Jugando en el Parque Gulliver

Si alguna vez habéis estado en Valencia habréis visitado u oído hablar de este parque ubicado en el antiguo cauce del río Turia. Si no habéis estado nunca, no pasa nada, yo os voy a contar un poco de que se trata. Para todos los valencianos que durante los años 90 eramos niños, la inauguración en 1990 de este parque marcó nuestra infancia. Soy incapaz de recordar cuantas veces habremos llegado a ir a deslizarnos por sus variopintos toboganes, pero seguro que son incontables. Lo mejor de todo es que, ahora que soy madre, tengo la escusa perfecta para volver con Valkiria y sentirme niña de nuevo tirándome por los toboganes del gigante Gulliver.

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¿Que es?

Se trata de una figura de resina de 70 metros de largo, creada por un arquitecto, un dibujante y un artista fallero, que representa ser Gulliver, el protagonista de la novela de Jonathan Swift, “Los viajes de Gulliver”. Ante su imponente tamaño, nosotros somos los Liliputienses que escalamos sobre él tendido en el suelo. Todo en él son toboganes, desde los pelos, a sus zapatos, pasando por sus ropajes. El material del que está construido es relativamente blando y los toboganes más grandes tienen una capa antideslizante para evitar que se cojan grandes velocidades al bajar por ellos. Todo esto pensando en la seguridad de los niños.

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-Así se ve desde google maps-

¿Que horario tiene?

Su horario normal es de 10 de la mañana a 8 de la tarde. Menos en Julio y Agosto que es de 10 a 2 y de 5 a 9 de la noche. Normal porque con la solana que cae en Valencia en verano os aseguro que no es nada recomendable posar el culo en los toboganes calentitos por el sol.

¿Cuanto cuesta entrar?

Nada. Gratis. Free. De las pocas cosas que se pueden hacer en Valencia con niños y que salgan a coste 0, así que hay que disfrutarlo.

Recomendaciones

  • Durante el invierno se puede ir a cualquier hora, pero en verano lo más recomendable es ir a última hora de la tarde, cuando el sol deja de pegar con tanta fuerza.
  • Hay que ir bien preparado para los toboganes. Lo ideal son los pantalones vaqueros o algún otro tejido resistente. Os aseguro que no soy la única que se rompió las mallas tirándose de pequeña. Además aíslan mejor del calor en caso de ser verano.
  • En caso de ir con algún niño más pequeño siempre te puedes llevar un cubo y una pala, que seguro se lo pasa pipa metiendo y sacando piedrecitas de él (todo el suelo es de piedras).
  • Además, si vais con niños pequeños, como fue nuestro caso, no hace falta que os diga que siempre tienen que ir acompañados de un adulto. Hay toboganes más grandes y más pequeños, pero no hay una zona habilitada para niños pequeños como tal, así que tendremos que ser nosotros los que seleccionemos por que toboganes tirarnos y en la mayoría de ellos, acompañados.
  • Sentido común. Aunque todo está pensado para que sea un sitio seguro, no está exento de caídas y accidentes, por eso lo más sensato es echar mano del sentido común y no hacer el burro.

Así lo pasamos…

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Este año estamos de aniversario pues se cumplen 25 años de su apertura, y por eso me apetecía hacer este post, para recomendaros a todos, los de aquí y los de fuera, que no dejéis de visitar este pedacito de historia de Valencia, en el que además los peques se lo pasarán bomba. La verdad es que yo conservo muy buenos recuerdos de este parque. Ibamos mucho los fines de semana y mi hermana pequeña y yo disfrutábamos como enanas. Lo único que no recuerdo haber vuelto a ver abierto, era una zona interior del Gulliver en la que había una maqueta de Valencia en miniatura. A saber que habrá sido de ella.

¿Que os parece el Parque Gulliver?

¿Lo conocíais?

 

Las criaturas del parque (I)

Hacer un post sobre los parques no es lo más original del mundo. Ya se han hecho muchos. Algunos de ellos memorables como el de Fina la Endorfina o Núria de Mamirrachadas. Pero si no saco lo que llevo dentro de mí reviento. Siento la necesidad imperiosa de hablaros (despotricar) sobre el parque al que vamos y las criaturas que en el habitan.

Nosotras no teníamos parque fijo. Eramos nómadas y llegábamos a un parque u otro dependiendo del día y de donde nos llevara el viento. Fuimos probando muchos parques. Urbanitas, en medio de avenidas de más o menos caché. Areneros, volviendo a casa con tanta arena como para montar una playa en el salón. Incomprensibles, de esos en los que no hay niño que sepa como usar esos columpios tan modernos. De interior, para los días de lluvia. Todos. Nuevos y viejos,. Grandes y pequeños. Pero no encontrabamos nuestro lugar.

Hasta que hace cosa de 15 días, el destino quiso que fueramos a un parque en el que ya habíamos estado, pero a otra hora. Y descubrimos que había toda una mini sociedad creada alrededor de sus cuatro toboganes y sus correspondientes columpios. Niños en su gran mayoría menores de tres años, que no iban a la guardería y se pasaban las mañanas alli acompañados, casi todos, por sus abuelos/as.

Para ser una declarada hater del parque (osea, que lo odio, que si no mi madre no entiende lo que digo), reconozco que aquel me gustó. Allí todos los niños llevaban algunos juguetes y los dejaban para que todos jugaran con ellos. Me pareció tan bonito y bucólico. A pesar de que ese primer día cometí un fallo de principiante total. Ir al parque con la moto de Valkiria y dejarme su cantimplora de agua en ella. Para cuando quise recuperar la moto, nadie había visto la cantimplora por ningún lado, y nunca más supe de ella. DEP.

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Hemos vuelto a ese parque cada mañana desde entonces y ya me voy quedando con el rollo de cada uno de los niños. Hay algunos que son amor y otros que no quiero que se acerquen a menos de 5 metros de mi hija, pero que le vamos a hacer, hay que aprender a convivir. El único problema es que, con el fin de las clases, el parque se ha llenado de niños mas mayores que no tienen ni un poquito de consideración con los más pequeños. De momento tengo clasificadas tres especies poco recomendables del parque:

Los Atila: A estos les temo más que a una vara verde. Son dos, gemelos, como los gemelos de Oliver y Benji golpean juntos y son igual de malos. No tendrán mucho más de dos años pero ya siembran el terror allá por donde pasan. Arramblan con lo que les da la gana, pegando si es necesario. Y si alguien se acerca a cogerles algo, ¡cobra fijo! Y no hablemos de si pillan una moto… ¡Juegan a atropellar bebés! Unos santos cabrones, digo, varones. Su madre tampoco se esfuerza mucho en evitar que hagan el mal y los niños pasan de lo poco que les dice tres pueblos. Yo procuro que Valkiria no se junte con ellos, pero es inevitable que en algún momento quiera algo de lo que ellos tienen. La última vez, la aparte justo a tiempo de recibir un palazo en la cara y no pude evitar decir en voz alta: “Valkiria vámonos que este niño no quiere jugar contigo y además pega“.

Las niñas repelentes: En este caso son un grupito de varias niñas de edad entre los 5 y los 7 años. Se dedican a monopolizar porciones del parque alegando que esa zona es de mayores. Mi pobre hija siente admiración por los niños mayores, y los persigue emocionada. Yo siempre la aparto de donde ellos estén porque no les importa nada la edad del niño al que están empujando y entiendo que hay cosas que son “cosas de niños”, pero hay momentos en los que me hierve la sangre. Ayer, por ejemplo, fuimos al parque con los muñecos de Peppa Pig que nos solemos llevar. ¡Triunfan más que la Coca cola!. Pasado un rato los cerditos habían desaparecido y Valkiria los localizó. Allá que se fue, encandilada por los juegos de las niñas mayores. Allí estaba parada, solo mirándolas. Entonces fue a coger un juguete que estaba entre ellas en el suelo, y una niña se lo arrebato, de muy malas maneras. A lo que otra niña, la más mayor, me espetó: “Esta parte del parque es de mayores, ella nos está molestando, dile que se vaya“. Se que es una tontería y que no debería haberme puesto a su altura. Pero no pude resistirme y le contesté: “Esta zona no es de mayores, el parque es de todos y para todos. Y no te preocupes que me la llevo porque nos vamos a casa, pero me llevo también a los cerditos porque son míos” -“¿Son tuyos?” pregunto la niña…- “Si, son de mi hija, así que son míos. ¡Ah! y son juguetes de niña pequeña, por si no lo sabías”. Recogimos los cerditos y nos fuimos.

El niño gaviota: Esta clase de niños me recuerdan a las gaviotas de “Buscando a Nemo” porque todo lo que saben decir es mio, mio, mio… Y no me refiero a niños pequeños que están pasando por la fase del mio. Este niño tiene 4 años y coge todo lo de los demás. Eso si, si alguien coge algo suyo entonces te suelta: “Eso es mío, no lo cojas”. Yo intento que Valkiria no se monte en su moto, pero la jodía es más rápida que yo y a la que me despisto ya tiene su lindo culete sentado en la moto del niño. Lo gracioso de todo esto es que no le deja la moto, ni quiere jugar con ella, pero luego nos persigue allá donde vayamos del parque. Es un poquito cansino, todo hay que decirlo, pero su abuelo que esta muy mayor no pasa de sentarse en el banco y gritarle desde la lejanía, así que supongo que el niño esta más aburrido que un mono.

No considero que mi hija sea una santa. Ella es la primera que va de acá para allá corriendo y muchas veces les quita los juguetes a otros niños. Pero no pega, ni empuja y es pequeña. Espero dentro de unos años haberla educado lo suficientemente bien como para que no se convierta en esta clase de niños y sepa compartir y respetar al resto de criaturas del parque.

¿Que clase de niños poco recomendables tenéis en vuestros parques?