para ello se recomienda ir a última hora de la tarde, cuando los pies están más hinchados. Llevar el tipo de calcetín que se vaya a poner con el zapato a probar. Y Comprobar que tiene la holgura adecuada llevando el pie hacia delante e introduciendo nuestro dedo en la parte del talón del zapato. Debería cabernos sin problemas.

Para estar en casa optaremos por zapatillas con las mismas características generales que los zapatos. Materiales de calidad, flexibles y antideslizantes. También podéis optar por calcetines antideslizantes. O, si el tiempo lo permite, dejar que vuestros hijos anden con sus pies descalzos. Se llenaran los pies de roña, pero es algo super saludable para el correcto desarrollo de sus pequeños pies.

¿Que hacemos nosotros?

Pues la verdad es que, aunque uno intenta ser sensato y comprar siempre calzado de calidad. No voy a venir aquí a tirarme el moco de que nunca le he comprado a mi hija un zapato regulero en una tienda de las que todos frecuentamos, solo porque me parecía monísimo de la muerte. ¡Mea culpa! Lo que si intento es que no se conviertan en su calzado habitual, sino dejarlos para ocasiones puntuales o el modelito de turno.

Valkiria tiene muchos zapatos. Creedme, ¡casi mas que yo! Sin embargo, para todos los días combinamos deportivas y zapatos de piel. Ya sabéis que no es conveniente que los niños vayan exclusivamente con zapatillas de deporte. ¿O voy a ser la única  a la que su madre, de adolescente, le repetía que se le iban a deformar los pies de tanto usar zapatillas de deporte? En fin… que me voy por los cerros de Úbeda. Creo que este tema es serio y a tener en cuenta a la hora del correcto desarrollo de los pies de nuestros peques. Pero que tampoco pasa nada si, de vez en cuando, nos saltamos un poquito las normas.

Y vosotros, ¿Seguís las normas para este tema u os las saltáis de vez en cuando?

 

 

Vacaciones: Sin rutinas y a lo loco

Estaba deseando que llegaran las vacaciones de navidad como agua de mayo. Días para compartir en familia, celebrar, pasar tiempo con Valkiria y con el Papá Cascarrabias. ¡Y vaya si lo hemos hecho! Nos a dado tiempo a hacer un montón de cosas, pero vale… ¡Ya está! ¡Vacaciones ya os podéis ir… rutina puedes volver cuando quieras!

No todos los niños son iguales y mi hija es de la que necesita rutinas. Es una niña muy inquieta y, desde bien pequeña, comprobamos que las rutinas le hacen estar mas tranquila. Le dan seguridad. ¿Y que pasa en vacaciones? Pues imagino que no seremos los únicos… ¡Descontrol absoluto! Ya no se madruga tanto. Comemos mas tarde. La siesta (si se hace…) mas tarde también. Y cuando llega la hora de dormir no hay quién consiga acostar a la niña. Y nos dan las tantas en su cuarto, en el nuestro o en el salón intentando que baje el ritmo y se duerma.

Las vacaciones de navidad no son como las de verano. En navidad tenemos exceso de emoción y eso no lo estamos llevando bien. Reconozco que parte de la culpa es nuestra, pero no toda. Ya un mes antes de las vacaciones en el cole empiezan con el tema de la navidad. Lógico y normal. Pero ahí comienza a crecer el nivel de interés y expectación. Luego estamos nosotros, los padres y demás familia, que, como nos hace casi mas ilusión que a ella verla vivir todo esto, sin querer la liamos mas parda aumentando esa emoción. Nos pasamos el día diciéndole cosas como: “Si no te portas bien los Reyes Magos te traerán carbón”, “Se buena que Papá Noel te está viendo”, “¿Ya has hecho la carta?” etc, etc, etc… (curioso lo que se usa esto para amenazar…) Y donde no debería pasar nada, porque es algo que se ha hecho toda la vida, tenemos una Valkiria sobreexcitada (con demasiada presión) para solo tener 3 años y ser el primero que realmente se da cuenta de todo esto de las navidades.

¡Nos hemos pasado! Lo reconozco. Y nos hemos dado cuenta tarde porque esto ha tenido consecuencias (o al menos yo creo que se debe a esto…). Como será la cosa que, la mañana de navidad, Valkiria me dijo: “Mamá, a los niños malos Papá Noel les trae carbón, pero a mi me ha traído regalos“. Alucinada me dejo con su asociación. Lo que quiere decir que aquello había calado mas de la cuenta y realmente la tenía preocupada. Su conclusión, evidentemente, fue que si no le habian traído carbón, después de tanto habérselo repetido, es que ella había sido buena (y nosotros sin darnos cuenta…). Sigue leyendo…