El destete (III): El final

En esta vida todo tiene su principio y su fin. Todo empieza y acaba, es el ciclo natural de las cosas. Y si los inicios de nuestra lactancia no fueron fáciles, el fin de la misma no ha sido tan difícil ni tan apocalíptico como yo me imaginaba. Llegó el momento del destete total, después de varios meses de ir quitando una toma tras otra y, mirando atrás, creo que dentro de lo que cabe ha ido bastante bien. Os cuento como fue la fase final de nuestro destete respetuoso.

Había pasado un mes desde que quitamos la toma de la mañana y ya solo nos quedaba la toma de antes de ir a dormir. Hemos ido a mes por toma, que igual es mucho, pero ella lo ha llevado bien y mis pechos han tenido tiempo de volver a su sitio (más o menos…). Faltaba una semana para irnos de vacaciones con los suegros a ver a la familia. Allí no íbamos a poder seguir el ritmo ni la rutina normal de casa, así que decidí que había llegado el momento de quitar esa última toma y decir adiós definitivamente a nuestra lactancia.

Con todas las ganas que tenía de destetarla, reconozco que los días de antes tenía una sensación rara y justo el día de antes, el día en el que fue la última toma, lo pasé muy muy triste. Supongo que, a pesar de mis ansias por acabar la lactancia, en el fondo sentí que se cerraba una etapa de nuestras vidas, algo que ya nunca más volvería, al menos con ella. Mi niña se estaba haciendo mayor y mi sentimiento de tristeza se aferraba a ese último momento de conexión intima entre las dos.

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Y llegó el día en cuestión. Ella pidió teta, como de costumbre y yo le empecé a explicar que ya no podía ser porque mamá estaba cansada y ella ya era mayor. Que mamá iba a seguir durmiendo con ella, que no tenía de que preocuparse. La salvación de aquellas primeras noches volvió a ser nuestra mochila ergonómica, en ella la mecía paseando de arriba a abajo toda la casa. Apenas lloró un poquito los primeros días, luego lo entendió y aceptó sorprendentemente rápido.

Para intentar generarle una nueva rutina y que entendiera mejor las cosas recurrimos a unos cuentos para ir a dormir. Fueron todo un éxito (ya os hablaré de ellos) y durante unas semanas esa fue nuestra nueva rutina. Baño, cena, cuento y a dormir. Solo hubo alguna noche aislada que pidió teta, pero sin llegar a insistir. El hecho de dormirla en la mochila donde podía estar pegadita a mi cuerpo satisfacía su necesidad de apego.

A raíz del destete total si que he notado dos cosas que no se si están directamente relacionadas con el o son simplemente coincidencias:

  • La primera es que Valkiria empezó a estar más unida a su padre. Es algo sutil, pero ya no me reclama únicamente a mi cuando quiere algo o se hace daño y necesita consuelo. Muchas veces busca a su padre para que la ayude o para enseñarle algo. Creo que el destete a equilibrado su necesidad afectiva y ahora se siente igual de segura con mamá que con papá.
  • La segunda es que coincidiendo con el destete han aparecido las pesadillas, aunque a mi me parece que podría llamarlo terrores nocturnos. Esta es una consecuencia negativa que está teniendo el destete. Esa reestructuración o cambió en su relación de apego conmigo hace que muchas noches se “despierte” (que en realidad no lo está) llorando y pataleando, sin dejar que ni su padre ni yo la cojamos. Es una situación bastante desagradable de la que ya os hablaré mas adelante. Los primeros 15 días era casi cada noche, ahora es más de vez en cuando.

Esta última toma, la que yo pensaba que sería la más complicada de quitar, al final ha resultado ser la más sencilla de todas. Esto me demuestra, una vez más, que las cosas nunca son como nos las imaginamos. Nuestro destete ha sido largo, pero muy respetuoso. Lo hemos hecho a nuestro ritmo y a nuestra manera, pero el resultado ha sido muy bueno y estoy contenta con como ha salido todo.

¿Como fue el final de vuestra lactancia?

El destete (II)

Hace cosa de un mes os contaba como estaba yendo el destete por aquí, ahora que ya estábamos en el punto de poder iniciarlo. Como ya os conté, quedando solo tres tomas, mañana, medio día y noche, todas ellas unidas al hecho de dormir, la primera que quitamos fue la de la siesta de medio día. Nos costó mas o menos un mes conseguir que se olvidara de ella totalmente. Pasado ese tiempo, seguimos con la fase dos del destete, quitar la toma de la mañana.

Esta toma es la que solíamos hacer a primera hora de la mañana, que podía ser entre las 5 y las 8 y tras la cual seguía durmiendo ya en nuestra cama. El primer día fue bastante mal, lloraba, pataleaba y se restregaba contra mi. Simplemente tenía sueño y quería seguir durmiendo, del modo habitual, con su teta. Pero había que aguantar el tirón, así que la calmamos y acunamos hasta que se quedó dormida. Esto paso los dos o tres primeros días. Luego, para mi sorpresa, la cosa se tranquilizo y conforme la metíamos en la cama, con solo acariciarle un poquito la barriga se quedaba dormida de nuevo. ¡No me lo podía creer! Con las tres semanas que tardó en acostumbrarse con la toma anterior, que fácil había sido con esta. Pero canté victoria demasiado pronto.

Como unos diez días después, de repente, una mañana volvimos a lo del principio. De repente había vuelto a acordarse de la teta y la reclamaba entre gritos y patadas. Fueron unos días difíciles, en algunos conseguía calmarla y que siguiera durmiendo y en otros no y nos tocaba levantarnos pues se negaba a dormir. No recuerdo cuanto duró esto, pero no fue mas de una semana. Luego todo volvió a tranquilizarse y así hemos seguido el resto del mes.

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Durante todo este proceso a ella la hemos visto bien, animada y contenta, como siempre. Quizá un poco más nerviosa los primeros días de cambio de situación, pero nada escandaloso. Curiosamente, durante el resto del día ya no ha vuelto a pedir teta, ni cuando estaba cansada, ni cuando se hacía daño con algo. En esos casos, en los que la teta era tan socorrida, simplemente estando con ella y atendiéndola le era suficiente. Por tanto, la regla del “no ofrecer, no negar” la hemos medio seguido, porque, como ya os dije, aquí no funcionaba demasiado. Así que no he ofrecido y por suerte apenas he tenido que negar.

Viéndolo ahora con perspectiva se me hace todo un logro como estamos llevando todo esto, tanto ella como nosotros. Siempre quise un destete respetuoso para nosotras, pero con lo demandante que es Valkiria nunca tuve claro que lo pudiéramos conseguir. Me moría por tener uno de esos destetes que pasan como si nada, como la cosa más normal y fluida del mundo, en los que incluso es el niño el que decía basta. Y bueno, no está siendo así, pero tampoco es el apocalípsis familiar que me rondaba en mis peores pesadillas. A veces mi sangre andaluza me hace tender hacia un tremendismo dramático exagerado.

Hoy por hoy estamos inmersos en plena fase tres, aunque aún es pronto para sacar conclusiones sobre ella, así que eso lo dejaremos para dentro de unas semanas. Entonces ya os podré decir si ha terminado nuestra lactancia y como ha sido el final de este destete respetuoso.

El destete (I)

No sabría decir el momento justo en el que empezamos con el destete, al diurno me refiero, el destete nocturno lo tengo muy presente y ya os hablé de como lo hicimos aplicando el plan padre. Supongo que empezó de manera involuntaria cuando Valkiria ya hacía las cinco comidas diarias, y de manera voluntaria y consciente cuando supero su intolerancia a la proteína de la leche de vaca y, en consecuencia, comenzó a comer de todo.

Nunca, creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pensé que iba a ser capaz de llevar a cabo una lactancia tan prolongada como la que estamos teniendo. Tuvimos unos inicios complicados y en esos días no me veía capaz de llegar mas allá de los seis meses. Pero llegué. Y los supere con creces. Y aquí estamos, hablando de destete cerca de los 21 meses de Valkiria.

Cuando la alimentación complementaria ya estaba totalmente instaurada, hacíamos unas 5 tomas diarias, siempre sin contar la noche. Teníamos la toma de las seis-siete de la mañana, la de recién levantados, la de dormir la siesta antes de comer, la de antes de merendar y la de ir a dormir. Eso, siempre y cuando, no hubiera otros males que estuvieran complicando las cosas, como virus o dientes, que entonces las tomas se multiplicaban considerablemente.

De manera mas o menos natural fuimos quitando tomas. Primero la de recién levantados, esa no costó mucho. Adelanté el desayuno y listo. La de antes de la merienda costó un poco más. Yo iba a clase dos días a la semana de 3 a 5 de la tarde, mientras mis padres se quedaban con ella. Cuando llegaba a casa solo me pedía teta desesperádamente, así que por esos dos días se me desestructuraba el resto de la semana y se hacía imposible quitar esa toma.

Hace un mes terminé las clases y entonces ya fue mucho más sencillo quitarla. No me echaba en falta y por tanto no sentía esa necesidad de pedirme. Así que sencillamente dejamos esa también. Lo complicado venía a continuación. Las tomas que nos quedaban, que eran tres, estaban asociadas a dormir, bien la siesta, bien a dormir por la noche o a primerísima hora de la mañana. Aquí empezaba lo realmente difícil.

Valkiria siempre ha sido una niña muy demandante y por lo tanto muy mamona, suena mal, pero es así. Sus tomas han sido frecuentes y de duración muy larga. Yo ya sabía que eso de “No ofrecer, no negar” no iba a funcionar con nosotras. Y no me equivocaba. A esta edad ya sabe perfectamente lo que quiere, donde está y como pedirlo. Y aunque no se lo ofrezca, si cada vez que me lo pidiera le tuviera que dar, no la destetaría hasta que ella lo decidiera y no sería pronto. Como la lactancia es cosa de dos, una de las relaciones más intimas que se pueden tener en la vida, solo la mamá o el bebé tienen derecho a decir hasta aquí. Hay veces que es el bebé el que decide destetarse solo; y otras veces es la mamá la que ya no puede más. Este es mi caso y por eso decidí que haría lo que fuera para llevar a cabo el destete. Dentro del respeto, claro.

Tenía claro que no podría hacerlo sola y menos estando 24 horas junto a ella. El Papá Cascarrabias, de nuevo, era la pieza que faltaba en este puzzle. Así que hará cosa de un par de meses decidimos empezar por la toma más prescindible de las tres que nos quedaban, la de la siesta. Aprovechamos unos días de vacaciones del Papá y durante esos días era él quien dormía a Valkiria en la mochila. Pero el destino decidió que aún no había llegado el momento y dos días después, tras un fin de semana que fue mejor de lo que nos esperábamos en cuanto a lloros, tuvimos que abortar misión por virus estomacal, que luego encadenamos con resfriado y fiebre. Un mes tardamos en estar recuperados.

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-Ese día decidió que quería dormir con su bolso de Lanitas-

Hoy hace justo un mes que decidimos empezar de nuevo, coincidiendo con otros días en los que estábamos los tres juntos. Para ella dormirse con su padre es fácil, aunque evidentemente los primeros días me reclamaba entre sollozos hasta que se dormía con él. No suele tardar mas de 10 minutos. La prueba de fuego vino el primer día que nos quedamos solas. La mochila para nosotras ha sido algo imprescindible desde sus dos meses de vida. Nos facilitó muchísimo que durmiera más por su necesidad de apego, al estar cerquita mio, pero inevitablemente el binomio mochila-teta era algo común, y lo difícil ahora iba a ser romper esa pareja. Como a estas alturas ella ya entiende muchas más cosas de las que creemos, empecé por explicárselo. No se si lo entendió mas o menos, pero cuando llegaba la hora de dormir y me ponía la mochila, era inevitable y previsible que me pediría teta. Y así fue. Pero yo se lo explicaba cada día. Le decía que mamá estaba cansada y tenía que descansar, que las tetas estaban dormidas y en última instancia que estaban rotas, porque parecía que empezaba a entender ese concepto. Aparte la mecía de aquí para allá en la mochila mientras le cantaba la nana de siempre. Había días que renegaba mucho e incluso lloraba. Había otros en los que era solo cuestión de minutos. Pero siempre se acababa durmiendo.

Así estuvimos las primeras tres semanas, hasta que la última dejó de pedirlo. Ahora me la pongo en la mochila, no tarda ni 10 minutos en dormirse y está tranquila. Cuando ya la noto profundamente dormida la saco de la mochila y la dejo en nuestra cama. No creo que la manera que he tenido de hacerlo sea poco respetuosa por haberle negado lo que me pedía con tanta insistencia porque en todo momento he estado junto a ella, intentando explicarle el porque y consolándola cuando era necesario. Cada uno tiene que encontrar su manera de hacerlo o lo que mejor le funcione y para nosotros ha sido esta. Mis riñones están fatal, que ya son 10 kilos los que pesa, pero ella sigue durmiendo plácidamente y en unas semanas empezaremos la fase dos y quitaremos otra toma. ¡Bendita mochila ergonómica!

¿Como empezasteis el destete?

¿Fue vuestra decisión o lo decidieron vuestros peques?

 

Un padre sin un plan

Hoy no es Mamá Puñetera quien os escribe, sino el del otro lado de la cama. Soy Papá Cascarrabias y os voy a contar como irrumpió el “Plan Padre” en mi vida.

No recuerdo exactamente como, ni cuando, empezó (si miro hacia atrás me da la sensación de que hace mucho). Puede que sea porque el inicio fue con intermitencia; a los pocos días de haber empezado el Plan lo dejábamos aparcado y así una intentona tras otra se veía truncada, porque cuando no era por la dentición era por un retortijón. Pero la realidad era, que no estábamos preparados, ni Valkiria ni yo. Y cualquier excusa era mejor que tener que aguantar lloros y lamentos.

La verdad, siendo un poco egoísta, es que cada vez que teníamos que abandonar el Plan, había un poco de resignación y “bastante” alivio por mí parte. Porque la estampa que se veía venir no pintaba nada bonita. Habíamos acordado con Mamá que, dado que era evidente que la pequeña lloraría y reclamaría su ración de “teta” al despertarse, la cogería yo y me la llevaría a otro lado de la casa. Y allí la acunaría con la esperanza de que se volviera a dormir. Para poder dejarla de nuevo en su cuna (que por aquel entonces aún estaba al lado de nuestra cama) y así hasta el nuevo despertar. Esto era la teoría.

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Plan padre y destete nocturno

Mi experiencia con el “Plan Padre” la describiría, en una sola palabra, agridulce. No es que yo, cuando leí la primera vez de que iba el tema, pensara que esto del destete nocturno fuera a ser la cosa mas fácil del mundo, por mucho plan padre que aplicáramos. Pero, sin duda, no creí que costaría tanto, ni que pasaríamos por tantos intentos fallidos.

Recapitulemos.

Valkiria nunca ha sido una niña que durmiera bien, ni mas o menos del tirón. Al contrario, fue pasar los 4 meses y, si ya no dormía especialmente bien, la cosa empeoro considerablemente. También es cierto que por aquella época todavía no habíamos dado con el causante de la mayor parte de sus malestares. Pero incluso después de remediar aquello, la cosa no mejoró. Fuimos capeando el temporal, a rachas mejor, con tres o cuatro despertares nocturnos con sus respectivas tomas de teta; y a rachas peor, con despertares cada hora u hora y media acompañados, todos y cada uno de ellos, de teta también. Como podéis imaginar estábamos agotados, sobretodo yo, porque la niña no quería a su padre de noche bajo ningún concepto. Obviamente, acabamos colechando, pero yo no conseguía dormir bien porque no solo se seguía despertando, sino que cuando dormía no paraba de moverse y patearme. En fin, un gusto.

Aun así aguantamos como pudimos hasta que tuvo 10 meses. Verano y vacaciones del Papá Cascarrabias. En ese momento yo ya estaba en fase de desesperación total. Aquella situación me estaba haciendo llegar al límite de mis fuerzas y para mí ya se estaba tornando en un problema grande que llegaba a generarme bastante ansiedad. No dormir mas de tres horas seguidas durante casi un año es lo que tiene. Como tenía intención de seguir con la lactancia, no quería que esta sensación de agobio fuera a más y, por eso, decidí buscar una solución a aquella situación. plan-padre Sigue leyendo…