El primer día de escuela de Chu

Tenemos la vuelta al cole a la vuelta de la esquina, literalmente. Todos los padres con niños en edad escolar estamos en modo preparación y readaptación a las rutinas. Pero quizá los padres de aquellos que este año empiezan el colegio por primera vez, vivamos este momento con algo mas de nervios e incertidumbre. Al igual que los pequeños. Nosotros, para ir allanando el terreno, ya llevamos todo el verano previniendo a Valkiria de lo que esta por venir y para ello, El primer día de escuela de Chu, nos ha ido de maravilla.

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Ya sabéis lo que nos gusta en esta casa un buen cuento para poder usar de manera pedagógica. Ya lo hicimos con la hora de ir a dormir y con la operación pañal. ¡y siempre nos funciona! Ahora no iba a ser menos… Así que cuando desde Boolino nos mandaron este cuento nos vino como anillo al dedo.

El primer día de escuela de Chu pertenece a la colección “Primeras Travesías” de la Editorial Océano Travesía y está recomendado para niños de 1 a 3 años. Es un libro de 32 páginas, de un tamaño grande. Las tapas son duras pero las páginas son de papel normal. La historia es de Neil Gaiman y las ilustraciones son de Adam Rex.

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Que este cuento fuera de Neil Gaiman fue lo que más me llamó la atención de él. Desconocía que tuviera cuentos infantiles. Este escritor inglés, lo mismo escribe novelas, gruiones, novelas gráficas o cómics. Todo en la línea del género fantástico. Entre sus obras mas conocidas están Sandman, Stardust o Coraline. Nada muy apto para el público infantil más joven. Por eso me sorprendió gratamente ver este cuento infantil escrito por él.

Las ilustraciones de Adam Rex también son una pasada. Están llenas de detalle y son de un estilo bastante realista y lleno de vivos colores. Muy llamativo para los peques.

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En cuanto a la sinopsis, este libro nos narra a través de Chu, el oso panda protagonista, los momentos de dudas e inseguridades a los que se enfrentan los peques de la casa a la hora de empezar el cole. ¿Les gustaré a los otros niños?¿Me gustará ese lugar? Porque todos recordamos los nervios ante el nuevo curso escolar y las dudas que eso generaba.

A mi me parece un cuento muy recomendable y la historia es muy adecuada para la edad de Valkiria. Es un cuento simple, pero que ya tiene una trama, lo que va necesitando un niño de 3 años como ella. Nos ha gustado tanto que ya estamos pensando con hacernos con otro libro de esta colección que sigue con las aventuras de Chu “El día de Chu”. Apuntado queda en la wishlist de cumpleaños de Valkiria.

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¿Que os parece El primer día de escuela de Chu?

¿Tenéis cuentos para afrontar la vuelta al cole?

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Consejos de padre (38): Primera noche sin nosotros

Después de una semana ausente del blog creo que lo menos que puedo hacer, antes de meterme a hablaros del tema del Consejos de Padre de hoy, es explicaros el porqué de esa ausencia, entre otras cosas porque tiene mucho que ver con el tema del que os habla el Papá Cascarrabias en su viñeta. El caso es que el martes a última hora falleció el abuelo del Papá Cascarrabias y, como suele pasar cuando uno vive lejos de casi toda su familia, al día siguiente a primera hora nos fuimos hacia Barcelona. Como iba a ser un viaje exprés y para un tema tan triste como un funeral, decidimos que lo mejor para Valkiria es que se quedara en Valencia con mis padres y siguiera con su rutina normal. Por eso no hubo mas posts la semana pasada y estuve prácticamente desaparecida de todas las redes sociales.

Al ser todo tan apresurado, sin apenas tiempo de nada, teníamos un poco de “miedo” por como llevaría Valkiria estar tanto tiempo sin nosotros. El día antes, cuando ya supimos la noticia, le explicamos lo que iba a pasar, primero su padre durante el baño y luego yo antes de dormir. Incluso luego, al día siguiente, se lo volvimos a explicar antes de despedirnos de ella. Pareció entenderlo, pero eso no hizo que me fuera menos preocupada. No se. Teníamos pensado dejarla a dormir con los abuelos dentro de poco, probar una noche, pero rollo dejarla antes de cenar y recogerla a la mañana siguiente. Estando nosotros a tiro de piedra por si acaso. Pero simplemente no fue así, estas cosas pasan.

Mi madre ya me lo dijo: “lo vais a pasar peor vosotros que Valkiria” ¡Cuanta razón! Por la tarde la llamé para hablar con ella y preguntar como iba todo y, ¿pensáis que me hizo caso alguno? ¡Nada de nada! La cosa no paso de un: “¡Hola mamá!” y ahí te quedas… Orgullo de madre herido, ¡no nos estaba echando en falta ni un pelín! En realidad tengo que decir que ya me lo veía venir, pero esperaba algo más de entusiasmo de aquella llamada, ¡padres ilusos!

La noche iba a ser el tema más delicado… ¿o no? ¡Pues para nada! Cuando ya tenía claro que Valkiria estaría en la guarde, llamé a mi madre y le pregunté que tal. La niña había dormido tan a gusto, cenó super bien y se durmió tarde pero sin problemas. ¡Todo como la seda! Esa misma tarde volví a hacer un intento de hablar con ella, pero lo mas que me dijo, aparte de hola, fue que la abuela se había olvidado de llevarle su paraguas de Peppa Pig, ¡indignación máxima!

Así que nada, ya veis que, para seguir con la tradición de los padres primerizos, esta ha resultado ser otra de esas situaciones en las que nosotros nos hemos preocupado de más y nuestra hija a demostrado ser muy independiente. Quiero pensar que gracias al tipo de crianza que hemos tenido con ella, la llamada crianza con apego. Por supuesto que me alegro un montón de que la cosa haya ido así, de otro modo habríamos sufrido mucho más tanto ella como nosotros. Eso si, esto nos abre un mundo nuevo de posibilidades… ¡vida social nocturna, hemos vuelto!

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¿Cuando fue la primera vez que vuestro peque durmió alejado de vosotros?

¿Como fue aquella primera vez?

 

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¿Cuando llevar al bebé al dentista?

El otro día, pensando en que hace tiempo que no voy al dentista y debería ir a hacerme una revisión (tres años para ser exactos.. no tengo perdón), caí en la cuenta de que no tenía ni idea de cuando se suponía que debía ser la primera visita de los bebés al dentista. Yo, tan feliz, pensaba que aun habría tiempo, pues Valkiria no tiene ni siquiera todas las piezas dentales de leche, pero no, me equivocaba de cabo a rabo.

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Hace unos años, la recomendación si que era esperar a que el niño tuviera todas la dentadura de leche completa, que suele ser alrededor de los 3 años de vida, y luego visitar al dentista. Pero se observó un incremento en la caries en los primeros años de vida, imagino que debido a los hábitos alimentarios y de higiene bucodental, y se cambiaron las recomendaciones. Ahora se recomienda llevar al bebé por primera vez al dentista, o odontopediatra, cuando cumpla su primer año de vida, incluso si no tiene todas las piezas dentales. O seis meses después de la salida del primer diente.

Supongo que no será lo mismo un bebé al que le sale el primer diente con dos meses, que otro al que le sale con casi 12 meses (como fue el caso de Valkiria). Pero en ambos casos la primera visita no debería sobrepasar el primer año del niño. En ella el dentista abrirá el expediente médico del niño, le hará su primera revisión, examinará que no haya caries, que los dientes estén saliendo como y donde corresponde y os explicará pautas de higiene bucodental para poner en práctica con el niño.

La higiene bucodental en los bebés es muy importante, incluso antes de tener dientes. Si bien es cierto que no todos colaboran, es recomendable intentar ponerlo en práctica. Antes incluso de la salida del primer diente se puede usar una simple gasa humedecida para frotarla por las encías después de las tomas. Después de la salida de los primeros dientes se puede empezar a usar cepillos de entrenamiento o muy suaves, que con usar antes de acostarlo será más que suficiente. Cuando ya son capaces de hacerlo ellos solitos, es interesante comprarles un cepillo que les guste y solo con agua pueden cepillarse los dientes hasta los dos años; y a partir de esa edad pueden usar pastas especiales bajas en fluor, pero siempre poca cantidad. Aunque parezca que, al principio, resulta poco efectivo, mientras están aprendiendo, también les estamos enseñando el buen hábito de lavarse los dientes, cosa que será muy importante el resto de sus vidas.

El único problema que le veo yo a la visita al dentista a edades tan tempranas es que no se puede esperar mucha colaboración por parte de los niños. Valkiria, por ejemplo, no abre la boca ni por todo el oro del mundo cuando toca ir al pediatra, ¡monta un show tremendo! Así que por más que yo le diga: “A ver cariño, di: aaaaaaaaaaaaaaah“, ella como que pasa de mi y no creo que la situación en el dentista sea muy diferente.

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Hay varias cosas que como padres podemos hacer para ayudar a que esa primera visita al dentista sea lo mejor posible:

  • Anticiparles lo que va a pasar: Contarles donde vamos, que vamos a hacer allí y quien nos va a atender. A los niños les da seguridad.
  • No transmitirles sensación de miedo o nerviosismo, es decir, si a nosotros nos da mal rollo ir al dentista, intentar que el niño no se de ni cuenta.
  • Elegir un dentista especializado en niños pequeños, ahora les llaman odontopediatras.
  • Recurrir a cuentos o dibujos animados que hablen del tema. Hay capítulos de Peppa Pig y Dora la exploradora que hablan sobre este tema.
  • Coger cita a primera hora para evitar que presencie momentos de llantos y nervios de otros niños. Esto es super importante, aun recuerdo mi primera vez de pequeña. Quería huir de allí antes incluso de haber entrado, al oír los llantos de otro niño.
  • Entrar con tu hijo a la consulta. Se que parece obvio, pero es importante preguntarlo a la hora de coger cita, para evitar situaciones incomodas.

Creo que nos queda un arduo trabajo de anticipación con Valkiria. Empezaremos con dibujos, cuentos y demás, a ver si dentro de un tiempo la veo preparada para ir al dentista por primera vez.

¿Llevasteis a vuestros hijos al dentista al año de edad?

¿Como fue vuestra primera vez?

 

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Primeras veces: Las fallas

Hoy vengo a hablaros de una primera vez no real, es decir, no física pero si mental. Me explico. Estas no han sido las primeras fallas en la vida de Valkiria, de hecho son las terceras, pero si que han sido las primeras en las que se ha enterado un poco de que va todo este tema del folclore de la terreta. Para empezar porque ya es mas mayor y a sus 2 años y medio se cosca de todo la tía, y después porque, al ir a la guarde, allí han tenido todo un programa de actos falleros de casi una semana en el que han hecho de todo, desde globotá y chocolatá, pasando por la ofrenda a la virgen.

En esta familia, medio andaluza medio catalana, las tradiciones valencianas quedan en un tercer plano. Es lo que hay. Pero vivimos y tenemos intención de seguir viviendo aquí, así que es bueno que los niños también aprendan la herencia cultural del lugar donde van a crecer. Una vida llena de distintas culturas y tradiciones es mucho mas rica y por eso creemos que es importante vivir cada una de ellas dentro de lo posible.

De hacernos falleros ni hablamos. Eso hay que sentirlo, hay que mamarlo y nosotros nos sentimos muy ajenos a todo eso. Pero las fallas se pueden vivir de otro modo, se pueden vivir en la calle paseando, viendo los monumentos, comiendo buñuelos de calabaza y tirando bombetas. Y también se sufren, ¡vaya que si! Que a nosotros nos toca huir de nuestra casa 10 dias todos los años si queremos dormir. Esa es la parte no tan buena de casi cualquier fiesta.

Pero vamos a lo que vamos, Valkiria y las fallas. Todo empezó el día de la cridá, que es cuando se da oficialmente el pistoletazo de salida a las fallas. Es algo así como un pregón que se da en las antiguas torres de Serranos y luego se tira un castillo de fuegos artificiales. No teníamos intención de ir, pero al final nos acercamos, ¡y no le hizo ninguna gracia! ¡No le gustó ni un poquito! ¡Nada! ¡Cero! De hecho, cuando acabó el castillo solo nos decía: “Ya está, ya se han acabao las fallas“… Pobrecita mía, no le quedaba nada aún…

La semana de antes empezaron los actos de fallas en la guardería. Esos días todos los nenes tenían que ir con el blusón y el pañuelo típico fallero. Hicieron manualidades, hicieron la globotá, que básicamente es poner muchos globos juntos y pincharlos todos a la vez, como si fuera una mascletá y a los papis nos mandaron deberes. Teníamos que hacer un ninot para la falla de la guarde sobre la tematica de la época medieval. En días posteriores se hizo la consiguiente exposición del ninot y se voto para ver cuales eran los mejores. También hicieron una mini ofrenda a la Virgen de los Desamparados. Hubo padres que se quejaron un poco de este acto religioso, pero yo creo que no hay que sacar las cosas de quicio, que ellos ni siquiera entán pillando el sentido religioso, en todo caso, el que sea fallero pillará lo que es la tradición y el resto, posiblemente, no entiendan nada de nada.

El día más delicado fue el primer día de la semana fallera cuando tocaba pasacalles tirando bombetas (petardos sin mecha para niños pequeños) y luego merienda de buñuelos de calabaza y chocolate. El día anterior, mi suegra había comprado bombetas para tirarlas con Valkiria y que se acostumbrara a ellas, pero no hubo manera. La niña se cerró en banda, no quería ni oir hablar de las bombetas, así que al día siguiente os podéis imaginar el plan. No hicimos el pasacalles, se paso el rato encima de mi y de tirar bombetas nada de nada. Le pregunte: “¿No quieres tirar una bombeta cariño?” y ella me respondió: “¡No!¡Y tu tampoco! ¡No me gustan las fallas!” ¡Toma ya!… Al final conseguí que no quisiera irse porque le recordé que había chocolate y entonces le cambió la cara.

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Aquí podéis ver la falla de la guarde, con todos los ninots con forma de escudo hechos por los papis. Una de las fallas de sección especial y las luces de la zona de Ruzafa. Y Valkiria y yo disfrutando de la chocolatá. (Me acabo de dar cuenta que no hicimos ni una foto de Valkiria tirando bombetas)

Pero como los niños son imprevisibles y lo que un día es completamente negro al día siguiente puede ser blanco nuclear, tres días después, la mamá de otro niño, a la salida de la guarde, consiguió que Valkiria tirara una bombeta ¡oh milagro! Y no os podéis imaginar el festival que montó de saltos, gritos y vitores a si misma: “Mamaaaaaaa, he tirao bombetaaaaas, soy muy valienteeeeeee” A partir de ahí las cajas de 50 bombetas le duraban 5 minutos escasos, ¡un no parar! Pero oye, casi que lo prefiero, en casa mi madre le tiene pánico a los petardos de toda la vida y viviendo aquí no es algo fácil de llevar.

El resto de la semana transcurrió tranquila, con los inconvenientes propios de no estar durmiendo en casa, de ir todo el día con trastos de acá para allá y de que el Papá no tuviera ni un día de vacaciones, pero poco más. Si es cierto que cuando por la calle tiraban un petardo gordo se asustaba, pero vamos ¡también me asusto yo! Sin embargo, lo que los primeros días eran llantos inconsolables, al final solo era un poco de cara de susto. Este año, por eso, nos hemos saltado las mascletás, pero sinceramente, ya habrá años para que la niña entienda y disfrute tal cantidad de ruido, de momento es muy pequeña. Y esto fue todo… El año que viene más. ¡Que ganas tenía de volver a la tranquilidad de mi hogar!

¿Vuestros peques disfrutan las fiestas patronales?

Y los valencianos, ¿como han llevado los peques los petardos?

 

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Primeras veces: La nieve

Cuando vives en un lugar como Valencia, donde la mayor parte de los días hace sol, la nieve se convierte en eso que no ves mas allá de la televisión. Es casi como la playa para los madrileños, ese sitio anhelado porque esta lejos. Esto suele pasar mucho en general, anhelamos aquello que no tenemos y no valoramos suficientemente lo que tenemos a tiro de piedra. Divagaciones filosóficas aparte, mi primer contacto con la nieve fue con 14 años, en el viaje de fin de curso de EGB, ¡Y como lo disfruté! En mi fuero interno, bajando por primera vez aquella pista de esquí del pirineo, pensaba que había nacido para aquello, ¡yo iba a ser esquiadora!… Luego me pegué una leche monumental con choque múltiple y dejó de parecerme una idea tan maravillosa. Pero sin duda me lo pasé genial. Puede que Valkiria no recuerde cuando fue su primer contacto con la nieve, posiblemente el invierno que viene ya ni se acuerde, pero habrá documento gráfico que lo atestigüe y este relato para contar el momento “curioso” que fue su primer día en la nieve.

Llevábamos unas semanas hablándole a la niña de que íbamos a ir un día a la nieve con los yayos, incluso vino con nosotros cuando quedamos con la chica que nos vendíó su ropa para la nieve a través de wallapop (según ella, una señora me regaló la ropa porque Valkiria ha sido buena…). Ya solo con eso hacía tiempo que estaba emocionada. Así que cuando ayer nos levantamos y le dije que nos íbamos a la nieve, su carita de ilusión era máxima. No se que pensaría ella que era la nieve. Eso blanco que solo había visto en Peppa Pig y Frozen. El caso es que iba mas contenta que unas castañuelas. Yo le había ido explicando cosas como que allí hacía mucho frío, que por eso había que abrigarse tanto o que la nieve estaba muy muy fría y había que jugar con guantes. Pero no es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo en primera persona.

Fuimos hacia Teruel, a la zona de Valdelinares, a un pueblo que se llama Mora de rubielos esperando encontrar nieve allí y así no tener que llegar hasta las pistas se esquí. Pero al llegar nada de nada, un frío del carajo, eso si, pero nieve ni gota. Así que seguimos hacia las pistas. Unos 15 minutos más tarde ya había suficiente nieve como para poder pararnos, encontramos una zona urbanizada en donde se podía parar y allí nos bajamos. Le puse a Valkiria mono, chaqueta, manoplas, gorro y botas, la pobre parecía el muñeco de michelin, casi ni se podía mover y ¡listos para la batalla!

El primer contacto fue bien, le hacía gracia como crujía la nieve bajo sus pies, tocarla y tal… Sacamos una especie de cuchara gigante/trineo que compramos para jugar, pero no había la suficiente pendiente como para que aquello funcionara, así que buscamos otra zona andando un poquito. Mira tu por donde, había un parque infantil, nevado, todo muy bucólico y Valkiria quería montarse en el columpio. Ahí empezó a torcerse la cosa. Entre que no se sentía segura al sentarse por la cantidad de ropa que llevaba y que yo le dije que no se podía quitar las manoplas para cogerse a las cadenas (estaban congeladas) ni le podía dar fuerte como cuando íbamos al parque, Valkiria se cabreó mogollón y ya empezó a no querer saber nada ni de la nieve ni del mundo.

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Aún así, la yaya consiguió distraerla lo suficiente como para que se tirara con papá en el trineo algunas veces. Pero no sabemos que fue lo que pasó, si es que le dieron mal rollo los charcos congelados que se partían, o hacer la croqueta por la nieve, pero después de 20 minutos allí ya no quería ver la nieve ni en pintura y solo lloraba diciendo que se quería ir al coche, que hacía mucho frío y que la nieve no le gustaba. Hasta el punto que la tuvimos que llevar en brazos al coche porque ni pisarla quería. ¡En fin, los niños son imprevisibles! Algo similar nos pasó en su primera vez en la playa, pero allí no tenía ni el año. No quiso jugar más y solo se quería ir, así que recogimos las cosas y nos volvimos al pueblo.Nieve-2-con

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-El Papá Cascarrabias también disfrutó como un niño-

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Como nos sobraba tiempo dimos una vuelta por Mora de rubielos, visitamos la iglesia que me pareció muy bonita y compramos algunos productos típicos de la zona. Y para terminar, comimos en un sitio que estaba muy bien llamado El Rinconcico, ya pudisteis ver por Instagram el pedazo de postre que nos metimos entre pecho y espalda. Estuvimos un ratito mas en un parque al lado del restaurante y luego ya nos volvimos a casa. Valkiria cayó rendida en el trayecto de vuelta.

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La verdad es que no fue lo que esperábamos, pero creo que con niños nunca puedes esperar nada. Ellos siempre tienen la capacidad de sorprendente. Al menos fue un día en familia diferente y un primer contacto con la nieve. El año que viene repetiremos, a ver si su reacción cambia.

¿Como fue vuestra primera vez en la nieve con los peques?

 

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