Consejos de padre (53): ¡Bendita rutina!

¡La rutina ha vuelto! Creí que nunca escribiría estas palabras pero, ¡que ganas tenía de que se acabaran de una vez las navidades! Quería calma. Queríamos, que digo, necesitabamos calma. Y no solo yo, todos en esta familia, ¡os lo aseguro!

A ver, no me entendáis mal. Yo era la primera que estaba deseando que llegaran las vacaciones. Dejar atrás los madrugones, las carreras, los días iguales, uno detrás de otro. Sin embargo, las vacaciones de navidad no se parecen a ningunas otras del resto del año. En navidades hay exceso de emoción. Ya os conté como esto nos llevaba del revés estos días.

Por supuesto que me gustan las vacaciones, tener a Valkiria en casa y hacer mil cosas con ella. Pero esta vez hemos llegado a un punto de descontrol que iba a acabar con nosotros. Después de mas de 10 noches sin dormir del tirón (ya habíamos perdido la costumbre), todos necesitamos volver a nuestros ritmos habituales. ¡Teniendo que madrugar y todo! Valkiria hoy estaba súper contenta. Sorprendentemente, después de que anoche le costara un mundo dormirse (otra noche mas…), esta mañana se ha levantado como si nada a las 7:15 y ha ido al cole la mar de a gusto.

Imagino que no seré la única que estaba deseando de que los niños volvieran al colegio. Ni me siento mala madre, ni creo que nadie deba sentirse así por ello. Echaba de menos mis momentos de tranquilidad escribiendo en el ordenador mientras me tomo el café. Poder ducharme de modo no exprés. Tener la casa mínimamente recogida. Bueno… en esto aun estamos trabajando. Y el silencio. ¡Bendito silencio! Esta niña se pasa el día hablando, conmigo, con sus muñecos, sola, cantando, en su propio idioma…. ¡Al final no se escucha una ni los pensamientos!

En fin, que echaba de menos la rutina. ¡Sin mas! Y no hay frase que lo explique mejor que una que siempre ha dicho mi madre: “Hija mía, como me gusta echarte de menos” (Será jodía la Abuela Puñetera…)

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¿Soy la única madre que echaba de menos la rutina diaria?

 

Vacaciones: Sin rutinas y a lo loco

Estaba deseando que llegaran las vacaciones de navidad como agua de mayo. Días para compartir en familia, celebrar, pasar tiempo con Valkiria y con el Papá Cascarrabias. ¡Y vaya si lo hemos hecho! Nos a dado tiempo a hacer un montón de cosas, pero vale… ¡Ya está! ¡Vacaciones ya os podéis ir… rutina puedes volver cuando quieras!

No todos los niños son iguales y mi hija es de la que necesita rutinas. Es una niña muy inquieta y, desde bien pequeña, comprobamos que las rutinas le hacen estar mas tranquila. Le dan seguridad. ¿Y que pasa en vacaciones? Pues imagino que no seremos los únicos… ¡Descontrol absoluto! Ya no se madruga tanto. Comemos mas tarde. La siesta (si se hace…) mas tarde también. Y cuando llega la hora de dormir no hay quién consiga acostar a la niña. Y nos dan las tantas en su cuarto, en el nuestro o en el salón intentando que baje el ritmo y se duerma.

Las vacaciones de navidad no son como las de verano. En navidad tenemos exceso de emoción y eso no lo estamos llevando bien. Reconozco que parte de la culpa es nuestra, pero no toda. Ya un mes antes de las vacaciones en el cole empiezan con el tema de la navidad. Lógico y normal. Pero ahí comienza a crecer el nivel de interés y expectación. Luego estamos nosotros, los padres y demás familia, que, como nos hace casi mas ilusión que a ella verla vivir todo esto, sin querer la liamos mas parda aumentando esa emoción. Nos pasamos el día diciéndole cosas como: “Si no te portas bien los Reyes Magos te traerán carbón”, “Se buena que Papá Noel te está viendo”, “¿Ya has hecho la carta?” etc, etc, etc… (curioso lo que se usa esto para amenazar…) Y donde no debería pasar nada, porque es algo que se ha hecho toda la vida, tenemos una Valkiria sobreexcitada (con demasiada presión) para solo tener 3 años y ser el primero que realmente se da cuenta de todo esto de las navidades.

¡Nos hemos pasado! Lo reconozco. Y nos hemos dado cuenta tarde porque esto ha tenido consecuencias (o al menos yo creo que se debe a esto…). Como será la cosa que, la mañana de navidad, Valkiria me dijo: “Mamá, a los niños malos Papá Noel les trae carbón, pero a mi me ha traído regalos“. Alucinada me dejo con su asociación. Lo que quiere decir que aquello había calado mas de la cuenta y realmente la tenía preocupada. Su conclusión, evidentemente, fue que si no le habian traído carbón, después de tanto habérselo repetido, es que ella había sido buena (y nosotros sin darnos cuenta…). Sigue leyendo…

Nuestros cuentos para ir a dormir

Como ya os contaba el pasado lunes, estamos pasando una época complicada, en lo que al dormir se refiere. Después de escribir ese post me he dado cuenta de que somos muchos los que sufrimos esta misma situación y nadie parece tener la formula milagrosa que solucione el problema. Yo tampoco, ¡ojalá la tuviera! Prefiero pensar que se trata solo de una fase más, una de tantas por las que los niños pasan durante su primera infancia y que, si no hay mayores complicaciones, tal como ha llegado, se irá. De todos modos, nosotros también hemos probado de todo para intentar aliviar este tema. Desde intentar que duerma las siestas antes, o más cortas, a probar con todo tipo de cuentos para la hora de dormir, ahora que Valkiria ya nos deja que le contemos cuentos y disfruta de ello, ¡quizá demasiado porque no se duerme!

En fin, a pesar del poco resultado que está teniendo últimamente casi nada de lo que intentamos, antes de entrar en esta fase empezamos a recopilar una serie de libros para incluirlos en nuestra rutina de ir a dormir y hoy vengo a hablaros de ellos:

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Buenas noches Lupe – Lara Jones

Este fue el primer libro de esta temática que compramos, aprovechando que a Valkiria le gustaban los dibujos de la Gata Lupe. Es un libro recomendado para niños de 1 a 3 años, con páginas de cartón, muy resistentes y que tiene diferentes texturas para que el niño vaya experimentando con ellas. Además, ayuda a establecer una rutina pues cuenta todo lo que hace Lupe antes de irse a dormir, que es básicamente lo que hacen casi todos los niños.

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Buenas noches Pepe&Mila – Yayo Kawamura

Este libro, también de páginas de cartón, está recomendado para niños de 1 a 2 años (a mi me parece que podría ser hasta los 3 perfectamente) y básicamente se trata de otro libro para ayudar a establecer unas rutinas antes de ir a dormir, pero esta vez a través de solapas y lengüetas que hacen que el niño interactue mucho mas con la historia. Para nosotros este libro fue todo descubrimiento, empezamos a leerlo en verano y a Valkiria le gustó tanto que cada noche, cuando apenas decía 20 palabras, lo pedía. Ha tenido tanto éxito la colección de Pepe&Mila que en casa ya tenemos casi todos los libros de la serie y siguen siendo de sus favoritos.

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Todos Bostezan – Anita Bijsterbosch

Este libro ha sido una de las últimas adquisiciones, lo trajeron los Reyes Magos y aunque es un libro recomendado para niños de a partir de 3 años, creo que la historia es tan sencilla y repetitiva que también es apta para niños más pequeños. Con lo único que habrá que tener cuidado es con las paginas porque no son de cartón. En este libro vemos como todos los animales tienen sueño llegada la noche y a través de solapas todos bostezan enseñando sus grandes bocas, hasta que al final todos se duermen.

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Un beso antes de Dormir – Teresa Tellechea y Alicia Padrón

Este fue otro regalo de Reyes para la colección de cuentos para ir a dormir. Se trata de un libro para niños de 1 a 3 años, con las páginas de cartón y unas ilustraciones que son un amor de bonitas. La historia no tiene más que ver como las diferentes crías de animales le dan un besó a sus mamás antes de irse a dormir y al final son un niño y un bebé los que dan ese beso, imagino que para acercar un poco más la historia a la realidad del niño e intentar que empatice con ella.

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El conejito que no quería dormirse – Carl-Johan Forssén Ehrlin

Este último no lo tenemos, pero lo añado a esta lista porque estuve a punto de comprarlo. Al final no lo hice y, a día de hoy, aun no se que hacer, porque he leído tanto que funciona de maravilla, como que no sirve para nada. Eso si, si se ha convertido en un best seller será porque hay muchos padres por ahí deseando una formula milagrosa para que sus hijos se duerman. Y adivinad que… ¡no existe! Pero bueno, como madre entiendo que intentamos probar casi lo que sea con tal de conseguir que la familia descanse mejor. Lo que pasa con este libro, que está escrito por un psicólogo, es que ni los mismos psicólogos se ponen de acuerdo en si es bueno, malo o no sirve para nada, porque, aunque algunos abogan porque solo se trata de técnicas repetitivas de relajación, otros dicen que el libro usa técnicas mas propias de la hipnosis pudiendo llegar a hacer al niño dependiente de él a la hora de ir a dormir… ¡La polémica está servida!

Pues hasta aquí nuestra colección de cuentos para ir a dormir. La verdad es que no tenemos muchos, pero creo que son más que suficientes porque, en realidad, ninguno sirve, realmente, para conseguir que el niño caiga en los brazos de Morfeo. A nosotros lo mismo nos da contar uno de estos que de cualquier otra cosa y al final es ella la que elige que cuento contar cada noche. Pero bueno, había que intentarlo…

¿Tenéis alguno de estos libros?

¿Me recomiendas alguno?

 

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Rompiendo con las rutinas

El verano es esa época de locura y desenfreno en la que si eres un mozuelo sin cargas familiares disfrutas como un enano de la playita, las fiestas y los planes inesperados. Pero si eres madre/padre la historia cambia, y el verano es esa época en la que los niños no tienen cole y si no tienes la playa o una piscina cerca, se hace difícil poder entretenerlos en la ciudad con estos calores. En lo que si coinciden ambos tipos de verano es en que todo se vuelve un poco del revés, se rompen las rutinas establecidas y se vive un poquito más lento, o al menos, a otro ritmo que en invierno, aunque solo sea porque anochece mas tarde.

Nosotros intentamos mantener unas rutinas con Valkiria de las que procuramos no salirnos, ya os lo conté en este “Consejo de padre“. Pero hay días en los que ya desde que te levantas todo va a destiempo y es imposible volver a encarrilarlo. Entonces lo mejor es aprender a ser flexible y dejarse llevar. Eso mismo fue lo que nos pasó el sábado pasado.
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Con el calor la niña está durmiendo mal, bueno, peor que de costumbre. La noche del viernes al sábado decidió que a las 5 ya no quería dormir más y durante mas de una hora se dedicó a bailar breakdance en nuestra cama de 1,35, entre su padre y yo. A la segunda patada que recibí en toda la cara decidí que había llegado la hora de levantarse. Se quedó jugando por el salón mientras yo me tomaba un café, y sobre las 8 conseguí dormirla de nuevo, la dejé en la cama con su padre y yo me fui al sofá, necesitaba un poco de independencia. Ya no nos despertamos hasta las 11. Tarde, muy tarde para lo que suele ser costumbre por aquí. Teníamos intención de ir a la playa, pero el día salió muy gris, así que lo dejamos y nos fuimos directos a casa de mis suegros. Como Valkiria había desayunado tarde, también se retrasó la hora de la comida.

Llegado el momento de la siesta, que de normal es sobre la 1:30 y ese día eran las 3, primero lo intentó su padre y nada. Una hora más tarde lo intenté yo y naranjas de la china. Total que llegado el momento merendó y cogimos el coche para ir a casa de unos amigos. Un trayecto de unos 30 minutos mas o menos. A 5 de llegar, se quedó frita. Tanto que la saqué del coche, la dejé en el carro y ni se inmutó. Pero solo durmió media hora. Eso eran ya las 7 de la tarde.

Llegado este punto, yo ya tenía mas que asumido que ese día no se iba a dormir a su hora habitual, las 10, ni harta de vino. Y para más inri, durante este mes, todos los sábados a las 12 tiran un castillo de fuegos artificiales al lado de nuestra casa. Ya la semana anterior, sin nosotros saberlo, nos llevamos un susto tremendo, sobretodo ella, que pillo tal sofocón que luego no hubo manera de que se durmiera en su cuna. Así que improvisamos un plan B. Algo que no habiamos hecho en 21 meses de crianza. Nos iríamos a cenar fuera y luego a ver el castillo. ¡Y que fuera lo que tuviera que ser! De todos modos no se iba a dormir.

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Llegamos a casa, preparé su cena y nos bajamos a un bar del barrio a cenar. Iba alucinando por la calle, mirando todas las luces y letreros luminosos. Cenamos en una terraza y se portó bastante bien. Luego fuimos andando hacia la zona de ver el castillo. Tengo que aclarar que, aunque Valkiria ya ha vivido dos Fallas, en ningún momento la hemos llevado a ver ningún castillo ni ninguna mascletá, así que esta era su primera vez con algo similar.

Como tenemos intención de seguir viviendo aquí, creemos que es bueno que sepa que aquí por menos de nada te montan un festival pirotécnico y se vaya acostumbrando a ello. Volviendo a lo que estaba. tiraron el primer aviso y todo normal. El segundo y la cosa seguía en calma. Pero cuando empezó, ¡ay cuando empezó!, Valkiria me miró desde el carro con cara de susto y me lanzo los brazos para que la cogiera, mientras se ponía a llorar. En el fondo me esperaba esta reacción. Pero intentando no reforzar su miedo, la sostuve en brazos todo el castillo mientras le explicaba que era aquello y que no pasaba nada. Dejó de llorar rápido, pero no quiso mirar el espectáculo. Cuando acabó aplaudió y todo, pero creo que era por el hecho de que hubiera acabado, mas que otra cosa. Ya estaba tan cansada de tantas emociones durante ese día tan raro, que empezó a decir adiós y a lanzar besos a un grupo de chavales que teníamos al lado haciendo botellon (que viejuna me sentí por cierto). En cuanto llegamos a casa y me la puse al pecho se quedó dormida al instante.

Creo que fue un día raro y un poco agotador para todos, pero en el fondo lo disfrutamos mucho. Hicimos algo diferente. Nos salimos de nuestras rutinas habituales y eso nos vino bien como familia. Y Valkiria la noche siguiente nos daba la mano para ir a la calle y decía: “pum pum”, así que al final creo que tanto miedo no pasó, puede que hasta le gustara un poquito.

¿Os gusta romper con las rutinas en verano?

¿O preferís los horarios establecidos del resto del año?