Consejos de padre (62): El día de la marmota

Normalmente la protagonista de los Consejos de Padre suele ser Valkiria y sus ocurrencias. Pero me vais a permitir que le robe el protagonismo esta semana porque hay algo que necesito gritar. ¡NO! ¡NO ESTOY A PUNTO DE PARIR! ¡AUN ME QUEDAN CASI 3 MESES! Ofú…¡que alivio! Ahí queda dicho. Y es que, últimamente, mi vida se a convertido en lo más parecido al día de la marmota, aquella genial película de los 90.

La única diferencia es que aquí el tiempo si que sigue pasando y los protagonistas van cambiando. Pero, día tras día, para mi la escena sigue siendo la misma. Y ya me empiezo a cansar de repetirme. He barajado varias opciones. Tatuarme “No, aun no” en la frente. Colgarme un cartel del cuello. O hacerme 7 camisetas iguales, una para cada día, todas con el mismo mensaje que el tatuaje.

Aparte tengo un problema. Bueno dos. Esto del embarazo me ha dejado la mecha muy corta. Vamos que me gasto mas mala leche que de costumbre. Y la segunda es que a mi se me notan las cosas en la cara en seguida. Así que os imaginaréis los caretos de aburrimiento supino que pongo cada vez que escucho la dichosa pregunta. Lo se… La gente no tiene la culpa. ¡Pero no lo puedo evitar!

Vale que el barrigón es enorme. Vale que estemos a las puertas del verano mas caluroso desde 1981 (manda huevos…) pero… ¿es necesario poner esas caras de estupor y compasión cada vez que le contesto a alguien que, hasta finales de agosto, no está prevista la llegada del bebé? Cualquier día acabaré soltando alguna burrada tipo: “¡Si ya voy por el mes 15 de embarazo!” o “¡Es que llevo cuatrillizos!” No se… Solo pare ver que cara ponen y divertirme un ratejo…

En fin, creo que debo de ir practicando la sordera selectiva y hacer como los extranjeros cuando no entienden ni papa de lo que les dices… Asentir y sonreír…consejos-padre-marmota

¿Alguna vez en vuestra vida os habéis sentido viviendo en el día de la marmota?

 

 

Consejos de padre (58): Papá mola

Papá mola. Mola mucho más que mamá, ¡donde va a parar! Asumamoslo. Somos nosotras las que solemos pasar mas tiempo con los niños y eso nos coloca, inevitablemente, en el peor papel. El de malas. Malas porque nos toca decir que no, poner límites y también reñir. No todo puede ser jugar y divertirse. La crianza no es solo eso y conforme crecen nos vamos dando cuenta.

Aunque intentemos repartir los momentos menos agradables de la crianza, ellos siempre salen ganando. Pasan menos tiempo con los niños. Y a la vez ese tiempo suele ser más de juego y disfrute. Pero, ¡ay queridos padres! También vosotros tenéis, a veces, que decir ¡hasta aquí! Que poneros firmes y contundentes. Y es ahí donde estamos ahora nosotros.

Valkiria adora a su padre. Es el mejor. Todo lo sabe y todo lo puede. Es el mas divertido. Se inventa las mejores historias. Y jugando no tiene rival. Pero, ¡uy! que papá también se enfada. También riñe. Y también reclama su sitio de padre cuando los humos de Valkiria se suben a la estratosfera. Ahí la pobre se me descuadra un poco.

Quizá aun nos quedarán años para que nuestra hija nos baje del todo del pedestal. Que llegará, como todo. Pero ya va entendiendo que hay cosas que no están bajo nuestro control. Como que no podamos adelantar el tiempo para que llegue esa excursión que tanto le apetece. O que no podamos hacer que deje de llover para ir al parque. ¿Porqué no? Porque no somos todopoderosos y ella empieza a darse cuenta de ello.

Entender que el mundo es como es, que el tiempo tiene su ritmo y hay cosas que no podemos controlar, son conceptos muy difíciles. Y la mayoría de veces nos llevan a una espiral sin fin de preguntas y respuestas. ¿A quién no le pasa eso? De todos modos, quitando esos momentillos, para mi hija su padre sigue siendo el mejor del mundo. Y a todo el que puede se lo cuenta, ¡claro que si! Orgullo de hija, o papitis a otro nivel 😉

¿Encontráis esa pequeña descompensación en la crianza?

¿Vuestros hijos también dicen eso de “papá mola”?

Consejos de padre (51): Adolescente precoz

Definitivamente en casa tenemos una mini adolescente. Un ser chiquitito que, en ocasiones, me recuerda a mi misma hace 20 años, pero con menos acné. Ya solo nos queda que un día de estos nos suelte un: “¡Es que no me entendéis!” Y entonces ya me puedo caer de culo y hacer la croqueta directamente.

No es la primera vez que os hablo de esto. De vez en cuando asoman pinceladas de pre adolescente, mas o menos desde los 2 años, con la llegada de la reafirmación de su individualidad. En realidad, si lo pensáis, el proceso es bastante similar. Ellos claman por ser autónomos, mayores, independientes… Y nosotros intentamos tener toda la paciencia del mundo. Sin embargo, esta especie de curso intensivo de preparación a la adolescencia para padres, a veces puede conmigo, aunque otras me parta de la risa.

Y no son solo los berrinches cuando quiere algo que no consigue. Ni el querer ser mayor y hacerlo todo sola solita. Ahora son los cambios de humor, unidos a las negociaciones interminables… ¡que cualquiera diría que estamos negociando la cantidad de la paga!

Cuando le dices algo que no le viene bien empieza a tantearnos a ver por donde se escaquea, y con ello, pasa por todo un compendio de estados de ánimo. De la tristeza, anunciada para que quede claro, pasamos a la mas pastelosa alegría y melosidad. Y de sopetón al llanto desconsolado o la ira desatada. Todo esto en apenas 5 minutos, no vayáis a pensar que nos da mucho tiempo de reacción. A lo que nosotros solo podemos permanecer como espectadores anónimos hasta que acaba el discursito de turno y se calman las aguas.

La capacidad de hacer lo que hace es acojonante, ¡digna del Oscar! Ya la quisiera para si cualquier actor en ciernes. Lo mejor es que este ataque a lo “Queen of drama” conforme le viene se le va y luego todo vuelve a ser lo que era y, la mayoría de las veces, entra en razón. Ya veremos si dentro de 12 años todo es igual de sencillo.

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¿Tenéis a un mini adolescente en casa?

¿como lleváis el tema de los cambios de humor?

 

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