Cuidado con los parques infantiles

Se que el titulo de este post parece alarmista, pero os aseguro que no lo es. Y no, no me refiero a que los parques infantiles en si sean peligrosos. Eso variará dependiendo de lo cafre que sea vuestro peque. Valkiria se ha pegado mas de un trompazo (y mas de dos) porque a temeraria no la gana nadie. Aunque yo esté pendiente de ella, tampoco me considero una madre helicóptero de estas que no dejan a sus hijos ni respirar. Vuelvo al tema que me desvío. Cuando os digo que con los parques infantiles hay que tener cuidado, me refiero a lo que los niños pueden encontrar en los parques infantiles por culpa, por supuesto, de otras personas que ya no son niños.

Esto viene a raíz de un susto que tuvimos hace un tiempo en un parque al que vamos de vez en cuando. Un parque muy conocido y frecuentado por muchos niños pues está en el centro de Valencia. Pero no es la primera vez que nos pasa algo similar.

Estábamos una tarde de fin de semana en ese parque jugando con Valkiria al escondite. Evidentemente ya era de noche, así que la visibilidad no era todo lo buena que debería ser. En estas que Valkiria se esconde debajo de unos arquitos de piedra que hay. Este parque tiene muchos años y algunos de sus “columpios” (por llamarlos de alguna manera) son antiguos, de piedra. Super adecuados para que los niños no se abran la cabeza.. ejem… Total, que en ese momento Valkiria se pone a llorar diciendo que le dolía mucho. Nosotros pensamos que se había dado un golpe. cual fue nuestra sorpresa al ver que no, que toda la parte de abajo de ese arco estaba llena de cristales de litrona rotos. ¡Me quedé blanca!

La sacamos de allí corriendo pero con cuidado de que los cristales no se le clavaran. Intamos ver que se había hecho. Se quejaba de la mano. Pero no nos dejaba vérsela. Cuando conseguí que la abriera vimos que solo se hecho un corte en el dedo gordo. ¡Tuvo mucha suerte! Mucha suerte de que fuera invierno y llevar tanta ropa amortiguara el resto de los cristales.

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Yo me sentí fatal por no haber mirado antes, pero claro, tampoco podemos ir inspeccionando con sumo cuidado cada rincón de cada parque, ¿o si? Y luego me cabreé profundamente con aquel que hubiera sido tan cabro**** de romper una litrona en un parque infantil, donde juegan los niños. ¡Me cagué en todos los adolescentes! Que ya veis, igual el inconsciente no fue un adolescente, pero en aquel momento yo solo podía pensar en chavales de botellón haciendo la gracia con sus amigotes. Pero el tema es, sean o no adolescentes, ¿en que cabeza cabe romper una botella en un sitio donde sabes que van a jugar niños y se pueden cortar? Sinceramente, escapa a mi razón.

Bueno y no es la primera vez, como os digo, que nos pasa algo que nos hace escapar de un parque. El verano pasado, paseando por el paseo maritimo, llegamos a un parque muy chulo que era un barco de madera. Valkiria entró a jugar y cuando entramos con ella, ¡aquello era horroroso! ¡Una peste a pis y vómitos que no se podía estar! Lo que hace que la zona de marcha en verano sea la playa… pero digo yo, ¿la gente no puede mear entre dos coches como todo el mundo? Yo fui joven, hice botellón y nunca se me ocurrió mearme en un parque infantil… ¡Que asco de gente! Obviamente nos fuimos.

Y otra vez nos encontramos en un tobogán que es una montañita y a los niños les encanta en el río de Valencia, aparte de olor a pis, botes de metadona y otros restos… Que me podréis decir que es gente que no está bien, pero para mi eso es solo falta de civismo. Igual que el que rompe cristales o se mea en un parque infantil.

El gran problema de esta sociedad es la falta de civismo. ¿Que pasa? ¿Que si un parque infantil no está vallado y cerrado por las noches no se respeta?¿Es que los padres tenemos que andar con uno y mil ojos para que unos cafres no nos den el susto de nuestra vida? Con lo fácil que es respetar a los demás y, sobretodo, respetar el espacio de los demás. ¡El parque es para que jueguen los niños! ¡Y punto! De verdad que con este tema se me llevan los demonios porque creo que, como sociedad, aun estamos a años luz de considerarnos civilizados.

¿Creéis que hay que tener cuidado cuando vais con vuestros peques al parque?

¿Habéis tenido alguna mala experiencia en un parque?

 

 

El parque es para los niños

La afirmación que es el titulo de este post parece la obviedad mas grande que pudiera haber escrito jamás de los jamases. El parque es para los niños… Ya… Pero no. ¡No!. Se ve que no lo es… Al menos por las cosas que veo de vez en cuando. Y si, yo estoy tan sorprendida como vosotros ante esta realidad.

Ya sabéis lo hater que soy del parque. Pero claro, una que, como cualquier madre, quiere que su churumbel sea feliz cada día, allí que me planto a parquear religiosamente, sino cada día, más de lo que como adulta sensata me gustaría. Y estas cosas que presencio a veces no hacen mas que afianzar la aversión que tengo a los parques infantiles. Aunque en este caso no sea problema de algunos especimenes de niños, ni de sus pasotas madres, sino de la gente adulta que no tiene consideración para con los niños ni entiende bien (parece ser…) lo que es un parque infantil y para lo que sirve.

Os pondré tres casos que me han pasado y que, a mi especialmente, me han puesto de los nervios:

1º Los gimnastas del Parkour

Soy incapaz de pronunciar la palabra parkour sin imaginarme, inmediatamente, al mítico personaje de Schmidt en la serie New Girl. Pero no, esto no es ni la mitad de gracioso. Resulta que en un arenero que frecuentamos, tenemos la competencia de un grupo de unos 10 adolescentes, entre cachitas y callejeros, que nos brindan toda clase de volteretas y piruetas en el aire. Del cesped al arenero, una y otra vez. Sin importarles lo más mínimo, ni la hora que es, ni que por allí haya niños jugando ni nada. “¡Que lo importante es fardar de saltos mortales y cuadriceps, señora!”. Y si se tercia hacer un cristo invertido. ¡vamos hombre! Sigue leyendo…

Las criaturas del parque (I)

Hacer un post sobre los parques no es lo más original del mundo. Ya se han hecho muchos. Algunos de ellos memorables como el de Fina la Endorfina o Núria de Mamirrachadas. Pero si no saco lo que llevo dentro de mí reviento. Siento la necesidad imperiosa de hablaros (despotricar) sobre el parque al que vamos y las criaturas que en el habitan.

Nosotras no teníamos parque fijo. Eramos nómadas y llegábamos a un parque u otro dependiendo del día y de donde nos llevara el viento. Fuimos probando muchos parques. Urbanitas, en medio de avenidas de más o menos caché. Areneros, volviendo a casa con tanta arena como para montar una playa en el salón. Incomprensibles, de esos en los que no hay niño que sepa como usar esos columpios tan modernos. De interior, para los días de lluvia. Todos. Nuevos y viejos,. Grandes y pequeños. Pero no encontrabamos nuestro lugar.

Hasta que hace cosa de 15 días, el destino quiso que fueramos a un parque en el que ya habíamos estado, pero a otra hora. Y descubrimos que había toda una mini sociedad creada alrededor de sus cuatro toboganes y sus correspondientes columpios. Niños en su gran mayoría menores de tres años, que no iban a la guardería y se pasaban las mañanas alli acompañados, casi todos, por sus abuelos/as.

Para ser una declarada hater del parque (osea, que lo odio, que si no mi madre no entiende lo que digo), reconozco que aquel me gustó. Allí todos los niños llevaban algunos juguetes y los dejaban para que todos jugaran con ellos. Me pareció tan bonito y bucólico. A pesar de que ese primer día cometí un fallo de principiante total. Ir al parque con la moto de Valkiria y dejarme su cantimplora de agua en ella. Para cuando quise recuperar la moto, nadie había visto la cantimplora por ningún lado, y nunca más supe de ella. DEP.

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Hemos vuelto a ese parque cada mañana desde entonces y ya me voy quedando con el rollo de cada uno de los niños. Hay algunos que son amor y otros que no quiero que se acerquen a menos de 5 metros de mi hija, pero que le vamos a hacer, hay que aprender a convivir. El único problema es que, con el fin de las clases, el parque se ha llenado de niños mas mayores que no tienen ni un poquito de consideración con los más pequeños. De momento tengo clasificadas tres especies poco recomendables del parque:

Los Atila: A estos les temo más que a una vara verde. Son dos, gemelos, como los gemelos de Oliver y Benji golpean juntos y son igual de malos. No tendrán mucho más de dos años pero ya siembran el terror allá por donde pasan. Arramblan con lo que les da la gana, pegando si es necesario. Y si alguien se acerca a cogerles algo, ¡cobra fijo! Y no hablemos de si pillan una moto… ¡Juegan a atropellar bebés! Unos santos cabrones, digo, varones. Su madre tampoco se esfuerza mucho en evitar que hagan el mal y los niños pasan de lo poco que les dice tres pueblos. Yo procuro que Valkiria no se junte con ellos, pero es inevitable que en algún momento quiera algo de lo que ellos tienen. La última vez, la aparte justo a tiempo de recibir un palazo en la cara y no pude evitar decir en voz alta: “Valkiria vámonos que este niño no quiere jugar contigo y además pega“.

Las niñas repelentes: En este caso son un grupito de varias niñas de edad entre los 5 y los 7 años. Se dedican a monopolizar porciones del parque alegando que esa zona es de mayores. Mi pobre hija siente admiración por los niños mayores, y los persigue emocionada. Yo siempre la aparto de donde ellos estén porque no les importa nada la edad del niño al que están empujando y entiendo que hay cosas que son “cosas de niños”, pero hay momentos en los que me hierve la sangre. Ayer, por ejemplo, fuimos al parque con los muñecos de Peppa Pig que nos solemos llevar. ¡Triunfan más que la Coca cola!. Pasado un rato los cerditos habían desaparecido y Valkiria los localizó. Allá que se fue, encandilada por los juegos de las niñas mayores. Allí estaba parada, solo mirándolas. Entonces fue a coger un juguete que estaba entre ellas en el suelo, y una niña se lo arrebato, de muy malas maneras. A lo que otra niña, la más mayor, me espetó: “Esta parte del parque es de mayores, ella nos está molestando, dile que se vaya“. Se que es una tontería y que no debería haberme puesto a su altura. Pero no pude resistirme y le contesté: “Esta zona no es de mayores, el parque es de todos y para todos. Y no te preocupes que me la llevo porque nos vamos a casa, pero me llevo también a los cerditos porque son míos” -“¿Son tuyos?” pregunto la niña…- “Si, son de mi hija, así que son míos. ¡Ah! y son juguetes de niña pequeña, por si no lo sabías”. Recogimos los cerditos y nos fuimos.

El niño gaviota: Esta clase de niños me recuerdan a las gaviotas de “Buscando a Nemo” porque todo lo que saben decir es mio, mio, mio… Y no me refiero a niños pequeños que están pasando por la fase del mio. Este niño tiene 4 años y coge todo lo de los demás. Eso si, si alguien coge algo suyo entonces te suelta: “Eso es mío, no lo cojas”. Yo intento que Valkiria no se monte en su moto, pero la jodía es más rápida que yo y a la que me despisto ya tiene su lindo culete sentado en la moto del niño. Lo gracioso de todo esto es que no le deja la moto, ni quiere jugar con ella, pero luego nos persigue allá donde vayamos del parque. Es un poquito cansino, todo hay que decirlo, pero su abuelo que esta muy mayor no pasa de sentarse en el banco y gritarle desde la lejanía, así que supongo que el niño esta más aburrido que un mono.

No considero que mi hija sea una santa. Ella es la primera que va de acá para allá corriendo y muchas veces les quita los juguetes a otros niños. Pero no pega, ni empuja y es pequeña. Espero dentro de unos años haberla educado lo suficientemente bien como para que no se convierta en esta clase de niños y sepa compartir y respetar al resto de criaturas del parque.

¿Que clase de niños poco recomendables tenéis en vuestros parques?

Consejos de padre (16): madres helicóptero

Conforme nuestros pequeños bebés van creciendo y se van convirtiendo en pequeños niños, su acceso al mundo va aumentando y sus ganas por descubrir y experimentar también. Los padres, no podemos hacer más que intentar que no se hagan daño en ese proceso de exploración. Pero, ¿Donde esta el limite entre cuidarlos y sobreprotegerlos? Para mi ese límite es una linea casi invisible, que a veces sé que traspaso sin apenas darme cuenta. No me gustaría convertirme en una madre de esas que llaman “helicóptero”, porque a parte de agotador, no creo que sea bueno para el desarrollo correcto del niño.

Pero para evitar eso tendré que poner mucho de mi parte porque, como buenos animales de costumbres que somos los humanos, tendemos a repetir lo que hemos visto en nuestras casas, y mis padres, ahora abuelos de Valkiria, son bastante sobreprotectores y en todos lados ven peligros. No pretendo echarles la culpa, ni mucho menos. Estoy segura de que ellos, como todos cuando nos convertimos en padres, hicieron lo que creyeron mejor para nuestra salud y bienestar. Sin embargo, ahora que me toca a mi, hay algunas cosas que quiero hacer de manera diferente y no dejarme llevar por lo que me sale innato.

El momento parque es uno de esos momentos de tensión. Ya he dicho otras veces que no soy muy fan de la hora del parque. Me pongo nerviosa con tanto niño corriendo como pollo sin cabeza y tanta madre que pasa tres pueblos de sus hijos. Pero aun así voy, claro. Y yo no se en vuestras ciudades, pero aquí encontrar un parque para que jueguen los más pequeños parece casi misión imposible. Así que nos vamos apañando con los que tenemos relativamente cerca de casa, que son para mas mayores, y ella juega sin poder acceder a muchos de ellos por ser demasiado pequeña.

Quejas al ayuntamiento aparte, creo que es bueno que Valkiria vaya aprendiendo a defenderse sola en estos ambientes, pero eso no quiere decir que la deje despeñarse por el tobogán para que entienda que si se tira de cabeza se hará daño. Porque esta niña es así, intrépida y kamikaze. Ella no ve peligro en ningún sitio y no es para nada cuidadosa. Si quiere subir lo intenta, si quiere tirarse se tira y si se quiere meter por un agujero minúsculo ahí que va. Aunque luego se quede atrapada y no pueda salir. Además, ahora que ya corre como un gamo, pilla carrerilla y a veces tropieza con la raya de una baldosa.

En fin, que como dice el Papá Cascarrabias, más tarde o mas temprano se hará daño, y nosotros no podremos evitarle todas las heridas de guerra de la infancia. Por eso, intento dejar de ver peligros por todos lados y la dejo experimentar y probar sus propios límites, esperando que así aprenda lo que puede y lo que no puede hacer.

Y vosotros, ¿Sois padres helicóptero o dejáis libertad a vuestros hijos?

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