Las matronas de nueva generación 

Hay experiencias que te marcan para el resto de tu vida. Algunas para bien y otras para mal. También hay personas que tienen el poder de marcar como vives una nueva experiencia. Y ese es un gran poder, que, como ya se dijo una vez, requiere de una gran responsabilidad. Las matronas, en parte personal medico, en parte psicólogas, tienen ese poder. Aunque muchas no lo sepan si quiera.

Siempre he pensado que no puedo quejarme del parto que tuve con Valkiria. Fue, a la postre, lo que yo quise, un parto natural. Pero la persona con la que se suponía tenía que formar equipo ese día para que todo fuera bien, es decir, la matrona, no me trato como yo esperaba. Decidió que yo era una mujer retrograda e inconsciente por querer parir como parí, y así me lo dejo claro desde que se encontró conmigo hasta que acabo su turno.

Ahora se que me administró sedación, que yo no quería. Que no era necesario seguir muchos de los protocolos que ejerció conmigo. Y que yo podría haber pedido cambio de matrona, cosa que por desconocimiento y miedo no hice.

Por suerte no soy persona de generalizar y, ya en su día, comprendí que había sido una cuestión de mala suerte. Podría haber sido ella o cualquier otra. Pero fue ella y me marcó. No generándome una opinión de todas las matronas, sino dejándome un recuerdo imborrablemente agridulce de mí primer parto para el resto de mi vida.

Cuatro años después, embarazada de nuevo, estoy viviendo una experiencia totalmente diferente, ya solo a nivel ambulatorio. También tuve mala suerte en ese sentido la primera vez. Pero ahora la historia es bien distinta. Mi matrona es un amor, una mujer que nos ayuda y nos empodera de cara al parto. Que nos explica todo, sin dejarse nada e intenta que vayamos libres de miedo a uno de los días mas importantes de nuestra vida. Ella, que por edad podría ser de la vieja escuela, no lo es para nada. Y yo le estaré infinitamente agradecida por ello.

Esa confianza en ella, y gran parte de curiosidad, fue lo que me hizo ofrecerme voluntaria a asistir a una clase practica de la escuela de matronas de Valencia. Quería ver como se formaban las nuevas generaciones de matronas. Que mensaje se les transmitía. Quizá en un intento inconsciente de comprender cómo alguien puede, dedicándose a algo tan bonito, malograrse de la manera que lo hicieron ambas matronas que me trataron la primera vez.

Clase practica de matronas con Laura Fitera

Asistí, junto con tres compañeras mas de las clases preparto, a esta clase practica que impartía la mismísima directora de la unidad docente de matronas de la comunidad valenciana desde hace 20 años, Laura Fitera.

Lo primero que llamo mi atención fue ver tanta gente. Y saber cuánto habían trabajado todo ellos por estar allí. Cuatro años de carrera para convertirse en enfermeros. Un examen al que se presentaron 14.000 personas de las cuales solo 450 aprobaron. Y ahora dos años de intercalar formación teórica con prácticas por los diferentes puestos en los que podemos encontrar a una matrona. ¡Indudablemente admirables! Después de conocer eso, poco me extraño ver la ilusión en sus caras e incluso emoción en algunos momentos. Pasión por su trabajo. No creo que una profesión así se pueda ejercer de otro modo.

La clase empezó simulando una primera visita en la que ellos nos iban preguntando datos sobre cómo llevábamos el embarazo. Las preguntas habituales. Mientras, Laura supervisaba sus preguntas, aconsejaba por donde seguir preguntando o intercalaba explicaciones sobre aquello que iba considerando interesante en cada caso.

Luego pasamos a la parte practica de la clase. En ella, las futuras matronas (y matrones, que también había chicos) tenían que realizar varias maniobras. Median la altura del útero. Palpaban donde acababa. Tenían que localizar la posición exacta de los bebes para luego poder escuchar su corazón. Primero a través de un estetoscopio de madera (la trompetilla que le ha llamado mi madre toda la vida) y luego con el doppler fetal que usan en los ambulatorios para localizar el latido. Nada de esto tiene que ser ni medio fácil. Más cuando es la primera vez que lo haces.

En mi caso, al ser la que mas avanzada estaba en la gestación, lo tenían un poco más fácil. Un poco… Y podían incluso, mediante otra maniobra, palpar la cabeza y moverla. Ellos decían que la cabeza peloteaba. Yo mientras alucinaba viéndolos.

Había algunos que lo localizaban a la primera. Otros que necesitaban algo de ayuda. Pero en todos ellos vi lo mismo, emoción. En sus ojos, en sus sonrisas cuando encontraban lo que estaban buscando o conseguían localizar el latido. En sus manos, a veces temblorosas, al palpar por primera vez la cabeza de un bebe dentro de su madre, o llevarse una patada de la criatura de turno. Esa emoción me legó y me hizo admirar su profesión aun mas.

Espero, de corazón, que no pierdan nunca esa ilusión, esa pasión, porque ellos son el futuro y en sus manos esta humanizar el embarazo y el parto. Dejar de tratar a las mujeres como si fueran tontas, enfermas o inconscientes y dedicarse a apoyarlas, aconsejarlas y empoderarlas. Porque como mujeres podemos parir. Como dice mi matrona, en un homenaje personal a Star Wars, la fuerza esta en nosotras y tenemos que confiar en ella.

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¿Creéis que las matronas se están modernizando con las nuevas generaciones?

¿Tuvisteis suerte con las matronas que asistieron vuestros embarazos y partos?

 

 

Primera clase preparto en la seguridad social

Quizá es un poco pronto para empezar con las clases preparto. Pero al ser por la seguridad social, hay que tener en cuenta, al menos aquí en Valencia, que en julio y agosto no hacen cursos preparto en la mayoría de ambulatorios. Como duran dos meses, y pariendo en agosto, había que empezarlas ya. Así que ayer asistí a mi primera clase y, ¡no sabéis la diferencia con la vez anterior!

Algunas ya leísteis la mala baba que se gastaba la matrona que tuve en mi anterior embarazo. Como ya conté en su momento, igual que con el resto del personal sanitario, la matrona que te toque es una cuestión de suerte. Pero si a aquella no podía ni verla, con la que tengo ahora estoy encantada. ¡Son como el día y la noche! Tanto en trato personal como en ideas relacionadas con su trabajo. La que tuve era mas de la vieja escuela, una mujer casi apunto de jubilarse, hastiada por estar donde estaba (que no es donde ella quería estar) y agobiada por la cantidad de trabajo. Cosas que se notaban en como trataba a todo aquel que cruzara la puerta de su consulta. En cambio, mi matrona actual es una mujer de una mente abierta, que es pro parto natural, pro lactancia materna y mas maja que las pesetas. ¡Se sabe hasta el nombre de la gente! (Que pensaréis que es lo normal, pero para mi no lo era).

En fin, que tenía muchas ganas de asistir a sus clases preparto porque ya sabía que me iban a gustar. La última vez que tuve cita con ella me estuvo explicando en que consistían. Un poco de ejercicio. Otro poco de relajación. Una parte práctica y otra final teórica. Que fuera con ropa cómoda, llevará una toalla y el acompañante que quisiera, pero preferiblemente la persona que fuera a estar conmigo el día del parto. Lo bueno es que, esta vez, al ser por la tarde, el Papá Cascarrabias puede asistir, aunque llegue empezada la clase.

Cuando llegué ya noté la primera diferencia. Estaba todo el suelo lleno de colchonetas formando un circulo, y allí estuvimos las dos horas que duró la clase. Nada mas llegar nos fuimos presentando y diciendo para cuando nos tocaba parir. Por las fechas que son, y teniendo en cuenta lo que os decía antes de que en verano no hay clases preparto, somos un grupo muy heterogéneo. Mamis de todas las edades y con fechas de parto que oscilan entre finales de julio y principios de octubre. De lo que mas llamó mi atención fue que de las 11 mujeres que estábamos allí, solo 2 eramos repetidoras. No se si porque las que repiten ya no suelen asistir a este tipo de clases.

Empezamos con unos ejercicios especiales para el embarazo que acabamos bailando con música árabe algo parecido a danza del vientre. ¡Fue muy divertido! Nos saltamos la relajación y fuimos a la parte práctica donde nos habló de los ejercicios de kegel y el masaje perineal. Que esta vez tengo intención de hacer cada día durante el tercer trimestre. A ver si podemos evitar la episiotomia. Para terminar nos puso un vídeo sobre la preparación al parto y los síntomas para ir al hospital. Hablamos un poco de las contracciones, que son, que sentiremos y cuando tenemos que tomarlas en serio.

La clase se me hizo muy amena, también porque la manera que tiene ella de expresarse ya hace que sea algo entretenido, cercano y distendido. Nos fuimos a casa con unas cuantas fotocopias sobre lo que habíamos estado hablando y un par de canastillas.

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La principal diferencia que veo entre la vez anterior y esta es el trato que se nos da a las embarazadas. Tratándonos de forma humana. Animándonos y empoderándonos. Haciéndonos sentir que somos capaces de parir y debemos confiar en nuestro cuerpo. La matrona que tuve en mi anterior embarazo se limitaba a repartir fotocopias, algunas de la época de matusalén, y a ponernos vídeos durante las dos horas que duraba la clase. Así ella tenía menos que hacer. Como habréis podido comprobar por lo que os he contado, nada que ver con la que tengo ahora. ¡Como se nota cuando alguien disfruta de su trabajo!

¿Asististeis a clases preparto?

¿Os fueron útiles de cara al parto y postparto?

 

Y entonces llegó nuestra Valkiria (III)

Nos habíamos quedado al borde de comenzar el expulsivo. Si os perdisteis las dos primeras partes de este post, las podéis ver aqui y aqui.

Después de cuatro horas de dilatación en el hospital, atada cual perro al poste de la luz por las correas y sin epidural ni analgesias de ningún tipo (la matrona me ofreció el gas ese, pero luego nunca llegó a traerlo y a mi se me olvidó), eran las 7 de la mañana y ya completamente dilatada tenía permiso para ir empujando. Así tal cual. Me dijo: “Ale, cuando tengas ganas ves empujando, yo me bajo a tomar un café“. Nos quedamos muertos. –¿Que se va?¿como que se va?– y, si, si. Se fué, y tardo mas de media hora en volver. El pobre Papá Cascarrabias cada vez que me venía la contracción y apretaba, me hacía la ola, armado con mi abanico, el cual no soltó durante todo el parto. ¡Parecia el quinto Locomia! Y, al rato de la matrona no aparecer y viendo asomar los pelillos de la Valkiria por allí abajo, me decía: “Venga cariño, que lo haces muy bien, de una de estas lo sacas tu sola“. Y yo en mi nube pensando: “¡Noooo, sola no!¿Para que he venido yo entonces a un hospital? ¿Para parir sola?“.

La matrona desaparecida en combate, pero cada dos por tres entraban y salían enfermeras que se debatian entre el: “Ay, miralo que mono él, todo el rato abanicandola” y el “¿Como?¿Que no lleva epidural? Pues yo pensaba que si…“. Y yo allí, berreando cual posesa. Si, a mi me daba la impresion de que berreaba, pero las enfermeras me decian que no, que las había que chillaban mucho más. Pero que si me aguantaba el chillido y focalizaba esa energia en empujar, mucho mejor. Ya, bueno, ¡para focalizar estaba yo!.

La matrona volvió, y en la media hora que le quedaba hasta acabar su turno le entró la prisa. “Venga, empuja, mas, mas, mas, un poco más” Mientras yo, agotada, jadeaba no puedo, no puedo como Chiquito de la calzada. Total, que le importaba ya a ella si paría media hora antes o después. Que manía de no respetar el ritmo natural de las cosas ¡leñe!.

A las 8, por fin, acabó su turno y entro otra matrona que ojalá me hubiera atendido desde un principio. Todo lo contrario a la anterior, una mujer super agradable. No recuerdo cuantos pujos hicieron falta para que la Valkiria naciera, pero tampoco fueron muchos. Para mi, el expulsivo resulto agotador. Tenía la sensación de estar pariendo un elefante. Eso si, una vez ya salió la cabeza, la sensación de alivio fue tremenda. Y casi al momento salió el resto del cuerpo. El instante en el que sale y te la ponen encima, piel con piel, es algo inolvidable. Un cúmulo de emociones que yo, al menos, no había sentido nunca. Amor en estado puro, 3,030gr de amor. A mi me pareció que me la dejaron muchísimo rato, y luego hablandolo con mi marido, meses después, me dijo que apenas fueron unos minutos. Luego se la llevaron a hacerle todas las pruebas que les hacen y al ratito me la volvieron a poner encima. Y allí estábamos al fin los tres, nuestros primeros instantes como familia, bañados en lágrimas de felicidad.

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Una piensa que ahí acaba todo, pero no. Después de que el Papá Cascarrabias cortara el cordón, aún había que sacar la placenta y eso fue un poco desagradable. La matrona tiraba y tiraba, y aquello no acababa de salir, se me hizo eterno. No se si eso se supone que siempre es así, porque yo he leído de gente que la sacan como si nada con otra contracción, pero bueno, al final salió. A pesar de llevar en el plan de parto que no quería episiotomia, llegado el momento le dije a la matrona que si veía que me iba a desgarrar, cortara. Y por lo visto no se pudo evitar, así que todavía quedaba el tema de los puntos. Toda esta parte fue la más desagradable, aunque a mi en ese momento, con ni niña en brazos, ya me daba igual ocho que ochenta. Me pusieron anestesia local, que eso si lo notaba e iba dando respingos. Y me dieron cuatro puntos por fuera, y no se cuantos por dentro. Yo intentaba estarme quieta, pero a veces era inevitable moverme. Menos mal que la matrona era maja y me animaba todo el rato diciendome que ya no quedaba nada. Una vez ya acabó, me cambiaron de camilla y esperando a que nos prepararan la habitación se quedo con nosotros hablando un poco de esto y de aquello. Resultó que su hija también quiso parir como yo, con un parto mas respetado y sin analgesia. Por eso, imagino, fue tan comprensiva con el tipo de parto que intentamos tener. Como digo, una pena que no fuera ella desde el principio.

A todo esto, con la Valkiria en brazos, yo solo podía pensar en lo bonita que era mi niña y en el hambre que tenía. Toda mi preocupación era que me dieran algo de desayunar, pero las enfermeras de planta, como supusieron que me habrían puesto anestesia, no me querían dar nada, y yo desesperada. ¡Muertecica de hambre me tenían!¡Mi reino por unas tostadas! Menos mal que tenía enchufe en el hospital y me trajeron de estraperlo unas galletas y un poco de zumo. Al rato, subieron mis padres y horas después mis suegros. Los ahora nuevos cuatro abuelos rebosaban felicidad al conocer a su primera nieta.

Mirandolo con la perspectiva que da el tiempo, no tuve el parto que hubiese querido, el parto que llevaba en mi plan de parto. Pero tampoco me puedo quejar de como fueron las cosas. Hubo algunas que pudieron ser como yo las quería y otras que no. Y estuve, relativamente, pocas horas de parto para ser primeriza. Mi experiencia con la matrona mala baba no consiguió enturbiar la emoción de ese día. Aunque si reconozco que hubiera preferido no haber tenido que toparme con alguien así en un momento como ese. Sin duda, nos queda mucho camino por recorrer en lo que a reclamar nuestro derecho como mujeres a parir de la manera mas respetuosa posible se refiere. Eligiendo cada una lo que prefiera, pero siendo tratadas desde el respeto y la comprensión que un momento así merece. Ojalá el día que a mi Valkiria le toque dar a luz las cosas sean distintas para ella.

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Y entonces llegó nuestra Valkiria (II)

Nos habíamos quedado de camino al hospital en la primera parte de este post

Entramos a urgencias, me preguntaron si quería silla de ruedas, pero yo prefería ir andando, así que una enfermera nos acompaño hasta la zona de maternidad, que no imaginaba yo que quedara tan lejos, así que cada X me tocaba pararme y apoyarme en la pared para sobrellevar la contracción de turno. Cuando llegamos a la sala de espera de maternidad, al Papá Cascarrabias le dejaron allí y no pudo acompañarme dentro. A mi también me tocó esperar un poco en la sala de espera de dentro, esa noche había colapso de parturientas, y eso que ni siquiera había luna llena (aunque eso sea un mito).

Al rato me hicieron pasar, me dieron el “sepsi” camisón de hospital y me cambie todo lo rápido que pude. Comprobaron entonces como iba ya de dilatada y ¡ya llevaba 4 centimetros!. Me sacaron sangre para el tema de la donación de la sangre del cordón umbilical (aunque finalmente no sirviera de nada) y me pusieron la vía en el lateral de la muñeca. Eso si me dio un poco de impresión, era la primera vez en mi vida que ingresaba en un hospital y por tanto también la primera que me tenían que poner una vía.

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio y allí me quede un rato hasta que pudo venir a verme la ginecóloga, que estaba asistiendo un parto de gemelos. Cuando al fin vino, me pusieron las famosas correas (que agobio de invento) y dejaron entrar al Papá Cascarrabias. Pero antes de que él entrara, ya habian hecho acto de presencia la matrona del turno y su ayudante (matrona en practicas). La matrona, por desgracia, me entró muy mal. Primero me pregunto mis datos y seguidamente continuo con un: “Bueno, te pondremos epidural, ¿no?”. A lo que yo contesté que no, que no la quería. Ella, ojiplatica, se giro inmediatamente hacia mi y me dijo: “¿Como que no?¿Porqué no?”. Yo le expliqué mis motivos y ella muy estupida (por no llamarla otra cosa) me contestó: “Tú misma, pero no se que necesidad tienes de sufrir, estamos en el siglo XXI. Cuando te rompa la bolsa de las aguas te va a doler mucho mas que ahora… ¡Ya me la pedirás!”. Me quede un poco parada, como sin saber que contestar, pues no me esperaba que una profesional me soltara algo así en un momento como ese. Pero ni quería ni tenia el cuerpo para discutir, sobre todo porque tenía que ser ella la que me asistiera en el parto, así que mejor llevarnos bien, o intentarlo.

Su ayudante, una chica muy joven, era todo lo contrario a ella, afortunadamente, con una borde ya teniamos el cupo cubierto. Esa chica era un sol. Fue la única que se preocupo un poco por nosotros a nivel animico y procuró que estuvieramos en un ambiente lo mas tranquilo posible, bajandonos las luces y todo, aunque la pobre no tuvo mucho éxito, porque a cada rato entraba alguien buscando algo o para hacer algo o lo que fuera.

A las cinco y media de la mañana ya tenía cinco centimetros dilatados y aun no me habían roto la bolsa. Las primeras horas de dilatacion en el hospital se me hicieron mas o menos rápidas, pero muy incomodas porque, una vez que te ponen las correas, apenas te puedes mover. Y pasar las contracciones tumbada es como peor se pasan, como más duelen, o al menos así era para mi. Pero por más que les pedia si, por favor, me podian dejar un rato sin correas para que pudiera moverme, nada de nada. Me decían que en el hospital tenían unos protocolos y que no se los podían saltar, ni mucho menos quitar la monitorización de la niña, que podía pasar cualquier cosa. Así que, cada vez que la Valkiria se movia, que se movia mucho porque se ve que tenia mucho espacio, perdian su monitorizacion y venia la matrona mala baba a recolocarme las correas. En ese momento veia las estrellas, porque a ella lo mismo le daba movermelas estando con o sin contraccion. En fin, ¡un show!. Lo más que conseguí fue que me trajeran un balon de pilates y me lo pusieran al lado de la cama, así estuve un rato, pero como si me movia, perdían los monitores, era la historia de nunca acabar. A todo esto, y por haberle insistido en varios temas, tuvimos que aguantar una charla/sermón por parte de la matrona, diciendonos lo estrictos que eran los protocolos del hospital, que ella no se los podía saltar, y que bastante hacía con permitirme las cosas que me permitia. Que lo del plan de parto estaba muy bien en la teoría, pero que en la práctica, si quería tener un parto más natural, me fuera a un hospital de Mallorca o a una clínica que hay en Alicante. Nuestra cara de asombro debía de ser un poema.

A las 6:30 de la mañana vino la matrona a romperme la bolsa de las aguas. Y si, las contracciones cada vez eran mas fuertes y mas seguidas. Las respiraciones que aprendimos en las clases preparto me vinieron muy bien, por mas que la matrona me dijera que iba a hiperventilar. Bien es cierto que las hormonas hacen que haya momentos que estés como en trance, a pesar del agotamiento, yo, entre contracción y contracción incluso me quedaba dormida.

frontal10(Otra foto más de ese día, mi pobre ombligo ya no daba más de si)

La noche tuvo varios momentos surrealistas generados por la “querida” matrona. Como lo mio con los pinchazos ya parecía estar superado como explique aquí, el destino quiso que me llevara alguno mas de la cuenta, así que la sangre que os decía que me sacaron al principio, se coaguló de camino al laboratorio y vino la matrona a sacarme de nuevo. Sin importarle si estaba en medio de una contracción o no, procedió a pincharme, eso si, no sin antes haberse olvidado los tubos en algún sitio (matame camión). Solucion: llamar a grito “peláo” a las enfermeras, que tras cinco minutos se dieron por aludidas, y nosotros allí, con nuestra cara de estupefacción máxima y aguantando las contracciones mientras ella me decía: “no te muevas” -¿Perdona?-. Total, para que al final la sangre del cordón no se pudiera donar porque si el bebé pesa menos de 3.500gr no te lo aceptan. ¡Ya me lo podían haber dicho antes!.

En una de las tantas rondas de tactos vaginales, mientras me lo hacia la matrona en prácticas, hubo un momento de tensión. Poniendo caras y mirando a la matrona mala baba, dijo: “creo que se ha estancado y se esta endureciendo el cuello del útero”. Ahí, incluso dentro de mi nube de drogas naturales, se me encogió el corazón. La sombra de la cesárea apareció en escena, y yo no podía dejar de pensar que no, que aquello no podía ser así, después de tanto esfuerzo no. Lo único que tengo que agradecerle a la desagradable de mi matrona fue lo que hizo en ese momento, que no se exactamente lo que fue, pero metió la mano, hizo un par de movimientos (que molestaron un poco), y dijo: “esto ya esta, ya esta completamente dilatada, el cuello borrado”. ¡Que alivio sentí!

-Continuará-

Diccionario preñil (II)

Seguimos con la segunda parte de nuestro “diccionario preñil“, o esos conceptos que nos suenan a chino, pero que una vez embarazada, forman parte de nuestro día a día. Hoy os traigo tres más, uno de embarazo, uno de parto y uno de post parto:

Contracciones de Braxton-Hicks: Este tipo de contracciones son el coco de las contracciones. Todas hemos oído hablar de ellas, pero es muy difícil reconocerlas. ¿Quien no conoce a alguien que a acabado yendo a urgencias preocupada por esto, sin saber del tal Braxton-Hicks? Pues resulta que este tipo de contracciones pueden darse, y se supone que se dan, desde la sexta semana de embarazo, aunque son mas comunes a partir del segundo y tercer trimestre. Otra cosa es que nos demos cuenta de ello, porque no tienen por que ser dolorosas, por ello pueden pasar totalmente inadvertidas. Se trata de contracciones uterinas “preparatorias” para la hora del parto, que suelen ser muy irregulares y poco o nada dolorosas, como ya he dicho. En mi caso, no tuve ni una contracción ni media hasta el día del parto, y si las tuve, ni me enteré.  

Episiotomia: Es un corte que se hace en la zona perineal, ese trocito que va de la vagina al ano. Puede ser lateral, oblicua o media, y se hace para abreviar y facilitar el trabajo del expulsivo. Como incisión quirúrgica que es, requiere de puntos. No entraré en hablar de si es más o menos necesaria, pero la OMS no recomienda su uso de manera rutinaria.

Todavía recuerdo el día que le pregunte a mi madre como fue mi parto… Todo parecía, mas o menos, soportable, a juzgar por sus palabras. Pero cuando llego el momento: “y entonces la matrona me hizo un corte…” -¡espera, espera, espera! ¿Como? ¿Un corte? ¿Donde? ¿Ahí?- (cara de horror). No recuerdo que edad tenia exactamente, imagino que entre 12 y 14, lo que si recuerdo es que me pareció tal barbaridad, que decidí que no iba a parir nunca. Por suerte, el susto me duro poco. Me consolé pensando que para cuando me tocara a mi, eso ya habría cambiado. Me equivoque. Llegado el momento, me pasé todo el embarazo haciendo todo lo que pude para intentar evitar el dichoso “cortecito”. Que si ejercicios para el suelo pélvico, que si masajes en el periné con aceite de rosa mosqueta… Todo por hacer mi musculatura mas elástica de cara al parto. Pero una vez allí, y a pesar de que en mi plan de parto incluí que no quería episiotomia, le dije a la matrona que si ella veía que me iba a desgarrar, que cortara. Y así lo hizo. Confié en su criterio, entre la nube de hormonas del momento, no se si mas o menos acertado, o solo lo hizo por costumbre o protocolo. Del corte ni me enteré, es decir, lo noté, pero no me dolió. ¡Viva nuestro cuerpo de mamíferas! Eso si, los diez días siguientes al parto, aquello me dolía cosa fina, y ahí si que necesité de todos los calmantes que me podía tomar.  

Entuertos: Cuando oí por primera vez esta palabra, no pude evitar pensar en la típica coña fácil, coña que no repetiré, y que sí, tenia que ver con tuertos, ¡soy así de simple!. Los entuertos son contracciones uterinas, de mayor o menor intensidad, que tienen como finalidad volver a ponerlo todo en su sitio, es decir, reducir el tamaño de la matriz y evitar hemorragias tras el parto. Así, cada vez que el bebé mama, nuestro cuerpo segrega oxitocina y eso propicia los entuertos. Se supone que las primerizas apenas los notan, pero yo los note bastante, mas de lo que puede doler una regla normal, por lo menos los dos primeros días. Luego, poco a poco, se fueron haciendo más soportables, hasta que un día desaparecieron. Los entuertos son buenos, así que si llegado el momento, los sentís, estaréis como yo, ¡jodidas pero contentas!

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-Continuará-