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Aprendiendo a usar la copa menstrual

A estas alturas de la película, no creo que tenga que empezar este post explicándoos que es una copa menstrual. La que más y la que menos ha visto una en el super o ha comentado su uso con alguna amiga.

Yo, simplemente, vengo a contaros mi experiencia con ella. Como pasé de la reticencia a querer probarla. Y como no todo es como te lo cuentan.

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Porque no quería usar la copa menstrual

Había varios motivos por los que no me parecía que fuera algo para mi:

  • El primero porque me parecía poco práctica si te tocaba cambiártela fuera de casa. Muchos baños no tienen los lavabos dentro y tienes que salir a lavarte las manos donde hay otras personas.
  • Nunca he sido usuaria de tampones, no me resultaban cómodos. Además tengo el ph vaginal muy delicado y con nada se me altera.
  • He tenido malas experiencias con métodos anticonceptivos como el aro vaginal, que me dio una reacción alérgica inflamatoria. Aunque en ese caso puede que fuera por las hormonas.

¿Y entonces, porque me decidí a comprarla?

Pues porque las compresas tampoco me sientan bien. Tengo la piel muy sensible y en seguida se me irrita. Desde hace muchos años solo uso ropa interior de algodón y las compresas que tolero también tienen que ser de farmacia y de algodón. No, no me valen las cottonlike.

Si a eso le sumamos que estoy intentando generar menos residuos y utilizar cosas más sostenibles con el medio ambiente. Ahí las compresas sobran bastante, porque de respetuosas nada.

No perdía nada por probar…

¿Y entonces que hice? Pues seguir las recomendaciones que te dan para comprar mi primera copa menstrual… ¡meeeec…! ¡Error!

A nada que busques, encuentras unas pautas muy sencillas. Que supongo que funcionarán para el 80% de las mortales, pero para mi… no.

En el caso de las que encontré yo, las diferencias iban o por edad o por si habías tenido o no partos vaginales. Siguiendo esas pautas escogí el tamaño que me recomendaban, la talla mas grande.

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Aquí podéis ver la diferencia entre la primera que compré, la rosa, y la segunda, la morada. Ya solo con el pitorro, que de la primera recorté, hay una diferencia increíble.

Cuando llegó lo primero que no me convenció fue que me parecía que la silicona era muy rígida. Me costó mucho pillarle el punto a ponérmela y, aun cuando lo conseguía, no iba cómoda. Notaba todo el rato que estaba ahí y me molestaba mucho. Tenía la sensación de que se iba saliendo, como si no la hubiese metido bien.

Le di un par de ciclos de margen a esa copa menstrual, pero como veía que no, decidí comprar otra copa menstrual, mas pequeña y con una silicona mas suave. ¡Y entonces acerté!

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Me resultaba mucho más cómoda de poner y quitar. Ya no notaba ni que se saliese, ni que estaba ahí. Hay que decir que me costó unos cuantos ciclos más acabar de cogerle el punto a como ponerla bien a la primera, pero ahora estoy encantada. También es cierto que, como no tengo mucha cantidad de flujo en mis reglas, puedo estar con ella hasta 8 horas y no tengo escape ninguno. Así que mi problema de cambiarla fuera de casa ya está mas que superado. En fin, que ahora todo son ventajas.

Y vosotras, ¿habéis probado la copa menstrual? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia? Contadme 😉

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