Postparto, esa montaña rusa

El postparto es otra de esos temas en los que, parece que se profundiza durante las clases preparto, pero nunca te llegan a explicar, realmente, a lo que te vas a enfrentar. Entre otras cosas porque nadie sabe a lo que te vas a tener que enfrentar. No sabes si tendrás que recuperarte de una cesarea, de un parto vaginal. Si saldrás sin un solo punto o mas cosida que el monstruo de Frankenstein. Y ya no solo hay que hablar a nivel físico, sino también emocional.

Incluso si, como me pasó a mi esta vez, tienes la suerte de tener una matrona de lo mejorcito que te lo explica todo genial, nada te puede preparar para la montaña rusa en la que te vas a subir una vez tu bebé abandone tu cuerpo… (si ya no era suficiente la revolución hormonal que tenías con el dentro…).

En mi caso, como me pasó con los partos, he tenido dos postpartos totalmente diferentes. Estoy segura que el cómo fue el parto influyo del todo en esto. De echo, os reconozco ahora que ya ha pasado que, esta vez, tenía mas miedo al postparto del que quería reconocer. ¡Mucho mas que al parto! Porque, al fin y al cabo, el parto es un ratico, pero el postparto dura mucho mas tiempo.

Mi primer postparto

Aquí jugaba la baza de ser primeriza. Después de un parto relativamente “bueno” en el que no me libré de la episiotomia, llegó el postparto y con él casi 15 días de dolor continuo. Ya no solo me dolían los pezones por el inicio normal de la lactancia, sino que el dolor del corte en los bajos casi no me dejaba sentarme. Recuerdo mandar al padre a comprar un flotador en pleno octubre para sentarme en el, pero ni siquiera así estaba medio cómoda.

La medicación que me mandaron no me quitaba del todo el dolor. Necesitaba las dosis antes del tiempo que tocaba, lo que me hacía interminable la espera para poder chutarme el nuevo analgésico.

Los puntos tardaron en cicatrizar y cuando se fueron secando aun me tiraban y me molestaban más. A todo esto hay que sumarle el subidos/bajón de hormonas, que te hace estar bien y al minuto llorar como una magdalena. Uno de los días, el primero que me quedé sola unas horas con la niña, incluso llamé a mi madre llorando porque creía que me estaba desangrando… Queen of drama total, pero es que eso es lo que tiene el postparto, que nos da por donde nos da.

Por todo esto y por el estrés añadido de verte con tu bebé y enfrentarte a tus primeros momentos de “llora y no se lo que le pasa” o “¿lo estaré haciendo bien?” creo que mi primer postparto lo viví como si de una verdadera montaña rusa se tratase. No llegué a la depresión postparto. Pero si recuerdo llorar en momentos de soledad sintiéndome culpable por no estar rebosante de felicidad en todo momento. La culpa… ¡ay la culpa amigas!

Mi segundo postparto

Esta vez ya sabía a lo que iba. No es que fuera predispuesta para lo peor, pero intenté estar mentalizada para cuando llegara el momento. Sorprendentemente, aunque el parto fue duro, largo y acabó con un desgarro de tipo dos, el postparto ha sido otra cosa totalmente diferente.

Para empezar la zona estaba dolorida, pero mucho menos de lo que yo recordaba de la primera vez. Podía aguantar sentada sin mucha molestia, lo cual ya era todo un logro.

Me mandaron paracetamol y otra cosa (cuyo nombre no recuerdo…) por si tenía mas dolor. No pasé del paracetamol y se me pasaban las horas de tomármelo. Lo que quiere decir que tampoco iba todo el día rabiando de dolor. Los puntos se secaron bien y no me molestaron mas conforme avanzaba el tiempo. Creo que me he recuperado mucho mejor esta vez porque fue un desgarro y no fue un corte. He leído mucho sobre esto últimamente y la conclusión es que un desgarro es mas complicado de suturar, pero está demostrado que la zona se recupera mucho mejor. Al menos si hablamos de un desgarro del tipo del mio.

Para que os hagáis una idea… En mi primer postparto no salimos de casa hasta que tocó revisión con el pediatra y la matrona. Una semana después. Esta vez, en cambio, al cuarto día ya estaba paseando por la calle. A ratitos cortos, eso si, pero saliendo que ya es mucho.

A diferencia de la primera vez, esta no me he librado de las temidas estrías. Me salieron todas en el último mes. ¡Normal! Ya visteis el tamaño descomunal de mi barriga. Esto también ha hecho que me esté costando más volver a mi ser. Pero oye… Poquito a poco.

En cuanto al plano emocional, me he notado menos insegura, mas estable… No se si es por la seguridad que te da el ya tener experiencia, o porqué. Algún momento de bajón he tenido de todo modos, no os vayáis a pensar que estaba en plan Heidi todo el día feliz de la vida. Pero mucho mas light que la vez anterior. Quizá esta vez lo que he notado es algo más de estrés a la hora de organizarme yo sola con los dos. Pero eso creo que entra dentro de la normalidad… ¿no bimadres del mundo?

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-Mi barriga dos meses después de parir-

En conclusión…

Como con casi todo en esta vida, creo que no se puede ir con ninguna idea preconcebida porque cada experiencia es distinta. Aunque tu seas la misma. Mi matrona me dijo que los segundos se recupera una mejor porque ya tienes a los mayores que te hacen ponerte las pilas rápidamente. Pero yo creo que como sea tu parto marcará completamente como vivas el postparto. Y para mi, esta vez, ha sido una verdadera maravilla.

¿Como fue vuestro postparto?

¿Notasteis diferencia entre vuestros postpartos?

El parto de Atreyu (segunda parte)

Como os contaba en la primera parte de este post, aquella noche me acosté después de un chocolate a la taza, en un último intento desesperado de probar algo que desencadenara el parto de Atreyu. Dos horas después empezó la fiesta. Las contracciones, al principio, eran cada 20 minutos. Traté de dormir entre ellas, pero era imposible porque cada vez que venía una me despertaba. Así que deje de intentar dormir, y me puse a contar las contracciones con la aplicación que me bajé en la tablet.

Mientras las contracciones se iban haciendo cada vez más cercanas yo iba cambiándome de postura. Unas veces sobre el balón de pilates haciendo círculos, otras a cuatro patas en el suelo practicando alguna postura de yoga o de cuclillas. Respirando para pasar las contracciones que cada vez notaba con más intensidad. Intentando aplicar en casa todo aquello que aprendí en las clases preparto y de yoga prenatal. Tratando, en definitiva, de alargar lo máximo posible la fase de dilatación en casa, porque una vez en el hospital ya sabía lo que había.

Así fueron pasando las horas de aquella madrugada, hasta que a las 6:00 de la mañana, cuando ya las contracciones eran con una frecuencia de unos cinco minutos, decidí despertar a Papá Cascarrabias para anunciarle que nuestro hijo, ahora si que si, estaba de camino. Empezamos entonces a prepararnos para ir al hospital. Me metí en la ducha y es curioso lo que alivia el agua caliente. Con mucho gusto me habría metido en la bañera, pero, ilusa de mí, me daba miedo alargar demasiado la cosa y no llegar a tiempo al hospital.

Sobre las siete menos cuarto despertamos a Valkiria. Ya en el coche de camino a casa de Los abuelos puñeteros, le explicamos que su hermano estaba de camino y que papá y mamá se iban al hospital. Me despedí de ella con un abrazo entre contracciones y casi se me saltan las lágrimas. Mi pequeña valkiria iba a dejar de ser hija única para convertirse en hermana mayor.

El camino al hospital, a las 7 y algo de la mañana de un miércoles laborable, se me hizo mas largo que un día sin pan. A las 7:30 entraba por la puerta de urgencias y ya me veían venir de lejos… “Vienes de parto, ¿no?“… ¡Pues va a ser que si! Me ofrecieron la silla de ruedas, pero yo soy de las que prefieren ir andando, y os aseguro que el camino hasta las urgencias de maternidad es largo… pero largo. Aun así preferí andar, parándome con cada contracción.

Entré sola a triaje, lo normal en este hospital y allí me atendió una enfermera que me hizo las primeras comprobaciones: temperatura, tensión, etc… Luego me vio la ginecóloga. Ecografía para asegurar que todo estaba bien y tacto vaginal. ¡5 centímetros dilatada! ¡Bien! ¡Esto marcha! Volví con la enfermera que me puso la maldita vía (luego os cuento…). Cada persona que entraba me decían que estaba muy tranquila y que estando de 5 cm, y siendo un segundo, aquello iba a ser muy rápido… Y yo les creí…

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio donde me esperaba otra enfermera y Núria, la matrona residente que asistiría mi parto. Empezó a hacerme las preguntas de rigor mientras miraba mi plan de parto. Yo me esperaba cualquier cosa dada mi experiencia anterior en ese mismo hospital cuando nació Valkiria. Pero nada mas lejos de la realidad. En el momento que me preguntó si quería la epidural y le dije que no, no dijo nada mas que…vale. Mientras esperábamos que llegara la matrona oficial, me fue monitorizando (de esto no se libra nadie…) y nos pusimos a charlar. Entonces fue cuando le conté mi experiencia en mi anterior parto con la matrona que me tocó. La conocía… Palabras textuales suyas: “Lo bueno que tiene parir aquí en agosto, es que las veteranas suelen estar de vacaciones y el personal es mas joven y con otra forma de trabajar“… ¡Genial!

Charla que te charla, dejaron pasar por fin a mi marido. Sobre las 9:20 llegó Lourdes, la matrona oficial. Se presentó y en seguida vi que, esta vez, mi parto iba a ser muy diferente. Tanto Lourdes como Núria entendían perfectamente el tipo de parto que quería tener e iban a tratar de ayudarme en todo lo posible. Para que os hagáis una idea: me dejaban ir al baño siempre que quería, beber agua, cambiar de postura, siempre que quisiera, como quisiera. De pie, sentada en la cama, sentada en el balón de pilates, de cuclillas, a cuatro patas apoyada sobre la cama… ¡Creo que me faltó hacer el pino! Y así durante toda la dilatación… ¡una maravilla oiga!parto-natural-la-fe

-Parturienta en proceso… Y tan pancha-

A eso de las 11:30 entro a preguntarme como lo llevaba y a decirme que no me haría tactos vaginales si yo no se lo pedía y no era estrictamente necesario. Me dijo que a ella no le hacían falta, que solo con verme a mi y ver la gráfica, ya sabía en que punto estaba. Aquella vez fui yo la que le pidió que lo hiciera. Quería ver cuanto llevábamos ya dilatado. Para animarme y tal… Así que lo hizo… ¡8 centímetros de dilatación y cuello borrado! ¡Ole y ole! Me vine arriba… En nada tendríamos a Atreyu con nosotros… (O eso pensaba yo…)

La bolsa seguía intacta y Lourdes no tenía ninguna intención de rompérmela si no era necesario. Me dijo que con la bolsa amortiguábamos un poco el dolor de las contracciones y a mi me pareció bien. Recordad que seguía sin epidural y sin ningún tipo de analgesia por decisión propia. Hubo una cosa que si me trajo y que me ayudó mucho a pasar el dolor de las contracciones, una bolsa de suero calentada para ponerla en los riñones… ¡Me aliviaba muchísimo! No sabéis la de viajes que hicieron para calentar aquella bolsa…

Y de repente, sobre la 1 de la tarde, así sin comerlo ni beberlo… Yo que tan tranquila estaba, respirando, controlando el dolor de las contracciones como podía, concentrándome en estar relajada… Empecé a ponerme nerviosa, a tener calor, sudores fríos… ¡Mierda, no puede ser! ¡Me estaba dando un ataque de ansiedad! ¡Quería huir! ¡Salir de allí corriendo! ¡En mitad del parto, me daba igual! Os aseguro que sé bien de lo que os hablo, aquello era un ataque de ansiedad en toda regla y yo, que me los conozco, no entendía porque… porque en ese momento, si yo estaba tranquila, si hace un segundo me encontraba la mar de calmada, no tenía miedo de nada, no hacía porqué tenerlo… ¿Porque me pasaba aquello?

No les dije que quería huir cual gacela de los leones, pero si que no me encontraba bien mientras lloraba. Les pedí que me dieran algo para calmarme, un sedante, ¡lo que fuera! Obviamente no me hicieron caso en lo del sedante y Lourdes, con mucha calma y mucho cariño, me explicó que aquello que sentía era por culpa de las sustancias que generaba mi cuerpo, que tenía un subidón de adrenalina y que era absolutamente normal. Me trajeron una bolsa para que respirara en ella… ¡tenía que calmarme! Y lo sabía… Traté de respirar en la bolsa, pero era muy grande y se me escapaba con los nervios y las contracciones… aquello no funcionaba. Entonces, empapó una gasa en alcohol y me la dio para que la oliera mientras me decía que lo hiciera poco a poco, pero que intentara respirar.

Mi marido, mientras todo esto pasaba, me empapaba cada dos por tres la frente y la nuca con agua, para bajar el calor que sentía. Pero como no era suficiente pasamos también a gasas empapadas de alcohol, al tiempo que me hacía aire con el abanico. No duró mucho, no creo que llegara a 20 minutos, pero fue un momento muy desagradable. Por suerte, poco a poco, se fue pasando y fui recuperando la calma y el control sobre mi misma. Aun nos quedaba la recta final y, aunque aun no lo sabía, iba a necesitar mas fuerza de la que nunca imaginé…

-El parto acabará en el próximo post-

El parto de Atreyu (primera parte)

Ya tenía ganas de empezar a contaros como fue mi parto, el día en que conocí al hombre de mi vida (con permiso de su padre) y nos convertimos en una familia de cuatro. Pero comprenderéis que estamos en fase de acoplamiento familiar a la nueva situación y, estos días, lo que mas me falta es tiempo. Para no hacerlo muy tostón, porque el parto fue largo, os lo contaré por partes… Así fue como empezó todo…

Las que me seguís por redes sociales sabréis que desde la semana 37 estaba ya hasta el pirri del bombo. Entenderme, es mi segundo embarazo en verano, con el calor que hemos pasado este en concreto, y el tamaño de mi barriga era ya tremendo. Aunque la primera vez estaba igual de cansada a esas alturas. Lo que me lleva a pensar que, para mi, el último mes se me hace cuesta arriba a mas no poder. Ya me quedo sin saber si me pasaría lo mismo tocándome parir en invierno… Eso nunca lo sabremos…

El caso es que una se deja llevar por la emoción de los opinologos locales, unos más entendidos que otros, y yo ya iba con el chip de que aquello tenía pinta de acabar antes de la fecha indicada… ¡ilusa de mi! Claro, la gente me veía con ese panzón y desde la semana 30 ya me estaban preguntando si me tocaba parir ya. Y vaticinaban que no llegaba ni de coña… ejem… ¡pues va a ser que no!

Mi desesperación, mi cansancio y mi ansiedad crecían conforme se acercaba mi fecha probable de parto, el 26 de agosto. Tenía esa fecha marcada a fuego en mi cerebro. ¡Atreyu, o sales o te desalojo! Las últimas dos semanas, de hecho, creo que se me fue de las manos el tema comida con aquello de la ansiedad.

A diferencia de la primera vez, que no noté una contracción hasta el mismo día del parto. Esta vez, ventajas de ser multípara, fui bien servida de contracciones y pinchazos desde semanas antes de mi FPP. Algunas de ellas de estas que cuando te dan te dejan seca y paralizada allá donde te pillen. “El cuerpo se está preparando” me decían. “Eso es porque toda tu musculatura esta distendida y se nota mucho mas” comentaban…. ¡Pues que bien, pero menos prepararse y mas parir!, pensaba yo para mis adentros.

En la semana 38, la ginecóloga que me hizo la última ecografía, al comentarle lo de las contracciones me recomendó reposo… ¡reposo! Porque sino me pondría de parto antes y había que aguantar porque el niño solo pesaba 3 kilos… ejem… A esto volveremos luego… Esa misma tarde estuve horas con contracciones soportables, cada poco tiempo, pero sin llegar a ser regulares. aunque ella me había dicho que ante algo así me fuera al hospital, yo, con mi tranquilidad y acordándome de las clases preparto, decidí quedarme… Al final pasaron.

Empezamos con “la operación desalojo”, que consistía en paseos al caer el sol (muertecica de calor y sudando como un pollo) y en mucho mucho amor de pareja. Esto último parecía efectivo. Pasé varias tardes con contracciones de las que se dejan notar, frecuentes pero no regulares… otra vez.

Casi acabando la semana 39 tuve los famosos monitores. Aquello decía que de momento nanai de la china. Cuando me hicieron la ecografía, solo una semana después de la anterior, el peque ya pesaba 3,500… Hasta la ginecóloga se sorprendió de que hubiera ganado tanto peso en una sola semana… Todo apuntaba a que la ecografía anterior se equivocaron. Cita para acudir el miércoles siguiente, día 30. Y así llegamos a mi FPP, 26 de agosto, sábado.

embarazo-40-semanas-parto-Última foto de la barriga, del mismo día de mi FPP-

Las prostaglandinas y la oxitocina propias del amor marital hicieron su efecto. Esa misma tarde las contracciones subieron de intensidad y, después de cuatro horas, cuando las contracciones eran regulares, decidimos ir al hospital.

Dejamos a Valkiria con los abuelos, cogimos la bolsa con las cosas y nos plantamos en urgencias. Si os soy sincera, yo me notaba demasiado tranquila y, ya yendo hacia allí, bromeaba con el padre sobre si estábamos o no de parto.

Las urgencias de maternidad parecían una fiesta con entrada libre, ¡había overbooking de parturitas! Y todas salíamos de cuentas el mismo día por lo que me dijo un enfermero. Me pasaron a triaje. Ecografia, tacto vaginal, 3 centímetros dilatada, monitores durante 45 minutos y veredicto… no estaba de parto… ¡oooohhh! ¡Mi gozo en un pozo!

Me dieron dos opciones, quedarme ingresada esa noche por si la cosa se animaba y darme el alta a la mañana siguiente si era que no. O irme a casa y volver si fuera necesario. Nos fuimos a casa, si tenía que esperar prefería hacerlo en la tranquilidad de mi hogar.

Después de ese día, la cosa se calmó y empezaron a pasar los días, leeeeeentos y pesados. Seguimos con la operación desalojo pero ya prescindimos del amor porque solo me daba contracciones pero no me acababa de poner de parto, así que cuando tuviera que pasar que fuera porque Atreyu lo decidiera. Aún así, hice una última cosa, un acto desesperado por mi parte, pero ya me daba igual. Me zampé una taza de chocolate caliente bien cargado de canela. Con el asco que me da a mí el chocolate a la taza… ¡puaj! Para ayudar a pasar el mal trago lo acompañe de unos bizcochitos para mojar, ¡todo muy light!chocolate-parto

Lo cierto es que, no se si esto ayuda o no, pero, dos horas después, la primera contracción, que anunciaba que Atreyu estaba en camino, me despertó. Así que tampoco puedo negar rotundamente que el chocolate a la taza con canela no tuviera ningún efecto en absoluto.

-El parto continuará-

5 cosas que hago para preparar el parto

Mañana llego a la semana 35 de este segundo embarazo y, desde hace cosa de un par de semanas, mi cerebro ha entrado en modo cuenta atrás. Eso no solo trata de estar inmersa en plena elaboración del nido. Lavando ropa, planchando y clasificando como las locas. No. Va mucho más allá. Requiere de unos rituales, ciertas cosas que hago para preparar el parto e intentar que, ese día, salga todo como me gustaría.

Algunas de estas cosas ya las hice al final del embarazo del Valkiria. Otras, en cambio, debería haberlas hecho, pero, por pereza o dejadez, no llegue a hacerlas y luego me arrepentí de ello. Puede que, aun haciéndolas, nada hubiera cambiado en relación a como fue mi parto. Pero, por si las moscas, esta vez quiero poner toda la carne en el asador.

Estas son las 5 cosas que hago para preparar el parto de Atreyu:

Ejercicios de Kegel

Esos grandes conocidos y, a la vez, desconocidos… Creo que todas hemos oído hablar de ellos alguna vez. Pero, ¿cuantas sabemos exactamente como se hacen? Y de las que sabemos, ¿cuantas los hacemos con la suficiente regularidad? Yo ya os digo que en mi anterior embarazo no me acordé de ellos mas que cuatro días mal contados. ¡Así no hacemos ná de ná! Esta vez me lo he tomado mas en serio e intento hacerlos si no cada día, al menos en días alternos. Es super importante tomar conciencia de la musculatura que tenemos en esa zona y su importancia de cara al parto. Como saber relajar esos músculos de manera efectiva. Y, de cara al postparto, una vez recuperadas, como trabajar para volver a fortalecer la zona. ¡Hay que ser buenas y llevar los deberes hechos!

Masaje perineal

Otra de esas cosas que, cuando te las explican en las clases preparto, te quedas con cara de hacer chupado un limón. Pero que dicen que realmente, si lo hacemos con la constancia necesaria, a partir de la semana 30 o 32, puede ayudar a prevenir la episiotomía en el parto. ¡Y todo lo que sea tratar de evitar el cortecito de marras es bienvenido!

Como con lo anterior, alguna vez lo hice en mi primer embarazo, pero para que engañaros, constancia cero, así que de nada sirvió. Esta vez, empecé en la semana 33 pero intento hacerlo al menos tres veces en semana. No me garantiza que esta vez me vaya a librar, pero no quiero quedarme con la cosa de no haberlo intentado. Mi único problema con el masaje perineal es que, a estas alturas, me llego a duras penas, así que voy a tener que empezar a requerir la ayuda de mi señor marido. Que oye, tampoco está mal un masaje, aunque no sea un masaje pensado para que resulte agradable.

Yoga

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Yoga prenatal” vía Shutterstock

Ese, junto a caminar, ha sido mi deporte de este embarazo. En el anterior probé el aquagym prenatal, pero esta vez me apetecía algo que me sirviera para equilibrar cuerpo y mente. Como ya llevaba meses haciéndolo antes de quedarme embarazada, cambie de grupo y me pasé al de yoga prenatal. No es nada intenso, pero me relaja muchísimo y me noto con mucha mas elasticidad en el cuerpo. Aparte de ir a clase intento hacer algunos de los ejercicios en casa, sobretodo cuando me duele la espalda o se me cargan las caderas. Para eso me viene genial la pelota de pilates, que ya la compré en el anterior embarazo y, sin duda, ¡es el mejor invento del mundo para el final del embarazo!

Relajación

Esto va ligado a lo anterior. Al final de las clases siempre acabamos con una breve relajación. Hay de varios tipos, podemos imaginarnos siempre yendo a un lugar que nos transmita paz. Así el día del parto, al imaginar ese lugar, nos será mas fácil relajarnos. O, simplemente, podemos hacer una relajación clásica. Lo que viene siendo ir respirando y pasando por cada parte de nuestro cuerpo tratando de relajarlo de manera consciente. Sea de la forma que sea, la idea es hacerlo cada día para coger soltura a la hora de necesitar relajarnos. Mecanizar un poco la relajación y que nos sea más fácil llegar hasta ella. Yo intento hacerlo cada noche, al irme a dormir (aunque el calor no ayude mucho…). Primero trato de relajarme, normalmente visitando mi lugar especial. Luego, para evitar que vengan preocupaciones a mi mente, visualizo como quiero que sea el día del parto. De principio a fin. Con detalles. Ya se que un parto es imprevisible y luego será lo que tenga que ser. Pero a mi esto me funcionó para estar mas tranquila la primera vez y lo estoy volviendo a hacer ahora.

Respirar

También relacionado al punto anterior. Porque no hay relajación sin una respiración consciente. Pero voy mas allá… Me refiero a practicar los distintos tipos de respiración de cara al parto. La respiración mas corta, para los momentos de contracción. Y la respiración con la exhalación mas lenta, para cuando haya que dejar de empujar y relajar la zona. Los pujos de momento no los estoy practicando, aunque ya lo hicimos en las clases preparto. Esto viene bien para que, llegado el día, no se nos olvide como respirar en cada fase del parto. Lo podéis practicar con vuestras parejas para que, si a vosotras se os olvida, ellos os puedan ayudar a recordar.

Estas son mis 5 claves a la hora de prepararme para este segundo parto. Esta claro que no a todas nos funcionan las mismas cosas. Y que el tipo de parto, natural y sin epidural, que yo pretendo tener, necesita de mas consciencia y mentalización, quizá, que otro tipo de partos. Pero bueno, cualquiera de estas cosas pueden ser útiles para casi cualquier embarazada, independientemente de como se quiera parir. Lo importante, creo yo, ese día, es sentirnos seguras y preparadas para parir como cada una queramos hacerlo.

¿Que cosas hicisteis vosotras para preparar el parto?

¿Fuisteis capaces de ser constantes?

 

 

Primera clase preparto en la seguridad social

Quizá es un poco pronto para empezar con las clases preparto. Pero al ser por la seguridad social, hay que tener en cuenta, al menos aquí en Valencia, que en julio y agosto no hacen cursos preparto en la mayoría de ambulatorios. Como duran dos meses, y pariendo en agosto, había que empezarlas ya. Así que ayer asistí a mi primera clase y, ¡no sabéis la diferencia con la vez anterior!

Algunas ya leísteis la mala baba que se gastaba la matrona que tuve en mi anterior embarazo. Como ya conté en su momento, igual que con el resto del personal sanitario, la matrona que te toque es una cuestión de suerte. Pero si a aquella no podía ni verla, con la que tengo ahora estoy encantada. ¡Son como el día y la noche! Tanto en trato personal como en ideas relacionadas con su trabajo. La que tuve era mas de la vieja escuela, una mujer casi apunto de jubilarse, hastiada por estar donde estaba (que no es donde ella quería estar) y agobiada por la cantidad de trabajo. Cosas que se notaban en como trataba a todo aquel que cruzara la puerta de su consulta. En cambio, mi matrona actual es una mujer de una mente abierta, que es pro parto natural, pro lactancia materna y mas maja que las pesetas. ¡Se sabe hasta el nombre de la gente! (Que pensaréis que es lo normal, pero para mi no lo era).

En fin, que tenía muchas ganas de asistir a sus clases preparto porque ya sabía que me iban a gustar. La última vez que tuve cita con ella me estuvo explicando en que consistían. Un poco de ejercicio. Otro poco de relajación. Una parte práctica y otra final teórica. Que fuera con ropa cómoda, llevará una toalla y el acompañante que quisiera, pero preferiblemente la persona que fuera a estar conmigo el día del parto. Lo bueno es que, esta vez, al ser por la tarde, el Papá Cascarrabias puede asistir, aunque llegue empezada la clase.

Cuando llegué ya noté la primera diferencia. Estaba todo el suelo lleno de colchonetas formando un circulo, y allí estuvimos las dos horas que duró la clase. Nada mas llegar nos fuimos presentando y diciendo para cuando nos tocaba parir. Por las fechas que son, y teniendo en cuenta lo que os decía antes de que en verano no hay clases preparto, somos un grupo muy heterogéneo. Mamis de todas las edades y con fechas de parto que oscilan entre finales de julio y principios de octubre. De lo que mas llamó mi atención fue que de las 11 mujeres que estábamos allí, solo 2 eramos repetidoras. No se si porque las que repiten ya no suelen asistir a este tipo de clases.

Empezamos con unos ejercicios especiales para el embarazo que acabamos bailando con música árabe algo parecido a danza del vientre. ¡Fue muy divertido! Nos saltamos la relajación y fuimos a la parte práctica donde nos habló de los ejercicios de kegel y el masaje perineal. Que esta vez tengo intención de hacer cada día durante el tercer trimestre. A ver si podemos evitar la episiotomia. Para terminar nos puso un vídeo sobre la preparación al parto y los síntomas para ir al hospital. Hablamos un poco de las contracciones, que son, que sentiremos y cuando tenemos que tomarlas en serio.

La clase se me hizo muy amena, también porque la manera que tiene ella de expresarse ya hace que sea algo entretenido, cercano y distendido. Nos fuimos a casa con unas cuantas fotocopias sobre lo que habíamos estado hablando y un par de canastillas.

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La principal diferencia que veo entre la vez anterior y esta es el trato que se nos da a las embarazadas. Tratándonos de forma humana. Animándonos y empoderándonos. Haciéndonos sentir que somos capaces de parir y debemos confiar en nuestro cuerpo. La matrona que tuve en mi anterior embarazo se limitaba a repartir fotocopias, algunas de la época de matusalén, y a ponernos vídeos durante las dos horas que duraba la clase. Así ella tenía menos que hacer. Como habréis podido comprobar por lo que os he contado, nada que ver con la que tengo ahora. ¡Como se nota cuando alguien disfruta de su trabajo!

¿Asististeis a clases preparto?

¿Os fueron útiles de cara al parto y postparto?