El parto de Atreyu (segunda parte)

Como os contaba en la primera parte de este post, aquella noche me acosté después de un chocolate a la taza, en un último intento desesperado de probar algo que desencadenara el parto de Atreyu. Dos horas después empezó la fiesta. Las contracciones, al principio, eran cada 20 minutos. Traté de dormir entre ellas, pero era imposible porque cada vez que venía una me despertaba. Así que deje de intentar dormir, y me puse a contar las contracciones con la aplicación que me bajé en la tablet.

Mientras las contracciones se iban haciendo cada vez más cercanas yo iba cambiándome de postura. Unas veces sobre el balón de pilates haciendo círculos, otras a cuatro patas en el suelo practicando alguna postura de yoga o de cuclillas. Respirando para pasar las contracciones que cada vez notaba con más intensidad. Intentando aplicar en casa todo aquello que aprendí en las clases preparto y de yoga prenatal. Tratando, en definitiva, de alargar lo máximo posible la fase de dilatación en casa, porque una vez en el hospital ya sabía lo que había.

Así fueron pasando las horas de aquella madrugada, hasta que a las 6:00 de la mañana, cuando ya las contracciones eran con una frecuencia de unos cinco minutos, decidí despertar a Papá Cascarrabias para anunciarle que nuestro hijo, ahora si que si, estaba de camino. Empezamos entonces a prepararnos para ir al hospital. Me metí en la ducha y es curioso lo que alivia el agua caliente. Con mucho gusto me habría metido en la bañera, pero, ilusa de mí, me daba miedo alargar demasiado la cosa y no llegar a tiempo al hospital.

Sobre las siete menos cuarto despertamos a Valkiria. Ya en el coche de camino a casa de Los abuelos puñeteros, le explicamos que su hermano estaba de camino y que papá y mamá se iban al hospital. Me despedí de ella con un abrazo entre contracciones y casi se me saltan las lágrimas. Mi pequeña valkiria iba a dejar de ser hija única para convertirse en hermana mayor.

El camino al hospital, a las 7 y algo de la mañana de un miércoles laborable, se me hizo mas largo que un día sin pan. A las 7:30 entraba por la puerta de urgencias y ya me veían venir de lejos… “Vienes de parto, ¿no?“… ¡Pues va a ser que si! Me ofrecieron la silla de ruedas, pero yo soy de las que prefieren ir andando, y os aseguro que el camino hasta las urgencias de maternidad es largo… pero largo. Aun así preferí andar, parándome con cada contracción.

Entré sola a triaje, lo normal en este hospital y allí me atendió una enfermera que me hizo las primeras comprobaciones: temperatura, tensión, etc… Luego me vio la ginecóloga. Ecografía para asegurar que todo estaba bien y tacto vaginal. ¡5 centímetros dilatada! ¡Bien! ¡Esto marcha! Volví con la enfermera que me puso la maldita vía (luego os cuento…). Cada persona que entraba me decían que estaba muy tranquila y que estando de 5 cm, y siendo un segundo, aquello iba a ser muy rápido… Y yo les creí…

Me pasaron entonces a la sala de dilatación/paritorio donde me esperaba otra enfermera y Núria, la matrona residente que asistiría mi parto. Empezó a hacerme las preguntas de rigor mientras miraba mi plan de parto. Yo me esperaba cualquier cosa dada mi experiencia anterior en ese mismo hospital cuando nació Valkiria. Pero nada mas lejos de la realidad. En el momento que me preguntó si quería la epidural y le dije que no, no dijo nada mas que…vale. Mientras esperábamos que llegara la matrona oficial, me fue monitorizando (de esto no se libra nadie…) y nos pusimos a charlar. Entonces fue cuando le conté mi experiencia en mi anterior parto con la matrona que me tocó. La conocía… Palabras textuales suyas: “Lo bueno que tiene parir aquí en agosto, es que las veteranas suelen estar de vacaciones y el personal es mas joven y con otra forma de trabajar“… ¡Genial!

Charla que te charla, dejaron pasar por fin a mi marido. Sobre las 9:20 llegó Lourdes, la matrona oficial. Se presentó y en seguida vi que, esta vez, mi parto iba a ser muy diferente. Tanto Lourdes como Núria entendían perfectamente el tipo de parto que quería tener e iban a tratar de ayudarme en todo lo posible. Para que os hagáis una idea: me dejaban ir al baño siempre que quería, beber agua, cambiar de postura, siempre que quisiera, como quisiera. De pie, sentada en la cama, sentada en el balón de pilates, de cuclillas, a cuatro patas apoyada sobre la cama… ¡Creo que me faltó hacer el pino! Y así durante toda la dilatación… ¡una maravilla oiga!parto-natural-la-fe

-Parturienta en proceso… Y tan pancha-

A eso de las 11:30 entro a preguntarme como lo llevaba y a decirme que no me haría tactos vaginales si yo no se lo pedía y no era estrictamente necesario. Me dijo que a ella no le hacían falta, que solo con verme a mi y ver la gráfica, ya sabía en que punto estaba. Aquella vez fui yo la que le pidió que lo hiciera. Quería ver cuanto llevábamos ya dilatado. Para animarme y tal… Así que lo hizo… ¡8 centímetros de dilatación y cuello borrado! ¡Ole y ole! Me vine arriba… En nada tendríamos a Atreyu con nosotros… (O eso pensaba yo…)

La bolsa seguía intacta y Lourdes no tenía ninguna intención de rompérmela si no era necesario. Me dijo que con la bolsa amortiguábamos un poco el dolor de las contracciones y a mi me pareció bien. Recordad que seguía sin epidural y sin ningún tipo de analgesia por decisión propia. Hubo una cosa que si me trajo y que me ayudó mucho a pasar el dolor de las contracciones, una bolsa de suero calentada para ponerla en los riñones… ¡Me aliviaba muchísimo! No sabéis la de viajes que hicieron para calentar aquella bolsa…

Y de repente, sobre la 1 de la tarde, así sin comerlo ni beberlo… Yo que tan tranquila estaba, respirando, controlando el dolor de las contracciones como podía, concentrándome en estar relajada… Empecé a ponerme nerviosa, a tener calor, sudores fríos… ¡Mierda, no puede ser! ¡Me estaba dando un ataque de ansiedad! ¡Quería huir! ¡Salir de allí corriendo! ¡En mitad del parto, me daba igual! Os aseguro que sé bien de lo que os hablo, aquello era un ataque de ansiedad en toda regla y yo, que me los conozco, no entendía porque… porque en ese momento, si yo estaba tranquila, si hace un segundo me encontraba la mar de calmada, no tenía miedo de nada, no hacía porqué tenerlo… ¿Porque me pasaba aquello?

No les dije que quería huir cual gacela de los leones, pero si que no me encontraba bien mientras lloraba. Les pedí que me dieran algo para calmarme, un sedante, ¡lo que fuera! Obviamente no me hicieron caso en lo del sedante y Lourdes, con mucha calma y mucho cariño, me explicó que aquello que sentía era por culpa de las sustancias que generaba mi cuerpo, que tenía un subidón de adrenalina y que era absolutamente normal. Me trajeron una bolsa para que respirara en ella… ¡tenía que calmarme! Y lo sabía… Traté de respirar en la bolsa, pero era muy grande y se me escapaba con los nervios y las contracciones… aquello no funcionaba. Entonces, empapó una gasa en alcohol y me la dio para que la oliera mientras me decía que lo hiciera poco a poco, pero que intentara respirar.

Mi marido, mientras todo esto pasaba, me empapaba cada dos por tres la frente y la nuca con agua, para bajar el calor que sentía. Pero como no era suficiente pasamos también a gasas empapadas de alcohol, al tiempo que me hacía aire con el abanico. No duró mucho, no creo que llegara a 20 minutos, pero fue un momento muy desagradable. Por suerte, poco a poco, se fue pasando y fui recuperando la calma y el control sobre mi misma. Aun nos quedaba la recta final y, aunque aun no lo sabía, iba a necesitar mas fuerza de la que nunca imaginé…

-El parto acabará en el próximo post-

El parto de Atreyu (primera parte)

Ya tenía ganas de empezar a contaros como fue mi parto, el día en que conocí al hombre de mi vida (con permiso de su padre) y nos convertimos en una familia de cuatro. Pero comprenderéis que estamos en fase de acoplamiento familiar a la nueva situación y, estos días, lo que mas me falta es tiempo. Para no hacerlo muy tostón, porque el parto fue largo, os lo contaré por partes… Así fue como empezó todo…

Las que me seguís por redes sociales sabréis que desde la semana 37 estaba ya hasta el pirri del bombo. Entenderme, es mi segundo embarazo en verano, con el calor que hemos pasado este en concreto, y el tamaño de mi barriga era ya tremendo. Aunque la primera vez estaba igual de cansada a esas alturas. Lo que me lleva a pensar que, para mi, el último mes se me hace cuesta arriba a mas no poder. Ya me quedo sin saber si me pasaría lo mismo tocándome parir en invierno… Eso nunca lo sabremos…

El caso es que una se deja llevar por la emoción de los opinologos locales, unos más entendidos que otros, y yo ya iba con el chip de que aquello tenía pinta de acabar antes de la fecha indicada… ¡ilusa de mi! Claro, la gente me veía con ese panzón y desde la semana 30 ya me estaban preguntando si me tocaba parir ya. Y vaticinaban que no llegaba ni de coña… ejem… ¡pues va a ser que no!

Mi desesperación, mi cansancio y mi ansiedad crecían conforme se acercaba mi fecha probable de parto, el 26 de agosto. Tenía esa fecha marcada a fuego en mi cerebro. ¡Atreyu, o sales o te desalojo! Las últimas dos semanas, de hecho, creo que se me fue de las manos el tema comida con aquello de la ansiedad.

A diferencia de la primera vez, que no noté una contracción hasta el mismo día del parto. Esta vez, ventajas de ser multípara, fui bien servida de contracciones y pinchazos desde semanas antes de mi FPP. Algunas de ellas de estas que cuando te dan te dejan seca y paralizada allá donde te pillen. “El cuerpo se está preparando” me decían. “Eso es porque toda tu musculatura esta distendida y se nota mucho mas” comentaban…. ¡Pues que bien, pero menos prepararse y mas parir!, pensaba yo para mis adentros.

En la semana 38, la ginecóloga que me hizo la última ecografía, al comentarle lo de las contracciones me recomendó reposo… ¡reposo! Porque sino me pondría de parto antes y había que aguantar porque el niño solo pesaba 3 kilos… ejem… A esto volveremos luego… Esa misma tarde estuve horas con contracciones soportables, cada poco tiempo, pero sin llegar a ser regulares. aunque ella me había dicho que ante algo así me fuera al hospital, yo, con mi tranquilidad y acordándome de las clases preparto, decidí quedarme… Al final pasaron.

Empezamos con “la operación desalojo”, que consistía en paseos al caer el sol (muertecica de calor y sudando como un pollo) y en mucho mucho amor de pareja. Esto último parecía efectivo. Pasé varias tardes con contracciones de las que se dejan notar, frecuentes pero no regulares… otra vez.

Casi acabando la semana 39 tuve los famosos monitores. Aquello decía que de momento nanai de la china. Cuando me hicieron la ecografía, solo una semana después de la anterior, el peque ya pesaba 3,500… Hasta la ginecóloga se sorprendió de que hubiera ganado tanto peso en una sola semana… Todo apuntaba a que la ecografía anterior se equivocaron. Cita para acudir el miércoles siguiente, día 30. Y así llegamos a mi FPP, 26 de agosto, sábado.

embarazo-40-semanas-parto-Última foto de la barriga, del mismo día de mi FPP-

Las prostaglandinas y la oxitocina propias del amor marital hicieron su efecto. Esa misma tarde las contracciones subieron de intensidad y, después de cuatro horas, cuando las contracciones eran regulares, decidimos ir al hospital.

Dejamos a Valkiria con los abuelos, cogimos la bolsa con las cosas y nos plantamos en urgencias. Si os soy sincera, yo me notaba demasiado tranquila y, ya yendo hacia allí, bromeaba con el padre sobre si estábamos o no de parto.

Las urgencias de maternidad parecían una fiesta con entrada libre, ¡había overbooking de parturitas! Y todas salíamos de cuentas el mismo día por lo que me dijo un enfermero. Me pasaron a triaje. Ecografia, tacto vaginal, 3 centímetros dilatada, monitores durante 45 minutos y veredicto… no estaba de parto… ¡oooohhh! ¡Mi gozo en un pozo!

Me dieron dos opciones, quedarme ingresada esa noche por si la cosa se animaba y darme el alta a la mañana siguiente si era que no. O irme a casa y volver si fuera necesario. Nos fuimos a casa, si tenía que esperar prefería hacerlo en la tranquilidad de mi hogar.

Después de ese día, la cosa se calmó y empezaron a pasar los días, leeeeeentos y pesados. Seguimos con la operación desalojo pero ya prescindimos del amor porque solo me daba contracciones pero no me acababa de poner de parto, así que cuando tuviera que pasar que fuera porque Atreyu lo decidiera. Aún así, hice una última cosa, un acto desesperado por mi parte, pero ya me daba igual. Me zampé una taza de chocolate caliente bien cargado de canela. Con el asco que me da a mí el chocolate a la taza… ¡puaj! Para ayudar a pasar el mal trago lo acompañe de unos bizcochitos para mojar, ¡todo muy light!chocolate-parto

Lo cierto es que, no se si esto ayuda o no, pero, dos horas después, la primera contracción, que anunciaba que Atreyu estaba en camino, me despertó. Así que tampoco puedo negar rotundamente que el chocolate a la taza con canela no tuviera ningún efecto en absoluto.

-El parto continuará-

Tercer trimestre del embarazo: punto y final

Tercer trimestre, y con él llegó la calma… ¿quien lo hubiera dicho? Se supone que el tercer trimestre es aquel en el que uno se encuentra peor. El tamaño que va cogiendo la barriga, el cansancio, la imposibilidad de dormir bien en casi ninguna postura, etc, etc. Pero ya veis, para seguir demostrando que cada embarazo es un mundo, aquí el tercer trimestre ha sido el más tranquilo y menos cansado de los tres.

No os negaré que este último mes, la recta final unida al calor sofocante que está haciendo este verano, sí que se me está haciendo pesado. Pero, curiosamente, me encuentro con más energía y mejor que los dos trimestres anteriores. ¿Será esto culpa del síndrome del nido? Pudiera ser… El caso es que, a dos semanas de parir, he bajado el ritmo por pura prescripción médica y por qué no quiero sacar a Atreyu antes de tiempo de su zona de confort.

Miedos

A nivel psicológico, empecé a relajarme una vez pasada la ecografía morfológica de las 20 semanas. Entrado ya el tercer trimestre, mi estado de ánimo y mi nivel de energía era el mejor hasta la fecha. Mi mente estaba en una especie de standby en el que ni quería pensar en lo ya pasado, ni preocuparme de lo que estaba por venir. Me había propuesto estar lo más tranquila y zen posible. Para ello, me vinieron genial las clases de yoga gestacional. Quizá como ejercicio físico no haya sido lo más contundente, pero a nivel emocional me han servido de mucho. Es ahora, que ya veo el final muy cerca, cuando empiezo a notar cierta inquietud y que, de vez en cuando, los miedos ante el parto me asaltan.

Es normal, y en cierto modo inevitable, que ese tipo de pensamientos pasen por la cabeza. Por mucho que quieras alejarlos. Por mucho que huyas de ellos. Y por mucho que confíes en ti misma y tú propia capacidad de parir. En un momento u otro se dejan notar. Es entonces cuando intento pensar, como buena friki que soy, y habiendo pasado ya una vez por esto, que la fuerza está en mi y soy una con la fuerza.

Como me encuentro…

En lo que las molestias físicas se refiere, no puedo decir que haya tenido nada fuera de lo común. El tema de los desmayos se fue calmando, por suerte para todos. Además, gracias a la alimentación he conseguido regular mi tránsito intestinal. Y lo único que volvió a aparecer fue el hipotiroidismo gestacional que ya conocía del anterior embarazo.

Tras las analíticas del tercer trimestre, tan solo me tuvieron que suplementar el hierro, algo muy normal en este punto del embarazo, pero que tiene el inconveniente de que suele estreñir. Por suerte, en ese sentido, vamos capeando el temporal. Lo demás todo bien. La prueba del estreptococo salió perfecta y ya solo queda esperar a que todo se ponga en marcha.

A diferencia de mi primer embarazo, me sorprende no estar teniendo, a estas alturas, ni ardor, ni acidez, ni reflujo. En ese sentido no me puedo quejar. Como de todo. Todo me sienta bien y nada me quita el hambre (mas que el calor…). Así estoy rozando la barrera de los 80 kilazos, aunque sin mucha pesadez de espíritu.

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Bolsa del hospital

No sabéis lo que me ha costado esta vez hacer las bolsas del hospital. Ya os lo contaba el otro día por Instagram y parece que es algo común en los segundos embarazos. En el primero nos puede la prisa, todo tiene que estar cuanto antes, la habitación, la bolsa… Pero oye, que con el segundo es como que te entra un relajo máximo que nunca ves el momento de ponerte a hacer la bolsa o bolsas del hospital, ¡Que perezón!

Al final, la semana pasada, ya en la semana 37, me decidí a hacerla. Aunque soy tan gañana que aun me falta alguna cosilla por meter… Nada irremediable, que, como dice mi matrona, para parir solo hace falta que vayas tu y, a poder ser, te lleves la cartilla del embarazo. Eso lo tengo. ¡Palabrita! 😉

Plan de parto

Bueno… el plan de parto… ¡Ay el plan de parto! Con que seguridad lo hice la primera vez. Como si aquello fueran mis últimas voluntades. Como si tuvieran que hacerle caso, si o si…. ¡Y que lejos esta eso de la realidad! En mi primer parto dudo mucho de que la matrona se lo leyera si quiera. Incluso a mi, ahora, me da la risa si me paro a leerlo.

Como la esperanza es lo último que se pierde, hoy mismo me he puesto a rellenarlo y pocas diferencias hay con como lo rellené la primera vez. Solo dos, de hecho… La primera es lo de que no me canalicen una vena. Primero porque sé, a ciencia cierta, que en el hospital donde voy a parir esto no entra dentro de sus protocolos y no me lo van a permitir, ¡ni de coña! Segundo porque, pensándolo bien, si tienen que inyectarme algo, prefiero que me pongan la vía al principio que cuando las contracciones sean cada poco tiempo.

La segunda es la opción de donar la sangre del cordón para investigación o para ayudar a quien lo pueda necesitar. La primera vez lo marqué, muy convencida de ello, porque en realidad me parece la mejor opción. Pero, en su momento, solo me dijeron que me sacarían sangre al llegar (sangre que luego se coagularía y tendrían que volver a sacarme casi en dilatación completa). Nadie me dijo que si mi criatura no llegaba a los 3 kilos y medio, aquel cordón no serviría para nada… Yo no soy de tener niños grandes. De hecho Atreyu apenas pesa 3 kilos ahora mismo, así que esta vez no he marcado esa casilla.tercer trimestre-plan-parto

Hasta aquí lo que ha dado de si este tercer trimestre del segundo embarazo. Ya solo nos queda esperar a que me llamen para citarme en el hopital para ir a monitores. Y, por supuesto, que Atreyu decida salir… Cuenta atrás iniciada… 10 días y bajando…

¿Como fue vuestro tercer trimestre?

¿Os sirvió de algo el plan de parto?

 

Compras para el segundo bebé

Cuando vas a estrenarte como padre algo está claro, ¡necesitas de todo! Te pasas meses y meses pensando en que carro comprarás, cuna, minicuna, etc, etc… Pero, ¿y con el segundo bebé? ¡No cambia nada la cosa amigos! Sobretodo si no tuviste la suerte de que te pudieran dejar muchos de los accesorios que necesita un bebé. La lista de la compra para el segundo bebé se ve reducida a aquellas cosas que, en tu primera vez, pensaste que no te serían útiles, y ahora piensas que te habrían venido de maravilla.

Obviamente, en esto cada uno tiene una experiencia y una opinión propias. Lo que para mi fue inútil la primera vez, para otro pudo ser su tabla de salvación y viceversa. No existe una lista definitiva aplicable a todos. Por eso, hoy quería contaros cuales fueron esas cosas que eché en falta la primera vez y ahora quiero comprar (o que me regalen…). Bueno, también hay alguna cosa que la primera vez realmente no era necesaria.

Reductor de cuna

Para los primeros meses de Valkiria, unos amigos nos dejaron una mini cuna. Será porque a la niña no le gustaba nada estar ahí, pero con el tiempo me di cuenta de que, para nosotros, aquello no era más que un cacharro inútil. La niña apenas dormía allí, acabamos colechando y, por ello, mas tarde montamos la cuna normal en modo colecho. Por eso, decidí que ahora no quería repetir experiencia. Montaremos la cuna grande desde el primer momento y compraremos un reductor de cuna, que lo mismo servirá para que esté ahí, en el sofá o durmiendo entre nosotros.

Solo me quedo con la cosa de si con una mini cuna de colecho la cosa hubiera sido diferente, pero, para un segundo y último bebé lo veo una compra innecesaria. ¡Y lo que me voy a ahorrar en viajes con la mini cuna de acá para allá! Hay que ver la se shows que montamos los padres primerizos…compras-reductor-cuna-bebe

Vigila bebés con cámara

Una de esas cosas que pensé que no necesitaría… Compramos uno normal, solo de audio. Pero claro, con el pasillo tan largo que tenemos en casa, a la que hacía 20 que nos levantábamos porque el cacharrito había sonado, ya estábamos hasta el pirri. Entre otras cosas porque, la mayoría de las veces, sonaba por un ruido que había hecho mi “majisima” vecina de arriba. Así que esta vez me quiero ahorrar los viajecitos y comprar un vigila bebés con cámara. El caso es decidirme por cual, porque hay mil marcas y modelos, y aun no he conseguido elegir uno.compras-vigila-bebes-camara

Patín para el carro

Esta compra la primera vez no era necesaria, pero ahora si. Valkiria aguanta cada vez mas andando, pero depende de donde vayamos se hace inviable prescindir del patín porque es normal que aun se canse. Miré varios modelos, de distintas marcas, sobretodo viendo que fuera no demasiado aparatoso y compatible con nuestro Streety plus. Finalmente, nos decidimos por el Buggy Board de Lascal con asiento. Aun no he probado de acoplarlo al carro, pero creo que quedará bien. Además tiene un asiento no muy grande por si la niña se cansa y quiere sentarse un rato.compras-patin-carro-bebe-lascal

Sacaleches eléctrico

Otra de esas cosas que pensé no necesitaría y luego me arrepentí. A mi me regalaron, porque yo fue lo que pedí, la versión manual del sacaleches de Medela, pero, o soy muy torpe o yo que se… la cuestión es que nunca conseguí sacar mas de 30ml y, al final, desistí y lo dejé abandonado en un rincón. Así que, esta vez, me gustaría probar con un sacaleches eléctrico. En principio pensé en optar por el de Medela eléctrico, porque me habían hablado muy bien de él. Pero un día encontré uno en una tienda, de la marca Tigex, y me lo llevé para casa. Por lo que costó, si luego no me apaño, ya me compraré otro de otra marca.

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Silla para el coche

No quería repetir errores de la primera vez. Tras haber conocido las sillas a contramarcha, me veo incapaz de llevar a Atreyu como llevé a Valkiria en el maxicosi hasta el año de vida. Es una temeridad que, por desconocimiento, hice, pero que no repetiré. En esto tenía poca duda, tenía muy clara la silla que quería para el bebé y, de hecho, está encargada desde hace un mes. Hemos comprado una de la misma marca que la que compramos con Valkiria. Solo que el modelo del grupo anterior. Ella va genial en su Klippan Triofix confort y para el nene hemos comprado la Klippan Kiss2 plus. En cuanto la tengamos os haré un post sobre ella.silla-contramarcha-kiss2-plus-compras

Estas son todas nuestras compras para preparar la llegada de Atreyu… Ya no hay nada más que piense que necesite, al menos de primeras. El resto de cosas las reutilizaremos de la primera vez o, simplemente, prescindiremos de ellas porque no las creemos necesarias. Aunque como os digo, puede que luego cambie de opinión.

¿Cuales fueron vuestras compras para el segundo bebé?

¿Me recomendáis alguna marca en concreto de las cosas que estoy buscando?

 

Las matronas de nueva generación 

Hay experiencias que te marcan para el resto de tu vida. Algunas para bien y otras para mal. También hay personas que tienen el poder de marcar como vives una nueva experiencia. Y ese es un gran poder, que, como ya se dijo una vez, requiere de una gran responsabilidad. Las matronas, en parte personal medico, en parte psicólogas, tienen ese poder. Aunque muchas no lo sepan si quiera.

Siempre he pensado que no puedo quejarme del parto que tuve con Valkiria. Fue, a la postre, lo que yo quise, un parto natural. Pero la persona con la que se suponía tenía que formar equipo ese día para que todo fuera bien, es decir, la matrona, no me trato como yo esperaba. Decidió que yo era una mujer retrograda e inconsciente por querer parir como parí, y así me lo dejo claro desde que se encontró conmigo hasta que acabo su turno.

Ahora se que me administró sedación, que yo no quería. Que no era necesario seguir muchos de los protocolos que ejerció conmigo. Y que yo podría haber pedido cambio de matrona, cosa que por desconocimiento y miedo no hice.

Por suerte no soy persona de generalizar y, ya en su día, comprendí que había sido una cuestión de mala suerte. Podría haber sido ella o cualquier otra. Pero fue ella y me marcó. No generándome una opinión de todas las matronas, sino dejándome un recuerdo imborrablemente agridulce de mí primer parto para el resto de mi vida.

Cuatro años después, embarazada de nuevo, estoy viviendo una experiencia totalmente diferente, ya solo a nivel ambulatorio. También tuve mala suerte en ese sentido la primera vez. Pero ahora la historia es bien distinta. Mi matrona es un amor, una mujer que nos ayuda y nos empodera de cara al parto. Que nos explica todo, sin dejarse nada e intenta que vayamos libres de miedo a uno de los días mas importantes de nuestra vida. Ella, que por edad podría ser de la vieja escuela, no lo es para nada. Y yo le estaré infinitamente agradecida por ello.

Esa confianza en ella, y gran parte de curiosidad, fue lo que me hizo ofrecerme voluntaria a asistir a una clase practica de la escuela de matronas de Valencia. Quería ver como se formaban las nuevas generaciones de matronas. Que mensaje se les transmitía. Quizá en un intento inconsciente de comprender cómo alguien puede, dedicándose a algo tan bonito, malograrse de la manera que lo hicieron ambas matronas que me trataron la primera vez.

Clase practica de matronas con Laura Fitera

Asistí, junto con tres compañeras mas de las clases preparto, a esta clase practica que impartía la mismísima directora de la unidad docente de matronas de la comunidad valenciana desde hace 20 años, Laura Fitera.

Lo primero que llamo mi atención fue ver tanta gente. Y saber cuánto habían trabajado todo ellos por estar allí. Cuatro años de carrera para convertirse en enfermeros. Un examen al que se presentaron 14.000 personas de las cuales solo 450 aprobaron. Y ahora dos años de intercalar formación teórica con prácticas por los diferentes puestos en los que podemos encontrar a una matrona. ¡Indudablemente admirables! Después de conocer eso, poco me extraño ver la ilusión en sus caras e incluso emoción en algunos momentos. Pasión por su trabajo. No creo que una profesión así se pueda ejercer de otro modo.

La clase empezó simulando una primera visita en la que ellos nos iban preguntando datos sobre cómo llevábamos el embarazo. Las preguntas habituales. Mientras, Laura supervisaba sus preguntas, aconsejaba por donde seguir preguntando o intercalaba explicaciones sobre aquello que iba considerando interesante en cada caso.

Luego pasamos a la parte practica de la clase. En ella, las futuras matronas (y matrones, que también había chicos) tenían que realizar varias maniobras. Median la altura del útero. Palpaban donde acababa. Tenían que localizar la posición exacta de los bebes para luego poder escuchar su corazón. Primero a través de un estetoscopio de madera (la trompetilla que le ha llamado mi madre toda la vida) y luego con el doppler fetal que usan en los ambulatorios para localizar el latido. Nada de esto tiene que ser ni medio fácil. Más cuando es la primera vez que lo haces.

En mi caso, al ser la que mas avanzada estaba en la gestación, lo tenían un poco más fácil. Un poco… Y podían incluso, mediante otra maniobra, palpar la cabeza y moverla. Ellos decían que la cabeza peloteaba. Yo mientras alucinaba viéndolos.

Había algunos que lo localizaban a la primera. Otros que necesitaban algo de ayuda. Pero en todos ellos vi lo mismo, emoción. En sus ojos, en sus sonrisas cuando encontraban lo que estaban buscando o conseguían localizar el latido. En sus manos, a veces temblorosas, al palpar por primera vez la cabeza de un bebe dentro de su madre, o llevarse una patada de la criatura de turno. Esa emoción me legó y me hizo admirar su profesión aun mas.

Espero, de corazón, que no pierdan nunca esa ilusión, esa pasión, porque ellos son el futuro y en sus manos esta humanizar el embarazo y el parto. Dejar de tratar a las mujeres como si fueran tontas, enfermas o inconscientes y dedicarse a apoyarlas, aconsejarlas y empoderarlas. Porque como mujeres podemos parir. Como dice mi matrona, en un homenaje personal a Star Wars, la fuerza esta en nosotras y tenemos que confiar en ella.

matronas-nueva-generacion
¿Creéis que las matronas se están modernizando con las nuevas generaciones?

¿Tuvisteis suerte con las matronas que asistieron vuestros embarazos y partos?