Segundo trimestre del embarazo y segundo susto

A puntito de abandonar el segundo trimestre, el sábado entraré de lleno en el tercero, ¡tercer trimestre ya! Siento que este embarazo se me escapa entre los dedos, aunque no he tenido esa sensación desde el principio. Solo este segundo trimestre. ¡Que razón tienen cuando dicen que cada embarazo es un mundo!

Después de acabar los tres primeros meses con un susto, el segundo trimestre dio el pistoletazo de salida con la analítica y ecografía del triple screening. Esa en la que le miden el pliegue nucal al bebé y te dicen los porcentajes de padecer ciertas enfermedades. Por aquí pasaré rápidamente porque no me apetece entrar en detalles. La ecografía fue bien, lo de después no tanto. Pero como os digo, lo pasé tan mal que no tengo ganas de profundizar en ello en este momento. Quizá algún día lo haga, por compartir mi experiencia, pero no hoy.

eco-trimestre-triple-screening-Su primer perfil-

La especie de angustias que solo se calmaban comiendo se fueron disipando a medida que entré en este segundo trimestre. Así como se calmó el hambre voraz. Al cansancio le costó mas abandonarme. ¿Donde estaba esa energía que me invadió en este periodo de mi anterior embarazo? ¿Quién se la había llevado? Ingenua de mi, con una niña de 3 años y medio una ya no tiene tiempo de pasarse el día contemplando la barriga. Apenas da tiempo a descansar. Y muchas veces solo me acordaba del embarazo cuando me pasaba haciendo algún movimiento raro y mi cuerpo me daba un toque de atención en forma de latigazo en el abdomen. ¡Todo muy bucólico….ejem…!

Quitando algunas semanas, tirando hacia el final del trimestre, en las que realmente si que note cierta subida de energía. el resto he estado tan cansada como en el primero, ¡sino mas! Porque al ir creciendo la barriga, todo se vuelve mas difícil.

Cosas que en mi primer embarazo aparecieron pasado el segundo trimestre, en este, han llegado muy muy pronto. Como los problemas para poder coger la postura y dormir a gusto. Los tirones en los ligamentos redondos cuando ando demasiado deprisa. Los pinchazos que te recorren por dentro. Según mi matrona porque todo está mas cedido y no he tonificado la zona entre embarazos. Por eso también el tamaño tremebundo de mi barriga. Y no. No estoy a punto de parir, ni llevo gemelos. Solo es que una es de echar barriga en modo pepino torpedo. ¡Que le vamos a hacer!

Segunda visita a urgencias del embarazo

Sobre la semana 18 llegó el segundo susto. Fue un lunes, justo después del fin de semana de fallas. Habíamos estado pasando unos días en Barcelona por un congreso al que asistí y descasar, lo que se dice descansar, descansamos poco. Volvimos un domingo y, aprovechando que el Papá el lunes no trabajaba nos fuimos a un centro comercial y comimos fuera. Otro día de no parar. Una vez ya en casa me empecé a encontrar mal. Me notaba floja y congestionada. Así que me acosté. Dos horas después me desperté para ir al baño y, al sentarme en el váter, solo tuve tiempo de llamar a mi marido antes de tirarme al suelo y perder el conocimiento.

Obviamente, hasta el momento de despertar todo está en blanco para mi. Cuando abrí los ojos la mala cara de mi marido valió mas que mil palabras. Menos mal que lo tengo entrenado en el tema. Los desmayos son algo habitual en mi. Pero normalmente van asociados a algún momento intenso de dolor o ansiedad. Y de la última vez hacía como 5 o 6 años. Aparte de que nunca me había pasado estando embarazada. Esta vez pasó sin mas, sin ningún motivo aparente, por muchas conjeturas que yo haya podido hacer luego al respecto.

Además, esta vez, por la posición o la propia congestión, estuve a punto de tragarme la lengua. Eso tampoco me había pasado nunca. Comprensible la cara de susto de mi pobre marido, que intentó abrirme la boca como pudo, sin conseguirlo y finalmente me colocó de lado, facilitando la caída de la lengua y la entrada del aire. El que se desmaya no se entera de nada, pero el que lo vive desde fuera lo pasa fatal…

Cuando me recuperé un poco, llamamos a mis suegros para que se quedaran con Valkiria (a la que por suerte le pilló todo dormida) y nos fuimos a urgencias.

Aquella noche había overbooking de preñadas, así que la cosa fue para largo. Cuando me vieron, me hicieron un chequeo rutinario, una eco para asegurar el bienestar de la criatura y una analítica. Tres horas después estábamos de vuelta a casa sin mas diagnostico que sincope vasovagal y derivación a cardiología y neurología.

Como os comentaba, esto me lleva pasando desde la primera vez que me bajó la regla, siempre unido a momentos de dolor, pero nunca me ha visto un médico al respecto. Lo que si tengo son antecedentes familiares. A mi madre y a un hermano suyo también les ha pasado durante toda su vida.

Cuando fui al cardiólogo, un mes después, no encontró nada raro y simplemente me dijo que tengo cierta predisposición a que me pasen estos sincopes y tengo que vivir con ellos. Nada que no hiciera ya.

Por suerte, el resto del trimestre ha transcurrido sin mas visitas al hospital. Se han repetido un par de episodios de estar al borde del desmayo, por culpa también de los problemas intestinales que si que estoy teniendo durante todo el embarazo. Pero he podido controlarlo antes de desmayarme. Estoy modificando ciertos hábitos en mi dieta para intentar regular mi transito intestinal. A ver si eso ayuda. Y espero no tener mas sustos por el estilo.

¿Como os encontrabais en el segundo trimestre de vuestros embarazos?

¿Notasteis diferencias considerables?

 

Noche de estreno en urgencias

Nueve meses y medio hemos pasado, con su invierno incluido, su primer invierno, y no hemos tenido nada más allá de un día de fiebre que pudimos controlar fácilmente. Hasta el viernes pasado. Esa noche nos estrenamos en los servicios de urgencias pediátricas, con nuestra primera visita “in the middle of the night”.

Ya llevaba la pequeña Valkiria una semana un tanto extraña. Estaba mas llorona que de costumbre, dormia mal y no quería practicamente comer. Además tenia muchas babas, y como aquí la peque no tiene ni un diente aún, yo, ignorante, lo achacaba a la dentición. “Seguro que esta vez si que son los dientes” Pues no… Meeeec… Error! No eran los dientes. Ayer por la tarde, tras su siesta habitual en el mei tai la note calentita, pensé que era por estar pegada a mi, pero decidimos ponerle el termómetro, lo que nos confirmo que tenía fiebre, 38.8.

Yo, que para estas cosas intento estar tranquila, porque ya de por si soy nerviosa, intenté buscarle remedio en casa, antes de salir corriendo al hospital. Así que le dimos apiretal y un baño y la cosa mejoró, bajando a 37. Parecía que estaba superado. Sin embargo, dos horas después, la niña volvía a estar inquieta, mamando a trompicones y llorando cuando soltaba el pecho. Otra vez termometro, otra vez pasados los 38. Como no le podíamos dar mas apiretal, la volvimos a meter en el baño. Y cuando a los 5 minutos se quedo dormida en la bañera, pense “esta niña está fatal”. Acostumbrada a tener que acunarla para que se duerma hasta que se me agarroten los brazos, que se duerma así por que si, no es nada normal.

De la bañera había que sacarla, así que rápidamente, fuera de la bañera. Se despierta. Tiene frio. Llora mogollón. Tiembla. La arropo como puedo con la toalla y la apretujo contra mi. Vuelve a quedarse dormida al instante. “Esta niña esta fatal”. Pero habrá que vestirla. Otra vez, rápidamente a cuatro manos la vestimos como podemos. Mas lloros. Se vuelve a quedar dormida. Pero al ponerle el termometro se despierta y vuelve a llorar desconsoladamente. El termometro es satanas y ademas esta muy frio. Vaya… 39.3. “Papá Cascarrabias, coge el maxi cosi que nos vamos a urgencias”.

De camino para allá se duerme en el coche, cosa que no hace desde hace meses. Por suerte, al llegar allí no hay casi gente (lo bueno del seguro privado), y apenas esperamos 5 minutos. Entramos. La Valkiria ve una bata blanca y llora como si no hubiera mañana (aun ni la han tocado). Le toman la temperatura rectal, 39.5, y la examinan. Tiene faringitis con aftas de pus. Pobrecita mia… Y yo convencidisima de que eran los esperados dientes. Le dan otra dosis de apiretal y nos hacen esperar allí hasta que le baje la fiebre.

La niña esta agotada, pero entre la luz tan intensa de urgencias y la tele con dibujitos a toda pastilla va a ser que lo de dormir como que no. Aunque a ratos cae rendida en brazos de su padre o en los mios. Una hora más tarde ya ha bajado la fiebre y nos mandan a casa con antibioticos y apiretal para seis días.

Ya hemos perdido la virginidad en urgencias. Ya tenemos una experiencia más que apuntar en nuestro diario de padres primerizos. Lo que si espero es la próxima vez, ser capaz de reconocer mejor los síntomas.

noche-estreno-urgencias¿Como fue vuestra noche de estreno en urgencias?