Consejos de padre (54): Diarrea verbal

Que bonitas son las primeras palabras de un niño. La primera vez que dice papá o mamá. Sus primeras frases de dos y tres palabras. La primera conversación medio coherente que puedes mantener con ellos. ¡Todos ellos momentos inolvidables y mágicos! Pero… ¡Ay, que la niña me ha salido parlanchina! Y vivimos en un estado de constante diarrea verbal que no cesa en ningún momento del día.

Adoro la manera que tiene Valkiria de expresarse. Sus expresiones de vieja y lo bien que se comunica y se hace entender. Tiene facilidad para el lenguaje, eso es innegable. Y suelta cada una que deja al mas plantáo con el culo cuadráo. Pero todo tiene su parte buena y su parte mala. La mala es cuando te das cuenta de que, como decía mi madre, la niña no calla ni debajo del agua. ¡que no me oigo ni mis pensamientos!

Que intento hablar con el Papá Cascarrabias de algo, ahí esta ella metiendo baza. Llaman por telefono, alrededor la tengo pegando saltos y arrancandome el telefono de las manos mientras repite: “¿Quien es?¿Quien es?“. Que vamos por la calle con mucho tráfico y no hay manera de oir nada… tranquilos, ella sube el volumen y continúa con su diarrea verbal.

Si me está leyendo mi madre ahora mismo pensará: “castiguito divino…” porque esa expresión, tan exageradamente andaluza, era la que me decía ella a mi. En el fondo, muy en el fondo, se que no me puedo quejar, porque en eso, esta niña ha salido a mi. Y como dicen en mi tierra: “Bendita la rama que al tronco sale”. Pero, disculpadme la reacción de malamadre total, ¡es agotador! ¿A alguien le sobran unos tapones por ahí?

Si no esta contándote algo o hablando contigo, está cantando. Sino poniendo vocecitas mientras juega. Cuando come, habla más aún, muchas veces para evitar comer, otras porque creo que siente que si nosotros hablamos, ella también debe hacerlo. Y cuando toca dormir… ¡ni así calla! Va murmurando cosas en voz muy muy bajita, ¡la cuestión es no callar!

Eso si, que no aparezca nadie, ya no hablemos de desconocidos, y le pregunte cualquier cosa. Entonces de repente, ¡se le ha comido la lengua el gato!

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¿Sufren vuestros hijos de diarrea verbal?

¿Como la sobrelleváis?

Ha llegado el momento… ¡Adiós pañal!

¡Pues si! El momento de abandonar el pañal, al menos de día, ha llegado. Y la decisión la hemos tomado así, de repente, casi casi de un día para otro. A ver, no me malinterpretéis, todo esto, en realidad, nunca se hace de un día para otro, siempre es conveniente que haya un trabajo previo, y nosotros lo hemos hecho, pero el gran salto de fe si que lo hemos dado de un día para otro y ahora os explicaré el porqué.

Nosotros compramos el orinal el verano pasado, en un momento en el que vimos que Valkiria empezaba a mostrar interés por el tema orinal e incluso nos empezó a avisar cuando tenía pipi. En ese momento ella tenía 20 meses. A mi, personalmente, me parecía pronto, pero como se supone que a partir de los 18 meses pueden estar preparados para ello, decidimos que por ir familiarizando a la niña con el orinal no pasaba nada. Luego la cosa no tiró para adelante. Valkiria hizo algunos pipis en el orinal, nosotros hacíamos un festival cada vez que hacía uno, pero a los tres días se cansó y decidió que no quería volver a sentarse ahí, por mucho que el cacharro fuera de Peppa Pig. Sin ningún tipo de drama abortamos plan y el orinal quedó guardado a la espera de un momento mejor.

Hace cosa de un par de meses, volvimos a sacarlo y a ella le hizo mucha ilusión. Así empezó a hacer pipi en el orinal de vez en cuando, sin presiones. Todo esto vino porque en su guarde, mas de la mitad de los niños ya no llevan pañal, son de principios de año. Valkiria, que se fija en todo, empezó a mostrar interés por sentarse en el Wc y su Seño comenzó a sentarla (allí los tienen pequeñitos) como a los demás. Nos comentó que la veía preparada, que muchas veces que la sentaba tenía el pañal seco y a ella le emocionaba mucho hacer pipi como sus compañeros, incluso se levantaba gritando “¡soy mayor!”. En aquel momento decidimos esperar porque no siempre nos decía si tenía ganas de pipi o no y porque estábamos entrando al invierno. Pero aun así, en el cole siguió haciendo pipis en el WC y en casa en el orinal hasta que, poco a poco, hemos llegado al punto en el que nos encontramos ahora.

adiós pañales operación pañal

Desde hará unas dos semanas, los ratos que pasa Valkiria en casa sin pañal son cada vez mayores. Es llegar a casa y se lo quiere quitar. Hasta el punto de que ayer mismo, se negaba a ponerselo y me costo horrores convencerla de que se lo tenía que poner porque nos íbamos a la calle. Solo la convencí diciendole que cuando llegaramos a casa de los yayos le volvería a quitar el pañal y a poner unas braguitas. Y ahí fue donde me quedé rayada dándole vueltas al tema porque, solo un par de días antes, hablando con su profesora, me había vuelto a decir que la veía super preparada, que incluso ahora ya no esperaba a que ella la llevara a hacer pipi, sino que, si tenía ganas, se iba al cuarto de baño, se quitaba el pañal sola y se sentaba a hacerlo. Pero yo le dije que preferíamos esperar a que llegara el buen tiempo y así de paso, pasaran las vacaciones de semana santa (que tenemos pensado bajar al pueblo y toca viaje de 5 horas). ¿Nos estábamos equivocando? ¿Estábamos solo pensando en nuestra propia comodidad? ¡Pues si! ¡Nos estábamos dejando llevar por eso!

Lo peor de todo, y por lo que la decisión ha sido tomada de un día para otro, es que creo que por nuestra propia comodidad puede que estemos dejando pasar el momento idóneo en el que Valkiria está totalmente preparada para ello. ¿Y si por esperar, dentro de un mes, ya se nos ha pasado el arroz?  Como con casi todo en la crianza y desarrollo de los niños, el ritmo lo marcan ellos, y aunque nosotros no lo quisiéramos ver, Valkiria estaba reclamando su momento, ¡ahora! Por eso ayer, ya no quería el pañal, diciéndome que ella ya era mayor y quería braguitas.

Así que nada, manta a la cabeza y para atrás ni para coger impulso. ¡Deseadnos suerte! Os aviso que esta semana estaré muy monotemática con este tema, pero es que es lo que toca… En el siguiente post os hablaré de cuando se supone que los niños están preparados.

¿Cuando decidisteis quitar el pañal?

¿Como fue vuestra experiencia?

 

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Mi hija no quiere dormir

Que Valkiria no quiera dormir no es ninguna novedad, más bien es una constante en su vida. Me recuerdo, desde que era un bebé recién nacido, preocupada porque no dormía todo lo que, según los estándares, se supone que debe dormir un bebé a cada edad. Pronto nos dimos cuenta de que, al ser una niña muy inquieta, le costaba mucho relajarse y por lo tanto dormir. Esto sucedía igualmente por la noche y para las siestas. Pero al final te acostumbras, pues es lo que hay y aunque puedas intentar hacer algo para cambiar, un poco, la situación, muchas veces el fin no justifica los medios.

Fueron pasando los meses y cada vez hacía menos siestas, hasta que, pasado el año y poco, todo quedó reducido a una sola siesta que hacía a medio día. Para que durmiera tenía que mecerla hasta el agotamiento en la mochila y luego dejarla con suavidad en la cama, ¡desarrollé habilidades ninja!… Así seguimos, durmiendo unas noches más, otras menos y haciendo una sola siesta diaria que podía variar de una a tres horas. ¡Y llegaron los 2 años!

Los 2 años han supuesto un cambio bastante importante a muchos niveles. Por supuesto en todo lo relacionado con la reafirmación del carácter, la independencia y la autonomía personal; han llegado las rabietas, la explosión del lenguaje, comer a trozos y el pipi de mayores, ¡muchas cosas en apenas 4 meses! Y como no, a la hora de dormir también hemos notado cambios.

Como ya sabéis la cambiamos a la cama de mayores hará unos meses y llevó super bien esta nueva situación. Todo lo que le haga sentir mayor le encanta. Para dormirse, nosotros nos tumbamos con ella, uno de los dos y le contamos un cuento, dos, o lo que se tercie hasta que se duerme. Es decir, tenemos ya una rutina de sueño establecida. Pero desde hace un tiempo, es llegar la hora de ir a dormir y empieza a marear. “No teno sueño, No quiere dormir“. Esto nos repite una y otra vez los días que está más obcecada en no querer dormir. Hay otros en los que conseguimos que vaya a la cama, pero por mas cuentos que le cuentes no para quieta, no se relaja lo más mínimo y solo hace que cantar y contar sus propias historias. Es como si, directamente, se negara a dormirse. Da igual que tu la veas frotarse los ojos, rojos de sueño, y muerta de cansancio. ¡Ella no quiere dormir y punto! Y entonces es cuando el cansancio se da la vuelta y ya si que es imposible que se duerma.

Esos días son agotadores, porque una vez han pasado ese límite, cualquier cosa es un drama, cualquier cosa es ponerse a llorar o a hacer la croqueta por el suelo. Y, sinceramente, después de todo el día, mi nivel de paciencia baja considerablemente.

Llegamos a pensar que se tratase de miedos, pues pasó unos días que parecía tener terrores nocturnos e incluso decía que había cosas en la habitación que le daban susto, pero eso conforme vino, se le fue. Si es cierto que desde ese momento, duerme siempre con algún peluche o bebé que le hace compañía, sin llegar a tener uno preferido, pero no creo que los miedos sean la base del problema.

Como con casi todo, en la guardería la historia es bien distinta. Allí duerme la siesta sin ningún problema, no se niega como en casa y aunque igualmente le da por hablar, se duerme sin dar mucha batalla. Los fines de semana, en cambio, es otro cantar. Si da la casualidad que nos quedamos en casa aún tolera el irse a dormir la siesta, no sin antes estar un rato convenciéndola y diciéndole que nosotros también nos vamos a dormir. Pero el problema viene cuando vamos a comer fuera, a casa de unos u otros abuelos. Ahí ya la cosa se trastoca de tal manera que cada día nos cuesta más que se duerma. Todo es: “Cariño, hay que dormir un poco de siesta” Y ella empezar a decir que no y a enfadarse. Si la cosa no va muy mal, suele colar lo de ir a dormir con la abuela (si estamos en casa de mis padres) y al final, después de una y mil historias, acaba durmiéndose. Pero en casa de mis suegros es aun más difícil. Hace dos fines de semana acabó llorando como una magdalena porque me tumbé con ella a dormir y no nos movimos de la habitación hasta que se durmió la siesta. El pasado finde, directamente, no tenía cuerpo para peleas y la dejé estar. No me gusta pelearme con ella para que haga las cosas, no hasta ese punto. Así que no durmió.

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-Maneras super cómodas de hacer la siesta-

¿Y que pasa esos días? Pues que la tarde va empeorando conforme avanzan las horas, al mismo ritmo que lo hace su cansancio. Y, o bien se acaba durmiendo del mismo agotamiento, en el coche de vuelta a casa, con el consecuente descontrol que supone una siesta tardía. O no se duerme pero está tan cansada que no se aguanta ni ella, y ya todo son lloros, por el baño, por ponerse el pijama, porque no quiere ni cenar, ¡un drama total!

Así que no se que es peor, pelearme con ella para que duerma siesta o que no duerma y llegue agotada al final del día. Lo que tengo claro es que a esta niña no hay por donde cogerla, porque nunca quiere irse a dormir, ella solo se duerme de puro agotamiento, pero mucho menos le gusta que la despierten, ni por las mañanas ni de la siesta, ¡menuda mala leche se gasta si la despiertas!  Y así vamos, que ya no se si esto se trata de una fase más o es quizá el principio del fin de las siestas… Contadme vuestras experiencias.

¿Que hacéis cuando vuestros peques no quieren dormir?

 

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Y la explosión del lenguaje llegó

La crianza de un bebé/niño está llena de etapas. Las hay horribles y las hay maravillosas, pero al final todos acaban pasando por lo mismo, antes o después. Yo tenía la sensación, hace como un año, de que Valkiria no iba a soltarse a hablar nunca (a veces me pongo muy Queen of Drama, que le vamos a hacer) y los meses fueron pasando y en verano empezó a aumentar su vocabulario y poco a poco fue formando pequeñas frases e incluso mantuvimos nuestras primeras conversaciones, ¡momentazos únicos donde los haya! Pero la locura de los últimos meses me ha hecho olvidar cuando fue que mi hija se convirtió en una pequeña viejita con la que puedes mantener una conversación medio coherente y que todo lo repite. Imagino que fue a raíz de su segundo cumpleaños que de repente hubo una explosión en su forma de usar y dominar el lenguaje y desde entonces… ¡esto esta siendo un no parar!

El primer y para mi mas significativo cambio relacionado con el lenguaje es que ahora ya empieza a tener memoria a largo plazo. Me explico. No es que hasta ahora tuviera memoria de pez, sino que antes le podías decir algo para amansar algun momento de rabieta en plan: “mañana vamos al parque” o “cuando lleguemos a casa te doy un vaso de leche” pero, ¡ay amiga como luego no lo cumplas! ¡Se acuerda de tó y se encarga de recordartelo! Al menos Valkiria, que no se le escapa una, así que tengo que tener mucho cuidadito con que le prometo o que le digo porque si luego no lo cumplo el pollo puede ser apoteosico. Bueno, y por otro lado yo prefiero no “mentir y engañar” a mi hija, que mi padre era mucho de eso y aún me acuerdo de alguna memorable.

Supongo que el hecho de que empezara este año la guardería también tendrá cierta influencia en todo esto, para bien y para mal. Aprende a la velocidad del rayo, todo lo que oye, incluidas expresiones que le oirá a las seños, como cuando le dio por decir “homeeeee” (¡hombre!), una expresión muy valenciana; pero también se queda con alguna cosilla mala que dicen otros niños como llamar “tonta” que pasamos una fase que lo decía a menudo y en casa no lo decimos o “pereraja” (pequeñaja) que suponemos se lo dicen algunos niños de su clase a ella (y solo tienen 2 años…).

Lenguaje-maternidad-como-puedas

Ahora ha aprendido a decir las cosas que le gustan y no le gustan. Cuando algo le gusta dice: “esto me gusta mucho” pero cuando no le gusta te suelta un: “esto no me gusta, puaj” ¡y se queda mas ancha que larga!

Desde hace algún tiempo, para que no se me olvide, voy apuntando cada palabra mal dicha o graciosa que dice Valkiria. Esto es lo típico que años después a todos los niños les hace gracia saber y si no lo apuntara se que lo acabaría olvidando. Entre todas ellas hay algunas que ya las dice bien y hay otras que no están mal dichas pero son expresiones que entran dentro de la lógica aplastante de un niño de dos años. Vamos a hacer un repaso por ellas:

Dodache, cococache: estas son sus dos maneras de llamar al chocolate. La primera que empezó a usar fue “dodache” y me costó unos días entender que quería, hasta que se dio cuenta de que si me decía “leche dodache” (leche con chocolate) entonces si la entendía. Desde entonces le tiene un afán a la leche con chocolate que no es ni medio normal.

Cococho: ¿que es lo que preparamos juntas en la cocina usando el horno? Pues un “cococho” (bizcocho), ¡ella lo tiene clarísimo! Y el que más le gusta, como no, es el “cococho de cococache“, ¡toma ya!

Cucacha: como veis, creo que a la niña las palabras con “ch” le generan cierta confusión, porque siempre las cambia de orden, a su manera. Así ella la sopa siempre se la come con “cucacha” y aunque se lo repitas bien, ella te mira y muy sería te lo repite a su modo, como diciendo: “claro mamá, si es lo que he dicho“.

Pachum: esto es lo que usamos para lavarnos la cabeza, ¡claramente!

Pupachus: No soy de darle caramelos a la niña, pero el otro día tuvieron cumple y se comió su primer “pupachus” (chupachus) y desde entonces si ve uno lo quiere, ¡como no!

Chichichito: Con esta palabra se le hace un trabalenguas del que casi no sabe salir, para ella las cosas son grandes o “chichichitas” (chiquititas). Aunque para esta palabra acaba antes usando la versión catalana y dice “petita” (pequeñita), esta si la tiene clara.

Chipito: no, no, no estamos hablando de Chiquito (de la calzada), esta es su versión de bichito, algo que yo suelo llamarle a menudo. Ella ha decidido darle una vuelta y me dice: “chipito tuuuu” (bichito tu).

Pusilia: Abandonamos la sección de las “ch” para llamar a la “pusilia“(policía), le encanta verlos yendo en coche, en moto o a caballo, así es como más le gustan y siempre me dice: “mira mamá, la pusilia“.

Tapones: pues no, no se refiere a lo que usamos para tapar las cosas, no. Ella quiere sus “tapones“(tacones) de Elsa que le han traído los Reyes Magos. Y va por la casa taconeando feliz (menos mal que vivimos en un primero), pero de vez en cuando se mete cada leche que pá que! ¡Y es que lo de andar sobre tacones, por pequeños que sean, nunca fue fácil!

Cama riristica: A Valkiria le encanta el parque de bolas, ¡a que niño no le gusta! Y este año, además, vamos muy a menudo al de los padres de una compañera suya de clase, así que le esta pillando mucha mucha afición a la “cama riristica” (cama elástica) ¡y yo también! No recordaba lo que mola saltar ahí (ni lo agotador que es…).

Patatitas de puente: Esta expresión generó uno de esos momentos de frustración porque no la entiendes. Se lo dijo al Papá Cascarrabias y este, pensando que le pedía algo de cenar, le decía: “ay pues no se que cenaremos, a ver que ha preparado mamá“. A la tercera vez que se lo dijo, Valkiria muy indignada se incorporó del cambiador (la estaba vistiendo tras el baño) y señalando le dijo: “esoooooooo“. Se refería a sus zapatillas de estar por casa que parecen zapatos de duende, por eso “patatitas de puente” (zapatillas de duende).

Cueva de coches: Esto me lo dijo un día yendo en coche y no sabía a que se refería, no porque no la entendiera, sino porque no sabía que me quería decir. Me dijo: “¿Mamá, vamos a la cueva de coches?” y yo con mi pokerface, hasta que entendí a que se refería. Días antes habíamos ido a un centro comercial y se ve que le alucinó eso de bajar a un sitio profundo y lleno de coches. Así a través de su prisma, para ella aquello era una cueva de coches, ¡y con toda la lógica del mundo!

Y hasta aquí todas las que he ido apuntando, ¡que no son pocas! Por lo demás hemos notado que domina mucho mas el lenguaje a la hora de hacer frases e incluso empieza a conjugar verbos. Su vocabulario también ha aumentado considerablemente y todo esto facilita, ¡mucho!, nuestra comunicación del día a día. Ya cada vez hay menos momentos que no entendamos lo que nos quiere decir e incluso en la guarde sus profesoras alucinan con lo mucho que habla y lo claro que lo hace. Siempre esta hablando, cuando no es con alguien, es ella sola o está canturreando alguna canción, como dije, ¡esto es un no parar! Pero a mi se me cae la baba con cada cosa nueva que aprende a expresar… amor de madre infinito.

¿Cuales fueron las confusiones del lenguaje mas graciosas de vuestros peques?

¿Notasteis la explosión del lenguaje en ellos?

 

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Pequeños grandes pasos

Antes de ser madre, años antes, pensaba que todos los bebés empezaban a hablar llegado el año. Pero hablar, hablar, no con frases compuestas, pero si con muchas palabras. ¡Que equivocada estaba! 

Supongo que habrá bebés que sean portentos del lenguaje y con un año tengan un buen número de palabras en su vocabulario. Pero ese no es nuestro caso. No siento decepción, ni mucho menos. Pero, dentro de saber que esto es normal, si que siento un poquito de preocupación. Valkiria va a cumplir 16 meses en una semana y su vocabulario se reduce a escasas 10 palabras. Mas allá del papá, mamá y teta, sabe decir yaya, tata, tita, no… y poco más. Mi preocupación, de todos modos, es relativa, porque como en todas las fases del desarrollo de un bebe, cada uno tiene su ritmo. Además, ella se está criando en un ambiente totalmente bilingüe castellano/catalán y tengo entendido que estos niños tardan un poco más en soltarse a hablar.

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Como ni su padre ni yo tuvimos una crianza bilingüe en casa, los recuerdos de nuestras madres no son un referente fiable en ese sentido. Pero una cosa tengo por seguro, y eso es lo que me deja más tranquila, nos entiende a la perfección, tanto si le habla su padre (en catalán) como si le hablo yo (en castellano). ¡Se queda con todo!. Y es capaz de entender frases en las que hay mas de una acción, del tipo: “coge la pelota y guardala en el cajón”. Sigue leyendo…