5 cosas que hago para preparar el parto

Mañana llego a la semana 35 de este segundo embarazo y, desde hace cosa de un par de semanas, mi cerebro ha entrado en modo cuenta atrás. Eso no solo trata de estar inmersa en plena elaboración del nido. Lavando ropa, planchando y clasificando como las locas. No. Va mucho más allá. Requiere de unos rituales, ciertas cosas que hago para preparar el parto e intentar que, ese día, salga todo como me gustaría.

Algunas de estas cosas ya las hice al final del embarazo del Valkiria. Otras, en cambio, debería haberlas hecho, pero, por pereza o dejadez, no llegue a hacerlas y luego me arrepentí de ello. Puede que, aun haciéndolas, nada hubiera cambiado en relación a como fue mi parto. Pero, por si las moscas, esta vez quiero poner toda la carne en el asador.

Estas son las 5 cosas que hago para preparar el parto de Atreyu:

Ejercicios de Kegel

Esos grandes conocidos y, a la vez, desconocidos… Creo que todas hemos oído hablar de ellos alguna vez. Pero, ¿cuantas sabemos exactamente como se hacen? Y de las que sabemos, ¿cuantas los hacemos con la suficiente regularidad? Yo ya os digo que en mi anterior embarazo no me acordé de ellos mas que cuatro días mal contados. ¡Así no hacemos ná de ná! Esta vez me lo he tomado mas en serio e intento hacerlos si no cada día, al menos en días alternos. Es super importante tomar conciencia de la musculatura que tenemos en esa zona y su importancia de cara al parto. Como saber relajar esos músculos de manera efectiva. Y, de cara al postparto, una vez recuperadas, como trabajar para volver a fortalecer la zona. ¡Hay que ser buenas y llevar los deberes hechos!

Masaje perineal

Otra de esas cosas que, cuando te las explican en las clases preparto, te quedas con cara de hacer chupado un limón. Pero que dicen que realmente, si lo hacemos con la constancia necesaria, a partir de la semana 30 o 32, puede ayudar a prevenir la episiotomía en el parto. ¡Y todo lo que sea tratar de evitar el cortecito de marras es bienvenido!

Como con lo anterior, alguna vez lo hice en mi primer embarazo, pero para que engañaros, constancia cero, así que de nada sirvió. Esta vez, empecé en la semana 33 pero intento hacerlo al menos tres veces en semana. No me garantiza que esta vez me vaya a librar, pero no quiero quedarme con la cosa de no haberlo intentado. Mi único problema con el masaje perineal es que, a estas alturas, me llego a duras penas, así que voy a tener que empezar a requerir la ayuda de mi señor marido. Que oye, tampoco está mal un masaje, aunque no sea un masaje pensado para que resulte agradable.

Yoga

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Yoga prenatal” vía Shutterstock

Ese, junto a caminar, ha sido mi deporte de este embarazo. En el anterior probé el aquagym prenatal, pero esta vez me apetecía algo que me sirviera para equilibrar cuerpo y mente. Como ya llevaba meses haciéndolo antes de quedarme embarazada, cambie de grupo y me pasé al de yoga prenatal. No es nada intenso, pero me relaja muchísimo y me noto con mucha mas elasticidad en el cuerpo. Aparte de ir a clase intento hacer algunos de los ejercicios en casa, sobretodo cuando me duele la espalda o se me cargan las caderas. Para eso me viene genial la pelota de pilates, que ya la compré en el anterior embarazo y, sin duda, ¡es el mejor invento del mundo para el final del embarazo!

Relajación

Esto va ligado a lo anterior. Al final de las clases siempre acabamos con una breve relajación. Hay de varios tipos, podemos imaginarnos siempre yendo a un lugar que nos transmita paz. Así el día del parto, al imaginar ese lugar, nos será mas fácil relajarnos. O, simplemente, podemos hacer una relajación clásica. Lo que viene siendo ir respirando y pasando por cada parte de nuestro cuerpo tratando de relajarlo de manera consciente. Sea de la forma que sea, la idea es hacerlo cada día para coger soltura a la hora de necesitar relajarnos. Mecanizar un poco la relajación y que nos sea más fácil llegar hasta ella. Yo intento hacerlo cada noche, al irme a dormir (aunque el calor no ayude mucho…). Primero trato de relajarme, normalmente visitando mi lugar especial. Luego, para evitar que vengan preocupaciones a mi mente, visualizo como quiero que sea el día del parto. De principio a fin. Con detalles. Ya se que un parto es imprevisible y luego será lo que tenga que ser. Pero a mi esto me funcionó para estar mas tranquila la primera vez y lo estoy volviendo a hacer ahora.

Respirar

También relacionado al punto anterior. Porque no hay relajación sin una respiración consciente. Pero voy mas allá… Me refiero a practicar los distintos tipos de respiración de cara al parto. La respiración mas corta, para los momentos de contracción. Y la respiración con la exhalación mas lenta, para cuando haya que dejar de empujar y relajar la zona. Los pujos de momento no los estoy practicando, aunque ya lo hicimos en las clases preparto. Esto viene bien para que, llegado el día, no se nos olvide como respirar en cada fase del parto. Lo podéis practicar con vuestras parejas para que, si a vosotras se os olvida, ellos os puedan ayudar a recordar.

Estas son mis 5 claves a la hora de prepararme para este segundo parto. Esta claro que no a todas nos funcionan las mismas cosas. Y que el tipo de parto, natural y sin epidural, que yo pretendo tener, necesita de mas consciencia y mentalización, quizá, que otro tipo de partos. Pero bueno, cualquiera de estas cosas pueden ser útiles para casi cualquier embarazada, independientemente de como se quiera parir. Lo importante, creo yo, ese día, es sentirnos seguras y preparadas para parir como cada una queramos hacerlo.

¿Que cosas hicisteis vosotras para preparar el parto?

¿Fuisteis capaces de ser constantes?

 

 

Primera clase preparto en la seguridad social

Quizá es un poco pronto para empezar con las clases preparto. Pero al ser por la seguridad social, hay que tener en cuenta, al menos aquí en Valencia, que en julio y agosto no hacen cursos preparto en la mayoría de ambulatorios. Como duran dos meses, y pariendo en agosto, había que empezarlas ya. Así que ayer asistí a mi primera clase y, ¡no sabéis la diferencia con la vez anterior!

Algunas ya leísteis la mala baba que se gastaba la matrona que tuve en mi anterior embarazo. Como ya conté en su momento, igual que con el resto del personal sanitario, la matrona que te toque es una cuestión de suerte. Pero si a aquella no podía ni verla, con la que tengo ahora estoy encantada. ¡Son como el día y la noche! Tanto en trato personal como en ideas relacionadas con su trabajo. La que tuve era mas de la vieja escuela, una mujer casi apunto de jubilarse, hastiada por estar donde estaba (que no es donde ella quería estar) y agobiada por la cantidad de trabajo. Cosas que se notaban en como trataba a todo aquel que cruzara la puerta de su consulta. En cambio, mi matrona actual es una mujer de una mente abierta, que es pro parto natural, pro lactancia materna y mas maja que las pesetas. ¡Se sabe hasta el nombre de la gente! (Que pensaréis que es lo normal, pero para mi no lo era).

En fin, que tenía muchas ganas de asistir a sus clases preparto porque ya sabía que me iban a gustar. La última vez que tuve cita con ella me estuvo explicando en que consistían. Un poco de ejercicio. Otro poco de relajación. Una parte práctica y otra final teórica. Que fuera con ropa cómoda, llevará una toalla y el acompañante que quisiera, pero preferiblemente la persona que fuera a estar conmigo el día del parto. Lo bueno es que, esta vez, al ser por la tarde, el Papá Cascarrabias puede asistir, aunque llegue empezada la clase.

Cuando llegué ya noté la primera diferencia. Estaba todo el suelo lleno de colchonetas formando un circulo, y allí estuvimos las dos horas que duró la clase. Nada mas llegar nos fuimos presentando y diciendo para cuando nos tocaba parir. Por las fechas que son, y teniendo en cuenta lo que os decía antes de que en verano no hay clases preparto, somos un grupo muy heterogéneo. Mamis de todas las edades y con fechas de parto que oscilan entre finales de julio y principios de octubre. De lo que mas llamó mi atención fue que de las 11 mujeres que estábamos allí, solo 2 eramos repetidoras. No se si porque las que repiten ya no suelen asistir a este tipo de clases.

Empezamos con unos ejercicios especiales para el embarazo que acabamos bailando con música árabe algo parecido a danza del vientre. ¡Fue muy divertido! Nos saltamos la relajación y fuimos a la parte práctica donde nos habló de los ejercicios de kegel y el masaje perineal. Que esta vez tengo intención de hacer cada día durante el tercer trimestre. A ver si podemos evitar la episiotomia. Para terminar nos puso un vídeo sobre la preparación al parto y los síntomas para ir al hospital. Hablamos un poco de las contracciones, que son, que sentiremos y cuando tenemos que tomarlas en serio.

La clase se me hizo muy amena, también porque la manera que tiene ella de expresarse ya hace que sea algo entretenido, cercano y distendido. Nos fuimos a casa con unas cuantas fotocopias sobre lo que habíamos estado hablando y un par de canastillas.

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La principal diferencia que veo entre la vez anterior y esta es el trato que se nos da a las embarazadas. Tratándonos de forma humana. Animándonos y empoderándonos. Haciéndonos sentir que somos capaces de parir y debemos confiar en nuestro cuerpo. La matrona que tuve en mi anterior embarazo se limitaba a repartir fotocopias, algunas de la época de matusalén, y a ponernos vídeos durante las dos horas que duraba la clase. Así ella tenía menos que hacer. Como habréis podido comprobar por lo que os he contado, nada que ver con la que tengo ahora. ¡Como se nota cuando alguien disfruta de su trabajo!

¿Asististeis a clases preparto?

¿Os fueron útiles de cara al parto y postparto?

 

Y entonces llegó nuestra Valkiria (III)

Nos habíamos quedado al borde de comenzar el expulsivo. Si os perdisteis las dos primeras partes de este post, las podéis ver aqui y aqui.

Después de cuatro horas de dilatación en el hospital, atada cual perro al poste de la luz por las correas y sin epidural ni analgesias de ningún tipo (la matrona me ofreció el gas ese, pero luego nunca llegó a traerlo y a mi se me olvidó), eran las 7 de la mañana y ya completamente dilatada tenía permiso para ir empujando. Así tal cual. Me dijo: “Ale, cuando tengas ganas ves empujando, yo me bajo a tomar un café“. Nos quedamos muertos. –¿Que se va?¿como que se va?– y, si, si. Se fué, y tardo mas de media hora en volver. El pobre Papá Cascarrabias cada vez que me venía la contracción y apretaba, me hacía la ola, armado con mi abanico, el cual no soltó durante todo el parto. ¡Parecia el quinto Locomia! Y, al rato de la matrona no aparecer y viendo asomar los pelillos de la Valkiria por allí abajo, me decía: “Venga cariño, que lo haces muy bien, de una de estas lo sacas tu sola“. Y yo en mi nube pensando: “¡Noooo, sola no!¿Para que he venido yo entonces a un hospital? ¿Para parir sola?“.

La matrona desaparecida en combate, pero cada dos por tres entraban y salían enfermeras que se debatian entre el: “Ay, miralo que mono él, todo el rato abanicandola” y el “¿Como?¿Que no lleva epidural? Pues yo pensaba que si…“. Y yo allí, berreando cual posesa. Si, a mi me daba la impresion de que berreaba, pero las enfermeras me decian que no, que las había que chillaban mucho más. Pero que si me aguantaba el chillido y focalizaba esa energia en empujar, mucho mejor. Ya, bueno, ¡para focalizar estaba yo!.

La matrona volvió, y en la media hora que le quedaba hasta acabar su turno le entró la prisa. “Venga, empuja, mas, mas, mas, un poco más” Mientras yo, agotada, jadeaba no puedo, no puedo como Chiquito de la calzada. Total, que le importaba ya a ella si paría media hora antes o después. Que manía de no respetar el ritmo natural de las cosas ¡leñe!.

A las 8, por fin, acabó su turno y entro otra matrona que ojalá me hubiera atendido desde un principio. Todo lo contrario a la anterior, una mujer super agradable. No recuerdo cuantos pujos hicieron falta para que la Valkiria naciera, pero tampoco fueron muchos. Para mi, el expulsivo resulto agotador. Tenía la sensación de estar pariendo un elefante. Eso si, una vez ya salió la cabeza, la sensación de alivio fue tremenda. Y casi al momento salió el resto del cuerpo. El instante en el que sale y te la ponen encima, piel con piel, es algo inolvidable. Un cúmulo de emociones que yo, al menos, no había sentido nunca. Amor en estado puro, 3,030gr de amor. A mi me pareció que me la dejaron muchísimo rato, y luego hablandolo con mi marido, meses después, me dijo que apenas fueron unos minutos. Luego se la llevaron a hacerle todas las pruebas que les hacen y al ratito me la volvieron a poner encima. Y allí estábamos al fin los tres, nuestros primeros instantes como familia, bañados en lágrimas de felicidad.

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Una piensa que ahí acaba todo, pero no. Después de que el Papá Cascarrabias cortara el cordón, aún había que sacar la placenta y eso fue un poco desagradable. La matrona tiraba y tiraba, y aquello no acababa de salir, se me hizo eterno. No se si eso se supone que siempre es así, porque yo he leído de gente que la sacan como si nada con otra contracción, pero bueno, al final salió. A pesar de llevar en el plan de parto que no quería episiotomia, llegado el momento le dije a la matrona que si veía que me iba a desgarrar, cortara. Y por lo visto no se pudo evitar, así que todavía quedaba el tema de los puntos. Toda esta parte fue la más desagradable, aunque a mi en ese momento, con ni niña en brazos, ya me daba igual ocho que ochenta. Me pusieron anestesia local, que eso si lo notaba e iba dando respingos. Y me dieron cuatro puntos por fuera, y no se cuantos por dentro. Yo intentaba estarme quieta, pero a veces era inevitable moverme. Menos mal que la matrona era maja y me animaba todo el rato diciendome que ya no quedaba nada. Una vez ya acabó, me cambiaron de camilla y esperando a que nos prepararan la habitación se quedo con nosotros hablando un poco de esto y de aquello. Resultó que su hija también quiso parir como yo, con un parto mas respetado y sin analgesia. Por eso, imagino, fue tan comprensiva con el tipo de parto que intentamos tener. Como digo, una pena que no fuera ella desde el principio.

A todo esto, con la Valkiria en brazos, yo solo podía pensar en lo bonita que era mi niña y en el hambre que tenía. Toda mi preocupación era que me dieran algo de desayunar, pero las enfermeras de planta, como supusieron que me habrían puesto anestesia, no me querían dar nada, y yo desesperada. ¡Muertecica de hambre me tenían!¡Mi reino por unas tostadas! Menos mal que tenía enchufe en el hospital y me trajeron de estraperlo unas galletas y un poco de zumo. Al rato, subieron mis padres y horas después mis suegros. Los ahora nuevos cuatro abuelos rebosaban felicidad al conocer a su primera nieta.

Mirandolo con la perspectiva que da el tiempo, no tuve el parto que hubiese querido, el parto que llevaba en mi plan de parto. Pero tampoco me puedo quejar de como fueron las cosas. Hubo algunas que pudieron ser como yo las quería y otras que no. Y estuve, relativamente, pocas horas de parto para ser primeriza. Mi experiencia con la matrona mala baba no consiguió enturbiar la emoción de ese día. Aunque si reconozco que hubiera preferido no haber tenido que toparme con alguien así en un momento como ese. Sin duda, nos queda mucho camino por recorrer en lo que a reclamar nuestro derecho como mujeres a parir de la manera mas respetuosa posible se refiere. Eligiendo cada una lo que prefiera, pero siendo tratadas desde el respeto y la comprensión que un momento así merece. Ojalá el día que a mi Valkiria le toque dar a luz las cosas sean distintas para ella.

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Y entonces llegó nuestra Valkiria (II)

Nos habíamos quedado de camino al hospital en la primera parte de este post

Entramos a urgencias, me preguntaron si quería silla de ruedas, pero yo prefería ir andando, así que una enfermera nos acompaño hasta la zona de maternidad, que no imaginaba yo que quedara tan lejos, así que cada X me tocaba pararme y apoyarme en la pared para sobrellevar la contracción de turno. Cuando llegamos a la sala de espera de maternidad, al Papá Cascarrabias le dejaron allí y no pudo acompañarme dentro. A mi también me tocó esperar un poco en la sala de espera de dentro, esa noche había colapso de parturientas, y eso que ni siquiera había luna llena (aunque eso sea un mito).

Al rato me hicieron pasar, me dieron el “sepsi” camisón de hospital y me cambie todo lo rápido que pude. Comprobaron entonces como iba ya de dilatada y ¡ya llevaba 4 centimetros!. Me sacaron sangre para el tema de la donación de la sangre del cordón umbilical (aunque finalmente no sirviera de nada) y me pusieron la vía en el lateral de la muñeca. Eso si me dio un poco de impresión, era la primera vez en mi vida que ingresaba en un hospital y por tanto también la primera que me tenían que poner una vía.

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio y allí me quede un rato hasta que pudo venir a verme la ginecóloga, que estaba asistiendo un parto de gemelos. Cuando al fin vino, me pusieron las famosas correas (que agobio de invento) y dejaron entrar al Papá Cascarrabias. Pero antes de que él entrara, ya habian hecho acto de presencia la matrona del turno y su ayudante (matrona en practicas). La matrona, por desgracia, me entró muy mal. Primero me pregunto mis datos y seguidamente continuo con un: “Bueno, te pondremos epidural, ¿no?”. A lo que yo contesté que no, que no la quería. Ella, ojiplatica, se giro inmediatamente hacia mi y me dijo: “¿Como que no?¿Porqué no?”. Yo le expliqué mis motivos y ella muy estupida (por no llamarla otra cosa) me contestó: “Tú misma, pero no se que necesidad tienes de sufrir, estamos en el siglo XXI. Cuando te rompa la bolsa de las aguas te va a doler mucho mas que ahora… ¡Ya me la pedirás!”. Me quede un poco parada, como sin saber que contestar, pues no me esperaba que una profesional me soltara algo así en un momento como ese. Pero ni quería ni tenia el cuerpo para discutir, sobre todo porque tenía que ser ella la que me asistiera en el parto, así que mejor llevarnos bien, o intentarlo.

Su ayudante, una chica muy joven, era todo lo contrario a ella, afortunadamente, con una borde ya teniamos el cupo cubierto. Esa chica era un sol. Fue la única que se preocupo un poco por nosotros a nivel animico y procuró que estuvieramos en un ambiente lo mas tranquilo posible, bajandonos las luces y todo, aunque la pobre no tuvo mucho éxito, porque a cada rato entraba alguien buscando algo o para hacer algo o lo que fuera.

A las cinco y media de la mañana ya tenía cinco centimetros dilatados y aun no me habían roto la bolsa. Las primeras horas de dilatacion en el hospital se me hicieron mas o menos rápidas, pero muy incomodas porque, una vez que te ponen las correas, apenas te puedes mover. Y pasar las contracciones tumbada es como peor se pasan, como más duelen, o al menos así era para mi. Pero por más que les pedia si, por favor, me podian dejar un rato sin correas para que pudiera moverme, nada de nada. Me decían que en el hospital tenían unos protocolos y que no se los podían saltar, ni mucho menos quitar la monitorización de la niña, que podía pasar cualquier cosa. Así que, cada vez que la Valkiria se movia, que se movia mucho porque se ve que tenia mucho espacio, perdian su monitorizacion y venia la matrona mala baba a recolocarme las correas. En ese momento veia las estrellas, porque a ella lo mismo le daba movermelas estando con o sin contraccion. En fin, ¡un show!. Lo más que conseguí fue que me trajeran un balon de pilates y me lo pusieran al lado de la cama, así estuve un rato, pero como si me movia, perdían los monitores, era la historia de nunca acabar. A todo esto, y por haberle insistido en varios temas, tuvimos que aguantar una charla/sermón por parte de la matrona, diciendonos lo estrictos que eran los protocolos del hospital, que ella no se los podía saltar, y que bastante hacía con permitirme las cosas que me permitia. Que lo del plan de parto estaba muy bien en la teoría, pero que en la práctica, si quería tener un parto más natural, me fuera a un hospital de Mallorca o a una clínica que hay en Alicante. Nuestra cara de asombro debía de ser un poema.

A las 6:30 de la mañana vino la matrona a romperme la bolsa de las aguas. Y si, las contracciones cada vez eran mas fuertes y mas seguidas. Las respiraciones que aprendimos en las clases preparto me vinieron muy bien, por mas que la matrona me dijera que iba a hiperventilar. Bien es cierto que las hormonas hacen que haya momentos que estés como en trance, a pesar del agotamiento, yo, entre contracción y contracción incluso me quedaba dormida.

frontal10(Otra foto más de ese día, mi pobre ombligo ya no daba más de si)

La noche tuvo varios momentos surrealistas generados por la “querida” matrona. Como lo mio con los pinchazos ya parecía estar superado como explique aquí, el destino quiso que me llevara alguno mas de la cuenta, así que la sangre que os decía que me sacaron al principio, se coaguló de camino al laboratorio y vino la matrona a sacarme de nuevo. Sin importarle si estaba en medio de una contracción o no, procedió a pincharme, eso si, no sin antes haberse olvidado los tubos en algún sitio (matame camión). Solucion: llamar a grito “peláo” a las enfermeras, que tras cinco minutos se dieron por aludidas, y nosotros allí, con nuestra cara de estupefacción máxima y aguantando las contracciones mientras ella me decía: “no te muevas” -¿Perdona?-. Total, para que al final la sangre del cordón no se pudiera donar porque si el bebé pesa menos de 3.500gr no te lo aceptan. ¡Ya me lo podían haber dicho antes!.

En una de las tantas rondas de tactos vaginales, mientras me lo hacia la matrona en prácticas, hubo un momento de tensión. Poniendo caras y mirando a la matrona mala baba, dijo: “creo que se ha estancado y se esta endureciendo el cuello del útero”. Ahí, incluso dentro de mi nube de drogas naturales, se me encogió el corazón. La sombra de la cesárea apareció en escena, y yo no podía dejar de pensar que no, que aquello no podía ser así, después de tanto esfuerzo no. Lo único que tengo que agradecerle a la desagradable de mi matrona fue lo que hizo en ese momento, que no se exactamente lo que fue, pero metió la mano, hizo un par de movimientos (que molestaron un poco), y dijo: “esto ya esta, ya esta completamente dilatada, el cuello borrado”. ¡Que alivio sentí!

-Continuará-

Y entonces llegó nuestra Valkiria (I)

El relato de mi parto o “mi día P”, no es algo a lo que pueda dedicar una única entrada, así que este será el primero de una serie de posts en los que os contaré como viví ese día tan importante de nuestras vidas, el día en el que nos convertimos en una familia. Mucho antes de pensar siquiera en hacerme un blog, poco tiempo después de haber dado a luz, decidí transcribir como había sido la experiencia, quizá por miedo a olvidarme, con el tiempo, de los detalles. Esta es nuestra historia…

perfil11(Foto de esa misma tarde, ya con contracciones)

Desde que cumplí la semana 37 de embarazo, estaba en modo cuenta atrás, deseando que la Valkiria decidiera salir cuanto antes, pues yo, entre el bombo gigante y el calor, ya no podía mas. Mi FPP era el10 de octubre, pero hice todo lo posible para que llegara lo antes posible. Paseitos por la mañana y por la tarde, gimnasia prenatal y amor, mucho amor (que contento estaba el Papá Cascarrabias esos días). Pero la niña no se decidía a salir. Yo,por si acaso, la iba amenazando con castigarla hasta los 18 sin salir, si tenia la osadía de estar ahí dentro un día mas allá de la fecha limite de entrega. Además, aquí el día 9 de octubre es festivo, y toda mi obsesión era que no naciera en festivo, que en los hospitales la gente esta a medio gas (seguro que en el fondo es una tontería, pero me dio por ahí).

La noche del 8 al 9 ya la pasé extraña, como con dolor de regla y levantandome muchas veces al baño, cada hora u hora y media. El día 9, a pesar de ser festivo, mi marido tuvo que ir a trabajar, así que yo estaba sola y mis padres me propusieron ir a comer fuera. Íbamos a ir a un centro comercial en la otra punta de la ciudad, pero a media mañana mi padre me llamó diciéndome que el coche no arrancaba, que parecía cosa de la batería. A mi me vino hasta bien porque me levante con dolor de ovarios y estando a un día de salir de cuentas, prefería no irme muy lejos de casa, por si acaso. Mientras comíamos en un sitio a diez minutos andando de casa, le dije a mi padre: “ya seria mala suerte que me pusiera de parto el día que se te ha estropeado el coche” -¡Zas, en toda la boca!- ejem… Bocachancla total.

Después de comer, sobre las cinco, yo me fui a mi casa, y como estaba algo cansada, me acosté a dormir la siesta hasta que llegara mi marido del trabajo. A las seis y veinte me desperté porque me dolía bastante el vientre, fui al baño y se me paso un poco. En cuanto llegó mi marido le pedí que me tocara la barriga, a ver si a el le parecía que estaba especialmente dura. Llamadme tonta, si si, cazurra, yo me tocaba la barriga por los lados, y claro que no estaba tan dura como te dicen. Cuando el Papá Cascarrabias me dijo “toca en el centro” – ¡Vaya si estaba dura! Pues va a ser que esto es una contracción- Es lo que tiene no haber tenido ninguna antes.

Empezamos a controlar los tiempos. Al principio eran cada 45 minutos. Hasta las ocho y media de la tarde, que pasaron a ser cada media hora. De momento eran bastante soportables, así que nos pusimos a hacer la cena, algo ligero, una ensaladita. Las contracciones empezaron durando unos ocho minutos, pero cada vez duraban menos y eran mas intensas. El balón de pilares y las respiraciones aprendidas en las clases pre parto empezaron a hacerme falta para sobrellevarlas. Aun así, friki que es una, ese día era la final de un reality que veíamos ” Quien quiere casarse con mi hijo” (guilty pleasure) y ¡por supuesto, no me lo podía perder!

El Papá Cascarrabias se fue a dormir a las once y media, porque al día siguiente “tenia” que ir a trabajar, y yo me quedé a ver terminar el programa. Una hora después, me fui para la cama a intentar dormir, o descansar, pero fue imposible. A la una de la mañana las contracciones ya eran cada 15 minutos. Ahí ya había despertado al Papá sentada en el balón de pilates en mitad del dormitorio, círculos a la derecha, círculos a la izquierda. Él se puso a repasar que todo estuviera listo para ir al hospital, mientras yo trataba de concentrarme en controlar la respiración, ya que quería esperar hasta que las contracciones fueran cada cinco minutos durante al menos una hora para irnos. Queria apurar en casa lo máximo posible. A las dos de la mañana ya eran cada 3-5 minutos, así que me metí a ducharme. Era gracioso porque las contracciones eran tan puntuales, que él me avisaba cuando quedaba poco para que llegara la siguiente. Yo me acuclillaba en la bañera y respiraba hasta que pasaba.

Ya hacia horas que habíamos avisado a nuestros padres de como estaba la cosa, así que cuando a las tres de la mañana nos fuimos para el hospital, hubo nueva ronda informativa. El camino se me hizo eterno, por aquello de no poder moverme para sobrellevar las contracciones. Por suerte, a pesar de que el hospital queda bastante lejos de casa, como a media hora en coche con trafico normal, al ser de madrugada no había nada de trafico y llegamos en apenas 15 minutos.

-continuará…-

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