Un padre sin un plan

Hoy no es Mamá Puñetera quien os escribe, sino el del otro lado de la cama. Soy Papá Cascarrabias y os voy a contar como irrumpió el “Plan Padre” en mi vida.

No recuerdo exactamente como, ni cuando, empezó (si miro hacia atrás me da la sensación de que hace mucho). Puede que sea porque el inicio fue con intermitencia; a los pocos días de haber empezado el Plan lo dejábamos aparcado y así una intentona tras otra se veía truncada, porque cuando no era por la dentición era por un retortijón. Pero la realidad era, que no estábamos preparados, ni Valkiria ni yo. Y cualquier excusa era mejor que tener que aguantar lloros y lamentos.

La verdad, siendo un poco egoísta, es que cada vez que teníamos que abandonar el Plan, había un poco de resignación y “bastante” alivio por mí parte. Porque la estampa que se veía venir no pintaba nada bonita. Habíamos acordado con Mamá que, dado que era evidente que la pequeña lloraría y reclamaría su ración de “teta” al despertarse, la cogería yo y me la llevaría a otro lado de la casa. Y allí la acunaría con la esperanza de que se volviera a dormir. Para poder dejarla de nuevo en su cuna (que por aquel entonces aún estaba al lado de nuestra cama) y así hasta el nuevo despertar. Esto era la teoría.

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Plan padre y destete nocturno

Mi experiencia con el “Plan Padre” la describiría, en una sola palabra, agridulce. No es que yo, cuando leí la primera vez de que iba el tema, pensara que esto del destete nocturno fuera a ser la cosa mas fácil del mundo, por mucho plan padre que aplicáramos. Pero, sin duda, no creí que costaría tanto, ni que pasaríamos por tantos intentos fallidos.

Recapitulemos.

Valkiria nunca ha sido una niña que durmiera bien, ni mas o menos del tirón. Al contrario, fue pasar los 4 meses y, si ya no dormía especialmente bien, la cosa empeoro considerablemente. También es cierto que por aquella época todavía no habíamos dado con el causante de la mayor parte de sus malestares. Pero incluso después de remediar aquello, la cosa no mejoró. Fuimos capeando el temporal, a rachas mejor, con tres o cuatro despertares nocturnos con sus respectivas tomas de teta; y a rachas peor, con despertares cada hora u hora y media acompañados, todos y cada uno de ellos, de teta también. Como podéis imaginar estábamos agotados, sobretodo yo, porque la niña no quería a su padre de noche bajo ningún concepto. Obviamente, acabamos colechando, pero yo no conseguía dormir bien porque no solo se seguía despertando, sino que cuando dormía no paraba de moverse y patearme. En fin, un gusto.

Aun así aguantamos como pudimos hasta que tuvo 10 meses. Verano y vacaciones del Papá Cascarrabias. En ese momento yo ya estaba en fase de desesperación total. Aquella situación me estaba haciendo llegar al límite de mis fuerzas y para mí ya se estaba tornando en un problema grande que llegaba a generarme bastante ansiedad. No dormir mas de tres horas seguidas durante casi un año es lo que tiene. Como tenía intención de seguir con la lactancia, no quería que esta sensación de agobio fuera a más y, por eso, decidí buscar una solución a aquella situación. plan-padre Sigue leyendo…